El crisantemo (Chrysanthemum × morifolium, antes clasificado como Dendranthema grandiflorum) es probablemente la planta con flor más maltratada de España. Se compra en octubre, se pone en una tumba o en un balcón, se marchita en tres semanas y se tira. Casi nadie sabe que es una vivaz longeva que puede florecer cada otoño durante años si se planta en el suelo y se poda correctamente.
Es un compuesta originaria de Asia oriental, cultivada en China desde hace más de dos mil años y llegada a Europa a finales del siglo XVIII. Existen miles de cultivares agrupados por forma de la inflorescencia: simples, anémona, pompón, incurvados, araña o decorativos. Su color va del blanco al granate pasando por amarillos, bronces y rosas; el azul no existe de forma natural.
Por qué florece en otoño
Entender esto resuelve la mitad de los problemas de cultivo. El crisantemo es una planta de día corto: forma botones florales cuando las noches superan aproximadamente las 12 horas de oscuridad ininterrumpida, lo que en la península ocurre a partir de finales de septiembre.
Dos consecuencias prácticas. La primera: si lo cultivas junto a una farola, un foco de jardín o una ventana con luz encendida hasta tarde, puede no florecer, aunque la planta esté perfecta. Basta con romper la oscuridad nocturna para inhibir la inducción floral. La segunda: los crisantemos que se venden en flor en pleno verano han sido forzados en invernadero con oscurecimiento artificial, y al año siguiente volverán a su calendario natural de otoño.
Ubicación y suelo
Quiere sol directo, un mínimo de seis horas diarias. En sombra estira los tallos, florece poco y se vuelve propenso al oídio. En el sur, durante los meses de julio y agosto, agradece protección del sol de tarde para que el follaje no se queme.
El suelo debe ser fértil, con materia orgánica y sobre todo bien drenado. Prefiere pH ligeramente ácido a neutro, entre 6 y 7. Es sensible a la asfixia radicular: un suelo arcilloso compacto que encharque en invierno acaba con la planta más deprisa que cualquier helada.
En cuanto a resistencia al frío, las variedades de jardín aguantan bien hasta -5 °C o -10 °C una vez establecidas y perdiendo la parte aérea. Las variedades de maceta comercial, seleccionadas para invernadero, son bastante menos rústicas.
Riego, el punto crítico
El crisantemo tiene un sistema radicular superficial y una masa foliar grande, así que se deshidrata rápido pero se pudre con la misma facilidad. La regla es regar cuando los primeros dos o tres centímetros de sustrato estén secos, y hacerlo entonces a fondo, hasta que drene por los agujeros.
En una maceta al sol en plena floración de octubre eso puede significar cada dos o tres días; en el suelo, una vez por semana. En invierno, con la planta podada y en reposo, el riego se reduce casi a cero.
Riega siempre al pie, nunca por encima. Mojar el follaje favorece la roya blanca del crisantemo (Puccinia horiana) y el oídio, sus dos enfermedades más habituales. Un ejemplar comprado en flor que se marchita a los pocos días casi siempre está o encharcado o completamente seco por dentro: el cepellón de estas plantas, muy lleno de raíces, repele el agua si se ha secado del todo, y hace falta sumergir la maceta veinte minutos para rehidratarlo.
Trasplante y abonado
Si compras la planta en flor, no la trasplantes en ese momento. Espera a que termine la floración y hazlo a finales de invierno o principios de primavera, entre febrero y marzo, cuando empiezan a brotar los nuevos tallos desde la base. Trasplantar en plena flor provoca la caída de botones.
Al pasar a maceta definitiva, elige un contenedor entre 4 y 6 cm más ancho, con buenos agujeros de drenaje, y un sustrato universal aligerado con un 20-30 % de perlita. En el suelo, planta a 40 cm de distancia entre ejemplares para que circule el aire.
El abonado sigue el ciclo de la planta. De marzo a julio, cuando está formando estructura, usa un fertilizante equilibrado o algo más nitrogenado cada 15 días. A partir de agosto, cambia a uno rico en potasio y fósforo para favorecer la floración; seguir con nitrógeno en esa fase da plantas altas y frondosas con pocas flores. En invierno no se abona.
La poda de pinzado, lo que marca la diferencia
Esta es la técnica que separa un crisantemo de aspecto profesional de uno larguirucho que se tumba con el primer viento. Consiste en pinzar la punta de los tallos cuando la planta alcanza unos 15-20 cm, y repetir cada vez que los nuevos brotes crecen otros 10 cm. Se hace desde abril hasta mediados de julio.
Cada pinzado multiplica las ramificaciones y, por tanto, el número de flores, además de compactar la mata. Después del 15 de julio no se pinza: la planta necesita ese tiempo para desarrollar los tallos que llevarán las flores de octubre.
Si lo que buscas son flores grandes de exposición, se hace lo contrario: se deja un solo tallo y se eliminan todos los botones laterales dejando solo el terminal, de modo que toda la energía va a una única inflorescencia.
Tras la floración, en noviembre o diciembre, corta los tallos a unos 10-15 cm del suelo. En zonas frías, cubre la base con acolchado de hojas o corteza.
Multiplicación
Lo más sencillo es la división de mata en primavera: se desentierra el cepellón, se separa en porciones con raíces y brotes, y se descarta la parte central más leñosa y agotada. Conviene hacerlo cada dos o tres años porque la planta pierde vigor en el centro.
También funcionan muy bien los esquejes de tallo de 8-10 cm tomados de brotes basales en primavera, sin flor, con las hojas inferiores retiradas y enterrados en perlita húmeda o mezcla de turba y arena. Enraízan en dos o tres semanas a 18-20 °C. La semilla solo se usa en especies botánicas y en mejora, porque los cultivares no salen fieles.
Plagas y problemas frecuentes
Los pulgones atacan los botones florales en primavera y otoño; se controlan con jabón potásico. La mosca blanca y la araña roja aparecen en ambientes secos y calurosos, esta última muy favorecida por el estrés hídrico. El minador de hojas deja galerías blancas serpenteantes.
Entre las enfermedades, la roya blanca es la más específica y grave: pústulas blanquecinas en el envés que obligan a retirar y destruir el material afectado. Se previene con buena ventilación, evitando mojar la hoja y no amontonando las plantas.
Usos, historia y simbolismo
Además del uso ornamental y como flor cortada, algunas especies del grupo tienen aplicaciones concretas. Del Chrysanthemum indicum y el Chrysanthemum morifolium se elabora en China la infusión de flores de crisantemo. Del piretro (Tanacetum cinerariifolium, antes Chrysanthemum cinerariifolium) se extraen las piretrinas, insecticidas naturales muy usados en agricultura ecológica.
En Japón el crisantemo es símbolo imperial y protagoniza el festival del Kiku; allí representa longevidad y nobleza. En buena parte del sur de Europa, en cambio, se asocia al duelo y a la festividad de Todos los Santos, sencillamente porque su floración natural coincide con el 1 de noviembre. Es un buen ejemplo de cómo el calendario biológico de una planta acaba determinando su significado cultural.
En resumen
El crisantemo es una vivaz de día corto que necesita sol pleno, suelo drenado, riego al pie sin encharcar y un abonado que pase de nitrogenado a potásico en agosto. Pinza los tallos de abril a mediados de julio para conseguir mata compacta y muchas flores, poda a ras tras la floración y divide la mata cada dos o tres años. Tratado así, deja de ser una planta desechable de noviembre y se convierte en un elemento fijo del jardín de otoño.