Huele una violeta y vuelve a olerla diez segundos después: la segunda vez no huele a nada. No se ha evaporado el perfume ni te lo has imaginado. Las iononas, los compuestos responsables de ese aroma, bloquean temporalmente los receptores olfativos que las detectan, y hace falta esperar un par de minutos para volver a percibirlas. Es la peculiaridad más famosa de Viola odorata, y también una buena metáfora de la planta: discreta, corta de talla y con más truco del que aparenta.

Violetas de olor en flor, con sus flores violeta de cinco pétalos

Qué planta es exactamente

Viola odorata es una vivaz rizomatosa de la familia de las violáceas, natural de Europa, norte de África y Asia occidental, y presente de forma espontánea en buena parte de la península ibérica, sobre todo en la mitad norte y en los montes del interior, en linderos, setos y bosques de ribera.

No pasa de 10 a 15 centímetros de altura. Forma una roseta basal de hojas acorazonadas, con el borde festoneado y un peciolo largo, y se extiende lateralmente mediante estolones que enraízan al tocar el suelo. En pocos años una planta se convierte en una mancha continua, que es exactamente lo que se le pide cuando se usa como tapizante.

La flor mide alrededor de dos centímetros, tiene cinco pétalos desiguales, un espolón corto por detrás y el pedúnculo curvado hacia abajo. El color habitual es el violeta oscuro, aunque hay formas blancas, rosadas y bicolores, y variedades de flor doble como la clásica 'Parma' o la 'Reine des Violettes'. Florece de febrero a abril en la mayor parte de España, y en zonas de invierno suave puede adelantarse a enero e incluso dar una segunda pasada corta en otoño.

El segundo truco: flores que no se abren

Las flores perfumadas de primavera producen bastante poca semilla. La semilla de verdad la fabrican unas flores distintas, las cleistógamas, que aparecen en verano escondidas bajo las hojas, sin pétalos ni aroma, y que se autopolinizan sin llegar a abrirse. De ahí salen las cápsulas cargadas.

Y cuando revientan, cada semilla lleva pegado un apéndice carnoso llamado eleosoma que las hormigas encuentran apetecible: se llevan la semilla al hormiguero, se comen el apéndice y descartan el resto intacto. Es el motivo por el que aparecen violetas a varios metros de donde se plantaron, en el rincón más inesperado del jardín. No es invasión, es dispersión por hormigas.

Dónde plantarla

Aquí se decide casi todo. La violeta de olor es una planta de sotobosque, y hay que tratarla como tal.

Luz. Sombra o media sombra. Le va perfectamente el sol suave del invierno y la primavera y la sombra en verano, que es justo lo que ofrece la base de un árbol de hoja caduca, un seto, el pie de una tapia orientada al norte o el borde sombreado de un macizo. A pleno sol en el centro y sur peninsular se achicharra en julio: las hojas se abarquillan, se llenan de araña roja y la mata se retira.

Suelo. Fresco, suelto, rico en materia orgánica y con buen drenaje. Un suelo de bosque, en definitiva. Agradece mucho una enmienda con mantillo o compost bien hecho antes de plantar. El pH ideal ronda el 6 a 7, ligeramente ácido a neutro, aunque tolera suelos algo calizos sin problema si no se secan.

Frío. Es rústica de verdad: aguanta por debajo de -15 °C sin protección. De hecho necesita el frío invernal para florecer bien; en el litoral mediterráneo más templado, sin horas frío, la floración suele ser más pobre y desigual.

Plantación y multiplicación

El momento bueno para plantar es el otoño, de octubre a noviembre, para que enraíce con las lluvias y llegue a la primavera asentada. También sirve el final del invierno, en cuanto pase el riesgo de heladas fuertes. Se dejan unos 20-25 centímetros entre plantas: cerrarán el hueco en una temporada gracias a los estolones.

Multiplicarla es lo más fácil que tiene:

División de mata. El método estándar. Se hace en otoño, o en cuanto termina la floración a finales de primavera. Se levanta el cepellón, se separan los abanicos con su porción de rizoma y raíces, y se replantan de inmediato sin dejar que se sequen.

Estolones enraizados. Basta con seguir un estolón hasta el punto donde ha echado raíces, cortarlo y trasplantarlo. Prácticamente no falla.

Semilla. Es la vía lenta y caprichosa, porque necesita estratificación en frío: siembra en otoño en semillero al aire libre, para que pase el invierno, y nascencia irregular en primavera. Si se siembra en interior a 20 °C, no germina. Las plantas de semilla tardan un año o dos en florecer y no reproducen fielmente las variedades dobles, que hay que multiplicar por división.

Riego, abonado y mantenimiento

Riego. Suelo fresco de forma constante, sin encharcar. En primavera y verano peninsular hay que regar; el error clásico es plantarla en otoño, verla feliz todo el invierno y olvidarla en junio. Un acolchado de hojarasca, corteza o compost de dos o tres centímetros conserva la humedad, mantiene la raíz fresca y le va como anillo al dedo porque imita el mantillo del bosque en que vive.

Abonado. Poco y equilibrado. Un aporte de compost o estiércol muy hecho en otoño suele bastar. Si se abona con exceso de nitrógeno, la planta hace hojas grandes y frondosas y flores escasas, algo que se ve mucho en macetas con sustratos muy fertilizados.

División periódica. Cada tres años, más o menos, conviene levantar y dividir la mancha. Con el tiempo el centro se apelotona, se lignifica y florece cada vez menos, mientras la vitalidad se va a la periferia. Dividir rejuvenece y de paso da planta nueva gratis.

Limpieza. Retirar hojas viejas y estropeadas después de la floración airea el corazón de la mata y reduce hongos. Si no se quieren resiembras espontáneas, se cortan las cápsulas de verano antes de que se abran.

Mata de violetas de olor con sus hojas acorazonadas cubriendo el suelo

En maceta

Funciona bien, siempre que la maceta sea ancha y no muy honda: el sistema radicular es superficial y lo que la planta quiere es superficie para extender estolones. Con 20 centímetros de profundidad va sobrada, y una jardinera larga le viene mejor que un tiesto estrecho.

Sustrato de turba o fibra de coco con compost y un puñado de perlita para el drenaje. Ubicación en sombra luminosa, y en verano protegida del sol directo de mediodía. En maceta el sustrato se seca mucho más rápido que el suelo, así que hay que revisar el riego cada dos o tres días en pleno verano. Trasplante o división cada dos años, porque se agota antes que en tierra.

Problemas frecuentes

Araña roja. El enemigo número uno, y siempre por lo mismo: calor seco y falta de humedad ambiental. Se detecta por el punteado amarillento en el haz y la telilla fina en el envés. Se previene con sombra, acolchado y riego regular; si aparece, aumentar la humedad y, si hace falta, tratar con jabón potásico o aceite de neem.

Pulgón. En los brotes tiernos de primavera. El jabón potásico lo resuelve sin complicaciones.

Caracoles y babosas. Adoran las hojas tiernas y el ambiente fresco y sombrío en el que vive la violeta. Suelen actuar de noche y dejan las hojas agujereadas. Cerco de ceniza, trampas de cerveza o recogida manual al anochecer.

Roya de la violeta (Puccinia violae). Pústulas anaranjadas en el envés. Se controla eliminando las hojas afectadas y mejorando la ventilación, no amontonando plantas y evitando mojar el follaje al regar.

Oídio. Polvillo blanco en el haz, típico de primaveras templadas con noches húmedas. Mismo manejo: airear, retirar hoja afectada y azufre si va a más, siempre por debajo de 28 °C para no quemar.

Se seca en verano y parece muerta. Frecuente en el interior peninsular. Antes de arrancarla, comprobar el rizoma: si está firme, es agostamiento y volverá a brotar con las lluvias de septiembre. Bastantes violetas se tiran a la basura estando perfectamente vivas.

Dos confusiones que conviene deshacer

La primera: la violeta africana (Saintpaulia ionantha) no es una violeta ni tiene nada que ver con esta planta. Es una gesneriácea tropical de interior, no aguanta el frío, no huele y sus cuidados son opuestos punto por punto. Comparte nombre por parecido en el color de la flor, y solo por eso.

La segunda: no todas las violetas silvestres huelen. En España conviven varias especies del género Viola de aspecto casi idéntico —Viola riviniana, Viola alba, Viola hirta— y varias son inodoras. Si se compra la planta por el aroma, hay que olerla antes o asegurarse de que la etiqueta pone Viola odorata. Y tampoco hay que confundirla con los pensamientos y las violas de jardín (Viola × wittrockiana, Viola cornuta), que son del mismo género pero se cultivan como anuales o bianuales de temporada, quieren sol y no forman estolones.

Para qué sirve en el jardín, más allá de la flor

Su mejor papel es el de tapizante de sombra: cubre el pie de árboles y arbustos donde el césped no prospera, acompaña bien a hostas, helechos, aguileñas y bulbos de primavera, y ocupa esos rincones oscuros y frescos que suelen quedar pelados. Al florecer en pleno invierno tardío, llena un hueco del calendario en el que hay muy poco en flor.

Las flores son comestibles y se usan escarchadas en repostería, en siropes y para aromatizar. Las hojas jóvenes también se comen en ensalada. Con el rizoma hay que tener más cuidado: contiene saponinas y en cantidad resulta emético, así que no es parte comestible. Si se van a consumir las flores, obviamente no deben haber recibido ningún tratamiento fitosanitario.

En resumen

La violeta de olor (Viola odorata) es una vivaz rizomatosa de sombra, muy rústica, que florece de febrero a abril y se extiende sola por estolones hasta formar un tapiz. Pide sombra o media sombra, suelo fresco, suelto y rico en materia orgánica, acolchado y riego regular en verano; el sol directo del verano peninsular y la sequía son lo único que la mata de verdad. Se multiplica sin esfuerzo dividiendo la mata o separando estolones enraizados en otoño, y conviene dividirla cada tres años para que no se apelotone y deje de florecer. Sus problemas habituales son la araña roja por calor seco, los caracoles y algún hongo foliar, todos de manejo sencillo. Y dos apuntes para no equivocarse: la violeta africana no es pariente suya, y buena parte de las violetas silvestres no huelen, así que si se busca el perfume hay que confirmar la especie.


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