Lo que en España llamamos geranio no es un Geranium. Pertenece al género Pelargonium, que Charles L'Héritier separó del anterior en 1789 y que agrupa unas 280 especies originarias sobre todo del sur de África. Los Geranium verdaderos existen, son otra cosa: herbáceas rústicas de flor plana y simétrica que se usan como tapizantes de jardín y que resisten inviernos que fulminarían a un pelargonio. La confusión lleva doscientos años instalada en el lenguaje y ya no se va a corregir, pero conviene saberla, porque las fichas de cultivo de una y otra planta no tienen nada que ver.

Dentro de Pelargonium, la variedad de portes, hojas y usos es enorme. Estas cuatro cubren los cuatro grandes perfiles: el arbustivo de flor, el colgante de balcón, el aromático y el silvestre resistente.

Pelargonium en flor

Pelargonium x hortorum, el geranio de toda la vida

El geranio zonal o común no es una especie, sino un grupo híbrido complejo derivado principalmente del cruce de Pelargonium zonale con Pelargonium inquinans, con aportaciones de otras especies del Cabo. De ahí el "x" del nombre.

Se reconoce por dos rasgos. Las hojas son redondeadas, aterciopeladas al tacto y llevan dibujada una banda oscura en forma de herradura, la "zona" que da nombre al grupo; su intensidad varía con la luz y con el cultivar, y hay variedades sin zona visible. Las flores se agrupan en umbelas densas y esféricas sobre un pedúnculo largo, muy por encima del follaje, en rojo, rosa, salmón, blanco, bicolor, simples o dobles.

El porte es erguido, entre 30 y 80 cm en cultivo doméstico, y con los años la base se vuelve leñosa y desnuda. Ahí está el fallo de manejo más común: dejar que se estire sin tocarlo. Un geranio zonal necesita que se le despunten los brotes cuando alcanzan cuatro o cinco pares de hojas y que se le haga una poda de renovación a finales de invierno, cortando cada rama a unos 15 cm y dejando siempre dos o tres yemas vivas. Sin eso, en tres años se convierte en un candelabro de palos con un ramillete de hojas en la punta.

Comercialmente conviven dos mundos. Las series de semilla (Maverick, Horizon, Multibloom) se venden como planta de temporada, florecen el primer año y son baratas. Las variedades de esqueje, con flores dobles y colores más finos, se propagan vegetativamente porque no vienen fieles de semilla.

Pelargonium peltatum, la gitanilla

La gitanilla es la planta de barandilla por excelencia en el Mediterráneo, y con razón: su porte es colgante o rastrero, con tallos flexibles que alcanzan de 60 cm a más de un metro y medio, ideales para jardineras altas y cestas.

La hoja la delata. Es peltada —de ahí el nombre—, es decir, el peciolo se inserta en el centro del limbo y no en el borde, y tiene forma de hiedra con cinco lóbulos angulosos. A diferencia de la del zonal, es gruesa, carnosa, glabra y de superficie cerosa y brillante. Esa cutícula reduce la pérdida de agua y explica por qué la gitanilla aguanta mejor el sol duro y la sequía puntual que el geranio común. Las umbelas son más laxas, con menos flores por cabezuela, pero se suceden sin parar de marzo a noviembre en zonas de invierno suave.

Tiene dos puntos débiles concretos. El primero es la lluvia: las flores, sobre todo las dobles, se apelmazan y se pudren con el agua, así que un alero o un balcón cubierto le sienta bien. El segundo es el edema, ese moteado de pequeñas verrugas corchosas en el envés de las hojas que se confunde con una plaga y no lo es: se produce cuando la planta absorbe más agua de la que puede transpirar, típicamente en semanas frías, húmedas y con poca luz. No se trata con nada; se corrige regando menos y mejorando la ventilación.

Pelargonium peltatum con hojas de hiedra y flores rosas

Pelargonium graveolens, el geranio de olor

Aquí lo interesante no es la flor, que es pequeña, rosada y discreta, sino la hoja. Pelargonium graveolens, originario de la provincia del Cabo, forma un arbusto ramificado de 60 a 130 cm con hojas profundamente divididas, casi de encaje, cubiertas de pelos glandulares que liberan un aroma intenso a rosa y limón al rozarlas.

De este grupo procede el aceite esencial de geranio o "geranio bourbon", rico en citronelol y geraniol, que se destila en Reunión, Egipto, China y Marruecos. Conviene una precisión: las plantas industriales de destilación no son P. graveolens puro, sino un conjunto de híbridos y selecciones emparentados con P. capitatum y P. radens que la industria agrupa bajo ese nombre comercial. Lo mismo pasa en el vivero: bajo la etiqueta de "geranio de olor" se venden clones aromatizados a rosa, limón, menta, nuez moscada o manzana, que corresponden a especies distintas.

Y ahora la creencia que hay que desmontar. Un geranio de olor plantado en la terraza no ahuyenta a los mosquitos. Los compuestos volátiles solo se liberan en cantidad apreciable cuando la hoja se estruja, el efecto dura minutos y se limita a unos centímetros alrededor. Los ensayos hechos con la variedad que se comercializó como planta antimosquitos, el llamado Pelargonium 'Citrosum', no encontraron reducción significativa de picaduras. Cultívalo por su aroma en la mano, por las hojas para infusiones, mermeladas o para aromatizar un bizcocho, pero no como método de control de plagas.

Es la especie más tolerante a la media sombra del grupo y la que mejor se comporta en interior junto a una ventana luminosa.

Pelargonium australe, el forastero del grupo

Rompe la regla de que todo pelargonio viene de Sudáfrica: Pelargonium australe es originario de Australia, Tasmania y Nueva Zelanda, donde crece en acantilados costeros, dunas y terrenos rocosos abiertos.

Es una herbácea perenne de porte bajo y extendido, de 30 a 60 cm, con hojas redondeadas o acorazonadas, de borde ondulado y tacto suave por una fina pubescencia grisácea. Las flores son pequeñas, en umbelas laxas, blancas o rosa pálido, y llevan venas o manchas más oscuras en los dos pétalos superiores, un rasgo típico de los pelargonios silvestres que en los híbridos de jardinería se ha ido perdiendo.

Su interés es de uso, no de espectáculo. Tolera muy bien la brisa marina, el suelo pobre y arenoso y la sequía prolongada, lo que la hace válida para jardines de litoral, rocallas y taludes en jardinería de bajo consumo de agua. Aguanta heladas ligeras mejor que las variedades de flor grande. En la Península es rara en el circuito comercial habitual: se encuentra sobre todo en viveros especializados en plantas de secano o a través de intercambio de semillas, y en climas suaves puede resembrarse sola.

Lo que las cuatro comparten

Luz. Sol directo, con la excepción parcial de P. graveolens. Un pelargonio con menos de cinco o seis horas de sol se ahíla, produce entrenudos largos y deja de florecer.

Sustrato y riego. Todas son plantas de raíces carnosas que mueren por exceso de agua mucho antes que por falta. Sustrato universal con un tercio de perlita o arena gruesa, maceta con drenaje y nada de plato con agua. Se riega cuando el sustrato está seco un par de centímetros por debajo de la superficie, y siempre al pie: mojar hojas y flores favorece la botritis.

Abonado. De marzo a octubre, abono líquido rico en potasio cada 15 días. El exceso de nitrógeno da follaje grande y blando, poca flor y una invitación abierta al pulgón.

Esquejes. El mejor momento es finales de verano, entre agosto y septiembre. Se cortan puntas de 8-10 cm bajo un nudo, se retiran las hojas inferiores y los botones florales, y —esto es lo que casi nadie hace— se dejan orear unas horas al aire para que la herida cicatrice antes de clavarlos en el sustrato. Sin ese paso, la tasa de podredumbre se dispara. Enraízan en tres o cuatro semanas con riegos escasos y sin campana de plástico, porque el ambiente saturado los pudre.

Invernada. En la costa mediterránea, en el sur y en Canarias viven fuera todo el año. Tierra adentro, por debajo de -1 o -2 ºC hay daño en tejidos, así que las macetas se meten en un porche fresco, luminoso y protegido, se podan a un tercio y se riegan solo lo justo para que no se sequen del todo, una vez cada tres o cuatro semanas.

El problema que iguala a todos: el taladro del geranio

Cacyreus marshalli, una mariposa de origen sudafricano detectada en Europa a finales de los años ochenta y hoy extendida por toda la costa mediterránea española, es la principal amenaza del cultivo. La mariposa adulta es pequeña y discreta, de color pardo con bordes blancos, y pone los huevos en los botones florales y en los brotes.

El daño lo hace la oruga, que perfora el tallo y lo vacía desde dentro. El síntoma es inconfundible: brotes que se marchitan de golpe sin causa aparente, y al cortarlos aparece un túnel con serrín y excrementos oscuros. Ataca sobre todo a P. x hortorum y a P. peltatum; los aromáticos como P. graveolens sufren bastante menos.

El manejo eficaz combina tres cosas: revisar las plantas cada semana de mayo a octubre, cortar y destruir de inmediato los tallos taladrados —sin dejarlos junto a la maceta ni tirarlos al compost— y tratar con Bacillus thuringiensis var. kurstaki cada 10-15 días durante el periodo de vuelo, aplicado al atardecer y mojando bien los botones florales, que es donde nacen las orugas. El Bt solo actúa sobre orugas jóvenes antes de que entren en el tallo, así que llegar tarde es perder el tratamiento.

Además, los sospechosos habituales: pulgón en los brotes de primavera, mosca blanca en ambientes cálidos y resguardados, y roya del geranio (Puccinia pelargonii-zonalis), que forma anillos concéntricos de pústulas pardas en el envés de las hojas del geranio zonal y se combate quitando hojas afectadas, ventilando y no mojando el follaje.

En resumen

Pelargonium x hortorum es el geranio erguido de umbela compacta y hoja con herradura oscura, que exige despunte y poda anual para no descalzarse. Pelargonium peltatum, la gitanilla, es el colgante de hoja carnosa y cerosa, más resistente al sol y al calor, con tendencia al edema si se riega de más. Pelargonium graveolens se cultiva por su follaje aromático, no por su flor, y no sirve para espantar mosquitos por mucho que se venda como tal. Pelargonium australe, australiano y de flor discreta, interesa en jardines de litoral y de bajo riego. Las cuatro piden sol, sustrato que drene, riego escaso al pie, abono potásico en temporada y vigilancia constante frente a Cacyreus marshalli de mayo a octubre.


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