El geranio es la planta de balcón por excelencia en España, y también una de las que más bajas sufre entre noviembre y marzo. Lo curioso es que la mayoría de esas pérdidas no las causa el frío directamente, sino los cuidados que se le siguen dando como si fuera verano. Un geranio muerto en enero casi siempre es un geranio ahogado, no un geranio helado.
Conviene empezar aclarando el nombre. Lo que llamamos geranio no pertenece al género Geranium, sino a Pelargonium: sobre todo Pelargonium × hortorum, el geranio de mata, y Pelargonium peltatum, el gitanilla de tallos colgantes. Son plantas del sur de África, subarbustivas y perennes, adaptadas a inviernos secos y suaves. Esa procedencia explica todo lo que viene a continuación.
Cuánto frío aguanta realmente
Un Pelargonium vegeta bien entre 10 y 25 °C. Por debajo de 8 °C detiene el crecimiento; entre 2 y 5 °C sobrevive sin daño visible; a partir de -1 °C se congela el agua de sus tejidos y los tallos se vuelven translúcidos y blandos. Una helada de -3 °C mantenida unas horas mata la planta entera.
En la práctica esto divide España en dos. En el litoral mediterráneo, el sur de Andalucía, Canarias y buena parte de la costa atlántica gallega y cantábrica, los geranios pasan el invierno en el balcón sin más protección que arrimarlos a la pared. En la meseta, el valle del Ebro, Castilla y León, Aragón interior o zonas de montaña, quedarse fuera es una lotería que se pierde casi todos los años.
Riego: el cambio más importante
Aquí está el error que se lleva por delante más geranios. En invierno la planta apenas transpira, el sustrato tarda muchísimo en secarse y las raíces están casi inactivas. Mantener el riego semanal de agosto equivale a tener la maceta permanentemente saturada, y con ella llega la podredumbre de cuello y raíz por Pythium y Rhizoctonia. La planta amarillea desde abajo, el tallo se ennegrece en la base y se derrumba de un día para otro.
La pauta correcta es regar cada quince o veinte días, y solo cuando el sustrato esté seco varios centímetros por debajo de la superficie. Mete el dedo hasta la segunda falange: si notas humedad, no riegues. Riega siempre por la mañana, para que el sustrato no pase la noche empapado y frío, y vacía el plato a los diez minutos. Un geranio con sed en invierno se recupera en un día; uno ahogado, no se recupera.
Añade un detalle que casi nadie aplica: los geranios que van a pasar frío deben entrar al invierno más bien secos. Una planta con los tejidos hinchados de agua se hiela antes que una ligeramente deshidratada.
Abonado: parar y no reanudar hasta febrero
El abono se suspende. Desde mediados de octubre hasta finales de febrero la planta no está en condiciones de aprovechar nada, y el nitrógeno sobrante en el sustrato tiene dos efectos malos: acumula sales que queman las raíces —que ya riegas poco, así que no hay lavado— y, si hay algún periodo templado, empuja brotes tiernos y acuosos que son justo los primeros en helarse.
La reanudación se hace en cuanto se ve arrancar el crecimiento, normalmente a finales de febrero en el sur y en marzo en el interior y el norte. Empieza con media dosis de un abono líquido para plantas de flor, del tipo 12-12-17 o similar, cada quince días, y pasa a dosis completa semanal cuando la planta esté claramente en marcha.
Protección frente a heladas
Si vives donde hiela, tienes tres opciones razonables.
Meterlos en un porche, garaje o galería fría. Es la mejor solución. Busca un sitio luminoso y sin calefacción, entre 5 y 12 °C. Riego mínimo, casi testimonial, y ventilación siempre que el día sea templado. Lo que no funciona es meterlos en el salón junto al radiador: con 22 °C y poca luz se estiran, sacan tallos pálidos y finos y se llenan de mosca blanca.
Cubrirlos con manta térmica. Un velo de 17 o 30 gramos por metro cuadrado da entre 2 y 4 °C de margen y deja pasar luz y aire, así que puede quedarse puesto varios días seguidos. El plástico, en cambio, solo sirve para noches puntuales y hay que retirarlo por la mañana: acumula condensación y bajo el sol convierte el interior en un horno húmedo.
Proteger la maceta, no solo la planta. Se olvida a menudo, pero en un tiesto la raíz está expuesta al frío por los cuatro lados. Envolver la maceta con plástico de burbujas o arpillera, y separarla del suelo con un par de listones, evita que el cepellón se congele. Arrimar las macetas entre sí y contra una pared orientada al sur también aporta grados reales.
Poda y limpieza
La poda fuerte se hace a finales de invierno, no en otoño. Podar en octubre deja heridas abiertas y estimula brotes que no sobrevivirán a la primera helada. En febrero o marzo, en cambio, corta los tallos a un tercio de su altura, siempre justo por encima de un nudo, y elimina todo lo seco, leñoso o desnudo. La planta rebrota con vigor y florece desde abril con una mata compacta.
Durante el invierno sí conviene una limpieza continua: retirar hojas amarillas y flores marchitas cada semana. La humedad de otoño e invierno favorece la roya del geranio (Puccinia pelargonii-zonalis), que se reconoce por pequeñas pústulas polvorientas de color canela en el envés de las hojas. Se controla retirando las hojas afectadas en cuanto aparecen, ventilando y evitando mojar el follaje.
En resumen
El invierno del geranio se resuelve con menos cosas, no con más: menos agua —cada dos o tres semanas y solo con el sustrato seco—, nada de abono hasta febrero, y una protección proporcional al frío real de tu zona, cubriendo también la maceta. Deja la poda para el final del invierno y limpia hojas con regularidad. En el litoral no hacen falta más precauciones; en el interior, un porche fresco y luminoso vale más que cualquier manta.