Convolvulus es un género de la familia de las convolvuláceas con unas 200 especies repartidas por casi todo el mundo, y una presencia importante en la cuenca mediterránea. Comparten un rasgo inconfundible: la flor en forma de embudo o trompeta, con la corola soldada en una sola pieza y cinco pliegues que marcan por fuera dónde estaban los pétalos originales.

Para el jardinero español el género tiene un doble interés. Por un lado incluye algunas de las plantas más resistentes a la sequía y al suelo pobre que se pueden plantar en un jardín mediterráneo. Por otro incluye una de las malas hierbas más difíciles de erradicar del país. Conviene saber cuál se está plantando.

Flor de Convolvulus tricolor, conocida como bella de día

No confundas Convolvulus con Ipomoea

Es el error de partida más frecuente. Las "campanillas" o "don Diego de día" trepadoras que cubren vallas con flores azules o moradas y que se venden en sobres de semilla suelen ser Ipomoea, otro género de la misma familia. La diferencia práctica es enorme: Ipomoea es una trepadora volubre de crecimiento rapidísimo que necesita soporte, agua y calor. Los Convolvulus de jardinería son casi todos arbustos bajos o plantas rastreras de secano, que no trepan ni piden agua.

Si compras un Convolvulus esperando cubrir una pared, te llevarás una decepción. Si buscas una planta que aguante un talud a pleno sol sin riego, es exactamente lo que necesitas.

Las especies que interesan en el jardín

Convolvulus cneorum, la campanilla plateada. Es la estrella del género en jardinería mediterránea y merece más protagonismo del que tiene. Arbusto compacto de 50-70 cm de alto por otro tanto de ancho, con hojas lanceoladas cubiertas de pelos sedosos que le dan un color plateado brillante permanente. Florece de abril a julio, y a veces vuelve a hacerlo en otoño, con flores blancas de 3-4 cm con el interior amarillo y el capullo rosado. Es originaria de la costa adriática y las islas mediterráneas, tolera el aire salino y funciona muy bien en jardines de litoral, rocallas y borduras.

Convolvulus sabatius, la campanilla rastrera. Antes llamada Convolvulus mauritanicus, es una vivaz tapizante del norte de África y Sicilia. Forma alfombras de tallos finos que se derraman por muros y macetas colgantes, cubiertos de flores azul lavanda con el centro claro desde mayo hasta octubre. Es la mejor opción para jardineras altas, muros de contención y cubrir superficies difíciles a pleno sol.

Convolvulus tricolor, la bella de día. Anual mediterránea de 30-40 cm, muy ramificada, con flores espectaculares de tres bandas concéntricas: azul intenso en el borde, blanco en el centro y una garganta amarilla. El nombre común no es casual: la flor se abre por la mañana y se cierra a media tarde, y también permanece cerrada en días muy nublados. Cada flor dura un solo día, pero la planta produce cientos en sucesión de junio a septiembre. Se siembra directamente en su sitio.

Convolvulus althaeoides, la correhuela rosada. Silvestre en buena parte de la Península, con flores rosa malva de 4-5 cm y hojas muy divididas de aspecto plateado. Es preciosa y resistentísima, pero se extiende por rizomas con vigor: en un jardín pequeño puede volverse invasiva. Adecuada solo para taludes y zonas naturalizadas donde no compita con nada delicado.

Convolvulus arvensis, la correhuela común. Esta no se planta: se combate. Es una de las peores malas hierbas perennes de los cultivos españoles, con un sistema radicular que puede llegar a dos metros de profundidad y capacidad para rebrotar desde fragmentos mínimos de raíz. Cavar la zona no la elimina, la multiplica, porque cada trozo de raíz cortado genera una planta nueva. Sus semillas conservan la viabilidad en el suelo durante décadas. Contra ella funciona mejor el agotamiento sostenido —acolchado opaco durante toda una temporada y siega de cualquier brote antes de que forme hojas— que la azada.

Ubicación: pleno sol, sin discusión

Todos los Convolvulus ornamentales son plantas heliófilas. Necesitan sol directo durante la mayor parte del día, y en C. cneorum esto tiene una consecuencia visual directa: la densidad de los pelos plateados de la hoja responde a la radiación. En sombra, la planta se afea, pierde brillo, se ahíla y apenas florece.

Además, en Convolvulus tricolor y C. sabatius, la flor solo se abre con luz intensa. Una ubicación en semisombra da una planta con capullos que nunca terminan de abrirse del todo.

Son plantas ideales para las posiciones más ingratas del jardín: el borde soleado de un camino, la parte alta de un muro, una rocalla orientada al sur, el arriate junto a una fachada que refleja calor.

Suelo: el factor que de verdad decide

Si un Convolvulus muere en un jardín español, el culpable es en nueve de cada diez casos el suelo, no el clima. Necesitan drenaje excelente y toleran perfectamente suelos pobres, pedregosos, arenosos y calizos. El pH no les preocupa mientras el agua no se quede parada.

Lo que no soportan es la arcilla compacta. Un C. cneorum plantado en tierra pesada aguanta un año, quizá dos, y se muere de golpe en el primer invierno lluvioso: las raíces se asfixian y aparece podredumbre en el cuello. Si tu suelo es arcilloso, hay dos soluciones reales: plantar en montículo elevado de 20-30 cm, mezclando la tierra con grava y arena gruesa, o cultivar en maceta.

En maceta, usa un sustrato de tipo cactáceas o un universal aligerado con un 30-40 % de arena gruesa o picón. Un acolchado de grava alrededor del cuello ayuda mucho, porque mantiene seca la base del tallo, que es la parte más vulnerable.

Riego: menos del que crees

Aquí está el segundo error de bulto. Estas plantas evolucionaron en laderas mediterráneas con veranos secos, y su respuesta natural al calor es reducir actividad, no pedir agua.

Durante el primer año, mientras arraigan, riega cada 7-10 días en verano y déjalo estar el resto del año salvo sequía prolongada. A partir del segundo año, un ejemplar establecido en suelo de jardín necesita uno o dos riegos al mes en pleno verano y absolutamente nada de octubre a abril en la mayor parte de la Península.

En maceta el margen es menor, porque el volumen de sustrato es pequeño: riega cuando el sustrato esté seco en profundidad, cada 5-7 días en julio y agosto, cada 15-20 días en primavera y otoño, y prácticamente nada en invierno.

La regla que resume todo: ante la duda, no riegues. Un Convolvulus sediento se marchita de forma visible y se recupera en horas al regarlo. Un Convolvulus ahogado no da segunda oportunidad. Y nunca mojes el follaje plateado de C. cneorum: los pelos retienen el agua contra la hoja y favorecen los hongos.

Abonado, poda y mantenimiento

Abonado. Muy escaso. Estas plantas florecen mejor en tierra pobre. Una aportación de compost maduro en superficie a finales de invierno, o un abono de liberación lenta bajo en nitrógeno en marzo, es más que suficiente. Abonar en exceso produce crecimiento blando, entrenudos largos, menos flor y mayor sensibilidad al frío y a los hongos.

Poda. C. cneorum tiende a abrirse por el centro y a desnudarse en la base con los años. Para evitarlo, hazle un recorte ligero justo después de la floración principal, en julio, quitando entre un cuarto y un tercio del crecimiento del año y redondeando la silueta. Nunca cortes hasta la madera vieja sin hojas: rebrota muy mal desde ahí, igual que la lavanda o el romero. Si la planta ya se ha desguarnecido, no hay recuperación posible; lo práctico es reponerla con un esqueje.

C. sabatius se recorta a finales de invierno, aclarando los tallos secos y acortando el resto para que rebrote denso.

Flores marchitas. En C. tricolor, retirar las cápsulas de semilla prolonga la floración semanas, porque impide que la planta dé por cumplido su ciclo anual.

Resistencia al frío

Convolvulus cneorum resiste heladas de en torno a -6 o -8 °C si el suelo está seco. Ese matiz lo es todo: la misma planta que sobrevive a -7 °C en un talud drenado muere a -2 °C con las raíces en barro. En el litoral mediterráneo, en Andalucía y en el litoral atlántico vive sin problema. En la meseta y en zonas de interior con heladas frecuentes, conviene una posición protegida junto a un muro orientado al sur, o cultivo en maceta que pueda resguardarse.

C. sabatius es algo más sensible, en torno a -5 °C, y en zonas frías se comporta como planta de temporada o se guarda en invernadero frío.

C. tricolor es anual: se siembra cada año y muere con las primeras heladas, así que la cuestión no se plantea.

Multiplicación

Por esqueje, que es el método para las especies arbustivas. A finales de verano, entre agosto y septiembre, toma esquejes semileñosos de 8-10 cm del crecimiento del año, sin flor. Retira las hojas inferiores, moja la base en hormona de enraizamiento y planta en una mezcla a partes iguales de turba y arena o perlita. Manténlos en semisombra, con el sustrato apenas húmedo —el exceso de humedad los pudre antes de que enraícen— y cubiertos con un plástico para conservar el ambiente. Enraízan en cuatro a seis semanas.

Por semilla, para C. tricolor. Siembra directa en su lugar definitivo en marzo y abril, o ya en otoño en zonas de clima suave, donde germinará con las lluvias y florecerá antes. Cubre las semillas con medio centímetro de tierra y mantén húmedo hasta la germinación, que ocurre en una o dos semanas a 15-20 °C. No trasplanta bien, así que evita el semillero y el repicado. Aclara las plántulas dejando unos 25 cm entre ellas. Suele resembrarse sola de un año para otro.

Problemas frecuentes

La planta se muere de golpe en invierno. Podredumbre de raíz por exceso de agua y suelo compacto. No tiene tratamiento cuando ya ha ocurrido; se previene con drenaje y montículo.

Pierde el color plateado. Falta de sol o exceso de nitrógeno. Cambia la ubicación y deja de abonar.

Tallos largos y desnudos por abajo. Falta de podas de mantenimiento acumulada durante años. Prevenible, no reversible.

Araña roja en veranos secos y calurosos, sobre todo en maceta y en zonas resguardadas de la lluvia. Se manifiesta con un punteado amarillento en el haz y telarañas finas en el envés. Aumenta la ventilación y trata con jabón potásico o un acaricida específico; los tratamientos hay que repetirlos porque no afectan a los huevos.

Pulgón en los brotes tiernos de primavera, especialmente si se ha abonado de más. Chorro de agua y jabón potásico si insiste.

En resumen

Los Convolvulus ornamentales —sobre todo C. cneorum, C. sabatius y la anual C. tricolor— son plantas de secano mediterráneo: quieren pleno sol, suelo pobre y muy drenado, y muy poca agua. Todo lo que se hace de más las perjudica, empezando por el riego y siguiendo por el abono.

Recuerda tres cosas. No son trepadoras: para eso está Ipomoea. En suelo arcilloso hay que plantarlas elevadas o en maceta, porque el encharcamiento invernal las mata mucho antes que el frío. Y no confundas las especies de jardín con Convolvulus arvensis, la correhuela, que no se planta nunca y que se combate agotándola con acolchado, no cavando, porque cada raíz cortada genera una planta nueva.


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