Una corona de flores se hace con tres cosas: una base que dé la forma y el tamaño, un sistema de sujeción que aguante el peso, y unas flores que resistan sin agua el tiempo que vayan a estar puestas. La tercera es la que decide si la corona llega entera al final de la tarde, y es la que casi nunca se explica.
Porque una flor cortada, en cuanto se separa del tallo con agua, vive de la que lleva dentro. Unas especies aguantan horas y otras se desmayan en veinte minutos, y eso no se arregla con ningún truco de última hora. Aquí va cómo se monta una corona (para la cabeza y para la puerta), qué flores y qué verdes soportan el trabajo, y qué plantas no deben tocar la piel de nadie.
La base: alambre o sarmiento
Para una corona de cabeza se usa alambre de floristería, de un calibre fino, porque tiene que ser ligero y adaptarse a la curva del cráneo. Se mide el contorno de la cabeza con una cinta, se añade un margen para cerrar el aro, y se corta bastante más largo de la cuenta para poder dar dos o tres vueltas y que la base no se deforme al manipularla. Los extremos del alambre se retuercen entre sí y se doblan hacia dentro del aro, nunca hacia fuera, y luego se forra todo el aro con cinta de floristería. Un extremo de alambre suelto en una corona que va en el pelo es un arañazo esperando su turno.
Para una corona de puerta la base puede ser mucho más variada, y ahí entra el sarmiento de vid, el mimbre, el sauce o cualquier rama flexible. Estas ramas se doblan si están frescas o si se remojan un rato en agua; secas y sin remojar se quiebran. Se forma un aro con dos o tres ramas largas, se entrelazan los extremos y el propio entramado sujeta después las flores sin apenas pegamento. Queda una base rústica, resistente y reutilizable.
Hay una tercera base, la de espuma floral en aro, que sí retiene agua y es la que usan las floristerías en trabajos que deben durar días. Es pesada y solo tiene sentido en una corona que vaya colgada o apoyada, nunca en la cabeza.
El montaje, en el orden que funciona
Las flores se preparan antes en ramitos pequeños, de dos o tres piezas con algo de verde, con el tallo cortado corto (lo justo para poder atarlo) y atado con cinta o con alambre finísimo. Montar ramito a ramito es más rápido y queda mucho mejor que ir pieza por pieza.
Después se colocan sobre el aro siempre en la misma dirección, solapando cada ramito sobre el tallo del anterior para que los tallos queden escondidos, y se fija cada uno con dos o tres vueltas de cinta. Si en la corona de cabeza no quieres flores en el cogote, se trabaja solo media circunferencia y el resto se remata con cinta de tela o con un lazo, que además sirve para ajustar la talla.
Dos criterios de composición que ahorran disgustos. Uno, pon las flores grandes primero y reparte las pequeñas después para rellenar, porque al contrario no hay sitio. Y dos, no mezcles en la misma corona especies con duraciones muy distintas: si una se marchita en dos horas y el resto aguanta el día, la corona parece vieja aunque la mayoría esté perfecta.
Qué flores aguantan sin agua
Este es el criterio de verdad. Aguantan bien fuera del agua, como norma general, las flores de textura firme o algo papirácea y los verdes coriáceos. Se comportan mal las de pétalo muy fino y las de tallo blando y hueco, que se deshidratan a la vista.
- Muy resistentes. El limonio o estática, la paniculata, la siempreviva, el clavel y el clavelito, las estatices y en general las flores de tacto seco. Y los verdes: eucalipto, ruscus, olivo, laurel, romero, hiedra.
- Bien con margen. La rosa de buen tallo bien hidratada antes, las orquídeas de flor firme, las flores de cera, la lavanda, el hipérico.
- Mal. Las flores de pétalo delicadísimo y los tallos acuosos y huecos. Hortensia y ranúnculo en corona seca de cabeza, por ejemplo, se marchitan pronto si hace calor, y la hortensia hay que darla por perdida en una tarde de verano aunque seca después muy bien.
Con flores frescas la corona se monta el mismo día, mejor unas horas antes que la noche anterior, y hasta el momento de usarla se guarda en un sitio fresco, a la sombra, metida en una bolsa o caja. La nevera, si la usas, en la parte menos fría y lejos de la fruta, porque el etileno que desprende acelera el marchitado. Las flores se cortan y se ponen en agua unas horas antes de trabajarlas: esa hidratación previa vale más que cualquier espray.
Sobre los sprays conservantes: humedecer la corona con un pulverizador de agua fresca ayuda algo en un día seco, pero ningún aerosol rehidrata una flor que ya se ha desmayado. Y la laca de pelo no conserva nada, solo endurece el pétalo y le cambia el color.
La corona de flor seca
Si la corona es para durar, mejor flor seca desde el principio que flor fresca que se seque puesta. Secan bien, colgadas boca abajo en un sitio oscuro, seco y ventilado, la lavanda, el limonio, la paniculata, la siempreviva, el cardo, las espigas de cereal, las cápsulas de adormidera y las hojas de eucalipto. La hortensia seca muy bien y da volumen, aunque queda quebradiza.
La flor seca se monta igual, pero con alambre fino y pegamento en lugar de tensar, porque el tallo seco se rompe si lo aprietas. Y tiene dos enemigos: la humedad, que la enmohece y le quita el color, y el sol directo, que la decolora en pocos meses. Una corona seca dura años en un recibidor y una temporada en la puerta exterior de una casa en la costa.
Cuidado con qué planta pones en la piel
Una corona de cabeza va en contacto con la frente, el cuello y el pelo, muchas veces de niños, y durante horas. Eso cambia las reglas respecto a un centro de mesa, y hay especies que no deben entrar.
Nada de adelfa (Nerium oleander), que es tóxica en todas sus partes y muy común en setos y medianas. Nada de euforbias, cuyo látex blanco irrita la piel y sobre todo los ojos, y eso incluye la flor de pascua. Nada de ruda (Ruta), que provoca reacciones cutáneas al sol, con quemaduras y manchas que tardan en irse. Fuera también el tejo, la dedalera y el acónito, por muy bien que queden. Y ojo con la higuera y con las hojas jóvenes de ficus, que sueltan látex irritante al cortarlas.
Dos avisos más. El primero, la alergia: si vas a poner una corona a alguien que reacciona al polen, quita los estambres cargados y evita las gramíneas y las compuestas de polen suelto. El segundo, el alambre y el calor: una corona apretada da dolor de cabeza a las dos horas, así que siempre se prueba antes y se deja algo holgada.
Tampoco se recolecta material en cualquier sitio. En un espacio natural protegido cortar flora está regulado y en un parque público no es tuyo; y de la cuneta de una carretera, ni por lo legal ni por lo que lleva encima.
En resumen
Base de alambre fino y forrado para la cabeza, aro de sarmiento o mimbre remojado para la puerta, y flores montadas en ramitos pequeños solapados en la misma dirección. La corona fresca se hace el mismo día, con las flores bien hidratadas de antemano, y se guarda en fresco y a la sombra hasta el momento.
La elección de especies es lo que marca la diferencia: tacto firme o papiráceo y verdes coriáceos aguantan sin agua, pétalo fino y tallo hueco no. Y si la corona va sobre la cabeza de alguien, revisa que ninguna de las plantas sea tóxica o irritante, porque ahí una corona bonita puede acabar en una consulta médica.