Las dalias (Dahlia spp.) son plantas exigentes. Producen una enorme masa vegetal y decenas de flores grandes en un solo verano, y todo eso sale del suelo. Pero la exigencia no significa que haya que darles de todo: una dalia mal abonada suele estarlo por exceso, no por defecto, y casi siempre por exceso de un solo elemento. Entender cuál y por qué es la clave de este cultivo.

El error del nitrógeno

Si hay una imagen reconocible en jardinería, es la de la dalia que se convirtió en un arbusto magnífico y no dio flores. Mata enorme, hojas de un verde oscuro brillante, tallos gruesos y blandos, y tres flores mediocres a finales de septiembre.

La causa es el nitrógeno (N). Este elemento impulsa el crecimiento vegetativo: hoja, tallo y brote. En exceso, la planta invierte todos sus recursos en crecer y aplaza la floración. Además, ese crecimiento blando y suculento es un imán para pulgones y arañuela roja, y hace los tallos mucho más frágiles al viento.

Hay un tercer daño, invisible hasta el invierno: el nitrógeno en exceso produce tubérculos aguanosos y mal formados, que se pudren durante el almacenamiento. Quien pierde cada año los tubérculos en la caja del garaje suele estar pagando el abonado del verano anterior.

Lo que las dalias necesitan de verdad son los otros dos macronutrientes. El fósforo (P) interviene en el desarrollo radicular y en la formación de botones florales. El potasio (K) regula el equilibrio hídrico, endurece los tejidos, intensifica el color de la flor y —muy importante— favorece la acumulación de reservas en el tubérculo, que es lo que garantiza la planta del año siguiente.

De ahí la regla práctica: abono bajo en nitrógeno y alto en fósforo y potasio. Formulaciones del tipo 5-10-10, 5-10-15 o 4-10-20 son apropiadas. Los abonos universales 20-20-20, y sobre todo los de césped, no lo son.

Dalia en plena floración

Qué abonos usar

Los abonos orgánicos son la base ideal para las dalias porque liberan nutrientes despacio y mejoran la estructura del suelo. El compost maduro o el estiércol bien hecho, incorporados al preparar el terreno, aportan fondo de fertilidad y retención de agua. El humus de lombriz es excelente y muy suave. La harina de huesos es una fuente clásica de fósforo de liberación lenta, ideal para incorporar en el hoyo de plantación. La ceniza de madera aporta potasio y calcio, pero úsala con moderación —un puñado por planta— porque alcaliniza el suelo.

Una advertencia sobre el estiércol: debe estar completamente descompuesto. El estiércol fresco quema las raíces carnosas de la dalia, y su alto contenido en nitrógeno amoniacal reproduce el problema que intentamos evitar.

Los abonos minerales son útiles por su precisión. Los granulados de liberación lenta se aplican una o dos veces por temporada y son cómodos en macizo. Los líquidos permiten ajustar la dosis con cada riego y son la mejor opción en maceta. Los abonos comerciales para tomate o para geranios tienen relaciones NPK bajas en nitrógeno y altas en potasio, y funcionan muy bien con dalias pese a no estar pensados para ellas.

Cuándo abonar: el calendario

En la plantación (abril-mayo). Incorpora compost o estiércol maduro al preparar el terreno, y añade harina de huesos o un fosfato natural en el fondo del hoyo, mezclándolo con tierra para que no toque directamente el tubérculo. No apliques fertilizante soluble ahora. El tubérculo tiene reservas propias y todavía no ha emitido raíces absorbentes: el abono no se aprovecha y solo puede quemar.

Primer abonado (planta de 25-30 cm). Cuando la dalia ya tiene sistema radicular y varias hojas —unas tres o cuatro semanas después de brotar— empieza con un abono equilibrado o ligeramente bajo en nitrógeno. Es el único momento en que un poco de N está justificado, porque la planta debe construir su estructura.

Desde la aparición de botones florales hasta finales de agosto. Cambia a una fórmula rica en potasio y fósforo y aplícala cada dos semanas en riego, o cada tres o cuatro semanas si usas granulado. Este es el periodo de mayor consumo: la planta florece sin parar y va reponiendo el tubérculo al mismo tiempo.

Septiembre: parar. A partir de finales de agosto o primeros de septiembre, suspende todo el abonado. La planta debe entrar en agostamiento, madurar tejidos y trasladar sus reservas al tubérculo. Seguir alimentándola la mantiene en crecimiento activo, produce brotes tiernos que la primera helada arrasará y deja tubérculos inmaduros que no aguantarán el invierno.

Cómo aplicarlo

Regla básica: riega antes de abonar, nunca sobre sustrato seco. Un abono soluble aplicado a tierra seca concentra sales junto a la raíz y la quema.

Con abonos líquidos, respeta la dosis del envase y, si dudas, quédate corto: es preferible aplicar la mitad de la dosis con el doble de frecuencia. Con granulados, espárcelos en corona alrededor de la planta, a unos 15-20 cm del tallo, sin que toquen el cuello, y entierra ligeramente con un rastrillo antes de regar.

Dalia rosa en un macizo de jardín

Las dalias en maceta necesitan un manejo distinto: el sustrato es limitado y se lava con cada riego. Abona con líquido a media dosis cada 10-15 días durante toda la temporada de floración, y usa un recipiente de al menos 30-35 cm de diámetro. En maceta pequeña ningún abonado compensa la falta de volumen.

El suelo ideal para dalia es suelto, profundo y con buen drenaje, con pH entre 6,5 y 7. En suelos muy alcalinos, frecuentes en buena parte de España, el hierro y el manganeso se bloquean y aparecen clorosis entre los nervios de las hojas. En ese caso el problema no se resuelve con más NPK sino con un quelato de hierro y con acidificación progresiva mediante materia orgánica.

Leer la planta

Hojas verde claro y crecimiento lento apuntan a falta de nitrógeno. Hojas oscuras, mata exuberante y pocas flores, a exceso. Bordes de hoja secos y amarronados con flores pequeñas suelen indicar falta de potasio. Amarilleo entre nervios con nervios verdes es clorosis férrica, casi siempre por pH alto y no por falta de abono. Y una costra blanquecina en la superficie del sustrato en maceta significa acumulación de sales: riega abundantemente para lavarlas y suspende el abonado un par de semanas.

En resumen

Abona las dalias con poco nitrógeno y mucho potasio y fósforo, en torno a un 5-10-15. Prepara el suelo con compost maduro y harina de huesos, no apliques nada soluble en la plantación, empieza cuando la planta tenga unos 30 cm y pasa a fórmula rica en potasio en cuanto aparezcan los botones, cada dos semanas. Riega siempre antes de abonar, mantén el granulado alejado del cuello y suspende todo aporte a comienzos de septiembre para que el tubérculo madure y sobreviva al invierno.


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