El verano no es la temporada de plantar boca de dragón: es la temporada de sembrarla. La diferencia parece un matiz y no lo es. Meter plantel de Antirrhinum majus en el jardín en julio o agosto, con el suelo a 35 °C al sol de la tarde, condena la planta a espigarse, florecer de mala manera y morir agotada antes de septiembre. Sembrar en esas mismas semanas, en cambio, es exactamente lo que hacen los productores de flor cortada del Levante y de Andalucía para tener varas en otoño y en primavera.
Este artículo explica cómo aprovechar el verano español para esta planta, qué se puede plantar de verdad en esos meses y qué cuidados necesita después.
Por qué el calor le sienta mal
La boca de dragón es una planta mediterránea de clima fresco. Es vivaz de vida corta, aunque en jardinería se cultiva como anual o como bianual. Su rango cómodo de crecimiento está entre 10 y 24 °C, con los mejores resultados alrededor de 15-18 °C. A partir de 26-28 °C sostenidos ocurren tres cosas a la vez: los entrenudos se alargan y la planta se afea, las espigas salen cortas y con pocas flores abiertas, y el cuajado de semilla decae.
Esto explica una escena habitual en los jardines peninsulares. Se compran bandejas de boca de dragón en flor en mayo, aguantan bien hasta junio y en cuanto entra la primera ola de calor se despeinan, se llenan de tallos desnudos y parecen agotadas. No están enfermas: han llegado al límite de su fisiología. En el interior de Castilla o en el valle del Guadalquivir, ese límite se cruza en junio; en la cornisa cantábrica y en zonas de montaña, puede no cruzarse nunca y la planta florece todo el verano sin quejarse.
La segunda razón para no plantar en pleno verano es la roya (Puccinia antirrhini), la enfermedad más seria de la especie. Aparece como pústulas pardo-rojizas en el envés de las hojas y prospera con noches húmedas y días templados. Un plantel recién puesto, regado por aspersión al atardecer para que no sufra el calor, es un cultivo de roya casi garantizado.
Sembrar en verano para florecer luego
La siembra de finales de verano es la jugada buena. En zonas de invierno suave (litoral mediterráneo, Andalucía, Canarias, Baleares) se siembra de mediados de agosto a mediados de septiembre, se trasplanta a su sitio en octubre o noviembre, la planta se enraíza durante el otoño y florece desde febrero-marzo con una potencia que no da ninguna siembra de primavera. La mata pasa el invierno como roseta baja y llega a la floración con raíz hecha.
En el interior con heladas fuertes (Castilla y León, Aragón, interior de Cataluña) la boca de dragón aguanta bien hasta unos -4 o -5 °C, pero por debajo de eso conviene protegerla con túnel o velo térmico, o retrasar la siembra a enero-febrero en semillero protegido para plantar en marzo.
La siembra tiene dos detalles que deciden el resultado:
La semilla no se entierra. Es diminuta, unas 6.000-7.000 semillas por gramo, y necesita luz para germinar. Se esparce sobre la superficie del sustrato, se presiona muy ligeramente y no se cubre. Enterrarla, aunque sea con dos milímetros de tierra, es el motivo más frecuente de que un semillero no nazca.
La temperatura de germinación es de 18-20 °C. En agosto, en media España, eso no se consigue en la terraza. Coloca la bandeja en el punto más fresco y sombreado de la casa, o siembra en interior. Por encima de 25-26 °C la germinación se vuelve irregular y por encima de 30 °C se para directamente. Nace en 10-14 días, y el riego debe ser por abajo o con pulverizador fino, porque un chorro desplaza la semilla y la entierra.
Un truco práctico si tienes una mata que te gusta: la boca de dragón enraíza de esqueje. Puntas tiernas de 7-8 cm, sin flor, deshojadas en la base, en sustrato ligero y a la sombra, agarran en tres semanas. Es la forma de conservar un color concreto, porque las variedades comerciales son híbridos y la semilla que recojas no repetirá la planta madre.
Cuidados de la boca de dragón
Suelo. Quiere drenaje por encima de cualquier otra cosa. Suelo suelto, con materia orgánica, pH entre 6 y 6,8. En suelos pesados y encharcadizos se pudre por cuello (Rhizoctonia, Pythium) y no hay tratamiento que lo arregle una vez empezado. Si tu tierra es arcillosa, planta sobre caballón o cultiva en maceta.
Sol. Pleno sol en otoño, invierno y primavera. En verano, sombra de tarde: es la única forma de que una mata plantada en mayo llegue viva a agosto en el centro y el sur peninsular.
Riego. Regular pero moderado, dejando secar el par de centímetros superficiales entre riegos. Siempre al pie y a primera hora de la mañana, nunca mojando el follaje al atardecer. La roya y el oídio se combaten regando bien, no fumigando después.
Marco de plantación. De 20 a 25 cm entre plantas en variedades enanas y de 25 a 30 cm en las altas. Apretarlas para que "haga bulto" cierra el aire entre matas y multiplica los hongos.
Pinzado. En variedades enanas y de macizo, pinzar la punta cuando la planta tiene 4-6 pares de hojas fuerza a ramificar y multiplica el número de espigas. En las variedades altas de flor cortada no se pinza: se busca una sola vara larga y gruesa.
Tutorado. Las variedades altas superan el metro y una tormenta de verano las tumba. Malla horizontal o cañas antes de que crezcan, no después.
Limpieza de flores pasadas. Cortar la espiga cuando se ha marchitado la mitad superior, por debajo de la parte florecida, provoca una segunda tanda de varas laterales. Si dejas que la planta granee, se detiene: toda la energía se va a la semilla.
Un apunte para quien la corte para jarrón: los tallos de boca de dragón son geotrópicos. Si los dejas tumbados unas horas, las puntas se curvan hacia arriba y ya no se enderezan. Hay que transportarlos y conservarlos de pie. Se cortan cuando están abiertas de un tercio a la mitad de las flores de la espiga.
Qué abono utilizar
La boca de dragón no es exigente en abonado, pero responde muy bien a una fertilización constante y floja, y muy mal a los golpes de nitrógeno.
En la plantación. Compost o estiércol bien hecho incorporado al suelo, de 3 a 5 litros por metro cuadrado, más un abono de liberación lenta de equilibrio bajo en nitrógeno, del tipo NPK 12-12-17 o similar con magnesio, a razón de 30-40 g/m². Con esto, una plantación de otoño llega a la primavera sin necesitar nada más hasta que empieza a subir la vara.
Durante el crecimiento. Riego fertilizante cada 10-15 días con un abono equilibrado soluble diluido a la mitad de la dosis de etiqueta. Un 20-20-20 sirve perfectamente en la fase de hoja.
Desde que aparecen las espigas. Cambiar a un abono con más potasio y menos nitrógeno, del estilo 15-10-30 o cualquier abono de floración, cada 12-15 días. El potasio da flores de mejor color y tallos más rígidos.
El error clásico es tirar de abono verde rico en nitrógeno pensando que crecerá más. Crece más, sí: crece blanda, alarga entrenudos, se tumba con la primera lluvia, atrae pulgón y se llena de roya. Con boca de dragón, menos nitrógeno y más calcio y potasio.
Sobre el pH del sustrato en maceta, mantenlo entre 5,8 y 6,5. Por encima de 7 aparece clorosis internervial en las hojas jóvenes por bloqueo del hierro; se corrige con un quelato de hierro y bajando el pH del agua de riego, algo a tener en cuenta en buena parte del este peninsular, donde el agua es dura.
Plagas y problemas frecuentes
Pulgón en los ápices tiernos, sobre todo en primavera. Jabón potásico cada 7 días, dos o tres aplicaciones.
Roya. Prevención: variedades resistentes, aireación, riego al pie y retirada inmediata de hojas afectadas. Si el foco está establecido, arrancar la planta suele ser más sensato que insistir con fungicidas.
Oídio en otoños templados y húmedos; polvo blanco en el haz. Azufre mojable, evitando aplicarlo con más de 30 °C porque quema.
Damping-off en el semillero, que tumba las plántulas de golpe a ras de sustrato. Sustrato nuevo, riego contenido y bandejas ventiladas; una vez aparece, no se recupera.
Caracoles y babosas, que en plantaciones de otoño se comen el plantel recién puesto en una noche.
En resumen
El verano se usa para sembrar boca de dragón, no para plantarla. Siembra en agosto o septiembre en el sitio más fresco que tengas, sin cubrir la semilla y con 18-20 °C, y trasplanta en otoño para tener floración desde finales de invierno. Dale suelo drenante, sol de invierno y sombra de tarde en verano, riega al pie por la mañana y no la ahogues en nitrógeno: un abono de fondo bajo en nitrógeno en la plantación y un abono rico en potasio cuando suban las espigas es todo lo que necesita. Pinza las variedades bajas para que ramifiquen, tutora las altas y corta las espigas pasadas antes de que granen. Si la planta se desmorona en julio, no has hecho nada mal: simplemente ha llegado al final de su temporada.