El 30 de octubre las floristerías españolas se llenan de macetas de crisantemo, y el 3 de noviembre las retiran del escaparate. Esa asociación con el cementerio le ha costado a Chrysanthemum × morifolium un desperdicio considerable: hablamos de una flor que aguanta tres semanas en jarrón, que florece cuando ya no queda nada más en flor y que se cultiva en decenas de formas distintas, desde el pompón del tamaño de una nuez hasta las variedades araña de pétalos filamentosos. En Japón preside el escudo imperial. Aquí se deja para el 1 de noviembre y el resto del año se ignora.

Este artículo va de lo segundo: qué hacer con los crisantemos en casa, en el jarrón, en la maceta y en el jardín, y cómo elegirlos y mantenerlos para que el resultado no recuerde a un ramo de tanatorio.

Por qué florece en otoño (y por qué eso condiciona todo lo demás)

El crisantemo es una planta de día corto. No inicia botón floral hasta que las noches superan aproximadamente las doce o trece horas de oscuridad ininterrumpida, algo que en la península ocurre a partir de finales de septiembre. Los productores manipulan esto con telas de oscurecimiento y luz artificial, que es la razón por la que se encuentran crisantemos en flor en cualquier época del año en la floristería.

Esta particularidad tiene consecuencias muy prácticas para quien decora con ellos:

Una maceta de crisantemo colocada en un salón donde se enciende la lámpara hasta medianoche no volverá a formar botones. La interrupción de la oscuridad, aunque sea de unos minutos con luz eléctrica intensa, basta para bloquear la inducción floral. Si quieres que una planta rebrote al año siguiente, tiene que pasar el otoño fuera, en un balcón o terraza, sin farolas apuntándole.

Y la flor que ya está abierta cuando la compras no depende de eso: se mantiene igual. Por eso la maceta comprada en flor funciona como decoración inmediata sin condiciones, y solo se complica si pretendes conservarla de un año para otro.

Crisantemos de varios colores en flor en el jardín

Elegir bien en el punto de venta

La diferencia entre un arreglo que dura dos días y otro que dura tres semanas se decide antes de llegar a casa.

En flor cortada, busca ramos con una parte de los capítulos todavía cerrados o entreabiertos. El crisantemo abre bien en jarrón, así que comprarlo a medio abrir te regala una semana extra. Mira el corazón de las flores abiertas: si el disco central de las variedades tipo margarita ya está oscuro y polvoriento de polen, la flor está pasada. Comprueba también las hojas bajas del tallo, que son las primeras en amarillear, y el agua del cubo del florista: si está turbia y huele, los tallos ya han acumulado bacterias.

En maceta, elige plantas compactas, con botones cerrados repartidos por toda la superficie y sin cerco de raíces asomando por los agujeros de drenaje. Descarta las que estén completamente abiertas: son las que llevan más tiempo en el expositor.

Conviene saber una cosa sobre esas macetas tan redondas y apretadas del otoño: se cultivan con reguladores de crecimiento que acortan los entrenudos. Si la plantas después en el jardín, al año siguiente crecerá con su porte real, mucho más alta y suelta, y quien esperaba la misma bola compacta se lleva una decepción. No está enferma: está mostrando su forma natural.

El jarrón: lo que funciona y lo que se repite sin fundamento

El crisantemo es de las flores cortadas más longevas que se pueden comprar. Con un manejo mínimo, dos o tres semanas son un objetivo normal.

Corta el tallo en bisel con un cuchillo afilado o unas tijeras de podar limpias, unos dos centímetros, y hazlo justo antes de meterlo en agua. Los tallos que llevan horas fuera del agua forman un tapón de aire y de savia seca que impide la absorción.

Retira todas las hojas que queden por debajo del nivel del agua. Es la medida que más impacto tiene y la que más se salta la gente. La hoja sumergida se pudre en dos días y multiplica la carga bacteriana que acaba obstruyendo los vasos del tallo.

Cambia el agua cada dos o tres días y aprovecha para recortar medio centímetro de tallo. Si añades un conservante, usa el sobre comercial: lleva azúcar como fuente de energía, un acidificante que baja el pH y facilita la absorción, y un biocida. Media cucharadita de lejía doméstica por cada cinco litros cumple la parte del biocida cuando no tienes sobre a mano.

Y ahora lo que hay que dejar de hacer: machacar el extremo del tallo con un martillo. Es un consejo que se sigue repitiendo para tallos leñosos y semileñosos, y lo que consigue es destrozar los tejidos conductores y crear una superficie enorme para la colonización bacteriana. Un corte limpio en diagonal absorbe mejor y dura más. Lo mismo con quemar la base al fuego: no tiene sentido en un crisantemo.

Otro detalle: coloca el jarrón lejos del frutero. El etileno que desprende la fruta madura acelera el envejecimiento de las flores. El crisantemo no es de los más sensibles —el clavel o la boca de dragón lo son mucho más—, pero el efecto existe y no cuesta nada evitarlo. Lo mismo con el radiador, el sol directo y las corrientes de aire caliente.

Salir del ramo funerario: cuestión de forma y de mezcla

Lo que evoca el cementerio no es la flor, es el formato: el ramo alto, cónico, de tallos largos y flores grandes de un solo color, generalmente blanco o amarillo, en un jarrón estrecho. Cambia el formato y la flor cambia de significado.

Baja la altura. Corta los tallos a diez o quince centímetros y agrupa muchas flores juntas en un cuenco ancho, una jarra de cerámica, una lechera vieja o un tarro de conserva. Una masa densa y baja de pompones lee como decoración de mesa, no como ofrenda.

Rompe la simetría. Un solo tallo largo con tres o cuatro capítulos en una botella de vidrio, sobre una repisa, funciona mucho mejor que un ramo redondo.

Sal del blanco y del amarillo cementerio. Las variedades bronce, óxido, granate, ciruela, salmón y las verdes tipo Anastasia o Shamrock no arrastran esa carga simbólica. El crisantemo verde, además, combina con casi cualquier cosa.

Mézclalo. Con ramas de eucalipto, con hojas de otoño, con espigas de gramíneas ornamentales como Pennisetum o Stipa, con bayas de rosal silvestre o de Hypericum, con ramas de níspero o de olivo. En cuanto el crisantemo deja de estar solo, deja de ser el protagonista del ramo de difuntos.

Juega con las formas. Los tipos araña, de pétalos largos y curvados, y los anemonados, con el centro abultado en cojín, tienen un aspecto tan distinto del pompón clásico que muchos ni los identifican como crisantemos.

Crisantemo rosa con los pétalos abiertos en detalle

La maceta dentro de casa

El crisantemo en maceta no es una planta de interior propiamente dicha, pero aguanta dentro perfectamente durante las semanas que dura la floración si se le dan tres cosas.

Luz abundante. Junto a una ventana orientada al este o al sur, sin sol directo abrasador a mediodía a través del cristal. En un rincón oscuro los tallos se estiran y los botones cerrados se secan sin llegar a abrir.

Fresco. Entre 15 y 18 °C la floración se alarga notablemente. A 22-24 °C en un salón con calefacción, las mismas flores duran la mitad. Si tienes un dormitorio frío o un porche cerrado, la planta te lo agradece pasando allí la noche.

Riego regular sin encharcar. El crisantemo consume bastante agua cuando está en plena floración y se marchita rápido si se seca del todo, pero el cepellón permanentemente empapado le pudre las raíces. Riega cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos, y vacía siempre el plato a los diez minutos. La maceta con funda de plástico decorativa que retiene el agua en el fondo mata más crisantemos que cualquier plaga.

Ve retirando las flores marchitas con los dedos o unas tijeras pequeñas. Además de mejorar el aspecto, evita que la humedad de los pétalos podridos favorezca la botritis, que en interior se propaga con facilidad.

Composiciones de otoño para balcón y terraza

Aquí es donde el crisantemo rinde de verdad, porque coincide con el momento del año en que el balcón se queda sin flor. Los geranios están de retirada, las petunias agotadas, y todavía faltan meses para los bulbos de primavera.

Combinaciones que funcionan en una jardinera o en un grupo de macetas:

Crisantemo bronce o granate con col ornamental (Brassica oleracea var. acephala) y hiedra colgante. Es la composición otoñal más resistente que existe: aguanta heladas ligeras sin inmutarse.

Crisantemo blanco o verde con brezo (Calluna vulgaris) y Sedum de floración tardía, que aporta las inflorescencias planas en tonos rojizos.

Crisantemo amarillo o naranja con ciclamen (Cyclamen persicum) y una gramínea baja. El ciclamen toma el relevo cuando el crisantemo termina, en diciembre.

Para el suelo del jardín, planta los crisantemos en grupos impares de tres o cinco pies del mismo color, no salpicados de uno en uno. Una mancha de color compacta se ve desde lejos; los ejemplares sueltos se pierden. Un consejo de mantenimiento para las variedades de jardín: despúntalos —pinza los extremos de los brotes— dos o tres veces entre mayo y principios de julio. Cada pinzado duplica las ramificaciones y produce una planta redondeada y cargada de flores en lugar de unos tallos largos que se tumban con la primera lluvia de octubre. Después del 15 de julio no pinces más: estarías quitando la madera donde se va a formar la flor.

Flor seca y otros usos

Los crisantemos de pétalo firme, sobre todo los pompones, se secan razonablemente bien colgados boca abajo en un lugar oscuro, seco y ventilado durante dos o tres semanas. Pierden intensidad de color —los amarillos y bronces aguantan mejor que los rosas— pero mantienen la forma y sirven para coronas y composiciones secas de invierno.

Un apunte que merece la pena: los capítulos individuales flotando en un cuenco ancho con agua duran varios días y no necesitan tallo, así que puedes aprovechar las flores del ramo cuyo tallo ya ha cedido. Es la forma más económica de estirar un ramo que empieza a fallar.

Dos precauciones

El follaje de Chrysanthemum contiene lactonas sesquiterpénicas y puede provocar dermatitis de contacto en personas sensibles. No es frecuente, pero si vas a manipular muchos tallos —montar una composición grande, despuntar plantas de jardín— unos guantes finos evitan el picor.

Y para quien tenga gato o perro: la planta es tóxica por ingestión, con vómitos, salivación y diarrea como cuadro habitual. No es de las intoxicaciones graves, pero coloca las macetas y los jarrones fuera de su alcance, especialmente en el caso de los gatos, que mordisquean hojas con más frecuencia.

En resumen

El crisantemo es una flor de otoño excepcionalmente duradera a la que en España le pesa una etiqueta cultural que no tiene nada que ver con sus cualidades. Para el jarrón, corta en bisel, quita las hojas sumergidas, cambia el agua cada dos días y olvídate de machacar tallos. Para la maceta, luz, fresco y riego sin plato encharcado. Para el balcón, combínalo con col ornamental, brezo o ciclamen y agrúpalo en manchas de color. Y si quieres que deje de recordar al 1 de noviembre, baja la altura del ramo, sal del blanco y del amarillo, y mézclalo con follaje: la flor es la misma, pero el resultado no se parece en nada.


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