El geranio de tu balcón no es un geranio. Es un pelargonio, un género distinto que se separó del de los geranios verdaderos en 1789, cuando el botánico francés Charles Louis L'Héritier de Brutelle se dio cuenta de que aquellas plantas traídas del sur de África no encajaban con las especies europeas. La corrección llegó tarde: el nombre popular ya estaba puesto y ahí sigue, dos siglos y medio después.
Dos géneros con el mismo apodo
Geranium y Pelargonium pertenecen a la misma familia, las geraniáceas, pero se distinguen a simple vista si sabes qué mirar. La flor de un Geranium es actinomorfa: cinco pétalos iguales dispuestos en radio, como una estrella; puedes girarla y sigue viéndose igual. La de un Pelargonium es zigomorfa: tiene simetría bilateral, con dos pétalos superiores distintos —más anchos, a menudo con manchas o venas oscuras— y tres inferiores. Solo hay un plano por el que doblarla y que coincida.
Hay un segundo detalle, escondido. El pelargonio guarda el néctar en un espolón fusionado al pedicelo de la flor, un canal fino que corre pegado al tallito floral y que hay que cortar para verlo. Ningún Geranium lo tiene. Y en el recuento de estambres también difieren: diez fértiles en Geranium, siete como máximo en Pelargonium.
En número, Geranium ronda las 420 especies repartidas por todas las zonas templadas del planeta, incluida la península ibérica, donde crecen espontáneas Geranium robertianum, Geranium molle o Geranium purpureum. Pelargonium reúne unas 280, de las cuales la gran mayoría son endémicas de la Provincia del Cabo, en Sudáfrica.
Toda la familia lleva nombre de pájaro
El fruto de estas plantas es alargado y puntiagudo, y a los botánicos clásicos les recordó a un pico. De ahí salieron los tres nombres del grupo, todos del griego: Geranium viene de géranos, grulla; Pelargonium, de pelargós, cigüeña; y Erodium —el alfilerillo de nuestros campos— de erodiós, garza. Grulla, cigüeña y garza para describir el mismo tipo de cápsula.
El fruto además hace algo notable. Al secarse, las cinco aristas que lo forman se separan de golpe desde la base y se enrollan con violencia, lanzando las semillas a varios metros de la planta madre. En Erodium el mecanismo va más lejos: la arista adherida a cada semilla es higroscópica y se enrosca o desenrosca según la humedad del ambiente, de modo que la semilla, tirada en el suelo, gira sobre sí misma y se atornilla en la tierra durante los ciclos de rocío. Es un dispositivo de perforación sin motor que ha servido de modelo a ingenieros para diseñar sensores de humedad y actuadores pasivos.
El perfume está en la hoja, no en la flor
Acerca la nariz a un geranio zonal en flor y no olerás nada. Roza una hoja y el olor aparece de inmediato. Los compuestos aromáticos se almacenan en tricomas glandulares del envés foliar, unos pelos rematados por una vesícula que se rompe al mínimo contacto. Es un sistema defensivo contra herbívoros, no un reclamo para polinizadores.
Ese aroma tiene valor industrial. Pelargonium graveolens y Pelargonium capitatum se cultivan para destilar el aceite esencial de geranio, rico en geraniol y citronelol, que en perfumería funciona como alternativa asequible a la esencia de rosa. Se produce sobre todo en Egipto, China y la isla de Reunión, cuyo aceite —el llamado geranium bourbon— es el más cotizado. En jardinería se venden como "geranios de olor" o "malvarrosa" decenas de cultivares con aromas de limón, menta, manzana, nuez moscada o chocolate.
Las hojas de estos pelargonios aromáticos son comestibles y se usan para perfumar azúcar, mermeladas de manzana, natillas o bizcochos: se coloca una hoja en el fondo del molde y se retira después de hornear. Conviene usar solo plantas de cultivo propio, sin tratamientos.
La leyenda del geranio antimosquitos
Aquí toca desmontar una creencia muy extendida. El "geranio citronela", comercializado como Pelargonium 'Citrosum' o con nombres del tipo "planta antimosquitos", no repele mosquitos como planta viva en una maceta. Los ensayos que se han hecho comparando personas junto a estas plantas y personas sin ellas no encuentran reducción de picaduras. La razón es simple: la planta intacta apenas libera compuestos volátiles al aire, porque los tiene encerrados en tricomas que solo se rompen por fricción. Frotando las hojas machacadas sobre la piel sí hay algún efecto, pero dura minutos.
Además, la citronela auténtica no sale de ningún pelargonio, sino de gramíneas tropicales del género Cymbopogon, principalmente Cymbopogon nardus y Cymbopogon winterianus. Que un pelargonio huela parecido no lo convierte en repelente.
Un veneno selectivo para escarabajos
Lo que sí hace el pelargonio, y está bien documentado, es tumbar al escarabajo japonés (Popillia japonica), una plaga cuarentenaria que ya ha entrado en Europa. Los pétalos de Pelargonium × hortorum contienen quisqualato, un aminoácido que actúa sobre el sistema nervioso del insecto: a los treinta minutos de comer, el escarabajo cae de espaldas paralizado y permanece así varias horas, expuesto a cualquier depredador. El efecto se descubrió a principios del siglo XX en Estados Unidos y se sigue estudiando como base de control biológico.
El reverso de esa química es que el pelargonio es moderadamente tóxico para perros y gatos. Geraniol y linalol le provocan al animal vómitos, salivación, pérdida de apetito y dermatitis de contacto si mordisquea o se restriega con las hojas. No es una planta letal, pero si convives con un cachorro mordedor conviene ponerla en alto.
El problema real de los geranios en España
Desde 1990, cuando se detectó por primera vez en Mallorca, los pelargonios españoles conviven con la mariposa del geranio, Cacyreus marshalli, un pequeño licénido originario también de Sudáfrica que llegó con material vegetal importado y hoy está en toda la península y Baleares. El adulto es discreto, pardo con una colita fina en las alas traseras. El daño lo hace la oruga, que perfora el tallo y lo vacía por dentro: la planta se seca de arriba abajo sin causa aparente y solo al partir el tallo se ve el túnel y los excrementos.
Es el motivo por el que muchos balcones que antes lucían geranios durante años los pierden ahora cada verano. Revisar los brotes, cortar y destruir los tallos horadados en cuanto se detectan, y no dejar restos infestados en el balcón, es más eficaz que cualquier tratamiento tardío.
Ni anuales ni de temporada
Se venden en primavera como planta de temporada y se tiran en octubre, pero el pelargonio es una perenne leñosa de vida larga. En el litoral mediterráneo, en Canarias o en el sur peninsular, donde no hay heladas serias, un ejemplar puede vivir décadas, lignificar la base y convertirse en un arbusto de más de un metro. Los patios de Córdoba y los balcones andaluces han sostenido plantas heredadas de generación en generación.
Su facilidad de multiplicación explica esa continuidad. Un esqueje de tallo semileñoso de 10-12 cm, sin flores y con dos o tres hojas, enraíza con tasas altísimas sin necesidad de hormonas. El único truco es que el tallo es semisuculento: conviene dejar cicatrizar el corte unas horas al aire antes de plantarlo, para que no se pudra. Ese ha sido durante siglos el mecanismo real de difusión de los cultivares, de vecina a vecina, al margen de cualquier vivero.
Genealogía de lo que compras en el vivero
Casi nada de lo que se vende como geranio es una especie silvestre. Los cuatro grupos principales son híbridos con siglos de selección detrás:
Zonales, Pelargonium × hortorum, cruce de P. zonale y P. inquinans. El adjetivo viene de la banda oscura en forma de herradura que muchas variedades llevan en la hoja.
Gitanillas o de hiedra, Pelargonium peltatum, de tallos colgantes y hoja carnosa y brillante, las de las barandillas.
Pensamiento o regios, Pelargonium × domesticum, de flores grandes y manchadas, más exigentes y de floración corta.
Aromáticos, un grupo abierto que reúne P. graveolens, P. tomentosum, P. crispum y muchos híbridos.
Algunos cultivares son antiquísimos: 'Mrs Pollock', de hoja tricolor, se seleccionó en 1858 y todavía se cultiva.
El azul que no existe
Puedes encontrar pelargonios blancos, rosas, salmón, rojos, casi negros y bicolores, pero ningún pelargonio azul. Al género le falta la vía bioquímica que produce delfinidina, el pigmento responsable de los azules florales. Los "geranios azules" de los catálogos son fotografías retocadas o semillas fraudulentas.
La ironía es que los geranios auténticos, los del género Geranium, sí los tienen: Geranium himalayense, Geranium pratense o el célebre híbrido Geranium 'Rozanne' dan azules limpios y sostenidos. Son además plantas vivaces de sombra o media sombra, rústicas hasta muy por debajo de cero, que se comportan estupendamente en jardines del norte peninsular y que casi nadie asocia con la palabra "geranio".
Una raíz en la farmacopea
Dos especies sudafricanas de flor oscura, Pelargonium sidoides y Pelargonium reniforme, tienen un uso medicinal tradicional en el sur de África y son la base de un extracto estandarizado de raíz registrado en varios países europeos como medicamento a base de plantas para síntomas de infecciones respiratorias. Es un producto farmacéutico con dosificación y controles propios, no algo que se improvise en casa a partir de una planta del balcón: el pelargonio ornamental no es esa especie y su raíz no tiene ese uso.
En resumen
Bajo la palabra "geranio" conviven dos géneros distintos: el Pelargonium sudafricano de nuestros balcones, de flor asimétrica y hoja aromática, y el Geranium verdadero, vivaz, de flor simétrica y el único que da azules reales. Los frutos de ambos disparan sus semillas al secarse y llevan nombres de aves zancudas por su forma. El aroma vive en tricomas foliares que solo se rompen al tocarlos, razón por la que el famoso geranio antimosquitos no repele nada mientras esté quieto en su maceta, aunque su química sí paralice al escarabajo japonés y resulte molesta para perros y gatos. Y pese a venderse como planta de temporada, un pelargonio bien cuidado —y vigilado frente a Cacyreus marshalli— puede durar décadas y multiplicarse con un esqueje puesto a cicatrizar unas horas antes de clavarlo en la tierra.