Sobre suelo calizo, un lupino no prospera. Amarillea entre los nervios de las hojas, se queda enano y termina muriéndose sin haber llegado a formar la espiga. No es falta de riego ni de abono: es que el género Lupinus está adaptado a suelos ácidos o neutros, y en gran parte de la Península el agua y la tierra son justo lo contrario. Ese es el primer dato que hay que tener claro antes de comprar un sobre de semillas, porque condiciona todo lo demás.

Dicho eso, el lupino se cultiva perfectamente en España si se le dan las condiciones que pide. Las espigas verticales de hasta 80 o 90 centímetros, con esas flores amariposadas apretadas en pisos, no las iguala casi nada en un macizo de primavera. Y la planta, además, fija nitrógeno atmosférico en las raíces, así que deja el suelo mejor de lo que lo encontró.

Espigas de lupino en floración

Qué lupino estás cultivando

Bajo el nombre de lupino o altramuz se agrupan especies muy distintas, y confundirlas lleva a decepciones.

El de jardín por excelencia es Lupinus polyphyllus, perenne, originario del oeste de Norteamérica, y sobre todo sus híbridos Russell, seleccionados en los años veinte y treinta del siglo pasado. Son los de espigas bicolores en rojo, rosa, azul, crema, amarillo y morado. Se venden en sobres de mezcla o en variedades separadas como 'Gallery' (una serie enana, de 50 cm, que aguanta mejor el viento) o 'The Governor'.

Está también Lupinus arboreus, el lupino arbustivo amarillo, mucho más resistente a la sequía y a la salinidad, que en zonas de costa se comporta como un subarbusto leñoso y aguanta años. Si vives en el litoral mediterráneo y los Russell se te mueren en julio, esta es la alternativa sensata.

Y aparte quedan los altramuces de cultivo agrícola: Lupinus albus (el blanco, el del altramuz de aperitivo), Lupinus luteus y Lupinus angustifolius, todos anuales y cultivados por el grano o como abono verde. Florecen y son bonitos, pero no dan el espectáculo vertical de los Russell.

Un apunte de seguridad que conviene no saltarse: las semillas de lupino contienen alcaloides quinolizidínicos y son tóxicas crudas. Los altramuces que se comen han pasado por un proceso largo de remojo y salado para eliminarlos. Las semillas de un sobre ornamental no se comen bajo ningún concepto, y si hay niños pequeños en casa conviene retirar las vainas maduras.

El suelo manda: acidez y drenaje

El lupino quiere un pH entre 5,5 y 6,8. Por encima de 7,5 empieza la clorosis férrica y ya no hay abonado que la arregle de forma duradera. Antes de plantar, mide el pH del suelo con una tira o un medidor barato; es diez minutos que ahorran una temporada perdida.

Si tu tierra es caliza, hay dos salidas honestas. La primera, cultivarlo en maceta grande con sustrato para plantas acidófilas, que ya viene en el rango correcto. La segunda, regar con agua de lluvia recogida en lugar de agua del grifo, que en media España va cargada de bicarbonatos y va subiendo el pH del sustrato riego tras riego. Acidificar un bancal calizo entero a base de azufre es un trabajo repetido cada año y con resultados mediocres: no lo recomiendo como plan principal.

El segundo requisito es el drenaje. El lupino tiene una raíz pivotante gruesa y profunda, que puede bajar más de medio metro, y esa raíz se pudre con facilidad en suelo encharcado, sobre todo en invierno. Suelo arenoso o franco-arenoso, mejor que arcilloso. Si el tuyo es pesado, planta en caballón o en un bancal elevado.

Sobre el abonado hay que decir algo que contradice el instinto de mucha gente: no le eches abono rico en nitrógeno. El lupino es una leguminosa y fija su propio nitrógeno gracias a las bacterias Bradyrhizobium de sus nódulos radiculares. Si le das nitrógeno de más, la planta deja de nodular, se pone a hacer hoja tierna, se tumba con el primer aguacero y atrae pulgón. Un poco de compost maduro al preparar el terreno es todo lo que necesita; si acaso, un aporte con potasio en primavera para reforzar el tallo floral.

Semillas: escarificación y remojo

La semilla de lupino es grande, redondeada y con una cubierta dura e impermeable. Sembrada tal cual, germina irregular y lenta, y una parte no llega a germinar nunca en la primera temporada.

Antes de sembrar conviene comprobar que la semilla está sana: descarta las arrugadas, las que tengan agujeritos de perforación de gorgojo y las que floten en un vaso de agua al cabo de unas horas. Con las buenas, dos opciones:

Remojo. Veinticuatro horas en agua a temperatura ambiente. Verás que se hinchan y arrugan la piel; esas ya están listas. Las que sigan duras y del mismo tamaño después de un día no han absorbido agua y necesitan el segundo método.

Escarificación. Frotar suavemente un lado de la semilla con una lima de uñas o papel de lija fino, evitando la zona clara del hilo, hasta que se vea un cambio de color en la cubierta. Después, remojo de unas horas. Con esto la germinación se uniformiza mucho y baja de tres semanas a una.

Si es la primera vez que cultivas leguminosas en ese suelo, va bien inocular la semilla con rizobios específicos de Lupinus, que se venden en polvo. En un jardín donde nunca hubo lupinos ni altramuces, las bacterias adecuadas pueden no estar presentes, y sin nódulos la planta depende del nitrógeno del suelo y crece bastante menos.

Cuándo y cómo sembrar

Hay dos ventanas buenas en clima peninsular:

Otoño (septiembre a noviembre). Es la mejor en el centro, sur y levante. La planta enraiza durante el invierno suave, desarrolla esa raíz pivotante con calma y florece en abril o mayo, antes de que llegue el calor que la mata. En zonas de invierno duro, con heladas fuertes y prolongadas, es arriesgado para plántulas recién nacidas.

Final de invierno (febrero a marzo). Adecuada para el norte, la meseta alta y zonas de montaña. Floración algo más tardía, en junio.

La siembra directa en el sitio definitivo es la mejor opción, y no es un detalle menor: la raíz pivotante detesta el trasplante y una plántula que ha dado vueltas en un alveolo pequeño ya no forma nunca una raíz decente. Enterrar la semilla a 1,5-2 cm, con marco de 30 cm entre plantas para los Russell altos y 25 cm para las variedades enanas.

Si necesitas hacer semillero, usa macetas profundas y estrechas: tubetes forestales, macetas de 9 cm de alto o incluso rollitos de papel de periódico. Una semilla por recipiente. Trasplanta cuando tenga tres o cuatro hojas verdaderas, antes de que la raíz toque el fondo, y hazlo sin deshacer el cepellón. En sustrato húmedo y a 15-20 °C germina en 7 a 14 días.

Riego, floración y mantenimiento

Durante el establecimiento, mantén el suelo fresco pero nunca empapado. Una vez formada la raíz profunda, el lupino aguanta bastante mejor la sequía de lo que parece; el riego frecuente y superficial es peor que uno abundante cada varios días, porque fomenta raíces someras.

Sitio a pleno sol en el norte y en zonas frescas. En el sur y en el interior cálido, sombra de las horas centrales en verano: por encima de 28-30 °C sostenidos la planta se para, y con noches cálidas se agota.

Cuando la espiga principal termina de abrir de abajo arriba, córtala justo por debajo, en la axila de la primera hoja. Con eso evitas que gaste energía en semilla y provocas una segunda tanda de espigas laterales, más cortas pero que alargan el interés semanas. Si en cambio quieres semilla propia, deja madurar dos o tres espigas y recoge las vainas cuando estén secas y oscuras, antes de que se abran solas y disparen el grano.

Los tallos altos se tumban con viento y lluvia. En variedades de más de 70 cm, coloca tutores discretos o planta el macizo al abrigo de un seto.

En invierno, la parte aérea de L. polyphyllus se seca. Córtala a ras de suelo y no riegues durante el reposo; el exceso de humedad invernal sobre la corona es la causa más habitual de que la mata no rebrote en marzo.

Perenne sobre el papel, efímero en la práctica

Los catálogos venden Lupinus polyphyllus como planta perenne, y lo es en su clima: veranos frescos, inviernos fríos, humedad ambiental. En el clima de buena parte de España se comporta como bianual o perenne de vida corta: da dos o tres temporadas buenas y decae, aunque el pie esté sano.

No es un fracaso de cultivo, es el comportamiento normal aquí. La forma práctica de tener lupinos todos los años es sembrar un puñado nuevo cada otoño, de manera que siempre haya un relevo esperando. Aceptarlo desde el principio evita el ciclo de comprar la misma planta cada primavera pensando que esta vez sí durará.

Los híbridos Russell, además, no se reproducen fieles de semilla. Si guardas grano de tu mezcla de colores, la generación siguiente tenderá al azul y al morado, que son dominantes en el género. Para conservar un color concreto hay que dividir la mata en primavera, con cuidado con la raíz, o recurrir a esquejes basales de 5-8 cm tomados con un trocito de corona en marzo.

Plagas y problemas frecuentes

Pulgón. El principal. Colonias densas en la espiga floral y en los brotes tiernos, que deforman las flores. Un chorro de agua a presión, jabón potásico o simplemente esperar a que aparezcan las mariquitas suele bastar. Recuerda: cuanto más nitrógeno le hayas echado, más pulgón tendrás.

Babosas y caracoles. Devastadores con las plántulas recién emergidas, sobre todo en siembras de otoño con tiempo húmedo. Es probablemente la causa número uno de siembras que "no germinaron" cuando en realidad germinaron y fueron comidas en dos noches.

Oídio. Polvillo blanco en hojas al final de la primavera, con días cálidos y noches frescas. Airea el macizo, no mojes el follaje al regar y retira las hojas afectadas.

Hojas amarillas entre los nervios. Clorosis por exceso de cal o por riego con agua dura. Quelato de hierro como parche inmediato, pero la solución real es cambiar de agua o de sustrato.

Planta que se estanca y no crece. Revisa la raíz. Si está enroscada en espiral, viene de un semillero demasiado pequeño y no hay arreglo: siembra directa la próxima vez.

En resumen

El lupino se cultiva bien en España a condición de respetar tres cosas: suelo ácido o neutro y bien drenado, semilla remojada o escarificada y siembra directa para no maltratar la raíz pivotante. Siembra en otoño en el centro y el sur, a final de invierno en el norte. Nada de abonos nitrogenados, porque la planta se los fabrica sola. Corta la espiga cuando termine de florecer para provocar una segunda tanda, y da por hecho que la mata durará dos o tres años, no diez: sembrar un relevo cada otoño es lo que mantiene el macizo lleno. Si tu agua y tu tierra son calizas y no quieres pelearte con el pH, plantéate Lupinus arboreus o cultívalo en maceta con sustrato acidófilo y agua de lluvia.


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