Pide lirios en un vivero español y es probable que te enseñen tres plantas de tres géneros distintos. Una tendrá rizoma y hojas en abanico: es un Iris. Otra tendrá una espata blanca enrollada alrededor de un espádice amarillo: es una Zantedeschia, la cala. Y solo la tercera, con bulbo escamoso y flores de seis tépalos y seis estambres, será un lirio verdadero, del género Lilium.
Esa confusión de nombres populares no es un detalle menor, porque los tres grupos se cultivan de manera completamente distinta. Aquí hablamos de los Lilium: alrededor de un centenar de especies del hemisferio norte, más varios miles de híbridos, de las cuales una parte se puede cultivar sin problema en España y algunas incluso crecen silvestres en nuestras montañas.
Qué tienen en común todos los Lilium
Antes de repasar especies conviene fijar lo que comparten, porque explica los aciertos y los fracasos al cultivarlos.
El bulbo del lirio no tiene túnica protectora: está formado por escamas carnosas superpuestas, sin la piel seca que envuelve al de la cebolla o el tulipán. Consecuencia práctica: se deshidrata con facilidad. Un bulbo de lirio que lleva semanas en una bolsa de red en un expositor caliente, blando y arrugado, ya ha perdido buena parte de su potencial. Cómpralos firmes, pesados y con las escamas turgentes, y plántalos cuanto antes.
Muchas especies son enraizantes de tallo: además de las raíces basales, emiten raíces desde la porción de tallo enterrada. Por eso la regla general es plantar a una profundidad de tres veces la altura del bulbo, unos 15-20 cm en un bulbo mediano. Hay una excepción muy importante, la azucena, que veremos más abajo.
El terreno debe drenar bien, siempre. Los lirios toleran el frío mucho mejor que la humedad estancada en invierno: un bulbo en suelo arcilloso encharcado se pudre. La fórmula clásica —cabeza al sol y pie a la sombra— sigue siendo la mejor guía: floración a pleno sol o sol de mañana, y base del tallo cubierta por plantas bajas o acolchado que mantengan el suelo fresco.
Sobre el pH hay un matiz que casi nunca se explica y que en España importa mucho, porque abundan los suelos calizos: no todos los lirios son acidófilos. Los orientales y buena parte de los híbridos asiáticos prefieren suelo ácido o neutro, pero L. candidum, L. martagon, L. pyrenaicum y L. bulbiferum viven perfectamente sobre caliza. Si tu agua es dura y tu tierra caliza, elige entre esos.
Advertencia imprescindible si tienes gatos: todas las partes de un Lilium, incluido el polen y el agua del jarrón, son gravemente nefrotóxicas para los gatos y pueden causarles una insuficiencia renal mortal con cantidades mínimas. No es una precaución teórica. Si convives con gatos, no metas lirios en casa.
Lilium bulbiferum, el lirio naranja
Especie europea, presente de forma silvestre en los Alpes y los Pirineos, incluida la vertiente española. Alcanza entre 40 y 100 cm y produce de una a cinco flores de un naranja rojizo encendido, salpicadas de puntos oscuros, orientadas hacia arriba y con forma de copa abierta, no colgantes. Florece en junio y julio.
Su rasgo distintivo, y de ahí el nombre, son los bulbillos negruzcos que forma en las axilas de las hojas en la subespecie bulbiferum. Se desprenden solos y enraízan, de modo que la propagación es trivial: se recogen a finales de verano, se siembran a un centímetro de profundidad en un semillero con sustrato arenoso y en dos o tres años dan planta florida. La subespecie croceum, de flor más anaranjada, no suele producirlos.
Es rústico, tolera la caliza y aguanta bien los inviernos fríos del interior peninsular. Lo que peor lleva es el calor húmedo y el suelo pesado.
Lilium candidum, la azucena
El lirio de toda la vida en los patios y huertos españoles, cultivado en el Mediterráneo desde hace más de tres mil años. Flores blanco puro, en trompeta ancha y ligeramente abierta, con estambres de anteras amarillas y un perfume intenso y dulce que llena una habitación. Tallos de 1 a 1,5 m con hasta veinte flores. Florece a finales de mayo y en junio, antes que casi todos los demás.
La azucena rompe dos reglas del género y por eso se estropea tanto:
Se planta superficial. El bulbo debe quedar cubierto por apenas 2 o 3 cm de tierra, no enterrado a un palmo como el resto de los lirios. Plantada profunda, se pudre o no florece.
Se planta en agosto o principios de septiembre, no en invierno ni en primavera. Su ciclo es distinto: tras la plantación emite en otoño una roseta de hojas basales que pasa el invierno verde, y de ella sale el tallo floral en primavera. Si compras el bulbo en febrero, llegas tarde para ese año.
Le encanta el sol pleno, el suelo calizo y bien drenado y el verano seco, es decir, exactamente el clima de la mayor parte de la Península. Su enemigo es la botritis de la azucena (Botrytis elliptica), que aparece con primaveras húmedas en forma de manchas pardas ovaladas en las hojas y puede arrasar el tallo antes de que abra. Se previene plantando en sitio aireado, no mojando el follaje y retirando y quemando los restos secos al final de la temporada, donde el hongo invernaría.
Lilium lancifolium, el lirio tigre
Conocido durante décadas como Lilium tigrinum, nombre que aún se ve en las etiquetas. Es de origen asiático (China, Japón, Corea) y quizá el más fácil y agradecido de todos: vigoroso, poco exigente y capaz de superar el metro y medio con diez o quince flores por tallo.
Sus flores son colgantes y con los tépalos fuertemente recurvados hacia atrás —lo que se llama forma de turbante—, de un naranja intenso cubierto de motas negro purpúreas, con los estambres muy salientes. Florece tarde, en julio y agosto, lo que lo hace útil para alargar la temporada. También produce bulbillos oscuros en las axilas de las hojas y se multiplica solo.
Y aquí va el aviso que rara vez viene en la etiqueta: el lirio tigre es un portador habitual del virus del mosaico del lirio y suele soportarlo sin mostrar síntomas, mientras que otras especies infectadas se deforman, se motean y acaban degenerando. Si cultivas una colección de lirios, plántalo apartado del resto y controla el pulgón, que es quien transmite el virus. No hay tratamiento: el bulbo infectado se arranca y se destruye.
Lilium longiflorum, el lirio de trompeta
Originario de las islas Ryukyu, en el sur de Japón, y de Taiwán. Es el lirio blanco de floristería por excelencia, con flores largamente tubulares, de hasta 15-18 cm, horizontales o ligeramente inclinadas, de un blanco cerúleo y muy perfumadas. Ronda los 60-100 cm.
Se distingue de la azucena por la forma: la flor de longiflorum es un tubo estrecho y alargado que se abre solo en la punta, mientras que la de candidum es una copa mucho más ancha desde la base. Además florece más tarde, en pleno verano, y tiene el follaje de un verde más brillante.
Es el menos rústico del grupo: sufre con las heladas fuertes y prolongadas, así que en la meseta o en zonas de montaña conviene cultivarlo en maceta y guardarlo resguardado en invierno, o al menos acolchar bien. En la costa mediterránea y en el sur va sin problemas. Prefiere suelo ligeramente ácido y rico en materia orgánica, y agradece la sombra ligera de las horas centrales.
Es la especie que se fuerza industrialmente para venderse florida en Semana Santa. Si te regalan uno de esos, después de la floración sigue regándolo y abonándolo hasta que las hojas amarilleen solas: así el bulbo se rehace y puede plantarse en el jardín en otoño.
Lilium martagon, el lirio martagón
La especie de distribución más amplia de Europa y Asia, y silvestre en el Pirineo y en varias sierras del norte de España. Es inconfundible por dos rasgos: las hojas dispuestas en verticilos, en anillos alrededor del tallo en lugar de alternas, y las flores pequeñas, colgantes y con los tépalos totalmente enrollados hacia atrás, de color rosa malva o púrpura con puntos oscuros. Un tallo maduro puede llevar treinta o más y alcanzar 1,5-2 m. Florece en junio y julio.
Tiene tres virtudes que lo hacen muy útil en jardines españoles del norte y de zonas frescas: tolera la sombra parcial mejor que ningún otro lirio, vive bien sobre suelo calizo y, una vez asentado, es longevo y prácticamente no necesita atención.
A cambio pide paciencia. El martagón tarda dos o tres años en instalarse y a menudo el primer año casi no florece o ni siquiera brota. La tentación de desenterrarlo para ver qué pasa es el error clásico: lo que necesita es que lo dejen en paz. Tampoco se lleva bien con el trasplante, así que elige el sitio con cuidado desde el principio. Su aroma, por cierto, no es agradable: huele fuerte y algo rancio al atardecer, porque lo polinizan mariposas nocturnas.
Lilium pyrenaicum, el lirio de los Pirineos
Nuestra especie más local: crece de forma silvestre en el Pirineo y la Cordillera Cantábrica, en prados de montaña, claros de hayedo y cunetas de puerto. Es el más bajo del grupo, entre 30 y 80 cm, y también el más temprano: abre ya en mayo o principios de junio, cuando el resto de lirios todavía está subiendo el tallo.
Las flores son de turbante, colgantes, de un amarillo intenso rayado y punteado de granate, con estambres naranjas muy visibles. El tallo va densamente cubierto de hojas estrechas y lineares desde la base, un rasgo que ayuda a identificarlo. Existe la variedad rubrum, de flor rojo anaranjado.
Quiere lo que tiene en el monte: suelo calizo, drenaje excelente, sol o sombra ligera y frío invernal de verdad. En climas cálidos y de verano largo no prospera, y esa es la razón por la que fracasa tantas veces cuando se planta en el sur o en la costa. Su olor también es intenso y desagradable de cerca. Y, obviamente, se compra en vivero: no se recolecta del campo, porque las poblaciones silvestres están protegidas.
Los híbridos: lo que realmente vas a encontrar en el vivero
Los bulbos que se venden en las tiendas no suelen ser especies puras sino híbridos, agrupados en unas pocas categorías que conviene saber distinguir porque su comportamiento cambia:
Híbridos asiáticos. Los más baratos y resistentes. Flores erguidas, colores muy vivos (amarillo, naranja, rojo, rosa), tallos de 60-100 cm, floración temprana en junio. Sin perfume, lo que para muchos es una ventaja en interior.
Híbridos orientales. Derivados de L. auratum y L. speciosum. Flores enormes, blancas o rosadas con bandas y motas, muy perfumadas, en julio y agosto. Son los más exigentes: quieren suelo ácido y fresco, y en tierra caliza amarillean.
Híbridos de trompeta y aurelianos. Grandes flores tubulares, muy aromáticas, tallos altos y robustos que pueden pasar del metro y medio.
Orienpet (OT) y LA. Cruces modernos que combinan el tamaño y el perfume de los orientales con la rusticidad y la tolerancia a la caliza de los otros grupos. Si tu suelo es calizo pero quieres flores grandes y perfumadas, aquí está la respuesta.
Cuatro cosas que estropean un lirio
Cortar la flor con todo el tallo. Es el fallo más costoso. El bulbo se recarga con las hojas del tallo del año, así que si lo cortas a ras de suelo para el jarrón, el año siguiente florecerá mal o nada. Deja siempre al menos un tercio del tallo con sus hojas, y no cortes el follaje seco hasta que haya amarilleado por completo en otoño.
Dejar que cuaje semilla. Retira las flores marchitas para que la planta no invierta en fabricar cápsulas, salvo que quieras semilla para sembrar.
Ignorar el criocero del lirio (Lilioceris lilii), un escarabajo rojo brillante de un centímetro cuyas larvas, cubiertas de sus propios excrementos, devoran las hojas en pocos días. Está extendido por buena parte de Europa y presente en zonas del norte peninsular. La revisión manual del envés de las hojas en primavera y la retirada a mano son lo más eficaz.
Comprar bulbos secos y blandos en oferta de fin de temporada. Con un bulbo deshidratado no hay técnica que valga.
En resumen
Bajo la palabra «lirio» conviven en España tres géneros distintos, y solo Lilium es el lirio verdadero. Dentro del género, la elección depende sobre todo de tu suelo y tu clima: sobre terreno calizo y verano seco, apuesta por Lilium candidum, L. bulbiferum, L. martagon o los híbridos OT; en suelo ácido y fresco, los orientales y L. longiflorum; en montaña fría, L. pyrenaicum y el martagón; y si buscas algo que crezca solo, L. lancifolium, plantado aparte por su condición de portador vírico.
Las reglas de oro son pocas: bulbos firmes y recién comprados, plantación a tres veces la altura del bulbo (salvo la azucena, superficial y en agosto), drenaje impecable, cabeza al sol y pie a la sombra, y no cortar nunca el tallo entero al recolectar la flor. Y si tienes gatos, disfruta de los lirios en el jardín y no dentro de casa.