Lo primero que hay que decir sobre las plagas del jardín es que la mayor parte de lo que la gente trata no es una plaga. Es un insecto que pasaba por ahí, un auxiliar que ha venido a comerse al que sí molesta, o un síntoma de riego o de carencia de nutrientes que se parece a un ataque. Tratar sin identificar es la vía más rápida para matar la fauna que te estaba resolviendo el problema y quedarte con la plaga, que rebrota antes porque ya no tiene enemigos.
Lo segundo es que en España el orden de actuación no es una opinión, está escrito. El Real Decreto 1311/2012 establece el marco para el uso sostenible de los productos fitosanitarios y consagra la gestión integrada de plagas: primero prevención, después métodos físicos, culturales y biológicos, y el tratamiento químico solo cuando lo anterior no basta, con el producto autorizado para ese uso y a la dosis de la etiqueta. Este artículo sigue ese orden, porque además es el que funciona en un jardín doméstico.
Identificar antes de tocar nada
Mira el revés de las hojas, las puntas tiernas, las axilas de las ramas y el cuello de la planta a la altura del suelo. Y mira también la planta entera, porque el daño te dice más que el bicho: agujeros redondos limpios apuntan a orugas o caracoles, hojas moteadas y plateadas con telilla fina suelen ser ácaros, brotes deformados y pegajosos con hormigas son pulgón, y manchas blancas algodonosas en las axilas son cochinilla.
Antes de dar por sentado que es una plaga, descarta lo que no lo es. Hojas amarillas entre los nervios en suelo calizo es clorosis férrica, no un bicho. Puntas secas con la tierra encharcada es asfixia de raíz. Un polvo blanco harinoso sobre la hoja es oídio, que es un hongo. Y manchas pardas tras una semana de lluvias en plantas muy juntas son hongos de humedad, no daño de insecto.
Y aprende a reconocer a los que están de tu parte, porque son los que más se matan por error. La mariquita y su larva, que no se parece al adulto y es gris con manchas naranjas, comen cientos de pulgones. La larva de crisopa y la de sírfido, parecida a una babosa translúcida entre los pulgones, hacen lo mismo. Los pulgones hinchados y tostados, pegados a la hoja y con un agujerito, están momificados por una avispa parasitoide: eso es control biológico gratis. Las tijeretas y las arañas del jardín son depredadoras.
Prevención, que es donde se gana la partida
Suena a relleno y es literalmente lo que la norma pone primero, porque es lo único que reduce los problemas de forma estable.
- Especie adaptada al sitio. Una planta que está a disgusto por clima, suelo o exposición se defiende peor y atrae más. Casi todas las plagas crónicas de un jardín son plantas mal elegidas.
- Espacio y aireación. El marco de plantación no es estética. Entre plantas muy juntas no circula el aire y la hoja se queda húmeda, que es donde empiezan los hongos.
- Riego correcto y sin mojar la hoja. El goteo en la base deja el follaje seco. El aspersor por la tarde lo deja mojado toda la noche, que es lo que buscan los hongos.
- Menos nitrógeno. El abonado nitrogenado excesivo da brotes tiernos y suculentos, que es justo lo que busca el pulgón. Un jardín sobrealimentado tiene más plaga.
- Limpieza de restos. Fruta caída, hojarasca sobre el césped y poda apilada junto a las plantas: ahí invernan huevos y hongos.
- Cuarentena de la planta nueva. La mayoría de las plagas entran compradas en una maceta. Revisa el revés de las hojas y el cepellón antes de plantar.
- Biodiversidad. Un jardín con flor escalonada casi todo el año, con aromáticas y con algún rincón sin tocar mantiene población de auxiliares. Un jardín de césped y seto monoespecífico no.
Medios físicos, mecánicos y de captura
La recogida manual funciona muy bien con caracoles y babosas al anochecer o después de llover, con orugas grandes y con los primeros focos de pulgón. Un chorro de agua a presión moderada arrastra pulgón y araña roja de un rosal sin dañar nada, insistiendo en el revés de la hoja. Las mallas antiinsecto impiden la puesta, que sale mucho más barato que tratar después. Las trampas cromáticas pegajosas, amarillas para mosca blanca y pulgón alado y azules para trips, y las de feromona en polillas y taladros sirven sobre todo para detectar cuándo empieza el vuelo, no para controlar. Y las barreras en el tronco, collarines y bandas de cola, cortan el paso a las hormigas que suben a cuidar del pulgón.
Añade la poda sanitaria: corta y retira la parte afectada, y no la dejes en el compostador. Y desinfecta la herramienta al pasar de una planta a otra, porque muchas enfermedades viajan en la tijera.
Control biológico
Puedes favorecer a la fauna auxiliar que ya tienes o comprarla. Lo primero es no fumigar sin motivo, tener flor abierta de primavera a otoño y dejar refugios: un montón de leña, un trozo de seto sin recortar, hojarasca en un rincón. La suelta de auxiliares se hace en jardinería doméstica sobre todo en invernadero, y funciona si se suelta pronto y no se ha tratado antes con nada de amplio espectro.
Los productos de origen biológico, como los basados en Bacillus thuringiensis contra orugas, siguen siendo fitosanitarios: tienen que estar autorizados y su etiqueta se lee igual que cualquier otra. Que sea biológico no significa que se use a ojo.
Los remedios caseros: los que sí y los que no
El jabón potásico es el que mejor se sostiene. Actúa por contacto sobre insectos de cuerpo blando, sobre todo pulgón, mosca blanca y cochinilla algodonosa. Se aplica mojando bien el revés de las hojas, con la planta a la sombra y nunca al sol del mediodía, porque en hoja caliente puede quemar. No tiene efecto residual, así que hay que repetir según indique el envase. Y no es el lavavajillas ni el detergente de casa, que llevan aditivos y perfumes que estropean la hoja.
La tierra de diatomeas funciona en seco por abrasión, pero afecta a todos los insectos que la pisan, auxiliares y polinizadores incluidos, y con la primera lluvia deja de servir. Las trampas de cerveza para caracoles funcionan a pequeña escala y atraen también a los de las parcelas vecinas. Los purines e infusiones de ortiga y de ajo tienen efecto limitado y muy variable, y encima no sabes a qué concentración estás aplicando. Los posos de café y las cáscaras de huevo contra babosas no tienen respaldo, y los repelentes de ultrasonidos tampoco: se venden mucho y no hay evidencia de que funcionen.
Si hay que llegar al tratamiento químico
En España el uso profesional de fitosanitarios exige carné de aplicador, y los servicios de tratamiento a terceros deben estar inscritos en el registro oficial correspondiente. Un particular en su jardín solo puede emplear productos autorizados expresamente para jardinería exterior doméstica, y en ellos la etiqueta es la norma aplicable: cultivo y plaga autorizados, dosis, número máximo de aplicaciones, plazo de seguridad y equipo de protección. Si lo que tienes en casa no dice tu planta y tu plaga, no es para eso.
Qué está autorizado hoy se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y ese dato cambia: hay materias activas retiradas en la Unión Europea que siguen apareciendo en artículos antiguos y en consejos de foro. Por eso aquí no vas a encontrar nombres de materias activas recomendadas ni dosis: la dosis legal es la de la etiqueta del envase que tengas delante, y ninguna otra.
Tres reglas que van por encima de todo lo anterior. No se trata nunca en floración ni en horas de vuelo de abejas y otros polinizadores; si hay que tratar una planta que florece, se hace al atardecer y fuera de la floración. No se trata con viento, ni a pleno sol, ni con lluvia prevista, porque el producto se va a donde no debe o se lava. Y los sobrantes y los envases no van a la basura ni al desagüe: el envase vacío se lleva al punto de recogida específico que corresponda y nunca se reutiliza.
Lo que no es asunto de un jardinero particular
Hay dos casos en los que hay que llamar en lugar de tratar. El primero son los organismos de cuarentena y las plagas sujetas a vigilancia oficial, como el picudo rojo de las palmeras o Xylella fastidiosa. La Ley 43/2002 de sanidad vegetal obliga a comunicar la aparición o sospecha de estos organismos, y quien decide qué se hace es el servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma. Tratar por tu cuenta una palmera con síntomas o mover una planta sospechosa es la manera de extender el problema al barrio.
El segundo caso es que lo que tengas no sea una plaga de jardín. Cucarachas, ratas, chinches, termitas y avispas en la casa son control de plagas urbano, con biocidas y empresas inscritas en el registro oficial de establecimientos y servicios biocidas. Los fitosanitarios no están autorizados para eso.
En resumen
El orden importa más que el producto. Identifica antes de actuar, descarta que el síntoma sea de riego o de suelo y reconoce a los auxiliares para no matarlos. Después, prevención: especie adaptada, plantación con aire, riego sin mojar la hoja, menos nitrógeno y limpieza de restos. Después, medios físicos, que en un jardín doméstico resuelven la mayoría de los casos si se actúa en la primera semana.
Solo si eso no basta entra el tratamiento, y entonces manda la etiqueta: producto autorizado para jardinería exterior doméstica, uso registrado para tu planta y tu plaga, dosis del envase, equipo de protección, nunca en floración ni en horas de vuelo, y consulta del Registro de Productos Fitosanitarios para saber qué sigue autorizado. Ese es el marco de la gestión integrada de plagas del Real Decreto 1311/2012, y es también, casualmente, la forma de tener menos problemas el año siguiente. Puedes ver el detalle del remedio más útil en jabón potásico como insecticida natural.