Media docena de plantas que se venden en los viveros españoles con la palabra "jazmín" en la etiqueta no pertenecen al género Jasminum, y al menos tres de ellas son tóxicas. Empezar por ahí no es una manía botánica: buena parte de lo que se cuenta sobre el simbolismo del jazmín se ha ido pegando por el camino a plantas que no tienen nada que ver, y la confusión, en algún caso, tiene consecuencias reales en un jardín con niños o perros.

El jazmín verdadero es un género de la familia de las oleáceas —la del olivo y el aligustre—, con unas doscientas especies repartidas por Asia tropical y subtropical, África y algunos puntos de Europa. Su carga simbólica viene de milenios de cultivo en Persia, la India, China y el mundo árabe, y de ahí pasó a la Europa mediterránea con los mismos barcos y las mismas caravanas que trajeron el nombre.

De dónde viene la palabra

El término procede del persa yāsamīn, que pasó al árabe como yāsamīn y de ahí al castellano medieval a través del al-Andalus. La misma raíz dio el nombre propio femenino Yasmín, Jazmín o Jasmine, presente hoy en el árabe, el persa, el turco, el hebreo y el español. Que una flor preste su nombre a varias generaciones de mujeres en media docena de culturas dice bastante de la valoración que ha tenido.

Esa raíz persa aparece ya en la poesía sufí, donde el jazmín es imagen recurrente del amor divino y de la belleza que se percibe sin verse: una flor blanca, discreta, que se anuncia por el olfato antes que por la vista. Ese rasgo —perfume intenso en una flor visualmente modesta, y que además abre de noche— explica casi todo su simbolismo posterior.

Qué significa el jazmín según la cultura

No hay un significado único, pero sí un núcleo compartido y algunas variantes bien documentadas.

Amabilidad y hospitalidad. En el lenguaje de las flores victoriano, el jazmín blanco (Jasminum officinale) se asociaba a la amabilidad y a la gracia sin ostentación. En el mundo árabe la lectura es parecida pero más doméstica: colgar jazmín en el patio o regalar un ramillete al visitante es un gesto de acogida. Damasco lleva siglos llamándose "la ciudad del jazmín".

Sensualidad y amor nocturno. El jazmín real o de España (Jasminum grandiflorum) tenía en la floriografía europea un significado abiertamente sensual, distinto del blanco común. Es coherente con la biología de la planta: el perfume se dispara al anochecer, cuando salen las polillas que la polinizan. Toda la carga erótica que la cultura ha puesto en el jazmín se apoya en ese hecho.

Pureza y matrimonio. En la India, las guirnaldas de Jasminum sambac son parte central de bodas y ofrendas en los templos, y las mujeres las llevan trenzadas en el pelo. En Indonesia, el melati putih (la misma especie) es flor nacional y aparece en la ceremonia nupcial javanesa como símbolo de pureza. En Filipinas, la sampaguita —de nuevo J. sambac— es la flor nacional y se asocia a la fidelidad y al voto cumplido.

Identidad nacional y política. Túnez tiene el jazmín como flor nacional, y el nombre pasó a la revolución de 2010-2011. Siria, Pakistán, Indonesia y Filipinas también lo llevan entre sus emblemas florales. Pocas flores han acumulado tantos usos identitarios.

Dulzura femenina en China. La canción popular Mòlì huā ("Flor de jazmín"), del siglo XVIII, es probablemente la melodía tradicional china más conocida fuera del país. Allí el jazmín, además, es materia prima: el té de jazmín se aromatiza colocando las flores recién abiertas junto a las hojas de té para que estas absorban el perfume.

Hawái. El pīkake hawaiano es también J. sambac; el nombre se lo puso la princesa Ka'iulani, que tenía pavos reales —peacock— y jazmines en el mismo jardín. Sus leis se reservan para ocasiones importantes.

Si hay que resumirlo en una línea: el jazmín significa afecto que se ofrece sin exigir nada, con un matiz sensual cuando se trata del jazmín de flor grande y perfume nocturno. Regalar jazmín no es lo mismo que regalar rosas rojas; es un gesto más cálido y menos declarativo.

Flores blancas de Jasminum multiflorum

El color cambia el mensaje

La tradición floriográfica europea separaba tres lecturas por color, y sigue siendo una guía útil cuando el jazmín se usa como regalo o en un ramo:

Blanco: amabilidad, cordialidad, afecto sereno. Es el uso más seguro y el más extendido.

Amarillo: gracia, elegancia y alegría. Corresponde sobre todo a Jasminum nudiflorum, el jazmín de invierno, que florece entre diciembre y marzo sobre ramas desnudas y —conviene saberlo antes de regalarlo— no huele en absoluto.

Rosado en el capullo: asociado a la anticipación y al comienzo. Es el caso de Jasminum polyanthum, cuyos botones rosados abren en flor blanca, un contraste que la ha hecho popular como planta de regalo a finales de invierno.

Cuidado con los falsos jazmines

Aquí está la parte práctica y la que más disgustos evita. Varias plantas llamadas "jazmín" en España no lo son:

Jazmín estrella o falso jazmín (Trachelospermum jasminoides). Apocinácea, no oleácea. Es la trepadora de flor blanca en molinillo que cubre medio país. Su látex blanco irrita piel y mucosas. No es de las más peligrosas, pero no es un jazmín.

Jazmín de Carolina (Gelsemium sempervirens). Trepadora de flor amarilla en forma de trompeta. Contiene alcaloides —gelsemina y afines— y es muy tóxica en todas sus partes, incluido el néctar. La ingestión de una cantidad pequeña puede causar cuadros graves. Si se tiene en el jardín, conviene saber lo que es y mantenerla fuera del alcance de niños pequeños.

Jazmín de papa o falso jazmín (Solanum laxum, antes S. jasminoides). Solanácea trepadora de flor blanquiazul. Sus frutos son tóxicos, como los del resto del género.

Galán de noche o dama de noche (Cestrum nocturnum). También solanácea, también tóxica, y a menudo confundida con el jazmín por su perfume nocturno arrollador. En espacios cerrados y mal ventilados, ese perfume puede provocar dolor de cabeza y náuseas.

Los Jasminum auténticos, en cambio, no figuran entre las plantas tóxicas de interés. Ni el jazmín común ni el sambac presentan riesgo de contacto, y este último se emplea de forma habitual en alimentación para aromatizar té. Es una diferencia que merece la pena tener clara antes de elegir trepadora para una valla por la que van a andar críos.

Las especies que se cultivan aquí

Jasminum officinale, el jazmín común o morisco. Trepadora caducifolia o semipersistente, flor blanca muy perfumada de junio a septiembre. Es la especie más resistente al frío: aguanta bien hasta unos -10 °C una vez establecida, lo que la hace cultivable en casi toda la Península, incluida la meseta. Florece sobre madera del año, así que se poda a finales de invierno.

Jasminum grandiflorum, el jazmín real o de España, cultivado en Grasse para perfumería. Flor mayor y perfume más denso, pero bastante más friolero: quiere clima suave, litoral o zona resguardada, y sufre por debajo de -3 o -4 °C.

Jasminum sambac, el jazmín de Arabia. Arbusto de porte bajo, hoja perenne y flores de una fragancia extraordinaria, a veces dobles. No tolera la helada; en la Península se cultiva en maceta y se entra en invierno salvo en el litoral más cálido y en Canarias.

Jasminum polyanthum, el jazmín chino. Explosión de flor entre febrero y abril, muy vigoroso, algo invasivo cuando encuentra clima suave. Resiste heladas ligeras, no las fuertes.

Jasminum nudiflorum, el jazmín de invierno. Arbusto de ramas arqueadas, sin perfume, con flor amarilla en pleno invierno sobre madera desnuda. Muy rústico, tolera fríos intensos y suelos pobres. Resuelve el hueco de enero en jardines donde no hay nada más en flor.

Jasminum polyanthum con botones rosados y flor blanca

Un apunte sobre el perfume

El aroma del jazmín no se obtiene por destilación como el de la lavanda: el calor destruye los compuestos que lo definen. En perfumería se trabaja con absoluto, extraído con disolventes a partir de flores recogidas de madrugada, cuando la concentración es máxima. Hacen falta cientos de kilos de flor para un kilo de producto, y de ahí su precio. No es un proceso que se pueda replicar en casa, y las recetas caseras de "aceite de jazmín" que circulan producen, en el mejor de los casos, un macerado suave que no se parece al original.

Un dato que explica por qué el jazmín huele como huele: entre sus componentes hay indol, una molécula que aislada resulta francamente desagradable y que, en la proporción justa y acompañada del resto, aporta la profundidad casi animal que distingue al jazmín de cualquier flor blanca dulzona. Es también la razón por la que en dosis altas, en una noche cerrada de julio, puede llegar a resultar empalagoso.

Cómo usar el significado en la práctica

Si el jazmín se planta con intención simbólica —un aniversario, una casa nueva, un recuerdo—, lo sensato es elegir la especie por clima y no por el nombre. Un J. sambac plantado en Soria tiene el mismo significado que uno plantado en Málaga, pero solo uno de los dos sobrevive al invierno. Para la meseta y el norte, J. officinale; para el litoral mediterráneo y el sur, cualquiera de los otros; para maceta que entra y sale, J. sambac.

Y si el gesto pasa por regalar flor cortada, conviene saber que el jazmín dura muy poco en jarrón: las flores individuales viven un día o dos. Por eso en la India y en Indonesia se trabaja con guirnaldas hechas el mismo día, y por eso, aquí, regalar la planta viva suele ser mejor idea que regalar el ramo.

En resumen

El jazmín simboliza afecto, hospitalidad y belleza discreta, con un matiz claramente sensual en las especies de flor grande y perfume nocturno, y con lecturas de pureza y compromiso matrimonial en la India, Indonesia y Filipinas. El nombre viene del persa yāsamīn y llegó al castellano por el árabe. El color modula el mensaje: blanco para la amabilidad, amarillo para la elegancia, botón rosado para lo que empieza. Antes de plantarlo conviene comprobar que se trata de un Jasminum de verdad, porque el jazmín estrella, el jazmín de Carolina, el jazmín de papa y el galán de noche llevan el nombre prestado y algunos son tóxicos, mientras que los jazmines auténticos no lo son. Elegida la especie según el clima —officinale para el frío, sambac para maceta y clima suave, nudiflorum para tener flor en enero—, el símbolo y la planta acaban coincidiendo.


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