El lila es un color raro en el jardín español y por eso funciona tan bien. Se sitúa justo entre el rosa y el azul, se lleva estupendamente con el gris plateado del follaje mediterráneo y tiene una virtud que ningún otro color aporta: a media tarde y al anochecer parece iluminarse, mientras los rojos y los naranjas se apagan. Si tienes una terraza o un porche que se usa sobre todo al final del día, el lila es la mejor inversión cromática que puedes hacer.
Antes de entrar en materia conviene aclarar el vocabulario, porque en floristería y en vivero se mezcla todo. El lila es un violeta claro y algo grisáceo; el malva tira más al rosa; el morado o púrpura es un tono mucho más saturado y oscuro. Aquí recojo plantas que dan flores en esa franja clara, aunque cite también variedades que se van hacia el violeta intenso.
Lavandas: el lila más fácil de todos
Si solo puedes plantar una cosa lila, planta lavanda. Es la que menos pide y la que más da en el clima de aquí.
La Lavandula angustifolia, la lavanda fina, es la más resistente al frío y la de aroma más limpio, pero sufre en veranos muy húmedos y calurosos. La Lavandula × intermedia, el lavandín, es más grande, más productiva y más tolerante al calor: es la que se ve en los campos de Brihuega. Y la Lavandula dentata, con hojas festoneadas y una pequeña bandera violeta en lo alto de la espiga, es la reina del litoral mediterráneo porque florece casi todo el año y aguanta la humedad costera, aunque no soporta heladas fuertes.
Todas quieren lo mismo: sol pleno, suelo pobre y muy drenante, y prácticamente nada de riego una vez establecidas. El error clásico es plantarlas en tierra rica y regarlas como a un geranio; se pudren por el cuello en un par de veranos. La otra clave es la poda: hay que recortar un tercio de la mata cada año tras la floración, sin llegar nunca a la madera vieja y desnuda, porque de ahí no rebrota. Una lavanda sin podar se abre por el centro, se aleña y a los cuatro años hay que tirarla.
Jacaranda: el árbol que tiñe la ciudad
La Jacaranda mimosifolia es el espectáculo lila por excelencia de las ciudades del sur peninsular. Florece entre mayo y junio, y a menudo lo hace con el árbol todavía medio desnudo, lo que multiplica el efecto. En Sevilla, Málaga o Cádiz alcanza 10-12 metros sin problema.
Tiene tres condicionantes que hay que conocer antes de plantarla. El primero es el frío: aguanta heladas ligeras de adulta, pero un ejemplar joven se pierde con -3 o -4 °C, así que en el interior peninsular es una apuesta arriesgada. El segundo es el tamaño: no es un árbol de patio pequeño, necesita espacio real. El tercero, y el que causa más disgustos, es que sus flores caídas manchan y resbalan; plantada sobre una acera o junto a una plaza de aparcamiento acaba dando más quejas que alegrías.
Un apunte útil: la jacaranda tarda en florecer. Un ejemplar de semilla puede pasar entre siete y diez años sin dar una sola flor. Compra siempre planta injertada o de vivero ya en edad de floración.
Lobelia, para el borde y la jardinera
La Lobelia erinus es una planta pequeña, de 15-25 cm, que produce una nube de florecillas azul-lila durante toda la primavera. Es insustituible para el borde de una jardinera colgante, donde cae en cascada, y combina de maravilla con las hojas plateadas del Helichrysum petiolare.
El punto importante es que en España se comporta como anual de media estación: quiere frescor. Va espectacular de marzo a junio y se colapsa con las primeras semanas de calor fuerte, sobre todo si le da el sol de tarde. Trátala como planta de primavera, dale sol de mañana y sombra a partir del mediodía, no dejes que se seque nunca del todo y, cuando pierda fuerza a mitad de temporada, dale un tijeretazo a la mitad de su altura: muchas veces rebrota y da una segunda floración en septiembre.
Rosales de flor lila
No existen rosas azules naturales, pero sí un grupo de rosales de tonos malva y lila conseguidos por hibridación clásica. Son de los rosales más perfumados que hay, porque el gen que produce esos pigmentos va asociado a un aroma intenso y algo afrutado.
Los nombres que se encuentran fácilmente en vivero español son 'Blue Moon' (malva claro, muy aromático), 'Rhapsody in Blue' (arbustivo, púrpura que va virando a gris azulado), 'Novalis' (floribunda lila muy sano) y 'Mainzer Fastnacht'. Conviene saber que muchos de ellos son menos resistentes a las enfermedades que los rosales rojos o blancos modernos, y que su color se apaga y se vuelve grisáceo bajo el sol de justicia del verano peninsular. Si quieres que el malva se mantenga limpio, plántalos donde reciban sol de mañana y algo de sombra a las horas centrales.
La lila propiamente dicha, y por qué falla en media España
La Syringa vulgaris, el lilo o lila común, es el arbusto que dio nombre al color. Florece en abril con panículas enormes y un perfume que no tiene rival.
Ahora la advertencia, que rara vez se hace: la lila necesita frío invernal. Requiere un número considerable de horas por debajo de 7 °C para inducir la floración. En la meseta, en el norte y en zonas de montaña va estupendamente; en el litoral mediterráneo, en Canarias o en el valle del Guadalquivir la planta vive pero apenas florece, y la gente acaba culpando al abono o al riego cuando el problema es simplemente el invierno. Si vives en zona cálida y quieres ese efecto, sustitúyela por Buddleja davidii o por una Vitex agnus-castus.
Trepadoras lilas
Glicina (Wisteria sinensis). Racimos colgantes lila en abril, antes de la hoja. Espectacular, pero es una trepadora muy vigorosa y estranguladora: no la pongas nunca sobre una pérgola endeble ni junto a bajantes. Necesita dos podas al año, una en verano y otra en invierno, para florecer bien.
Clemátides. Clematis 'Nelly Moser' o Clematis viticella en tonos malva. Regla clásica y cierta: cabeza al sol, pies a la sombra. Cubre siempre la base con otra planta o con una teja.
Solano azul (Lycianthes rantonnetii, antes Solanum rantonnetii). Arbusto sarmentoso que florece en violeta desde mayo hasta las primeras heladas. De los que más meses de flor da en el litoral.
Vivaces y aromáticas para masas de color
Salvia rusa (Salvia yangii, antes Perovskia atriplicifolia). Nube azul-lila de julio a septiembre sobre tallos blanquecinos. Extraordinariamente resistente a la sequía y al calor. Se corta a un palmo del suelo en febrero.
Nébeda (Nepeta × faassenii). Mata baja y densa que florece dos veces si se recorta tras la primera. Sustituye a la lavanda en suelos algo más pesados.
Verbena bonariensis. Tallos altos y finos rematados en pomos malva. Transparente, se ve a través de ella. Se resiembra sola con generosidad, lo que puede ser virtud o defecto según tu jardín.
Alhelí perenne (Erysimum 'Bowles's Mauve'). Florece prácticamente once meses al año en clima suave. Vida corta, de tres o cuatro años; ten esquejes preparados.
Lirio común (Iris germanica). Los rizomas deben quedar medio asomados en la superficie, no enterrados; es el fallo número uno con esta planta.
Aubrieta (Aubrieta deltoidea), para muretes y rocallas, donde forma alfombras lilas en marzo y abril. Necesita drenaje perfecto y agradece caer sobre piedra.
Agapanto (Agapanthus praecox), plumbago (Plumbago auriculata) y limonio (Limonium sinuatum) completan la paleta en verano, sobre todo cerca del mar, donde los tres aguantan bien la brisa salina.
Cómo combinarlas para que no quede plano
El lila en masa monótona resulta apagado. Tres reglas que funcionan:
Acompáñalo de gris plateado. Santolina, Artemisia, Stachys byzantina o el propio follaje de la lavanda hacen que el lila gane luminosidad.
Añade un toque de amarillo pálido o de blanco. Un Achillea crema o unas margaritas blancas activan el conjunto sin romperlo. El amarillo saturado, en cambio, se pelea con el lila.
Juega con alturas y texturas. Espigas verticales (lavanda, salvias, Liatris), pomos redondos (agapanto, Allium) y nubes difusas (Verbena bonariensis, Gaura) en el mismo parterre. La variedad de forma es lo que evita que un jardín monocromo resulte aburrido.
En resumen
Para flores lilas en España, la base segura son las lavandas —angustifolia en el interior, dentada en la costa—, la salvia rusa y la nébeda, todas de sol, suelo pobre y riego mínimo. Como árbol, la jacaranda si el clima es suave y hay sitio de sobra. Para jardineras, lobelia tratada como planta de primavera y no de verano. Para trepar, glicina sobre estructura fuerte o clemátide con los pies a la sombra. Y una advertencia que ahorra disgustos: el lilo (Syringa vulgaris) necesita frío invernal, así que en el litoral cálido casi nunca florece bien. Añade follaje plateado al conjunto y el lila ganará el doble.