En los viveros españoles se venden con la etiqueta de «clavel chino» dos plantas que no comparten ni familia botánica ni cuidados: el Tagetes patula, que es una compuesta mexicana de flores amarillas y anaranjadas, y el Dianthus chinensis, un clavel verdadero de pétalos dentados en tonos rosas y granates. Este artículo trata del primero, el tagete, que además recibe los nombres de damasquina, clavelón, clavel moro, flor de muerto y, en el Levante, simplemente «claveles de moro». Si lo que has comprado tiene flores anaranjadas y un olor penetrante al rozar las hojas, es un tagete.

Qué es realmente el tagete

El género Tagetes pertenece a la familia de las asteráceas, la misma que la margarita o el girasol, y es originario de México y Centroamérica. Lo que llamamos «flor» es en realidad una inflorescencia compuesta por decenas de flósculos, igual que en una margarita, y por eso las variedades dobles pueden acumular tantísimos pétalos.

Las especies que se cultivan aquí son básicamente tres. Tagetes patula, la damasquina o clavel moro, forma matas compactas de 20 a 40 cm con flores de 4 a 6 cm, a menudo bicolores con el centro anaranjado y los bordes caoba. Tagetes erecta, el clavelón de la India o cempasúchil, es mucho mayor: entre 50 y 100 cm de alto, con flores esféricas y densas de hasta 10 cm que son las que se usan en México para las ofrendas del Día de Muertos. Tagetes tenuifolia es la menos vista y la más fina, con hojas casi de helecho y multitud de florecillas sencillas de 2 cm; aguanta el calor mejor que ninguna y es la que mejor funciona en jardinera colgante.

Todas comparten hojas pinnadas de color verde oscuro que, al frotarlas, desprenden un aroma resinoso muy característico que a unos les gusta y a otros no. Ese olor viene de los aceites esenciales de las glándulas de la hoja y es la base de casi todas las propiedades que se le atribuyen a la planta.

Mata de clavel chino o tagete en flor

Sol, y sol de verdad

El tagete quiere pleno sol, con un mínimo de seis horas directas al día. En media sombra la planta no muere, pero se estira buscando la luz, los tallos se vuelven quebradizos y florece la mitad. Es el error más frecuente en balcones orientados a norte o en patios interiores: se compra la planta cuajada de flor en el vivero, donde ha crecido bajo malla pero con muchísima luz, y en casa deja de florecer en tres semanas.

En el interior peninsular soporta perfectamente los 35 o 38 °C de julio siempre que no le falte agua en la raíz. En zonas muy tórridas de Andalucía o Extremadura agradece que le dé sombra a partir de las cinco de la tarde en pleno agosto, pero no por la temperatura, sino porque reduce el estrés hídrico.

Suelo y sustrato

Es una planta poco exigente y prospera en cualquier tierra de jardín que drene bien, incluidos los suelos calizos y algo pesados que abundan en media España. Tolera un rango de pH amplio, más o menos de 6 a 7,5, así que no hace falta corregir nada en circunstancias normales.

Lo único que no perdona es el encharcamiento. En suelos arcillosos conviene plantar en caballón o mezclar arena gruesa y compost bien hecho antes de plantar. En maceta basta un sustrato universal de calidad al que se le añade un 20 o 25 % de perlita o arena; en el tiesto, el drenaje importa más que la riqueza.

Y aquí va una advertencia que contradice el instinto de mucho jardinero: el tagete no quiere tierra rica. En suelo muy fértil o muy abonado produce una mata enorme de hojas verdes con cuatro flores tristes. Si vas a plantarlo en un arriate recién enmendado con estiércol, es muy probable que florezca peor que en el bancal pobre de al lado.

Riego

Riego regular pero sin exceso, dejando que se seque el centímetro o dos superiores del sustrato antes de volver a mojar. En plena canícula, una maceta de 20 cm al sol puede necesitar agua a diario; en primavera y otoño, dos veces por semana en tierra y algo más en tiesto.

Riega siempre al pie y nunca por encima. Las flores dobles de Tagetes erecta retienen el agua entre los pétalos y se pudren con facilidad, y el follaje mojado por la tarde es una invitación al oídio y a la botritis. Si usas manguera, apunta a la base.

Abonado

Con un abono líquido para plantas de flor cada quince o veinte días desde mayo hasta septiembre va sobrado, y siempre a la dosis del envase o incluso algo por debajo. Interesan las fórmulas con más potasio que nitrógeno; los abonos ricos en nitrógeno, tipo los de césped o los universales muy cargados, empujan al follaje y retrasan la floración.

En jardín, si el suelo tiene una fertilidad razonable, se puede prescindir del abonado por completo. Es literalmente una planta que rinde mejor si la maltratas un poco.

Siembra, plantación y trasplante

El tagete es anual y se siembra cada año. Es de las semillas más agradecidas que existen, ideal para empezar: son alargadas, negras con un penacho blanco, fáciles de manipular y germinan en cinco a ocho días a 20-22 °C con un porcentaje altísimo.

El calendario para la Península:

Siembra protegida: de febrero a marzo en semillero, en interior junto a una ventana muy luminosa o en invernadero. Cubre la semilla con apenas medio centímetro de sustrato, porque enterrada más honda germina peor.

Siembra directa: a partir de abril en el norte y de finales de marzo en el sur, siempre pasado el riesgo de heladas. Es igual de eficaz y evita el trasplante.

Plantación de planta de vivero: de abril a junio. Se pueden seguir plantando en julio para tener flor hasta noviembre.

Los marcos de plantación: 20-25 cm entre plantas para T. patula y T. tenuifolia, y 35-40 cm para T. erecta, que se hace grande. Apretarlos más de la cuenta favorece la botritis en otoño porque no circula el aire.

Una técnica que marca la diferencia y casi nadie aplica: pinza la punta de la plántula cuando tenga tres o cuatro pares de hojas. Pierdes dos semanas de floración y ganas una mata el doble de ramificada y con muchísimas más flores.

Plántula de tagetes recién nacida en semillero

Multiplicación

Por semilla, siempre. Puedes recolectar tú mismo las semillas: deja secar en la planta unas cuantas flores marchitas hasta que la base se vuelva parda y quebradiza, ábrela y saldrán decenas de aquenios. Guárdalos en sobre de papel, en sitio seco y fresco, y germinan bien durante dos o tres años.

Ahora bien, si la planta madre era un híbrido F1 de los que se venden en bandeja, la descendencia saldrá desigual: distintas alturas, flores más sencillas, colores que se van al amarillo. No es un fallo tuyo, es genética. Para reproducir exactamente una variedad hay que comprar semilla certificada cada año.

El esquejado es posible —los tallos enraízan en agua o en perlita en un par de semanas— pero carece de sentido práctico en una planta que muere con las primeras heladas.

Deschuponado y flor continua

Retirar las flores marchitas es la única labor de mantenimiento que de verdad cambia el resultado. La planta gasta energía en formar semilla en cuanto una flor se agota, y en cuanto detecta que ha cumplido su ciclo reproductivo frena la producción de botones nuevos. Cortando las flores pasadas cada semana, por debajo del pedúnculo, un tagete florece sin parar de junio a las primeras heladas de noviembre.

Si a mediados de agosto la mata se ha quedado desgarbada y con pocos botones, dale un recorte general quitándole un tercio de su altura y abónala. En un par de semanas rebrota y llega a octubre con una segunda floración muy digna.

Plagas

Araña roja (Tetranychus urticae). Es su problema número uno en el clima seco de la meseta y del sureste. Aparece con calor y aire seco: las hojas se motean de puntitos amarillentos, luego se broncean y se ven telarañas finísimas en las axilas. Se combate subiendo la humedad ambiental con pulverizaciones de agua en el envés al atardecer y, si va a más, con jabón potásico o un acaricida específico. El insecticida corriente no le hace nada porque no es un insecto, es un ácaro.

Pulgón. Ataca los brotes tiernos en primavera. Jabón potásico repetido cada cinco días suele bastar.

Babosas y caracoles. Devoran las plántulas recién trasplantadas en una sola noche. Es la causa más común de que desaparezcan misteriosamente los tagetes recién plantados.

Orugas de noctuidos, que agujerean los capítulos en verano. Bacillus thuringiensis funciona bien y es selectivo.

Mosca blanca, sobre todo en invernadero y en zonas costeras cálidas.

Enfermedades

Damping off o caída de plántulas, causada por hongos del suelo como Pythium y Rhizoctonia. Las plantitas recién nacidas se estrangulan por el cuello y caen. Se previene con sustrato limpio, siembra no muy densa y riego moderado, no curándola después.

Botritis (Botrytis cinerea). El moho gris que pudre las flores dobles en otoño, especialmente en la cornisa cantábrica y en cualquier zona con lluvias de septiembre. Retira las flores pasadas y no plantes apretado.

Oídio, un polvillo blanco sobre las hojas en finales de verano, más estético que grave.

Podredumbre de raíz por exceso de agua. La planta amarillea de abajo hacia arriba y se marchita aunque la tierra esté húmeda: síntoma clásico de asfixia radicular, no de sed.

Rusticidad y frío

El tagete es una planta anual de estación cálida y sensible al frío. Se para por debajo de los 8-10 °C y la primera helada, aunque sea de -1 °C, la mata en una noche: las hojas se ponen negras y traslúcidas y no hay recuperación posible.

En la costa mediterránea y en Canarias, donde puede no helar nunca, algunas plantas sobreviven al invierno y rebrotan en primavera, pero llegan feas y leñosas y no compensa conservarlas. Es más rentable arrancarlas en noviembre y volver a sembrar.

Lo que el tagete hace y lo que no hace

Aquí conviene ser preciso porque circula mucha exageración. Las raíces de Tagetes patula liberan alfa-tertienilo y otros compuestos que son nematicidas reales frente a nematodos formadores de agallas del género Meloidogyne. El efecto está documentado y es una de las pocas alternativas no químicas serias en agricultura ecológica.

Pero hay letra pequeña: para que funcione hay que cultivar el tagete en toda la superficie afectada, en densidad alta y durante dos o tres meses, como cultivo de cobertera previo al cultivo principal. Plantar cuatro tagetes en las esquinas del bancal de tomates no reduce la población de nematodos de forma apreciable. Es una diferencia importante entre lo que dice la investigación y lo que se repite en internet.

Sobre el efecto repelente aéreo frente a mosca blanca hay indicios en ensayos con tomate —los volátiles del tagete, entre ellos el limoneno, desorientan a Bemisia tabaci—, pero es un efecto de reducción parcial, no una barrera. Úsalo como una ayuda más, no como sustituto del control.

Lo que sí hace sin discusión es atraer insectos auxiliares. Sus capítulos abiertos son una fuente de néctar accesible para sírfidos, cuyas larvas devoran pulgones, y para pequeños himenópteros parasitoides. Un bancal de hortícolas con una línea de tagetes tiene claramente más fauna útil que uno sin ellos, y esa es probablemente su mejor aportación real al huerto.

Dónde queda bien

Los T. patula bajos funcionan como borde de arriate, en jardineras de balcón y para tapar el hueco que dejan los bulbos de primavera al secarse. Los T. erecta altos dan mucho volumen en el fondo del macizo y aguantan bien como flor cortada, con unos siete a diez días de vida en jarrón si se les quitan las hojas sumergidas.

Combinan especialmente bien con salvias azules, ageratos y lavandas: el contraste del naranja con el azul violáceo es de los más eficaces que hay en jardinería de temporada. Con rosas rosadas, en cambio, es difícil que quede bien.

En resumen

El clavel chino que aquí se llama tagete es un anual mexicano de cultivo sencillo, siempre que le des sol directo abundante, un suelo que drene y poco abono. Siémbralo de febrero a abril, pinza las plántulas para que ramifiquen, riega al pie sin encharcar y retira las flores marchitas cada semana: con eso tienes color de junio a noviembre. Vigila la araña roja en los veranos secos y asume que la primera helada acabará con la planta. Y si lo plantas en el huerto, hazlo por los sírfidos que atrae y como cultivo de cobertera denso contra nematodos, no esperando que cuatro plantas sueltas protejan el bancal entero.


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