Antes de nada: la desbrozadora se para y se deja incapaz de arrancar antes de tocar el cabezal. En una máquina de gasolina eso significa parar el motor y quitar el capuchón de la bujía, porque mover el cabezal con la mano puede hacer girar el motor. En una de batería, sacar la batería, no solo apagar el interruptor. En una eléctrica de cable, desenchufar. Y esperar a que el silenciador enfríe, que quema de verdad.
Hecho eso, cambiar el hilo es sencillo y hay dos cosas que decidirlo todo: qué tipo de cabezal tienes y qué hilo admite tu máquina. El resto es bobinar en el sentido que marca la flecha y dejar las dos puntas igual de largas.
El equipo, que aquí no es un consejo de relleno
Una desbrozadora no corta hierba, la revienta a golpes, y todo lo que hay en el suelo sale disparado: piedras, alambre, cristal, trozos de hilo. Salen en cualquier dirección y a una velocidad que no da tiempo a apartarse.
- Gafas de protección y, mejor, pantalla facial. Las gafas de sol no son protección.
- Protección auditiva. Una desbrozadora de gasolina hace ruido suficiente para dañar el oído en una mañana de trabajo.
- Botas cerradas y pantalón largo, y si desbrozas a menudo, pantalón de protección.
- Guantes, también para el cambio de hilo: el borde de la cuchilla cortahílo del protector corta.
Y lo más importante y lo que menos se respeta: nadie cerca. Ni niños, ni perros, ni quien pasa por la acera. El manual de la máquina indica la distancia de seguridad, y no se desbroza apuntando hacia ventanas, coches o cristales.
Qué cabezal tienes
Hay tres familias y el procedimiento cambia en cada una:
- Cabezal de carga manual. Hay que abrirlo, sacar el carrete y bobinar el hilo a mano. Es el más común en las máquinas domésticas y el que se explica más abajo.
- Cabezal de carga rápida. Se recarga sin desmontarlo: se alinean los ojales, se pasa el hilo de lado a lado y se gira la perilla para que se bobine dentro. Es mucho más cómodo y hay cabezales de este tipo compatibles con máquinas que venían con el otro.
- Cabezal de hilos precortados. En lugar de un carrete, lleva tramos cortos que se introducen en unos alojamientos y se sustituyen de uno en uno. Rápido, y gasta más hilo.
Los dos primeros suelen ser semiautomáticos: con el motor en marcha, un golpe seco del cabezal contra el suelo libera un tramo de hilo. Eso es el único momento en que se golpea el cabezal a propósito.

El hilo: diámetro y forma
El diámetro no se elige por gusto. Lo marca la máquina, y viene indicado en el manual o en el propio cabezal. Poner un hilo más gordo del que admite parece buena idea y no lo es: aumenta el par que tiene que vencer el motor, calienta el embrague y en máquinas pequeñas la deja sin fuerza. Más fino del indicado se rompe a cada rato.
La sección sí se elige, y se nota:
- Redondo. El polivalente. Resiste bien la abrasión y es el más silencioso. Corta hierba tierna sin problema.
- Cuadrado o estrellado. Tiene aristas, así que corta en lugar de golpear, y va mejor en hierba alta y fibrosa. Se desgasta antes y hace más ruido.
- Retorcido o helicoidal. Menos ruido y menos vibración que el cuadrado, con buen corte.
- Con núcleo interior. Más resistente a la rotura, pensado para trabajo duro y máquinas con potencia.
Casi todos son de nylon o de copolímeros de nylon. El color no significa nada más que la gama del fabricante.
Cambiarlo, paso a paso
- Parar y desconectar. Capuchón de bujía fuera, o batería fuera, o enchufe fuera. Dejar enfriar.
- Apoyar la máquina firme, con el cabezal accesible y el protector hacia arriba, en el suelo o sobre un banco.
- Limpiar antes de abrir. Quitar la tierra y los restos de hierba pegados alrededor del cabezal, para que no caigan dentro del mecanismo.
- Abrir el cabezal. Según el modelo, se pulsan dos pestañas laterales a la vez, o se desenrosca la perilla central. En muchas máquinas de gasolina la rosca es a izquierdas; el sentido y las flechas vienen grabados en la propia pieza.
- Mirar cómo estaba antes de deshacerlo. Por dónde salían las puntas, en qué muescas quedaban fijadas y qué flecha marca el sentido de bobinado. Es el paso que ahorra media hora.
- Cortar el tramo nuevo. La longitud recomendada la da el manual, y a veces viene marcada en el cabezal. Sin referencia, la regla práctica es que el hilo bobinado no debe sobresalir del borde del alojamiento del carrete: si va pasado, se atasca y no sale.
- Bobinar en el sentido de la flecha, tenso, en capas ordenadas y sin cruzar hilos. Un bobinado cruzado se muerde a sí mismo y el cabezal deja de liberar hilo. Si el carrete tiene dos alojamientos separados, cada mitad va en el suyo.
- Fijar las puntas en las muescas del borde del carrete, que están para eso, y dejar sobresaliendo lo justo para pasarlas por los ojales.
- Montar. Pasar cada punta por su ojal, colocar el carrete, cerrar la tapa hasta oír el clic o apretar la perilla.
- Igualar las dos puntas. Tienen que salir con la misma longitud. Si una es más larga, el cabezal gira desequilibrado y toda la máquina vibra.
- Reconectar y probar con la máquina en el aire, sin carga, antes de meterse en la maleza.

Si el hilo se rompe siempre nada más arrancar
Suele ser hilo viejo. El nylon pierde humedad con los años y se vuelve quebradizo: lo que era flexible se parte en seco al primer tirón del motor. Se nota porque al doblarlo con los dedos cruje y quiebra en lugar de curvarse.
Tiene arreglo: sumergir la madeja en agua unas horas antes de bobinarla devuelve buena parte de la flexibilidad. Y para que no vuelva a pasar, el hilo se guarda en su bolsa cerrada, a la sombra y no en el cobertizo al lado de la ventana, que es donde se seca y se degrada con el sol.
Las otras dos causas frecuentes de rotura constante son trabajar a ras de tierra, porque el hilo se gasta por abrasión contra la arena y no por cortar, y golpear el cabezal contra muros y bordillos. Cortando con la punta del hilo y no con toda su longitud, el consumo baja mucho.
Lo que no se hace nunca
Circula por internet la idea de sustituir el hilo por cadena de motosierra, alambre, cable de acero o hilo metálico. No se hace. Un elemento metálico en un cabezal diseñado para nylon lleva mucha más energía, no se rompe cuando engancha un obstáculo y devuelve el golpe a la máquina y al operario; puede romper el cabezal y lanzar fragmentos metálicos. Es una de las modificaciones más peligrosas que se hacen a una herramienta de jardín.
Tampoco se quita ni se recorta el protector, que es lo que desvía las piedras y lo que lleva la cuchilla que corta el hilo a su largo correcto. Si el trabajo pide cortar zarza o brote leñoso, la solución no es un invento: es el accesorio de corte que el fabricante homologa para esa máquina, con su protector y su arnés correspondientes.

Aprovecha para revisar cuatro cosas
- La cuchilla cortahílo del protector: si está redondeada o falta, el hilo sale demasiado largo y frena el motor.
- El muelle y la perilla del cabezal, que son las piezas que se pierden al abrirlo sobre la hierba.
- Los ojales, que se desgastan en forma de muesca y ahí el hilo se corta solo.
- El protector y sus tornillos, que con la vibración se aflojan.
En resumen
El cambio de hilo tiene un orden y el primer paso es de seguridad: máquina parada, bujía o batería desconectada, silenciador frío. Después, identificar el cabezal, respetar el diámetro que admite la máquina, bobinar tenso y en el sentido de la flecha, y dejar las dos puntas iguales. Con eso el cabezal libera hilo cuando debe y la máquina no vibra.
Y dos cosas para que el hilo dure: guardarlo cerrado y a la sombra, e hidratarlo si lleva años parado. Nada de cadena ni de alambre en el cabezal, y el protector siempre puesto. Lo que ahorras modificando la máquina no compensa ni de lejos lo que te puede costar.