Un rosal bien plantado aguanta veinte o treinta años en el mismo sitio. Eso significa que las decisiones que se toman el día de la plantación —dónde va, cómo está el suelo, a qué altura queda el injerto— pesan mucho más que todo lo que se haga después con la regadera y las tijeras. Merece la pena dedicarles un rato.
El género Rosa reúne más de cien especies, pero lo que se compra en un centro de jardinería son casi siempre híbridos: híbridos de té de flor grande y tallo largo, floribundas de ramillete, arbustivos ingleses tipo Austin, tapizantes, trepadores y sarmentosos. Los cuidados básicos son comunes; lo que cambia de un grupo a otro, y mucho, es la poda y la facilidad para multiplicarlos.
Dónde plantarlo
Sol directo, y mucho. Un rosal necesita un mínimo de cinco o seis horas de sol al día, y a menos de eso florece poco, se estira buscando la luz y se llena de oídio. En el norte peninsular, cuanto más sol mejor. En el interior y el sur, un rosal que reciba el sol de la mañana y quede a sombra ligera en las horas centrales de julio y agosto lo agradece: la flor dura más días y los colores rojos y malvas no se queman.
El segundo factor es el aire. Los rosales plantados contra un muro sin ventilación, o apretados entre setos, acumulan humedad en la hoja y desarrollan mancha negra y oídio con una facilidad que no tiene el mismo rosal plantado al aire libre. Deja al menos 50-60 cm entre planta y planta en los arbustivos pequeños y 80-100 cm en los de porte grande.
En cuanto al suelo, el rosal quiere tierra profunda, fértil y sobre todo bien drenada. Tolera arcillas si no se encharcan —de hecho se da muy bien en suelos francoarcillosos— pero muere de asfixia radicular en un hoyo que retiene agua. El pH ideal está entre 6 y 6,5, ligeramente ácido. En suelos calizos, muy frecuentes en media España, es habitual ver clorosis férrica: hoja amarilla con nervios verdes. Se corrige con quelato de hierro y, a medio plazo, con aportes regulares de materia orgánica que acidifican y mejoran la disponibilidad del hierro.
Cuándo y cómo plantar
El rosal a raíz desnuda se planta en parada vegetativa, de noviembre a febrero, y es la mejor opción por precio y por variedad disponible. El rosal en contenedor puede plantarse casi todo el año, salvo en pleno verano y con heladas fuertes, pero incluso ese agradece el otoño: enraíza durante el invierno y llega a la primavera asentado.
Abre un hoyo generoso, de unos 40 x 40 x 40 cm, y descompacta el fondo. Mezcla la tierra extraída con compost o estiércol bien hecho, nunca fresco en contacto con la raíz. Si la planta viene a raíz desnuda, recorta las raíces rotas y sumérgelas media hora en agua antes de plantar; algunos viveristas recomiendan además un "pralinaje" con barro y agua, que evita que la raíz se seque durante la operación.
El detalle que más se falla es la profundidad del punto de injerto, ese engrosamiento del que salen las ramas principales. En la mayor parte de España lo correcto es dejarlo justo a nivel del suelo o dos o tres centímetros por encima. Enterrarlo mucho favorece podredumbres y que la variedad emita sus propias raíces perdiendo el efecto del patrón; dejarlo demasiado alto lo expone a heladas en zonas frías, donde sí conviene protegerlo con un caballón de tierra durante el invierno. Después de plantar, riega abundantemente aunque llueva: el objetivo es asentar la tierra alrededor de las raíces y eliminar bolsas de aire.
Riego
La regla es poco frecuente y muy abundante. Un riego profundo cada tres o cuatro días en verano obliga a la raíz a bajar; riegos diarios y superficiales crean un cepellón de raíces en los primeros centímetros que sufre en cuanto aprieta el calor. En clima mediterráneo y suelo medio, dos o tres riegos generosos por semana en julio y agosto suelen bastar para un rosal establecido; en primavera y otoño, uno.
Y siempre al pie, nunca por aspersión. Mojar la hoja al atardecer, cuando ya no se seca, es la vía más rápida para instalar Diplocarpon rosae, la mancha negra. El riego por goteo con dos emisores por planta resuelve el asunto y ahorra agua. Un acolchado de 5 cm de corteza, paja o restos de poda triturados sobre el alcorque reduce las necesidades de riego de forma notable y mantiene la temperatura del suelo estable.
Abonado
El rosal es exigente porque florece durante meses, y cada flor se paga. Un plan sencillo que funciona:
En invierno, al terminar la poda, tres o cuatro litros de compost o estiércol maduro por planta, esparcidos alrededor y ligeramente incorporados con la azadilla sin remover en profundidad para no cortar raíces.
En primavera, al empezar a brotar, un abono mineral equilibrado o específico de rosales, rico en potasio y con magnesio. El potasio es el que da consistencia y color a la flor.
Después de cada oleada de floración, un aporte ligero para empujar la siguiente. Con abono de liberación lenta bastan dos aplicaciones al año.
Lo importante es la fecha de cierre: a partir de finales de agosto hay que suspender el nitrógeno. Un abonado tardío provoca brotes tiernos en octubre que no lignifican y que la primera helada seca. En zonas de invierno duro esto se paga caro.
La poda
La poda principal se hace al final del invierno, cuando las yemas empiezan a hincharse pero antes de que broten: enero en el litoral mediterráneo, febrero en el centro, marzo en zonas frías y de montaña. Podar en pleno diciembre en la meseta expone los cortes a las heladas; esperar a abril desperdicia reservas.
El procedimiento en un arbustivo o un híbrido de té:
Elimina primero lo muerto, lo seco y lo enfermo. Después las ramas finas —menos gruesas que un lápiz— y las que se cruzan hacia dentro, buscando dejar el centro abierto para que entre luz y aire. Deja tres a cinco ramas principales bien repartidas y acórtalas a tres o cinco yemas. Corta unos 5 mm por encima de una yema orientada hacia fuera, con un corte limpio y ligeramente inclinado en sentido contrario a la yema, para que el agua escurra hacia el lado opuesto. Herramienta afilada y desinfectada entre plantas si hay alguna enferma.
Y aquí la excepción que más se pasa por alto al empezar: los trepadores y sarmentosos no se podan así. Los sarmentosos de una sola floración (tipo Rosa 'Banksiae' o los ramblers clásicos) florecen sobre madera del año anterior, de modo que una poda severa en febrero elimina precisamente la madera que iba a dar flor. A esos se les poda después de florecer, en verano, retirando las varas viejas desde la base. En los trepadores remontantes, lo que multiplica la floración no es cortar sino guiar las varas en horizontal: una vara tumbada brota en toda su longitud, una vara vertical solo por el extremo.
Durante la temporada, retira las flores marchitas cortando por encima de la primera hoja completa de cinco foliolos. Y si aparecen chupones del patrón —brotes que salen por debajo del injerto, con hoja distinta y muchas veces siete foliolos—, no los cortes: descubre el punto de inserción y arráncalos de un tirón. Si se cortan, rebrotan multiplicados.
Los problemas de siempre
Pulgón (Macrosiphum rosae): aparece en abril sobre los brotes tiernos. Con un chorro de agua a presión o jabón potásico se controla, y las mariquitas hacen el resto si no se ha fumigado antes con un insecticida de amplio espectro.
Oídio (Podosphaera pannosa): polvo blanco en hojas y capullos, típico de primaveras con días cálidos y noches frescas. Azufre mojable, evitando aplicarlo con más de 30 ºC porque quema.
Mancha negra (Diplocarpon rosae): manchas negras de borde difuso y caída de hoja, favorecida por la humedad. Recoger y retirar la hoja caída es tan importante como tratar, porque el hongo inverna en ella.
Araña roja: en verano seco, hoja moteada y punteada de amarillo. Aumentar la humedad ambiental alrededor de la planta lo frena.
Multiplicar el rosal por esqueje
El esqueje es el método al alcance de cualquiera y tiene dos versiones, según la época.
Esqueje leñoso, de octubre a diciembre. Es el más sencillo y el que menos medios exige. Corta trozos de 20-25 cm de madera del año ya endurecida, del grosor de un lápiz, con cuatro o cinco yemas. Haz el corte inferior recto y justo por debajo de una yema, y el superior inclinado por encima de otra: así no confundirás el derecho y el revés. Retira las hojas que queden. Entiérralos dos tercios de su longitud en una zanja de tierra arenosa, en un rincón resguardado y a media sombra, o en macetas con mezcla de turba y arena a partes iguales. Riega y olvídate hasta la primavera. La hormona de enraizamiento ayuda pero no es imprescindible.
Esqueje semileñoso, en junio, después de la primera floración. Se toman trozos de 12-15 cm de un tallo que acaba de florecer, se dejan dos o tres hojas superiores recortadas a la mitad para reducir la transpiración y se eliminan las demás. Aquí sí conviene hormona de enraizamiento, y sobre todo ambiente saturado de humedad: un miniinvernadero, una botella cortada por encima o una bolsa transparente sobre la maceta. Con temperatura de sustrato entre 20 y 22 ºC enraízan en cuatro o seis semanas. Se sabe que ha enraizado cuando el esqueje resiste un tirón suave.
Un aviso realista sobre porcentajes de éxito: no todos los rosales enraízan igual. Los antiguos, los tapizantes, los sarmentosos y los arbustivos vigorosos lo hacen con facilidad. Muchos híbridos de té modernos enraízan mal y, cuando lo consiguen, dan plantas de vigor pobre precisamente porque fueron seleccionados para cultivarse injertados sobre patrones como Rosa canina o Rosa laxa. Que un esqueje no prospere no siempre significa que se haya hecho mal.
Acodo, injerto y semilla
Acodo. Es la vía más segura para trepadores y sarmentosos, que tienen varas largas y flexibles. En primavera, dobla una vara hasta el suelo, haz una pequeña herida o un corte superficial en la parte que quedará enterrada, entiérrala unos 10 cm sujeta con una horquilla o una piedra, y deja el extremo fuera y en vertical. Riega durante todo el verano. Al año siguiente, en invierno, separa la nueva planta ya enraizada. Es lento, pero la planta hija se alimenta de la madre mientras enraíza y el porcentaje de éxito es altísimo.
Injerto de escudete. Es lo que hacen los viveros, y se realiza en verano —de julio a agosto— cuando la corteza del patrón "se despega" bien. Se inserta una yema de la variedad bajo un corte en T practicado en el cuello de un patrón de Rosa canina o Rosa laxa, se ata sin cubrir la yema y en primavera se corta el patrón por encima del injerto. Exige práctica y patrones preparados, así que tiene sentido si se quieren muchas plantas o si se busca la rusticidad del patrón en suelos difíciles.
Semilla. Sirve para especies botánicas y para quien quiera hacer cruzamientos, no para clonar un rosal concreto. Los escaramujos maduros se recogen en otoño, se extraen las semillas y se estratifican en frío húmedo, entre 4 y 5 ºC, durante seis a diez semanas antes de sembrar. Conviene saber de antemano que la semilla de un híbrido no reproduce la planta madre: la descendencia será variable y casi siempre peor. Si alguien planta la semilla de su rosal favorito esperando el mismo rosal, se llevará un chasco garantizado.
Lo que no funciona
El truco de clavar el esqueje en una patata circula desde hace años y no aporta nada: la patata no aporta hormonas de enraizamiento útiles, retiene demasiada humedad alrededor de la base del tallo y termina pudriéndose, arrastrando al esqueje. Un sustrato drenante y humedad ambiental alta dan mucho mejor resultado.
Tampoco suele salir bien intentar enraizar el tallo de una rosa de floristería. Suele ser una variedad de invernadero seleccionada para producción bajo plástico, viene tratada, lleva días cortada y con frecuencia está protegida por derechos de obtentor, cuya multiplicación con fines comerciales no está permitida.
Y una precisión sobre las hormonas: sirven para acelerar y uniformar el enraizamiento, no para resucitar material en mal estado. Un esqueje mal elegido, demasiado tierno o demasiado viejo, no enraíza por mucho polvo blanco que se le ponga.
En resumen
Cultivar un rosal se reduce a sol abundante, suelo drenado, riego profundo al pie sin mojar la hoja, materia orgánica en invierno y abonado que se corta a finales de agosto. La poda fuerte va a final de invierno en arbustivos e híbridos de té, pero los sarmentosos de una floración se podan después de florecer y los trepadores se guían en horizontal en lugar de acortarlos. Para multiplicarlo, el esqueje leñoso de otoño es la vía más fácil, el semileñoso de junio la más rápida si se tiene humedad ambiental, y el acodo la más segura en trepadores. La semilla queda para experimentar, nunca para obtener la misma rosa.