Un esqueje de clavel enraíza en tres o cuatro semanas y florece esa misma temporada; una semilla tarda meses y casi nunca devuelve la planta que tenías delante. Esa diferencia resume todo lo que hay que entender sobre la reproducción de los claveles: hay una vía que copia y otra que mezcla, y la elección depende de si quieres conservar una variedad concreta o probar suerte con algo nuevo.
Bajo el nombre de clavel se agrupan especies distintas del género Dianthus que no se multiplican exactamente igual. El clavel común de flor grande es Dianthus caryophyllus, perenne y leñoso en la base. La clavellina o clavel chino, Dianthus chinensis, se comporta casi como anual. El clavel del poeta o minutisa, Dianthus barbatus, es bienal: siembra un año, floración al siguiente. Y las clavellinas de rocalla como Dianthus plumarius o Dianthus gratianopolitanus forman macollas densas que se pueden dividir. Saber cuál tienes en la maceta evita la mitad de los fracasos.
Por esqueje: el método fiel
El esquejado es la forma normal de multiplicar un clavel del que te interesa el color o el porte concreto. La planta hija es genéticamente idéntica a la madre, así que un clavel rosa jaspeado seguirá siendo rosa jaspeado. Es también el sistema con el que se producen industrialmente los claveles de flor cortada.
Las mejores épocas en la Península son finales de invierno y comienzos de primavera (febrero a abril) y, con resultados igual de buenos, finales de verano (finales de agosto y septiembre), cuando la planta ha dejado atrás el calor fuerte y aún quedan semanas templadas por delante. En pleno julio los esquejes se deshidratan antes de emitir raíz; en diciembre se quedan parados y se pudren.
El material que sirve es el brote lateral no florecido, de unos 8 a 12 cm, tomado de la mitad o la parte alta de la mata. Los tallos que ya llevan botón floral enraízan mal porque toda su energía está comprometida en la flor. Un detalle de oficio: en el clavel, más que cortar el brote, se arranca de un tirón seco lateral, de modo que se lleve un pequeño talón del tallo madre. Esa zona basal es la que más rápido callece. Si prefieres cortar, hazlo justo por debajo de un nudo, con tijera o cuchilla desinfectada.
El proceso, paso a paso:
1. Retira las hojas de los dos o tres nudos inferiores, sin desgarrar la epidermis del tallo. Deja las tres o cuatro parejas de hojas superiores.
2. Si las hojas restantes son muy largas, recórtalas a la mitad para reducir la transpiración.
3. Las hormonas de enraizamiento son opcionales. El clavel enraíza sin ellas; el ácido indolbutírico en polvo acelera algo el proceso y uniformiza el lote, pero no salva un esqueje mal elegido.
4. Entierra solo 2 o 3 cm en un sustrato muy drenante y pobre: perlita sola, arena de río lavada, o una mezcla a partes iguales de turba rubia y perlita. El compost y el humus a esta altura sobran y favorecen los hongos.
5. Sitúa la bandeja en semisombra luminosa, a 18-20 °C, y mantén el sustrato apenas húmedo.
Aquí conviene corregir una idea heredada de otros esquejados: el clavel no quiere campana cerrada. La bolsa de plástico hermética que va bien a un ficus o a una hortensia mata al clavel, porque su follaje glauco y ceroso se pudre con humedad ambiental alta y aire parado. Si quieres reducir la evaporación, usa una cubierta con aberturas o pulveriza el ambiente de vez en cuando, pero deja que el aire circule.
Las raíces aparecen entre las tres y las cinco semanas. La señal es que el esqueje ofrece resistencia al tirar de él con suavidad y empieza a emitir brotes nuevos. Trasplanta entonces a maceta individual con sustrato normal y algo de arena, y espera dos semanas más antes del primer abonado.
Por semilla: variabilidad y variedades nuevas
La semilla no reproduce la planta madre, la recombina. De un clavel doble rojo pueden salir hijos simples, rosados o blancos, y de un híbrido F1 comprado en centro de jardinería saldrá una segunda generación desordenada. Esto no es un defecto: es el motivo por el que se siembra cuando se quiere un macizo variado, cuando se busca cantidad barata o cuando se está intentando seleccionar algo propio.
Para recolectar semilla propia, deja que algunas flores se marchiten en la planta en lugar de cortarlas. El fruto es una cápsula seca alargada que asoma del cáliz; cuando pasa de verde a pardo y empieza a abrirse por el ápice, córtala y termina de secarla en un plato, a la sombra, unos días. Las semillas son negras, aplanadas y pequeñas. Guardadas en sobre de papel, en sitio seco y fresco, mantienen buena germinación entre tres y cinco años.
La siembra:
Épocas. Para D. caryophyllus y D. chinensis, siembra de marzo a mayo en semillero protegido, o en septiembre en el litoral mediterráneo y en el sur, donde el invierno no castiga. Para el clavel del poeta (D. barbatus), que es bienal, siembra en junio o julio: pasará el otoño y el invierno como roseta y florecerá la primavera siguiente. Sembrarlo en primavera y esperar flores ese verano es el error más común con esta especie.
Profundidad. Apenas 3 o 4 mm, cubriendo con una capa fina de vermiculita o del propio sustrato tamizado. Enterrarlas más es condenarlas.
Temperatura. Entre 15 y 20 °C germinan en 7 a 14 días. Por encima de 25 °C la germinación cae y se desiguala, así que un semillero al sol en pleno verano no ayuda.
Riego. Por abajo, poniendo la bandeja en un dedo de agua hasta que la superficie se oscurezca. El chorro desplaza semillas tan ligeras y el exceso desencadena el ahogamiento de plántulas (damping-off).
Cuando las plántulas tengan dos o tres pares de hojas verdaderas, repica a alvéolos o macetitas de 8 cm. Pinza la punta cuando alcancen unos 10 cm: se ramifican y dan bastantes más tallos florales que si las dejas crecer en vertical.
Por acodo: el sistema tradicional del clavel
El acodo es el método clásico de los claveleros y sigue siendo el más seguro cuando el esqueje suelto se te pudre. Consiste en hacer enraizar un tallo sin separarlo de la planta madre, que lo sigue alimentando mientras tanto.
Se hace en verano o principios de otoño, sobre tallos largos y flexibles de la periferia de la mata. Se elige un nudo a unos 10-15 cm de la punta, se deshojan los nudos vecinos y se practica un corte oblicuo que entra por debajo del nudo y sube por el interior del tallo un centímetro, formando una lengüeta que se mantiene abierta. Ese tramo se entierra en el sustrato de la misma maceta o en una maceta auxiliar puesta al lado, sujetándolo con una horquilla de alambre o una piedra, y se deja la punta fuera y erguida.
Mantén húmeda esa zona. En cuatro a seis semanas hay raíces suficientes. Entonces se corta el tallo por el lado de la madre y, una semana después, se desentierra el acodo ya independiente y se trasplanta. Es más lento que el esqueje, pero el porcentaje de éxito ronda el total.
Por división de mata
Solo funciona con los Dianthus que forman macollas amplias con brotes enraizados en la base: clavellinas de rocalla, D. plumarius, D. deltoides y similares. El clavel común de tallo alto no se presta bien, porque su cepa lignifica y al partirla se pierde.
El momento es principios de otoño (septiembre-octubre) o el arranque de la primavera, nunca en floración. Se saca el cepellón, se abre con las manos o con un cuchillo por las zonas donde ya hay raíz propia y se replantan las porciones inmediatamente, sin dejar que se sequen. Descarta el centro viejo y leñoso: la parte que rebrota bien es el anillo exterior.
Sanidad: lo que de verdad arruina una multiplicación
El clavel arrastra una debilidad seria frente a hongos vasculares, en particular Fusarium oxysporum f. sp. dianthi, y frente a varios virus. Y ambos se copian junto con la planta: un esqueje tomado de una madre enferma nace enfermo, aunque parezca sano durante meses.
Reglas prácticas:
· Elige la planta madre por su salud, no solo por el color de la flor. Si tiene ramas que amarillean unilateralmente, tallos con médula pardeada o crecimiento asimétrico, descártala como donante.
· Desinfecta la hoja de corte entre planta y planta con alcohol de 70° o lejía diluida al 10 %.
· No reutilices sustrato de esquejados anteriores ni tierra de jardín para enraizar.
· Riega el semillero con agua limpia, no con el agua estancada del plato.
· El pulgón transmite virosis: contrólalo en la planta madre antes de tomar material.
Otra cuestión de fondo: la mata de clavel se agota. A los tres o cuatro años se ahueca por el centro, lignifica y florece cada vez peor. No es que se cuide mal, es su ciclo. Por eso conviene tomar esquejes cada dos años y tener siempre relevo joven en marcha, en vez de intentar rejuvenecer una cepa vieja a base de podas.
Qué método elegir
· Quieres exactamente esa planta (un color concreto, una variedad de la que solo tienes un ejemplar): esqueje, y acodo si el esqueje te falla.
· Quieres muchas plantas y te da igual el color exacto: semilla.
· Tienes una clavellina que ha formado una mata ancha: división, aprovechando el trasplante.
· Quieres cruzar y obtener algo nuevo: polinización manual entre dos ejemplares que te gusten, recolección de la cápsula y siembra; tendrás que esperar a la floración para ver qué ha salido, y descartar mucho.
En resumen
Los claveles se reproducen por cuatro vías y solo una de ellas mezcla la herencia. El esqueje de brote lateral sin flor, tomado en primavera o a finales de verano, enraizado en perlita o arena a 18-20 °C y sin campana hermética, clona la planta en tres o cuatro semanas. El acodo hace lo mismo con más lentitud y menos riesgo, aprovechando que la madre sigue alimentando el tallo. La división vale para las clavellinas que forman macolla, en otoño o a principios de primavera. Y la semilla, sembrada superficialmente a 15-20 °C, sirve para poblar un macizo o para buscar variedades nuevas, con la advertencia de que Dianthus barbatus es bienal y hay que sembrarlo en verano. Por encima del método, lo que decide el resultado es la sanidad de la planta madre: multiplicar un clavel es también multiplicar lo que lleva dentro.