Decir "begonia" es decir muy poco. El género Begonia reúne cerca de dos mil especies y varios miles de híbridos, y entre una Begonia semperflorens plantada en un parterre a pleno sol y una Begonia rex de hoja aterciopelada que se quema con una hora de sol directo hay un abismo de cuidados. Por eso el primer paso para cuidar bien una begonia no es regarla: es identificar a qué grupo pertenece. A partir de ahí, casi todo lo demás encaja solo.
Lo que sí comparten todas es una fisiología muy reconocible: tallos carnosos que acumulan agua, hojas asimétricas (una mitad del limbo siempre es mayor que la otra), raíces superficiales y finas, y una notable sensibilidad a la humedad estancada, tanto en el sustrato como sobre la hoja. Ese perfil explica los dos errores que más begonias matan en España: el exceso de riego y el hábito de pulverizarles las hojas.
Identifica tu begonia antes de nada
Mira la base de la planta y el tipo de raíz. Hay cuatro grupos que cubren prácticamente todo lo que se vende en un vivero español.
Begonias de raíz fibrosa. La más común es la Begonia semperflorens (hoy Begonia cucullata var. hookeri en muchos catálogos), la "flor de azúcar" de los parterres y jardineras de temporada, con hoja pequeña verde o bronce y floración continua. Aquí entra también la serie Dragon Wing y las begonias de caña o "bamboo", como la popular Begonia maculata de hojas con lunares plateados. Tienen tallos erectos con nudos marcados y son, con diferencia, las más fáciles.
Begonias rizomatosas. Un rizoma grueso repta por la superficie del sustrato y de él salen las hojas directamente, con peciolos largos. Es el grupo de la Begonia rex y todos sus híbridos (Begonia Rex-cultorum), cultivadas por el follaje: plateados, morados, espirales. Florecen poco y sin interés. Son las más exigentes en humedad ambiental y las más delicadas con el riego.
Begonias tuberosas. Begonia × tuberhybrida, las de flores enormes, dobles, tipo camelia, en naranjas, rojos y amarillos imposibles. Nacen de un tubérculo aplanado y tienen un ciclo anual marcado: brotan en primavera, florecen en verano y se secan por completo en otoño. Que la planta se marchite en octubre no significa que la hayas matado; significa que hace lo que debe.
Begonias elatior. Begonia × hiemalis, el cruce entre tuberosas y Begonia socotrana que se vende florecidísima en floristerías todo el año. Conviene saber que se cultivan como planta de flor de corta vida: tras la floración suelen decaer. No es un fallo tuyo, es material forzado en invernadero con día controlado.
Luz: brillante, sí; sol directo, casi nunca
La norma general para las begonias de interior es mucha luz indirecta. Una ventana orientada al este, o a un metro y medio de una ventana al sur con visillo, es el sitio ideal. Con sol directo del mediodía las hojas de una rex se marcan en pocas horas con manchas secas y descoloridas que ya no se recuperan.
La excepción son las semperflorens, sobre todo las de hoja bronceada, que aguantan sol directo y de hecho florecen más al sol en climas atlánticos y en el interior norte. En el litoral mediterráneo y en el valle del Guadalquivir, con julio y agosto por encima de 35 ºC, incluso estas prefieren sombra durante las horas centrales.
Señal de falta de luz: entrenudos largos, tallos que se estiran buscando la ventana, hojas más pequeñas y pérdida de los colores metálicos en las rizomatosas. Señal de exceso: hojas pálidas, amarillentas o con quemaduras de bordes secos.
Riego: por abajo, y siempre por peso
Aquí es donde se pierden casi todas. Los tallos carnosos de la begonia almacenan agua, así que la planta aguanta bastante mejor la sequía puntual que el encharcamiento. El sistema radicular es fino y superficial, y se pudre con facilidad si el sustrato permanece saturado.
La regla práctica: riega cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato estén secos al tacto, y hazlo abundantemente hasta que drene por los agujeros. Después vacía el plato a los diez minutos. En verano, en un piso, eso puede ser cada tres o cuatro días; en invierno, cada diez o quince. No riegues por calendario: mete el dedo o levanta la maceta y aprende su peso en seco.
Riega por la base, echando el agua en el borde de la maceta o poniendo la maceta en un barreño con dos dedos de agua durante veinte minutos. El objetivo es no mojar las hojas ni la corona. El agua que queda atrapada entre los peciolos de una rizomatosa es una invitación directa a la botritis.
Si tu agua es muy dura (buena parte de Madrid, Levante o Baleares), deja reposar el agua o mezcla con agua de lluvia o de ósmosis. Las begonias prefieren un pH ligeramente ácido y toleran mal la acumulación de cal y sales, que se manifiesta como bordes de hoja secos y costra blanca en la superficie del sustrato.
El mito de pulverizar las hojas
Es el consejo que más se repite y el que más daño hace en este género. Las begonias, especialmente las rizomatosas, agradecen una humedad ambiental alta, del 50 al 70 %, pero no agradecen tener la hoja mojada. Pulverizar sube la humedad del aire durante unos minutos y, a cambio, deja una película de agua sobre un limbo velloso que tarda horas en secarse.
Ese es exactamente el escenario que necesitan el oídio (que en begonia produce un polvillo blanco harinoso sobre el haz y es su enfermedad número uno) y la botritis (Botrytis cinerea, manchas pardas acuosas con moho gris). Además, en muchas variedades de hoja aterciopelada el agua deja cercos de cal permanentes.
Sube la humedad de otras formas: agrupa las plantas, coloca la maceta sobre un plato ancho con arlita o grava y agua por debajo del nivel de la base, o usa un humidificador si el problema es de toda la habitación. Y ventila: aire húmedo pero en movimiento, nunca aire húmedo y estancado.
Sustrato y trasplante
Necesitan una mezcla ligera, aireada y con capacidad de retención sin llegar a compactarse. Una fórmula que funciona bien: 60 % de sustrato universal de calidad o fibra de coco, 20 % de perlita y 20 % de humus de lombriz o mantillo. Si tu casa es fría o riegas con generosidad, sube la perlita al 30 %.
Prefieren macetas más bien ajustadas y anchas antes que profundas, porque las raíces son superficiales. Una maceta demasiado grande retiene un volumen de sustrato húmedo que las raíces no pueden explorar, y ahí empieza la podredumbre. Las rizomatosas van especialmente bien en cuencos amplios y poco hondos.
Trasplanta a principios de primavera, cada dos años o cuando veas raíces asomando por el drenaje. Al plantar una rizomatosa, deja el rizoma apoyado en la superficie, no lo entierres.
Abonado
Durante el periodo de crecimiento activo, de marzo a septiembre, abona cada dos semanas con un fertilizante líquido a media dosis de la indicada en el envase. Para las de follaje (rizomatosas, de caña) sirve un equilibrado tipo 20-20-20; para las de flor (tuberosas, elatior, semperflorens) usa uno con más potasio, tipo 15-10-30 o el clásico abono de geranios, que favorece la floración frente al crecimiento vegetativo.
De octubre a febrero, suspende el abonado. Alimentar una planta que no crece solo acumula sales en el cepellón.
Temperatura y el invierno español
El rango cómodo está entre 18 y 24 ºC. Por debajo de 13 ºC dejan de crecer y por debajo de 10 ºC empiezan a sufrir daños; una helada las liquida. Esto significa que, salvo en la costa mediterránea y Canarias, las begonias de exterior en España son plantas de temporada, no perennes de jardín.
En interior, el enemigo del invierno no es el frío sino el radiador y las corrientes. Aire seco y caliente directo sobre la planta produce bordes secos y favorece la araña roja (Tetranychus urticae), que prolifera justo en ambientes cálidos y secos. Aleja la maceta al menos un metro de cualquier fuente de calor y evita el paso de puertas exteriores.
Qué hacer con las tuberosas en otoño
Las Begonia × tuberhybrida son perfectamente recuperables de un año para otro y mucha gente las tira por desconocimiento.
Cuando en septiembre u octubre las hojas empiecen a amarillear, reduce el riego progresivamente hasta suspenderlo. Deja que la parte aérea se seque del todo y córtala a un par de centímetros del tubérculo. Saca el tubérculo, límpiale la tierra, déjalo secar unos días a la sombra y guárdalo en una caja con turba seca, serrín o virutas, en un sitio oscuro, seco y fresco, entre 8 y 12 ºC.
En marzo, plántalo en una maceta con el lado cóncavo hacia arriba (es la cara de la que brotan los ojos), cubierto con apenas un centímetro de sustrato, y riega poco hasta que broten. Cuando estén activas, ya con hojas, salen al exterior a media sombra pasado el riesgo de heladas.
Multiplicación: la begonia se regala sola
Es uno de los géneros más agradecidos para reproducir, y la primavera es el momento.
Esqueje de tallo (fibrosas y de caña): corta un fragmento de 8-10 cm justo por debajo de un nudo, quita las hojas inferiores y enraíza en agua o en un sustrato de turba y perlita a partes iguales. En dos o tres semanas tiene raíces.
Esqueje de hoja (rizomatosas y rex): esta es la técnica clásica. Coge una hoja sana, dale la vuelta y haz cortes transversales sobre los nervios principales con un cuchillo limpio. Apoya la hoja con el envés hacia abajo sobre sustrato húmedo, sujétala con unos alambritos o piedrecitas para que haga contacto y cúbrela con un plástico o una campana. De cada corte brotará una plantita. También funciona cortar la hoja en triángulos, cada uno con un trozo de nervio, y clavarlos por la punta.
Todo esto necesita calor de fondo (20-24 ºC) y humedad alta, pero con ventilación diaria: si el propagador no se airea, aparece la podredumbre antes que las raíces.
Problemas frecuentes y cómo leerlos
Polvo blanco harinoso en las hojas. Oídio, casi seguro. Retira las hojas afectadas, mejora la ventilación, deja de mojar el follaje y trata con azufre mojable o un fungicida sistémico. Es recurrente: en cuanto baja la circulación de aire, vuelve.
Manchas pardas blandas con moho grisáceo. Botritis. Origen: agua sobre la hoja, hojas muertas acumuladas en la base y aire estancado. Limpia, aclara y ventila.
Hojas amarillas que caen y tallo blando en la base. Exceso de riego y podredumbre de cuello. Saca la planta, corta lo podrido, replanta en sustrato nuevo y más aireado y espacia los riegos. Si el rizoma o el tallo están huecos, salva esquejes de la parte sana.
Puntas y bordes secos y crujientes. Aire seco, sales acumuladas o cepellón que se ha llegado a secar por completo alguna vez. Revisa los tres.
Punteado fino y telarañas en el envés. Araña roja, típica de invierno con calefacción. Aumenta la humedad ambiental, lava el envés con agua a presión suave y trata con jabón potásico o aceite de neem repitiendo cada 5-7 días.
Caída de flores sin abrir. Cambio brusco de ubicación, corriente de aire o riego irregular. Las elatior son especialmente propensas nada más llegar de la floristería.
Nubecilla de mosquitos al regar. Son esciáridos, y son un síntoma, no la enfermedad: indican sustrato permanentemente húmedo en superficie. Deja secar más entre riegos.
En resumen
Cuidar begonias se reduce a cuatro decisiones bien tomadas. Ubícala con luz abundante pero sin sol directo del mediodía. Riega a fondo solo cuando los primeros centímetros de sustrato estén secos, hazlo por la base y no dejes agua en el plato. Dale humedad ambiental sin mojar nunca la hoja, porque el pulverizador es el mejor aliado del oídio. Y usa un sustrato aireado en una maceta ancha y ajustada, con abono quincenal de marzo a septiembre y descanso el resto del año.
Añade a eso saber qué begonia tienes —si es tuberosa, guarda el tubérculo en otoño y no la des por muerta— y tendrás plantas que duran años y que además se multiplican con un simple trozo de hoja.