El nombre viene de una tela. La cretona es un algodón estampado de dibujos abigarrados que se usaba para tapicería y cortinas, y a alguien le pareció que las hojas de esta planta —verdes con el nervio rojo, granates con el borde amarillo, rosas salpicadas de crema— eran exactamente eso: una cretona vegetal. El apodo cuajó en España y en buena parte de Hispanoamérica, aunque en viveros y catálogos la encontrarás más a menudo como cóleo.

Lo que compras es una planta que no se cultiva por sus flores sino por su follaje, que crece a una velocidad que sorprende y que se multiplica con una facilidad casi ridícula. También es una planta que se estropea rápido si se malinterpretan dos cosas: la luz que necesita y lo que hay que hacer cuando empieza a florecer.

Hojas de cóleo con distintos colores y jaspeados

Qué planta es exactamente

El nombre científico ha dado más vueltas que casi ningún otro de la jardinería doméstica, y por eso conviene aclararlo. Se describió como Coleus blumei, después pasó a Solenostemon scutellarioides, luego a Plectranthus scutellarioides, y los estudios moleculares más recientes han devuelto el género original: hoy el nombre aceptado es Coleus scutellarioides (L.) Benth. Los cuatro nombres se refieren a la misma planta, así que si en una etiqueta pone uno y en otra otro, no estás ante especies distintas.

Pertenece a las labiadas, la familia de la menta, la salvia y el romero, y eso se nota en tres detalles que sirven para identificarla a simple vista: tallo de sección cuadrada, hojas opuestas de dos en dos y flores en espiga terminal con la típica corola bilabiada. Es originaria del sudeste asiático —Indonesia, Malasia, Filipinas, Timor—, donde se comporta como perenne de sotobosque en clima cálido y húmedo.

En su forma silvestre alcanza alrededor de un metro. Las variedades de jardinería van de los veinte centímetros de las series compactas al metro largo de las de porte alto, y el catálogo de colores es enorme: verde lima, chartreuse, borgoña, casi negro, rosa, coral, con jaspeados, nervaduras contrastadas, bordes dentados o profundamente recortados en algunos cultivares de hoja tipo encaje.

Un apunte de seguridad: la savia contiene diterpenos y está catalogada como tóxica para perros y gatos, con vómitos y diarrea si la mastican. En personas puede provocar irritación cutánea leve en pieles sensibles al manipularla mucho. Nada dramático, pero si tienes un gato mordisqueador, colócala fuera de su alcance.

Luz: donde se juega el color

Aquí está el malentendido más extendido. Se repite que el cóleo es una planta de sombra, y esa media verdad arruina muchas plantas. Lo cierto es que necesita luz abundante para mantener el color: en penumbra los tallos se estiran buscando la ventana, los entrenudos se alargan, la mata queda desgarbada y los colores se apagan hacia un verde deslucido. Lo que no tolera es el sol directo y duro del mediodía en verano, que le quema las hojas y le hace perder pigmentación.

Dentro de casa, el sitio ideal es junto a una ventana muy luminosa con luz filtrada, o una orientación este donde reciba el sol suave de la mañana. Detrás de un visillo en una ventana al sur funciona bien. En un rincón a tres metros de la ventana, no.

Fuera, en jardín o terraza, depende de la serie. Las variedades modernas llamadas de sol —los grupos comerciales tipo ColorBlaze, Main Street o las series de exterior— aguantan sol directo en el norte peninsular y sol de mañana en el centro y el sur, siempre que no les falte agua. Las de hoja muy grande, tipo Kong, y en general las de tonos más pálidos, se queman con facilidad y piden media sombra. En Andalucía, Extremadura o el valle del Ebro, en julio, cualquier cóleo agradece sombra desde el mediodía.

Un truco práctico: si el color se apaga, el problema casi siempre es falta de luz o exceso de abono nitrogenado, no falta de fertilizante. Suele resolverse moviendo la planta antes que echándole nada.

Temperatura, humedad y sustrato

Es una planta de clima cálido sin ninguna resistencia al frío. Se encuentra cómoda entre 18 y 26 ºC, empieza a sufrir por debajo de 12, se daña de forma visible cerca de los 10 y una helada, por breve que sea, la mata. En el litoral mediterráneo, en Canarias y en zonas libres de heladas puede pasar el invierno fuera; en el interior peninsular hay que tratarla como planta de temporada o entrarla a casa a finales de septiembre.

Agradece humedad ambiental por encima del 50 %. El aire seco de la calefacción en invierno le provoca bordes secos, caída de hojas bajas y, sobre todo, es la puerta de entrada de la araña roja. Colocarla sobre una bandeja con arcilla expandida y agua, o agrupada con otras plantas, ayuda más que pulverizar las hojas, que solo sube la humedad unos minutos y en cambio favorece manchas foliares.

El sustrato debe retener agua pero drenar bien: una mezcla de turba o fibra de coco con un 20 o 30 % de perlita va perfecta, con pH ligeramente ácido, entre 6 y 6,5. Sirve un sustrato universal de calidad aligerado con perlita. Maceta con agujeros de drenaje, sin plato con agua estancada.

Riego y abonado

El cóleo consume mucha agua para el tamaño que tiene, porque su hoja es fina y transpira sin freno. La pauta es mantener el sustrato constantemente fresco, nunca encharcado ni seco del todo. En verano, en maceta y a pleno sol, eso puede significar riego diario; en invierno dentro de casa, una vez por semana o menos.

Se marchita de forma teatral en cuanto le falta agua: en un par de horas queda completamente lacia. Riega y en otras dos horas está como nueva, lo que lleva a mucha gente a confiarse. No conviene: cada episodio de marchitez le cuesta hojas bajas y, repetido, deja la planta desnuda por abajo y con las puntas leñosas. Mejor anticiparse comprobando el sustrato con el dedo.

Usa agua a temperatura ambiente. En zonas de agua muy dura, alternar con agua de lluvia evita la clorosis que aparece a la larga con pH alto en el sustrato.

En abonado, poco y regular durante el crecimiento: un fertilizante líquido equilibrado o de plantas verdes cada quince días, de abril a septiembre, a la mitad de la dosis que indique el envase. Pasarse de nitrógeno da hojas grandes, blandas, más verdes y menos coloridas, además de tallos débiles y atractivos para el pulgón. En invierno, con la planta parada, no se abona.

Pinzado y flores: lo que casi nadie hace

Este es el segundo punto crítico, y el que separa un cóleo compacto y espeso de uno espigado y triste.

Pinza las puntas. Cuando la planta joven tenga cuatro o cinco pares de hojas, corta el extremo del tallo justo por encima de un par. De cada corte salen dos brotes laterales. Repite el pinzado sobre esos brotes cuando alcancen tres o cuatro pares. Dos o tres rondas bastan para tener una mata redonda y densa. Sin pinzar, la planta crece hacia arriba con un solo tallo y acaba doblándose por su propio peso.

Quita las espigas de flor en cuanto asomen. Las flores del cóleo son espigas azuladas o lilas de escaso interés ornamental, y la floración le cuesta cara: la planta desvía energía a producir semilla, deja de emitir hojas nuevas, se afea y entra en declive. Cortada la espiga a tiempo —en cuanto se distingue el cono de brácteas en la punta— la planta sigue vegetando. Si además te interesa la semilla, ten en cuenta que las variedades híbridas no salen iguales de semilla; el hijo se parecerá a la madre solo por casualidad.

Una poda de rebaje más seria, de un tercio de la mata, se puede hacer a finales de invierno para renovar una planta que ha invernado dentro y ha quedado desgarbada.

Multiplicación: por esquejes, sin complicaciones

Es de las plantas más fáciles de enraizar que existen, y esa es la razón por la que no merece la pena empeñarse en conservar un ejemplar viejo.

Esquejes. Corta puntas de ocho a doce centímetros justo por debajo de un nudo, retira las hojas del par inferior y mete el esqueje en un vaso de agua o directamente en sustrato húmedo. En agua enraíza en siete a doce días con temperatura de 20 ºC o más; en sustrato tarda algo más pero da raíces más robustas y sufre menos al trasplantar. No hace falta hormona de enraizamiento. La época buena va de primavera a principios de otoño.

Esa facilidad da la mejor estrategia de invernada: en septiembre, antes de que refresque, toma cuatro o cinco esquejes de tus mejores plantas, enraízalos y pasa el invierno con macetitas pequeñas en el interior, por encima de 15 ºC. Ocupan poco, resisten mejor que la planta madre entera y en marzo te dan material nuevo y vigoroso.

Semilla. Las series híbridas se siembran de febrero a marzo en semillero protegido, a 20-24 ºC. La semilla es diminuta y necesita luz para germinar: se deposita en superficie sobre sustrato húmedo y no se cubre con tierra, solo se cierra el semillero para conservar humedad. Emerge en una o dos semanas. Se repica cuando tenga dos pares de hojas verdaderas y se saca al exterior cuando haya pasado el riesgo de helada, que en la meseta rara vez es antes de mediados de mayo.

Problemas frecuentes

Araña roja. El enemigo número uno en interior con calefacción. Se detecta por un punteado amarillento fino en el haz y telarañas muy finas en el envés y las axilas. Aumentar la humedad ambiental es la mejor prevención; contra una infestación declarada, jabón potásico o aceite de neem aplicados varias veces con cinco o siete días de intervalo.

Mosca blanca. El cóleo es una de sus plantas preferidas. Nubes de adultos al mover la planta y melaza pegajosa en las hojas inferiores. Trampas cromáticas amarillas más jabón potásico insistiendo en el envés.

Cochinilla algodonosa y pulgón. La primera se aloja en las axilas de los pares de hojas; el segundo, en los brotes tiernos, sobre todo si has abonado de más.

Mildiu del cóleo. Una enfermedad relativamente reciente en cultivo comercial, causada por un oomiceto del género Peronospora. Provoca decoloraciones angulosas, un fieltro grisáceo en el envés y caída masiva de hojas. Aparece con humedad alta y temperaturas suaves, y se combate ventilando, evitando mojar el follaje y eliminando las plantas afectadas: no tiene arreglo doméstico fiable.

Podredumbre de raíz. Encharcamiento, sustrato compacto o plato con agua. La planta se marchita con la tierra mojada, que es la señal que distingue este problema de la simple falta de riego.

Hojas que caen por abajo. Suele ser sequía puntual repetida, aire seco o falta de luz. Si la planta ya está desnuda de cintura para abajo, no se recupera: haz esquejes de las puntas y empieza de nuevo.

Cretona cultivada en interior junto a una ventana

Cómo usarla en el jardín y en la terraza

Funciona muy bien como planta de temporada en macizos de media sombra, donde pocas cosas dan color de mayo a octubre sin depender de la floración. Combina bien con helechos, Impatiens, begonias y hostas en zonas frescas, y con Ipomoea batatas ornamental y Plectranthus en jardineras de sol suave.

En maceta, agrupar tres plantas de colores contrastados en un recipiente ancho da más efecto que una sola. Y hay un uso que se aprovecha poco: como cubresuelo temporal bajo arbustos caducifolios en patios interiores, donde la sombra estival y el ambiente resguardado le sientan estupendamente.

Si la tienes en interior todo el año, gira la maceta un cuarto de vuelta cada semana para que no se desequilibre hacia la luz, y no la coloques junto a un radiador ni en la corriente directa del aire acondicionado.

En resumen

La cretona o cóleo (Coleus scutellarioides, antes Coleus blumei y Plectranthus scutellarioides) es una labiada tropical que se cultiva por el color de sus hojas, no por sus flores. Quiere mucha luz sin sol abrasador, temperaturas por encima de 12 ºC, sustrato siempre fresco y bien drenado, humedad ambiental razonable y un abonado ligero y espaciado en la temporada de crecimiento.

Dos gestos marcan la diferencia: pinzar las puntas dos o tres veces mientras la planta es joven para que ramifique, y cortar las espigas de flor en cuanto aparecen para que no entre en decadencia. Y como enraíza de esqueje en poco más de una semana, lo sensato no es luchar por conservar la misma planta durante años, sino renovarla cada temporada con material joven tomado en septiembre.


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