Enterrar el rizoma es la razón por la que un lirio deja de florecer. No la falta de abono, no la poca agua, no la variedad: el rizoma plantado demasiado hondo. Si tienes una mata de iris que echa hojas espléndidas y ni una flor, empieza por escarbar con los dedos y comprobar a qué profundidad está.

El género Iris, de la familia Iridaceae, reúne unas trescientas especies repartidas por todo el hemisferio norte, y en España se cultivan y crecen espontáneamente bastantes más de las que suele pensarse. El nombre viene de la diosa griega del arco iris, y hace justicia: hay iris en prácticamente cualquier color salvo el rojo puro.

Qué distingue a un iris de una orquídea

La confusión es comprensible viendo la flor de frente, pero la estructura no se parece en nada. Un iris tiene seis piezas florales dispuestas en dos series de tres. Las tres exteriores caen hacia abajo y se llaman falls o pétalos caídos; las tres interiores se levantan formando una cúpula y son los estandartes. Entre unas y otras hay tres estilos petaloides que ocultan los estambres.

En muchos iris, los pétalos caídos llevan en su base una franja de pelos densos, de color contrastado, que es la famosa barba. Esa barba es la señal de tráfico que guía al abejorro hacia el interior de la flor, y también la que divide el género en dos mitades para el jardinero: barbados y no barbados. Ninguna orquídea tiene esta simetría triple ni esta arquitectura.

Flor de iris azul con sus pétalos caídos y estandartes

Rizoma o bulbo: la decisión que lo condiciona todo

Antes de comprar hay que saber qué se está comprando, porque los cuidados no son intercambiables.

Los iris rizomatosos tienen un tallo subterráneo grueso y horizontal que crece a ras de suelo y se ramifica. Aquí entra Iris germanica, el lirio azul de toda la vida, el que aguanta en cualquier ribazo de secano de Castilla o Andalucía sin que nadie lo riegue. También Iris pallida, de flor lila y hojas glaucas, Iris lutescens, un enano mediterráneo silvestre en el este peninsular, e Iris unguicularis, que florece en pleno invierno, entre diciembre y febrero, con perfume a violeta.

Los iris bulbosos forman un bulbo verdadero, entran en reposo total en verano y desaparecen bajo tierra. Los más habituales son Iris xiphium, el lirio español, autóctono de la Península; los híbridos holandeses (Iris × hollandica) que se venden como flor cortada; e Iris reticulata, un enano de quince centímetros que florece en febrero y es perfecto para maceta.

Y hay un tercer grupo, el de los iris de agua o de suelo fresco, que en el clima seco español conviene mirar con realismo: Iris pseudacorus, el lirio amarillo autóctono de nuestros cursos de agua, que quiere el pie encharcado; Iris sibirica, que necesita suelo fresco todo el verano; e Iris ensata, el japonés, que además exige suelo ácido y sufre mucho con el agua caliza. Estos tres no son plantas de secano y colocarlos en un arriate seco es condenarlos.

Dónde plantarlo y cómo

Me centro en el barbado tipo germanica, que es el que más se cultiva aquí y el que más dudas genera.

Sol directo, sin negociación. Un mínimo de seis horas al día. A media sombra la planta vegeta, engorda hojas y no florece. En el sur peninsular tolera algo de sombra en las horas centrales del verano, pero no más.

Suelo drenante por encima de todo. El rizoma se pudre con facilidad si el agua se estanca. Prefiere pH neutro o ligeramente alcalino, entre 6,8 y 7,5, lo cual es una buena noticia en la mitad de España, donde la caliza abunda. Si tu tierra es arcillosa y compacta, no la enmiendes con turba: levanta un caballón de veinte o treinta centímetros y planta encima, o incorpora arena gruesa y grava fina. El objetivo es que el agua no se quede quieta alrededor del rizoma.

La profundidad. Aquí está el detalle que decide la floración. El rizoma se planta casi en superficie, con la mitad superior visible y expuesta al sol. Se abre un hoyo poco profundo, se hace un caballete de tierra en el centro, se apoya el rizoma encima y se extienden las raíces hacia abajo por los lados. Después se cubren solo las raíces, dejando el lomo del rizoma asomando como una patata medio enterrada.

Ese lomo al sol es lo que induce la formación de yemas florales. Enterrado, la planta sobrevive, se llena de hojas y no florece nunca. La única excepción razonable es el interior más caluroso, donde un centímetro escaso de tierra o de grava clara protege el rizoma de quemarse en agosto.

La orientación. El rizoma crece siempre hacia el lado del abanico de hojas. Colócalo apuntando hacia donde quieres que se extienda la mata, o hacia fuera si plantas en grupo. Deja 30-40 cm entre plantas: se agolpan solos en tres años.

La época. El mejor momento para plantar y dividir iris barbados es de julio a septiembre, cuando terminan el ciclo de floración y están en reposo estival. Así enraízan durante el otoño y llegan a la primavera siguiente con capacidad de florecer. Los bulbosos se plantan en octubre-noviembre, a 8-10 cm de profundidad, esos sí bien enterrados.

Riego, abonado y el resto del año

Riego. Abundante en el momento de plantar y durante la primavera, cuando emite el escapo floral. Después, muy poco. Un germanica establecido en clima peninsular puede pasar el verano sin un solo riego, y de hecho la sequía estival le va bien: es su periodo de reposo. El exceso de agua en julio y agosto es la causa principal de la podredumbre de rizoma.

Abonado. Poco nitrógeno. Esto es importante y va contra el instinto de quien ve hojas y piensa en abono verde. El nitrógeno alto produce tejidos blandos y acuosos que son la invitación perfecta para la bacteriosis. Un fertilizante de fondo tipo 6-10-10 o similar, con potasio y fósforo dominantes, aplicado a finales de invierno y otra vez justo después de la floración, cubre el año entero. Nunca estiércol fresco ni compost sin madurar en contacto con el rizoma.

Después de florecer. Corta el escapo floral por la base, a ras. Lo que no debes hacer es recortar las hojas en verano: la mata está fabricando reservas para las flores del año siguiente y cortarle el follaje es hipotecar la próxima primavera. Las hojas solo se recortan en abanico, a unos 15-20 cm, cuando se divide o trasplanta, para reducir la transpiración mientras enraíza. En invierno se retiran las hojas secas y muertas, que es donde inverna la mancha foliar.

División. Cada tres o cuatro años la mata se congestiona: los rizomas centrales envejecen, se quedan sin espacio y la floración cae en picado. Se levanta el conjunto en verano, se descartan las porciones viejas y leñosas sin abanico de hojas, y se replantan solo las secciones jóvenes de la periferia, cada una con su abanico y sus raíces. Deja las divisiones un día a la sombra para que cicatricen los cortes antes de volver a plantar.

Los problemas que de verdad aparecen

Podredumbre blanda bacteriana (Pectobacterium carotovorum). El rizoma se vuelve pastoso, de aspecto mantecoso, y despide un olor pútrido inconfundible. Aparece con exceso de agua, exceso de nitrógeno o heridas. Se trata quirúrgicamente: se desentierra, se corta con navaja limpia toda la parte blanda hasta tejido blanco y firme, se deja secar al sol dos o tres días y se replanta en sitio bien drenado. Desinfecta la herramienta entre plantas.

Mancha foliar (Didymellina macrospora, también citado como Heterosporium). Manchas pardas con halo amarillento en las hojas, típicas de primaveras lluviosas. Retira y quema el follaje afectado y elimina toda la hojarasca en invierno; en ataques repetidos, un cúprico al inicio de la brotación reduce la presión.

Caracoles y babosas, que roen los brotes tiernos y los botones florales en marzo y abril. Trips en primaveras secas, que deforman las flores antes de abrir.

Y el diagnóstico más frecuente de todos, que no es una plaga: no florece. Repasa la lista en este orden: rizoma demasiado enterrado, sombra, mata sin dividir desde hace más de cuatro años, exceso de nitrógeno, o hojas cortadas el verano anterior. En casi todos los casos es una de esas cinco.

Cultivo en maceta

Se puede, pero conviene elegir bien la especie. Un germanica de talla alta en una maceta pequeña acaba mal: el rizoma se extiende horizontalmente y necesita superficie, no profundidad.

Para barbados usa una maceta ancha y baja, de al menos 35 cm de diámetro y 25 de profundidad, mejor de barro cocido que de plástico, porque la porosidad del barro ayuda a que el sustrato seque entre riegos. Un rizoma por maceta de ese tamaño, o dos si es de 45 cm.

El sustrato debe drenar mucho más que uno estándar: alrededor de un 50 % de sustrato universal, un 30 % de arena gruesa de río o granito descompuesto y un 20 % de perlita. Capa de grava en el fondo y, sobre todo, nada de plato debajo con agua estancada.

Las opciones que mejor funcionan en maceta son en realidad las pequeñas: los iris barbados enanos derivados de Iris pumila, que no pasan de 25 cm y florecen en marzo, y los bulbos de Iris reticulata, que se plantan en otoño diez o doce por maceta y dan una floración muy densa a finales de invierno, cuando no hay nada más en flor.

En maceta el riego sí es regular durante la primavera, porque el volumen de sustrato es limitado, pero se reduce drásticamente en verano. Y el abonado, líquido y bajo en nitrógeno, cada tres semanas solo durante el crecimiento activo.

Mata de iris en floración en el jardín

Un apunte sobre toxicidad y sobre el perfume

Los rizomas contienen compuestos irritantes y no son comestibles: provocan molestias digestivas si se ingieren, y la savia puede irritar la piel sensible al manipularlos. Conviene usar guantes al dividir y mantener los rizomas fuera del alcance de niños y perros que escarban.

Curiosamente, esos mismos rizomas son materia prima de perfumería. Los de Iris pallida y Iris germanica var. florentina, secados y envejecidos durante dos o tres años, desarrollan las ironas responsables del olor a violeta y dan la llamada raíz de lirio, uno de los ingredientes más caros del sector.

En resumen

Identifica primero si tu iris es rizomatoso, bulboso o de suelo húmedo, porque cada grupo pide cosas distintas. Para el barbado común, que es el que mejor se adapta al clima español: sol pleno, suelo muy drenante y ligeramente alcalino, rizoma medio asomando en superficie, plantación entre julio y septiembre, poco riego en verano, abono bajo en nitrógeno y división cada tres o cuatro años. No cortes las hojas después de la floración y no lo trates como una planta de arriate húmedo. Si respetas la profundidad de plantación y el drenaje, el resto del cultivo es de una sencillez casi ofensiva para lo espectacular que resulta la flor.


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