A comienzos de los años setenta, una expedición botánica estadounidense recorrió las montañas de Papúa Nueva Guinea y volvió con semillas y esquejes de varias especies de Impatiens. De aquel material salieron, tras dos décadas de cruzamientos, las alegrías guineanas que hoy se venden en cualquier centro de jardinería: plantas de hoja lanceolada y flores de cinco a siete centímetros, mucho más grandes que las de la alegría de la casa de toda la vida. Entender esa diferencia de origen es lo que evita la mitad de los errores que se cometen con ellas.
Qué es exactamente la alegría guineana
El nombre científico es Impatiens hawkeri, de la familia de las balsamináceas. Es una perenne herbácea de porte compacto, entre 25 y 50 cm de alto según el cultivar, con tallos gruesos, algo suculentos y quebradizos, y hojas alargadas y verticiladas que van del verde brillante al bronce oscuro, muchas veces con el nervio central rojizo o amarillo.
Las flores son planas, de cinco pétalos, con un espolón fino hacia atrás, y aparecen en rojo, fucsia, naranja, salmón, lila, blanco y una infinidad de bicolores. En su clima de origen florece todo el año; aquí florece de forma continua desde mayo hasta que llega el primer frío serio, en octubre o noviembre.
Conviene no confundirla con Impatiens walleriana, la alegría de la casa. Se parecen de lejos, pero la guineana tiene la hoja más larga y coriácea, la flor mayor y, sobre todo, aguanta bastante más sol y es muy resistente al mildiu del impatiens (Plasmopara obducens), el hongo que a partir de 2011 arrasó las plantaciones europeas de walleriana y dejó a media Europa sin entender por qué sus alegrías se deshojaban de un día para otro. Si alguna vez has perdido una plantación entera de alegrías de la casa, la guineana es el recambio lógico.
Dónde colocarla
La creencia extendida de que necesita sombra profunda viene arrastrada de la walleriana y perjudica a la planta. La guineana quiere mucha luz: en sombra densa se estira, produce entrenudos largos y apenas abre flores.
El punto óptimo en España es sol de mañana hasta las once o doce y sombra en las horas centrales, o luz filtrada abundante bajo un toldo o la copa ligera de un árbol. En la cornisa cantábrica y en la costa atlántica gallega tolera casi todo el día de sol. En Madrid, Sevilla, Córdoba o Zaragoza, el sol directo de julio a las cinco de la tarde le quema las hojas y le achicharra las flores en cuestión de horas, por muy regada que esté.
Existen además las series interespecíficas tipo SunPatiens, obtenidas cruzando hawkeri con otras especies, que sí soportan sol pleno en verano y crecen bastante más. Si la etiqueta lo indica, se puede plantar a pleno sol; si solo pone «Nueva Guinea», mejor ir a la ubicación de media sombra.
Dentro de casa vive bien junto a una ventana orientada al este o a un metro de una ventana sur, pero es una planta que agradece salir al exterior: en interior florece menos y se llena de araña roja con más facilidad.
Riego: donde se pierden más ejemplares
Es una planta de sustrato fresco de manera constante, sin llegar nunca a encharcarse. El sistema radicular es fino y superficial, y no soporta ni la sequía prolongada ni el agua estancada.
La regla práctica: riega cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos al tacto. En maceta y en terraza, en pleno julio, eso puede significar riego diario, e incluso dos riegos en jornadas de más de 35 °C con viento. En primavera y otoño, dos o tres veces por semana. En invierno, si la conservas bajo techo, cada ocho o diez días.
Detalle importante: la alegría guineana se marchita de forma espectacular, con todos los tallos colgando, y se recupera en media hora tras el riego. Esa capacidad de recuperación hace pensar que no pasa nada. Sí pasa: cada marchitez severa hace que la planta aborte los botones florales que tenía a medio formar, y el resultado es una planta que tarda dos o tres semanas en volver a florecer. Si se marchita a menudo, cambia el ritmo de riego o pásala a una maceta mayor.
Al otro lado está el exceso. El plato bajo la maceta lleno de agua de manera permanente termina en podredumbre de raíz por Pythium o Rhizoctonia: la planta se marchita igual que si tuviera sed, pero ya no se recupera al regar. Cuando una alegría guineana se marchita después de regar, el problema es de raíces, no de agua.
Humedad ambiental
Viene de un clima de montaña tropical con humedad alta y constante. Se encuentra cómoda alrededor del 50-60 % de humedad relativa; por debajo del 40 % —el verano del interior peninsular, o cualquier salón con calefacción de radiadores— los bordes de las hojas se secan y la araña roja se instala.
Lo que no funciona es la costumbre de pulverizar la planta. El agua sobre los pétalos mancha las flores y favorece la botritis, que en esta planta entra por la flor marchita y se propaga al tallo. Si necesitas subir la humedad, usa un plato ancho con arcilla expandida y agua sin que la maceta toque el agua, agrupa varias plantas juntas o pulveriza el aire alrededor, nunca las corolas.
Sustrato y trasplante
Necesita un sustrato ligero, rico en materia orgánica y con drenaje inmediato. Una mezcla que funciona bien: 60 % de sustrato universal de calidad o fibra de coco, 20 % de humus de lombriz y 20 % de perlita. El pH ideal está entre 5,5 y 6,5; en aguas muy calcáreas, como las de buena parte del levante y el centro, conviene regar de vez en cuando con agua de lluvia o añadir un quelato de hierro en primavera, porque amarillea con facilidad entre los nervios.
Se compra en flor en primavera. Si vas a plantarla en el jardín o en jardinera exterior, espera a que haya pasado el riesgo de heladas: finales de marzo o abril en la costa mediterránea y en Andalucía, mediados de mayo en la meseta, en el Duero y en zonas de montaña. Marco de plantación de 25-30 cm entre plantas; en maceta, una de 18-22 cm de diámetro por planta es suficiente para toda la temporada.
El cepellón que viene del vivero suele estar muy apretado. Ábrelo un poco con los dedos antes de plantar y planta a la misma altura a la que venía: enterrar el cuello del tallo es una vía directa a la podredumbre.
Abonado
Florece sin parar durante seis meses y eso consume mucho. Desde que arranca el crecimiento en abril hasta septiembre, abono líquido para plantas de flor cada 15 días a la dosis de la etiqueta, o a media dosis si prefieres aplicarlo cada semana.
Un exceso de nitrógeno produce plantas enormes de hoja preciosa y muy poca flor, así que evita los abonos de crecimiento tipo 20-5-10 y busca formulaciones equilibradas o con más potasio. Otra opción cómoda es mezclar abono de liberación lenta en el sustrato al plantar, que cubre unos tres o cuatro meses, y reforzar con líquido a partir de agosto. En invierno no se abona.
Poda y mantenimiento
No requiere poda propiamente dicha. Lo único útil es el pinzado de las puntas al plantar, quitando el par de hojas terminal de cada tallo: la planta se ramifica desde la base y sale mucho más compacta y florífera.
Es una planta autolimpiante, es decir, suelta sola las flores pasadas. Aun así, revisa que ninguna flor marchita se haya quedado pegada entre las hojas, porque ahí es donde empieza la botritis en otoño. Los tallos rotos —se parten con nada— se cortan limpios por encima de un nudo.
Si la conservas de un año para otro, en marzo dale un rebaje de un tercio para quitar el aspecto desgarbado que adquiere durante el invierno; rebrota en dos o tres semanas.
Multiplicación por esqueje
Es una de las plantas más fáciles de enraizar que existen, y merece la pena aprovecharlo: en lugar de comprar plantel cada primavera, se guarda una planta madre y se sacan diez.
- Corta un esqueje apical de 8-10 cm, justo por debajo de un nudo, en primavera o a finales de verano.
- Retira las hojas inferiores y todas las flores y botones, que consumen energía inútilmente.
- Ponlo en un vaso de agua o, mejor, en perlita húmeda o una mezcla de turba y arena, en un sitio cálido y luminoso sin sol directo.
- A 20-24 °C enraíza en 10-15 días. No hace falta hormona de enraizamiento.
- Trasplanta a maceta pequeña cuando las raíces tengan dos o tres centímetros. Las raíces formadas en agua son frágiles: no esperes a que sean largas.
La semilla es otra historia. Los cultivares comerciales son híbridos F1 y la descendencia no repite ni el color ni el porte de la madre, además de germinar mal. Salvo que quieras experimentar, el esqueje es el camino.
Plagas y enfermedades
Araña roja (Tetranychus urticae). Es el enemigo número uno, sobre todo en interior y en verano seco. Da hojas punteadas de amarillo, aspecto polvoriento y telarañas finas en el envés y las axilas. Prevención: humedad ambiental y limpiar el envés con agua a presión suave. Tratamiento: jabón potásico o aceite de neem cada cinco días, tres o cuatro aplicaciones, insistiendo en el envés.
Trips. Deforman las flores, las decoloran y dejan puntos negros de excrementos. Son especialmente serios porque transmiten el virus de las manchas necróticas del impatiens (INSV), que fue descrito precisamente en esta planta y para el cual no hay tratamiento: se manifiesta en anillos y manchas necróticas y obliga a eliminar el ejemplar. Trampas cromáticas azules y control temprano.
Mosca blanca y pulgón. Habituales en primavera en balcones y galerías. Jabón potásico y revisión de brotes tiernos.
Caracoles y babosas. Devoran los tallos tiernos de las plantas recién puestas en el jardín, y en una noche lluviosa de mayo pueden acabar con toda la plantación.
Botritis (Botrytis cinerea). Moho gris en flores y tallos cuando hay humedad alta y poca ventilación. Retira lo afectado y separa las plantas.
Rusticidad y qué hacer en invierno
Aquí está el límite real de esta planta: no tolera el frío. Por debajo de 10-12 °C deja de crecer y empieza a perder hojas; a 5 °C sufre daños serios, y con la primera helada, aunque sea de -1 °C, los tallos se convierten en un amasijo acuoso irrecuperable. Corresponde a las zonas USDA 10 y 11.
Traducido al mapa español: solo se comporta como perenne en Canarias, en la costa de Málaga y Granada, en zonas resguardadas del litoral de Alicante y Murcia y en microclimas urbanos cálidos. En el resto de la Península se cultiva como anual de temporada, o se entra a casa.
Para conservarla, métela antes de que las mínimas nocturnas bajen de 12 °C —normalmente a lo largo de octubre—, colócala en la habitación más luminosa, reduce el riego a la mitad, suspende el abono y no te alarmes si pierde hojas y casi no florece: es su parón normal. En marzo, poda, trasplanta a sustrato nuevo y vuelve al ritmo de riego y abonado de temporada.
En resumen
Impatiens hawkeri es una perenne tropical que en casi toda España se cultiva como planta de temporada de mayo a octubre. Quiere mucha luz sin sol abrasador, sustrato siempre fresco pero drenante, humedad ambiental razonable y abono quincenal durante toda la floración. No la confundas con la alegría de la casa: aguanta más sol, resiste el mildiu que arrasa a su prima y no necesita sombra profunda.
Los tres fallos que más ejemplares se llevan por delante son dejar que se marchite una y otra vez, mantener el plato con agua y pulverizar las flores. Y como el frío la mata sin remedio, lo más rentable es tomar esquejes en septiembre: enraízan en dos semanas y te aseguran plantel gratis para la primavera siguiente.