Casi todo el mundo llega al ciclamen con la misma escena: una maceta comprada en flor en diciembre que en marzo tiene las hojas amarillas, los tallos blandos y pinta de haberse muerto. No se ha muerto. El ciclamen de maceta es una planta de tubérculo que florece en la mitad fría del año y en primavera entra en reposo de verano, pierde toda la parte aérea y rebrota al final del verano si el tubérculo se ha conservado bien. Se tiran millones de plantas vivas cada primavera por no saber eso.

Y la segunda causa de fracaso, mientras todavía está en flor, es el sitio. El ciclamen quiere fresco y luz, no calor. Encima de un radiador o en un salón caldeado se derrumba en dos semanas por mucho que lo riegues. Si tienes una galería, un rellano sin calefacción o una terraza cubierta al abrigo de la helada, ahí dura meses. Para el detalle del riego, el sustrato y las plagas tienes la ficha larga de cuidados del ciclamen; aquí va lo que decide si la planta sobrevive al año.

Lámina botánica de ciclamen con flores blancas y hojas acorazonadas
Los dos rasgos del género en una lámina antigua: pétalos vueltos hacia atrás sobre un pedúnculo largo, y hoja acorazonada con el envés teñido de púrpura.

Qué planta has comprado exactamente

El ciclamen de floristería es casi siempre Cyclamen persicum, de la familia de las primuláceas, originario del Mediterráneo oriental. Lo que tiene bajo tierra no es un bulbo sino un tubérculo, un órgano macizo y aplanado del que salen a la vez las raíces por abajo y los pecíolos por arriba. La diferencia importa: un bulbo se planta enterrado, y el tubérculo del ciclamen se planta con la coronilla asomando por encima del sustrato, porque si queda tapado se pudre por el centro.

La flor también es reconocible sin equivocación posible: cinco pétalos soldados en la base y vueltos del todo hacia atrás, sobre un pedúnculo largo y desnudo. Cuando la flor se marchita, ese pedúnculo se enrolla en espiral y baja la cápsula hasta el suelo, que es el mecanismo con el que el género deja la semilla junto a la planta madre. La hoja, acorazonada y con un jaspeado plateado variable, suele tener el envés purpúreo.

El nombre despista

Verás la planta rotulada como violeta de los Alpes o violeta persa. Ni es una violeta ni tiene relación con las Viola, y la especie de maceta no es alpina. El ciclamen que sí crece en los Alpes es otro, Cyclamen purpurascens, que además es rústico al frío, algo que el persicum no es. Si compras por el nombre comercial te llevarás una sorpresa en la primera helada.

Marzo o abril: no se muere, se duerme

Cuando suben las temperaturas, la planta detiene la floración, las hojas amarillean desde fuera hacia dentro y el tubérculo empieza a retirar reservas. Ese es el final normal del ciclo, no una enfermedad. Lo que toca hacer es esto:

  • Deja de abonar en cuanto empiece el amarilleo y ve espaciando el riego hasta suprimirlo.
  • Retira las hojas secas con un tirón seco y un giro, agarrando el pecíolo en la base. No las cortes con tijera: el trozo de pecíolo que queda se pudre y la podredumbre alcanza al tubérculo.
  • Cuando la maceta esté seca y sin hojas, llévala a un sitio fresco, oscuro y ventilado, y olvídate de ella durante el verano. El tubérculo aguanta sin agua.
  • A finales de verano o principios de otoño, cuando veas asomar los primeros brotes, cámbiala a sustrato nuevo, recoloca el tubérculo con la coronilla al aire y empieza a regar poco a poco. Vuelve a la luz y al fresco.

Un tubérculo que ha pasado bien el verano suele dar al año siguiente más hojas y más flores que el primer año, aunque de flor algo menor. Las plantas de producción forzada, muy cargadas de flor y con el tubérculo pequeño, son las que peor responden.

Riego: el punto donde se pierde

El ciclamen no se riega por arriba. El agua que cae en el centro de la roseta se queda entre los pecíolos apretados y ahí empieza la podredumbre. Se riega por el plato o sumergiendo la maceta unos minutos y dejando escurrir después, y no se deja agua estancada en el plato. Sustrato con turba y material drenante, y maceta con agujero. En el este y el sur, donde el agua de grifo es dura, el ciclamen la tolera mejor que otras plantas de interior, pero el sustrato se saliniza con el tiempo y conviene renovarlo cada temporada.

Los ciclámenes de jardín, que son otra cosa

Si quieres ciclámenes que vivan solos en el jardín, no compres Cyclamen persicum. Los rústicos son otras especies, de flor mucho menor y de planta mucho más dura:

  • Cyclamen hederifolium: florece a finales de verano y en otoño, y saca las hojas después de la flor. Es el más fácil y el que mejor se naturaliza bajo árboles de hoja caduca.
  • Cyclamen coum: florece en pleno invierno, con hoja redondeada.
  • Cyclamen repandum: florece en primavera, quiere sombra fresca y suelo con materia orgánica.
  • Cyclamen balearicum: especie silvestre del Mediterráneo occidental, presente en Baleares.

Todos ellos van en sombra de árbol, en suelo suelto y con hojarasca, sin riego de verano. El sitio clásico es el pie de un caduco: tienen luz cuando lo necesitan y están secos cuando el árbol está en hoja.

Una advertencia que hace falta: los ciclámenes silvestres no se arrancan del campo. El género Cyclamen figura en el Apéndice II del CITES, incorporado al derecho comunitario por el Reglamento (CE) 338/97, con la excepción de los ejemplares reproducidos artificialmente de los cultivares de Cyclamen persicum. El comercio de tubérculos de origen silvestre está regulado precisamente porque la recolección los diezmó. Los que se venden en vivero son de propagación por semilla, y esa es la vía correcta.

Problemas frecuentes

La podredumbre blanda del tubérculo, casi siempre por agua en la corona o por plantar demasiado hondo, no tiene arreglo cuando ya ha entrado. La botritis aparece con aire parado y humedad alta, y se previene ventilando y retirando flores y hojas marchitas en cuanto se ven. El pulgón acude a los pedúnculos tiernos y se resuelve con jabón potásico, que sí funciona contra pulgón y cochinilla. Si la planta saca hojas rizadas y deformes con el crecimiento detenido, sospecha del ácaro del ciclamen, que es diminuto y no se ve a simple vista: la planta afectada suele no recuperarse y lo sensato es retirarla para que no contagie al resto.

Y un diagnóstico que evita muchos sustos: si en enero las hojas amarillean y las flores duran dos días, no es plaga, es calor. Cámbiala de sitio antes de tratar nada.

Ojo con el tubérculo: es tóxico

El ciclamen contiene saponinas triterpénicas, concentradas sobre todo en el tubérculo. Su ingestión provoca irritación digestiva y vómitos, y es un problema real con perros y gatos, que escarban en las macetas y pueden morder el tubérculo. Tenlo fuera de su alcance, sobre todo la maceta en reposo guardada en el suelo de un trastero, que es justo la situación en la que un perro la encuentra. Si hay ingestión, al veterinario.

En resumen

El ciclamen de maceta no es una flor de temporada de usar y tirar, es una planta perenne con un ciclo invertido: vegeta y florece en frío y duerme en verano. Si le das luz y fresco mientras está en flor, lo riegas por abajo y respetas su reposo estival en seco, vuelve solo cada otoño durante años.

Para el jardín, cambia de especie: hederifolium, coum o repandum al pie de un árbol caduco, siempre de vivero y nunca recogidos del campo. Y recuerda que el tubérculo es tóxico para personas y para animales de compañía.


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