El invierno tiene mala fama entre quienes empiezan a cultivar. Se asume que de diciembre a febrero el jardín se apaga y hay que esperar a marzo para volver a ver color. En la mayor parte de España esto simplemente no es cierto: nuestro invierno es suave comparado con el del centro y el norte de Europa, y hay un grupo amplio de plantas que florecen precisamente porque hace frío, no a pesar de ello.

La clave para entenderlo está en dos mecanismos. Algunas especies son de día corto: necesitan noches largas para inducir la floración. Otras necesitan vernalización, es decir, un periodo de frío que desbloquea la formación de las flores. Si intentas forzar estas plantas en un interior cálido, no florecen o lo hacen mal. Es el error más repetido con las flores de invierno: tratarlas como si fueran delicadas cuando en realidad les molesta más la calefacción que la helada.

Las prímulas, el arranque más fiable

El género Primula es el recurso más seguro para tener color desde noviembre. En jardinería se usan sobre todo dos: Primula acaulis (la prímula de tallo corto, con flores casi pegadas a la roseta de hojas) y Primula obconica. La primera aguanta bien hasta -5 °C y florece de forma continua durante meses si se le quitan las flores marchitas.

Quieren semisombra o sol de mañana. A pleno sol en zonas del sur se agotan rápido y el follaje se quema; en sombra profunda estiran y florecen poco. El suelo debe retener humedad sin encharcarse: un sustrato con turba o fibra de coco y algo de perlita funciona bien en maceta. Riega cuando el primer centímetro esté seco, evitando mojar el centro de la roseta, que es donde se pudren.

Una advertencia útil: las prímulas que se venden en supermercado en pleno enero suelen venir de invernadero templado. Si las pones directamente a la intemperie en una noche de helada, se colapsan. Acostúmbralas unos días en un lugar protegido antes de plantarlas.

Prímula en flor durante el invierno

Bellis perennis, la margarita que no descansa

La Bellis perennis es una planta vivaz de la familia de las compuestas, la misma margarita silvestre que sale sola en los céspedes. Las variedades de jardín, con capítulos dobles en blanco, rosa y granate, se plantan en otoño y florecen de noviembre a mayo en clima mediterráneo.

Es de las más resistentes al frío de esta lista: soporta sin problema -10 °C. Su punto débil es el calor. En cuanto las máximas superan los 25 °C de forma sostenida deja de florecer y suele secarse, motivo por el que en muchos jardines se cultiva como anual de temporada fría aunque técnicamente sea perenne.

Quiere sol directo, cosa poco frecuente entre las plantas de invierno, y riegos moderados. Se autosiembra con facilidad, así que si la dejas granar tendrás plantas nuevas al otoño siguiente sin hacer nada.

Alhelí (Matthiola incana), el que aporta aroma

El alhelí, Matthiola incana, es una crucífera mediterránea que crece de forma espontánea en acantilados costeros de la península. Esto explica dos cosas: tolera el salitre y el viento mucho mejor que la media, y exige un drenaje excelente.

Su gran baza es el perfume, dulce y especiado, que se intensifica al atardecer. Florece de enero a abril según la zona, en espigas densas de flores simples o dobles. Se siembra a finales de verano o principios de otoño para florecer al invierno siguiente; necesita ese periodo frío para inducir la espiga.

Prefiere suelos calizos, ligeramente alcalinos, y detesta el exceso de materia orgánica fresca, que le provoca podredumbre del cuello. En maceta, mezcla sustrato universal con un tercio de arena gruesa o arlita. Riega poco: es más fácil matarlo por agua que por frío.

Violeta de olor y otras opciones para la sombra

La Viola odorata es una vivaz rizomatosa de floración muy temprana, entre enero y marzo, con flores violetas o blancas de aroma intenso y peculiar: contiene ionona, un compuesto que satura temporalmente los receptores olfativos, de ahí la sensación de que el olor "aparece y desaparece".

Es ideal para los rincones sombríos bajo árboles caducifolios, donde en invierno recibe luz y en verano queda protegida. Se extiende por estolones y forma tapiz. Necesita suelo fresco y rico en humus; si el sustrato se seca del todo en verano, desaparece.

En esa misma línea de floración invernal en sombra están los pensamientos y violas de jardín (Viola × wittrockiana), que florecen sin parar de octubre a mayo, y el eléboro o rosa de Navidad (Helleborus niger y Helleborus orientalis), una vivaz longeva que florece en pleno enero y que, una vez establecida, no requiere prácticamente nada. El eléboro es venenoso en todas sus partes, conviene saberlo si hay niños o animales.

Arbustos y bulbos que completan el invierno

Más allá de las plantas de temporada, hay leñosas que aportan estructura y floración fría. El almendro (Prunus dulcis) florece de finales de enero a febrero en el interior peninsular. La Camellia japonica abre de diciembre a marzo, pero exige suelo ácido y agua de riego con poca cal, algo complicado en gran parte de España sin agua de lluvia almacenada. El jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum) da flores amarillas sobre ramas desnudas y aguanta bien el frío continental, aunque no perfuma.

En bulbos, los narcisos tempranos, los Crocus y los jacintos plantados en octubre florecen entre enero y marzo. Los Iris reticulata son especialmente agradecidos en maceta.

Errores frecuentes en el jardín de invierno

El primero es regar con la misma frecuencia que en verano. Con temperaturas bajas la evaporación cae y la planta consume mucha menos agua; la mayoría de las pérdidas invernales son por asfixia radicular, no por sequía. Espacia los riegos y hazlos por la mañana, nunca al anochecer, para que el sustrato no pase la noche empapado y frío.

El segundo es abonar con nitrógeno. Un abono rico en nitrógeno en invierno estimula brotes tiernos que se queman a la primera helada. Si abonas, usa un fertilizante de floración con más potasio y fósforo, a media dosis y solo cuando la planta esté en crecimiento activo.

El tercero es plantar demasiado tarde. Casi todas estas especies deben estar en su sitio en octubre o principios de noviembre para enraizar antes de los fríos fuertes. Una planta comprada en flor en enero rendirá bastante menos que una establecida en otoño.

En resumen

El invierno español permite un jardín con flor continua si se eligen especies que necesitan frío en lugar de tolerarlo. Prímulas y pensamientos para el color largo, Bellis perennis a pleno sol, alhelíes y violetas para el aroma, y eléboros, camelias o narcisos para dar profundidad. Planta en otoño, riega menos de lo que crees, olvida el nitrógeno y evita el error de meter estas plantas en un interior con calefacción: casi todas están mejor fuera.


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