Pocas flores de verano rinden tanto por metro cuadrado como la dalia. Se planta en primavera un tubérculo del tamaño de una mano, y a partir de julio devuelve flores sin parar hasta que llegan las primeras heladas de noviembre. En rojo, el efecto es especialmente rotundo: es el color que mejor aguanta el sol duro de agosto sin verse lavado, al contrario de lo que ocurre con los rosas y los lilas, que a pleno mediodía pierden nitidez.

Este artículo va de dalias rojas en concreto, pero casi todo lo que se explica aquí sirve para cualquier dalia. Y avisa de dos o tres errores que arruinan la temporada antes de empezar.

Flor de dalia roja abierta a pleno sol

Qué es exactamente una dalia

El género Dahlia pertenece a las asteráceas, la misma familia que las margaritas, los girasoles y los crisantemos. Es originario de México y Guatemala, donde crece en zonas montañosas de clima templado, y es la flor nacional de México. Llegó a Europa a finales del siglo XVIII a través del Real Jardín Botánico de Madrid, y de hecho el nombre se lo puso Antonio José Cavanilles en honor al botánico sueco Anders Dahl.

Lo primero que conviene entender es que la dalia no tiene un bulbo, sino una raíz tuberosa. La diferencia no es una pedantería: en un bulbo verdadero, como el del tulipán, las yemas están dentro del propio órgano. En la dalia no. Las yemas están únicamente en el cuello o corona, la zona donde los tubérculos se unen al resto del tallo del año anterior. Un tubérculo separado sin su trozo de corona es un tubérculo muerto: engordará, se pudrirá y no brotará jamás. Este es el fallo número uno de quien divide dalias por primera vez.

Lo segundo: lo que llamamos "la flor" es en realidad una inflorescencia compuesta por decenas o cientos de flores. Los pétalos vistosos del exterior son flores liguladas, y el centro está formado por flores tubulares diminutas. En las variedades dobles, la selección hortícola ha convertido casi todas las flores del centro en liguladas, lo que da esas bolas macizas tan espectaculares. Tiene un coste que casi nadie menciona: una dalia doble apenas ofrece polen ni néctar accesible a los polinizadores. Si quieres flor roja y además abejas y sírfidos en el jardín, elige variedades de flor simple o semidoble.

Variedades rojas que merecen la pena

El rojo de la dalia procede de antocianinas, principalmente cianidina y pelargonidina. Según la proporción, el resultado va del rojo escarlata al granate casi negro. Algunas variedades clásicas y fáciles de encontrar:

'Bishop of Llandaff'. Semidoble, roja escarlata, con follaje bronce muy oscuro que multiplica el contraste. Es la que recomendaría a alguien que empieza: crece alrededor de un metro, no siempre necesita tutor y, al ser semidoble, sí atrae insectos. Además tiene un centro amarillo visible que rompe el rojo plano.

'Arabian Night'. Decorativa de flor mediana, rojo granate profundo, casi vino. Es una de las dalias que mejor funciona como flor cortada porque el color oscuro no se apaga en el jarrón.

'Karma Choc'. De la serie Karma, seleccionada específicamente para corte por la longitud y rigidez del tallo. Rojo oscuro aterciopelado.

Y una advertencia sobre las dalias gigantes de flor tipo plato (las que superan los 25 cm de diámetro): son impresionantes en fotografía y bastante ingratas en el jardín. Las flores pesan tanto que se vencen, se llenan de agua con la primera tormenta y se pudren en un par de días. Para un jardín normal, las de flor mediana (10-15 cm) dan mucho mejor resultado.

Cuándo y cómo plantar los tubérculos

La dalia no soporta la helada. Ni el tubérculo en tierra fría y húmeda, ni el brote tierno. La fecha de plantación depende, por tanto, de cuándo termina el riesgo de heladas en tu zona:

En el litoral mediterráneo y el sur, de mediados de marzo a primeros de abril. En la meseta y el interior, a partir de finales de abril, mejor primeros de mayo. En la cornisa cantábrica, abril suele ser seguro, pero la humedad es el problema, no el frío. Si quieres adelantar la floración un mes, puedes arrancar los tubérculos en macetas de 3-5 litros bajo cubierto en marzo y trasplantarlos con el cepellón hecho cuando pase el riesgo.

El procedimiento en tierra:

Sol directo, mínimo seis horas. A la sombra la dalia crece, se estira y no florece. En zonas muy calurosas del sur, algo de sombra a partir de las cinco de la tarde alarga la vida de las flores.

Suelo suelto y drenado. La dalia agradece materia orgánica, pero no soporta el encharcamiento. En terrenos arcillosos, planta en caballón elevado o incorpora compost maduro y arena gruesa. En maceta, mínimo 25-30 litros para una variedad de porte medio; los tiestos pequeños dan plantas raquíticas que hay que regar dos veces al día.

Profundidad de 10-15 cm, colocando el tubérculo tumbado y con la corona (los restos del tallo viejo) hacia arriba. Si no distingues la corona, tumba el tubérculo horizontalmente: el brote encontrará la superficie solo.

Y aquí el error clásico: no riegues al plantar. El tubérculo lleva agua y reservas suficientes para brotar por su cuenta. Regar tierra fría sobre un tubérculo que aún no tiene raíces activas es la receta directa para que se pudra. Espera a ver el brote asomar, y entonces empieza a regar. Es contraintuitivo, pero es así.

Si vas a tutorar una variedad alta, clava el tutor en el momento de plantar, no en agosto. Clavarlo después significa atravesar el sistema radicular a ciegas.

Cuidados durante la temporada

Riego. Una vez brotada, la dalia es exigente en agua: hoja grande, crecimiento rápido y floración continua consumen mucho. En pleno verano peninsular, riego profundo dos o tres veces por semana en tierra, y a diario en maceta. Riega en la base, no por encima: mojar el follaje a diario en verano es una invitación al oídio.

Despunte. Cuando la planta tenga tres o cuatro pares de hojas, corta la punta del tallo principal justo por encima de un par de hojas. Perderás dos semanas de adelanto y ganarás una planta con cuatro o seis tallos florales en lugar de uno. Es la intervención con mejor relación esfuerzo/resultado de todas.

Abonado. Aquí se equivoca mucha gente por exceso de nitrógeno. Un abono rico en N da una planta enorme, verde oscura, blanda, atractiva para el pulgón y con pocas flores. Usa un fertilizante bajo en nitrógeno y alto en potasio y fósforo (los de tomate funcionan perfectamente) cada dos semanas desde que aparecen los primeros botones, y suspende a finales de septiembre para que el tubérculo endurezca antes del invierno.

Retirada de flores marchitas. Obligatoria si quieres floración continua: en cuanto la planta forma semilla, reduce la producción. Un detalle práctico: el botón sin abrir es redondo y duro; la flor ya pasada es cónica y puntiaguda. Corta la pasada por encima de un par de hojas, no dejes el tallo desnudo.

Plagas y enfermedades. Pulgón en los brotes tiernos de primavera; babosas y caracoles, que pueden decapitar un brote recién emergido en una noche (vigila las dos primeras semanas); araña roja en verano seco, que se combate subiendo la humedad ambiental; oídio a finales de verano, favorecido por el contraste entre días calurosos y noches frescas; y botritis en las flores tras las lluvias de septiembre. También existen virosis, como el virus del mosaico de la dalia, que provoca mosaicos amarillentos y enanismo: no tienen cura y la planta afectada hay que eliminarla, tubérculo incluido, para no propagarla al dividir.

Qué hacer en invierno

Depende por completo de dónde vivas, y aquí se repite mucha información copiada de manuales ingleses que no aplica a media España.

En el litoral mediterráneo, Andalucía y zonas sin heladas fuertes, los tubérculos pueden quedarse en tierra. Corta los tallos a un palmo cuando la planta se seque tras las primeras heladas, y cubre con un acolchado de 10 cm de paja, corteza u hojas secas. El riesgo real no es el frío, sino un invierno lluvioso sobre suelo pesado.

En el interior y zonas con heladas de varios grados bajo cero, conviene desenterrarlos. Espera a que el follaje se ennegrezca con la primera helada (esa señal indica que la planta ha traslocado reservas al tubérculo), corta los tallos, levanta la mata con horca sin clavarla encima, sacude la tierra sin lavar con manguera, y déjala secar boca abajo unos días en un lugar aireado y protegido. Guarda después en cajas con viruta, vermiculita o turba ligeramente seca, en un sitio oscuro entre 5 y 10 ºC. Revisa una vez al mes y retira lo que aparezca blando o mohoso.

La división se hace en primavera, no en otoño. En primavera las yemas de la corona ya están hinchadas y se ven, así que puedes garantizar que cada división lleve al menos una. En otoño son invisibles y acabarás tirando tubérculos buenos o guardando tubérculos ciegos.

Una advertencia sobre las semillas

Es habitual recoger semillas de una dalia roja que gustó mucho y esperar plantas idénticas. No van a serlo. Casi todas las dalias de jardín son octoploides (ocho juegos de cromosomas) y muy heterocigóticas, así que la descendencia por semilla sale enormemente variable en color, forma y porte. Puede ser divertido como lotería, pero si quieres exactamente esa dalia roja, la única vía es la multiplicación vegetativa: división del tubérculo o esqueje de brote basal en primavera.

Las dalias que sí se venden como semilla, tipo 'Bishop's Children' o las enanas de arriate, están seleccionadas para dar poblaciones relativamente uniformes, y son una manera muy barata de llenar un macizo el primer año.

En resumen

La dalia roja es una planta agradecida siempre que se respeten unas pocas reglas: plantar el tubérculo cuando ha pasado el riesgo de helada, no regar hasta que brote, darle sol pleno y suelo drenado, despuntar temprano para que ramifique, abonar con poco nitrógeno y mucho potasio, y cortar sistemáticamente las flores pasadas. En invierno, acolchado en el litoral y desenterrado en el interior, con la división siempre en primavera y con un trozo de corona en cada porción. Si quieres además que la flor sirva de algo a los insectos, elige una variedad semidoble como 'Bishop of Llandaff' en lugar de una bola perfecta y estéril.


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