Bajo el nombre de «garra del diablo» se venden dos plantas que no tienen nada que ver entre sí, y confundirlas puede salir caro. Una es Harpagophytum procumbens, africana, cuya raíz se comercializa como suplemento antiinflamatorio. La otra, la que ocupa este artículo, es Proboscidea louisianica, americana, una planta anual de jardín cuyo fruto seco es una de las estructuras más raras que se pueden ver en un huerto. Comparten nombre popular porque las dos producen frutos con ganchos, y ahí termina el parecido: ni pertenecen a la misma familia ni tienen las mismas propiedades. La raíz de la americana no es un sustituto de la africana.

Qué es exactamente esta planta

Proboscidea louisianica pertenece a las martiniáceas (durante mucho tiempo se incluyó en las pedaliáceas, la familia del sésamo). Es originaria del sur de Estados Unidos y del norte de México, donde crece en suelos removidos, cauces secos, cunetas y campos de cultivo. En su tierra es tanto una planta silvestre apreciada como una mala hierba de los algodonales.

Es anual, de porte rastrero y expansivo: no levanta más de 50 o 60 centímetros, pero se extiende cómodamente un metro o metro y medio en todas direcciones. Las hojas son grandes, casi redondeadas o acorazonadas, de un verde claro, y toda la planta —tallos, hojas y frutos jóvenes— está cubierta de pelos glandulares pegajosos que desprenden un olor resinoso bastante fuerte al tocarlos. No es un olor agradable, y conviene saberlo antes de plantarla junto a un banco o una puerta.

Las flores salen en verano, agrupadas en racimos cortos. Tienen forma de campana acampanada de unos cuatro o cinco centímetros, con el labio inferior abierto, en tonos que van del crema al rosa malva, con la garganta salpicada de manchas púrpura y una banda amarilla que sirve de guía a los abejorros. Recuerdan mucho a las de la digital o a las de la catalpa. Duran poco, pero se van sucediendo durante semanas.

Planta de Proboscidea louisianica con hojas y flores

El fruto, que es lo que da nombre a todo

Aquí está lo interesante. Tras la floración se forma un fruto verde, carnoso, alargado y terminado en un pico curvo largo, con un aspecto que recuerda al de una vaina de okra rematada en cuerno. Mientras está tierno pasa desapercibido.

Al madurar, la capa carnosa exterior se seca y se desprende, y aparece debajo una cápsula leñosa dura. Ese pico terminal se abre entonces longitudinalmente en dos y se separa en dos ganchos curvos, opuestos y afilados, que en ejemplares grandes superan los quince centímetros. La estructura resultante parece unas pinzas o unas mandíbulas abiertas, y es exactamente eso: una trampa mecánica.

Su función es la dispersión por epizoocoria. Los ganchos se abrazan a la pata o la pezuña de un mamífero grande que pisa el fruto, y el animal lo arrastra hasta que la cápsula se rompe y va liberando las semillas por el camino. Es un mecanismo perfectamente diseñado para los grandes herbívoros de las llanuras norteamericanas. Conviene aclarar, ya que circula por ahí, que no tiene nada que ver con avestruces: en América no hay avestruces, y la planta no las necesita para nada.

Las semillas son negras, rugosas, de aproximadamente un centímetro, y en algunos pueblos del suroeste norteamericano se han consumido tostadas. Las cápsulas secas, además, se usan tradicionalmente en artesanía: la fibra negra del gancho es el material con el que los tohono o'odham tejen los motivos oscuros de sus cestos, para lo cual cultivan una variedad seleccionada de Proboscidea parviflora con garras especialmente largas.

¿Es carnívora?

No. Se vende a veces como planta carnívora o «atrapainsectos» y merece la pena ser preciso al respecto. Sus pelos glandulares atrapan de hecho mosquitos, pulgones y otros insectos pequeños que quedan pegados y mueren allí, y por eso se la clasifica como protocarnívora. Pero no se ha demostrado que disponga de un mecanismo propio de digestión y absorción de esas presas comparable al de una Drosera o una Nepenthes. La pegajosidad parece funcionar sobre todo como defensa frente a herbívoros pequeños. Si alguien la compra esperando un comportamiento de carnívora de verdad, se va a llevar una decepción.

Cultivo en España

Es una planta fácil siempre que se le den calor y espacio, y esas son justamente las dos cosas que se olvidan.

Siembra. Se siembra en primavera, cuando ya no hay riesgo de helada: abril en el litoral mediterráneo y en Andalucía, mayo en el interior y el norte. La semilla tiene una cubierta dura y germina de forma irregular; conviene remojarla 24 horas en agua tibia, o lijar ligeramente un lateral, antes de ponerla. Necesita suelo caliente, de 22 a 28 ºC, para arrancar. Se entierra a un centímetro y medio o dos. Tarda entre una y tres semanas, y no es raro que germine escalonada durante un mes.

Siembra directa mejor que trasplante. Desarrolla enseguida una raíz principal profunda y los trasplantes tardíos se resienten. Si se hace semillero, que sea en maceta individual, preferiblemente biodegradable, y que pase al suelo con dos o tres hojas verdaderas como mucho.

Marco de plantación. Este es el error más común: se planta a 40 centímetros como si fuera un pimiento y acaba sepultando a los vecinos. Hay que dejarle un metro largo entre plantas, y si es posible una zona donde pueda extenderse sin estorbar.

Suelo y sol. Pleno sol, sin discusión. Prefiere suelo ligero, arenoso o franco, bien drenado, y no le hace falta que sea rico; en tierra muy abonada crece frondosa y da menos frutos. Tolera bien la caliza.

Riego. Es resistente a la sequía una vez arraigada, pero para obtener frutos bien formados necesita riegos regulares durante la floración y el cuajado, en julio y agosto. Riego al pie, no por aspersión: mojar el follaje pegajoso favorece hongos y hace que se le adhiera tierra y suciedad.

En maceta. Se puede, pero pidiendo perdón: hace falta un contenedor de 25-30 litros como mínimo y aun así la planta queda más pequeña. Es un cultivo de suelo.

Recolección y usos

Hay dos momentos de cosecha completamente distintos según lo que se busque.

Para consumo, los frutos se recogen muy tiernos, cuando miden entre cinco y ocho centímetros y todavía se cortan con la uña. A partir de ahí la cápsula interna empieza a lignificar y ya no valen. En Estados Unidos se encurten en vinagre igual que los pepinillos o la okra, con un sabor que recuerda a la alcaparra grande. Si al doblar el fruto ofrece resistencia y no cede, es tarde.

Para secar y guardar las garras, hay que dejarlos en la planta hasta que la cubierta verde se ennegrezca y se desprenda sola, ya en otoño. Después se terminan de secar bajo techo, en un sitio ventilado, y las garras se abren por completo. Duran años y aguantan bien como elemento decorativo o para artesanía.

Un aviso de sentido común: las garras enganchan de verdad. Si hay perros o gatos en el jardín, o si se anda descalzo por la zona, mejor recoger los frutos maduros y no dejarlos por el suelo. Y por la misma razón, no conviene tirar los frutos secos al campo ni al monte. Se trata de una especie exótica con un mecanismo de dispersión muy eficaz, que en otros países se comporta como mala hierba agrícola y que se ha registrado como planta adventicia en distintos puntos de la cuenca mediterránea. A la basura o al fuego, no al descampado.

Parientes que también llevan el mismo apodo

Dentro de la misma familia hay otras plantas que se cultivan por lo mismo. Proboscidea parviflora, con flores más pequeñas y purpúreas, es la especie de las cestas tohono o'odham. Proboscidea fragrans tiene flores más grandes y llamativas, de un rosa purpúreo intenso. Y Ibicella lutea, sudamericana, produce flores de un amarillo brillante y frutos con ganchos igual de fieros; es la que con más frecuencia se ofrece en tiendas como curiosidad pegajosa, y está naturalizada en algunas zonas de la península. Todas se cultivan igual: calor, sol, espacio y siembra tras las últimas heladas.

En resumen

La garra del diablo americana es Proboscidea louisianica, una anual rastrera de las martiniáceas, con hojas grandes pegajosas de olor fuerte, flores acampanadas color crema y rosa, y un fruto que al secarse se abre en dos ganchos leñosos de hasta quince centímetros pensados para engancharse a las patas de los animales y viajar con ellos. No es carnívora, aunque atrape insectos, y no es la planta medicinal africana del mismo nombre. Se siembra en abril o mayo con la semilla remojada, en pleno sol, suelo drenante y dejándole un metro de espacio por planta; se riega con regularidad mientras cuaja. Los frutos se recogen tiernos si se van a encurtir, o se dejan secar en la mata si lo que se quiere son las garras. Y una vez secos, mejor recogerlos: enganchan a quien pase, que es exactamente para lo que existen.


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