Un ramo de flores cambia una habitación más que cualquier objeto que puedas comprar por ese dinero, y a diferencia de una planta no le pide nada a la casa: no necesita luz, ni una ventana bien orientada, ni que te acuerdes de él dentro de seis meses. El problema del ramo es otro, y es el único que importa: que dure. La diferencia entre tres días y dos semanas no está en la suerte ni en la calidad de la floristería, está en unas pocas cosas muy concretas que se hacen al llegar a casa.

Conviene decirlo de entrada, porque los artículos de decoración con flores suelen ir cargados de promesas: las flores de un jarrón no purifican el aire de tu casa, no equilibran nada y no tienen efecto sobre la salud. Lo que hacen es gustar, que ya es motivo suficiente. Lo demás, que sí se puede explicar y sí sirve, es cómo mantenerlas vivas y dónde ponerlas.

Ramo redondo de orquideas cymbidium blancas

Qué decide que un ramo dure

Una flor cortada sigue perdiendo agua por las hojas y por los pétalos, y esa agua tiene que subir por el tallo. Todo lo que obstruya ese camino acorta la vida del ramo, y lo que lo obstruye son dos cosas: las burbujas de aire que entran por el corte y, sobre todo, las bacterias que se multiplican en el agua del jarrón y taponan los conductos del tallo. Por eso el agua turbia y con mal olor no es un problema estético, es la causa de que el ramo se venga abajo.

De ahí salen las tres medidas que de verdad funcionan. Recortar los tallos en diagonal al llegar a casa, con un cuchillo o unas tijeras afiladas y no de un tirón con la mano, para abrir superficie limpia de absorción. Quitar todas las hojas que vayan a quedar por debajo del agua, porque son las que la ponen podrida en dos días. Y poner el ramo en agua en cuanto llegues, sin dejarlo una hora en el sofá envuelto en papel.

El jarrón importa más que el agua

Un jarrón que parece limpio puede tener una película de bacterias pegada al vidrio. Lávalo con agua caliente y jabón antes de usarlo, y frota el fondo. De la forma, la regla práctica es que el jarrón sostenga el ramo sin que los tallos queden apretados y que su altura sea más o menos un tercio de la altura total de la composición, de manera que las flores no se venzan hacia fuera.

La cantidad de agua depende del tipo de tallo. Los tallos blandos y carnosos, como los de la gerbera, se pudren si están muy sumergidos y prefieren poca agua. Los leñosos y los que beben mucho, como la lila o la hortensia, quieren el jarrón bien lleno. Si una hortensia cortada se te marchita en unas horas, la recuperación clásica es volver a cortar el tallo y sumergirla un rato entera en agua fresca.

Cambiar el agua, recortar y limpiar

Cambia el agua cada dos días, aprovecha para recortar un centímetro de tallo y retira las flores que ya estén pasadas: una flor que se pudre en el jarrón acelera a las demás. Es menos trabajo de lo que suena y es lo que marca la diferencia con el ramo que se deja hasta que huele mal.

Sobre el sobrecito de conservante que dan en la floristería: funciona, porque lleva a la vez azúcar (alimento), un acidificante y un biocida que frena a las bacterias. Úsalo siguiendo lo que diga su etiqueta. En cambio, los remedios de cocina que circulan por ahí son desiguales. Echar solo azúcar al agua es contraproducente, porque alimenta a las bacterias sin frenarlas. La aspirina, la moneda de cobre en el fondo y el chorrito de refresco no tienen respaldo. Si no tienes el sobre, cambiar el agua a diario hace casi el mismo trabajo.

Dónde no se pone un ramo

Las flores cortadas duran más en fresco, y eso condiciona el sitio. Fuera del sol directo de la ventana, lejos del radiador y de cualquier aparato que dé calor, y sin corriente de aire encima. En verano, una habitación que se queda a oscuras y algo más fresca por la noche alarga bastante el ramo.

Y hay un detalle que casi nadie tiene en cuenta: no pongas el jarrón junto al frutero. La fruta madura desprende etileno, la hormona vegetal que acelera la maduración y la senescencia, y los pétalos de muchas flores cortadas son especialmente sensibles. El clavel es el ejemplo típico. Un ramo en la mesa de la cocina al lado de un cuenco de plátanos y manzanas dura visiblemente menos.

Flores que duran y flores que no

Si lo que buscas es duración, el crisantemo, el clavel, la alstroemeria, el lisianthus, el statice y las orquídeas de corte como el cymbidium están entre las más resistentes en jarrón. El tulipán, la amapola, la peonía muy abierta y el ranúnculo son bonitos y breves. La flor de temporada comprada en su mes, con los capullos aún medio cerrados y las hojas sin marchitar, siempre dura más que la flor traída de lejos y ya abierta.

Dos rarezas útiles. Los narcisos recién cortados sueltan un mucílago que perjudica a otras flores, así que conviene dejarlos unas horas solos en agua antes de mezclarlos en un ramo, o ponerlos aparte. Y los tulipanes siguen creciendo dentro del jarrón y buscando la luz, por lo que el ramo se descoloca; si giras el jarrón cada día, al menos se descoloca de forma parecida.

El ramo seco, la otra opción

Hay flores que se secan bien y aguantan meses de adorno: lavanda, statice, gypsophila, cardos, espigas, hortensias y muchas gramíneas. El método casero es colgar los manojos boca abajo, en un sitio oscuro, seco y ventilado, y esperar. La oscuridad es lo que conserva el color, y la prisa lo que lo arruina. Un ramo seco pide después poca cosa, quitarle el polvo con un secador de aire frío y no ponerlo al sol, que lo decolora.

Lo que se cuenta de las flores en casa y no es verdad

Vale la pena desmontarlo, porque está en todas partes. La idea de que unas macetas purifican el aire de una habitación viene de experimentos hechos en cámaras cerradas y pequeñas en los años ochenta, y no se sostiene al trasladarla a una casa: la ventilación normal de una habitación mueve muchísimo más aire que las hojas de unas cuantas plantas. Ventilar diez minutos hace más que cualquier colección de macetas.

Lo mismo con lo demás. Un jarrón no humidifica una habitación de forma apreciable, unas plantas no amortiguan el ruido (para eso hacen falta superficies vegetales grandes y con sustrato, no tres macetas) y no existe eso de neutralizar la electricidad del ordenador. El feng shui, la cromoterapia y la aromaterapia son sistemas de creencias con su historia cultural, y como tal se pueden contar, pero no hay efecto medido detrás. Ni las flores tienen propiedades para la salud ni les hace falta tenerlas.

Lo que sí es real conviene saberlo. Los ramos con mucho polen o perfume muy intenso, como algunos lirios o los jacintos, pueden resultar molestos para personas con alergia o con asma, y en ese caso se eligen flores de poco polen. Y hay una advertencia seria si tienes gato: los lirios del género Lilium son gravemente tóxicos para los gatos, incluido el polen que se les queda en el pelo y el agua del jarrón, así que ese ramo no entra en una casa con gato. Tampoco entran ramas de adelfa ni tallos de euforbia, que sueltan látex irritante al cortarse.

En resumen

Un ramo dura si le quitas las hojas sumergidas, le recortas los tallos, lo pones en un jarrón limpio con agua que cambies cada dos días y lo dejas lejos del sol, del radiador y del frutero. Eso es todo, y es mucho más eficaz que cualquier truco de los que circulan.

Para decorar, elige flor de temporada y algo verde que acompañe, y cuenta con que unas especies duran el triple que otras. De las promesas sobre aire puro, armonía y energía se puede prescindir sin perder nada: las flores en casa se justifican solas por lo que se ve y se huele.


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