Botánicamente ya no se llama así. El nombre válido de esta planta es Glebionis segetum (L.) Fourr. desde que el género Chrysanthemum se desmembró y quedó reservado a un grupo mucho más pequeño de especies asiáticas. La etiqueta antigua, Chrysanthemum segetum, sigue viva en catálogos de semillas y en la literatura de jardinería, y por eso conviene empezar por ahí: quien busca esta planta suele acabar comprando otra cosa.

Lo que sí se mantiene intacto es lo que la hace interesante: una anual de campo, amarilla entera, resistente al abandono y valiosa para los insectos, que en España tiene además una historia agrícola larga como mala hierba de los cereales.

Nombres, parientes y confusiones

En castellano se la conoce como margarita de los trigales, corona de rey o simplemente margarita amarilla, según la comarca. En inglés se llama corn marigold, y ese "corn" no alude al maíz sino al cereal en general: es una planta ligada a los campos de trigo, cebada y centeno.

La primera confusión, la más frecuente en España, es con la margaza (Glebionis coronaria, antes Chrysanthemum coronarium). Son primas hermanas y comparten porte, pero no son la misma planta. Las manchas amarillas espectaculares que cubren cunetas, barbechos y solares del Mediterráneo peninsular en abril son casi siempre margaza, no segetum. Distinguirlas es sencillo si se sabe dónde mirar:

Las hojas. En Glebionis segetum son oblongas, carnosas, de un verde glauco algo azulado, con dientes gruesos e irregulares en el borde y, sobre todo, abrazando el tallo por la base. En Glebionis coronaria están muy divididas, dos veces pinnatisectas, con aspecto de plumilla o de hoja de zanahoria.

La flor. En segetum el capítulo es enteramente amarillo dorado, disco y lígulas del mismo tono. En la margaza abundan las formas con lígulas de punta blanquecina o crema y centro más oscuro.

El suelo. Segetum prefiere terrenos ácidos, silíceos y arenosos y es mucho más abundante en el norte y el oeste peninsular, en Galicia, la cornisa cantábrica y las zonas graníticas de la meseta. La margaza tolera bien los suelos calizos y nitrificados y domina el litoral mediterráneo.

La segunda confusión es con el crisantemo de Todos los Santos, Chrysanthemum × morifolium, la mata de flor doble que se vende en noviembre. Nada que ver: aquélla es perenne, de floración inducida por el acortamiento del día y con exigencias de riego y abonado propias de planta de vivero. Ésta es una anual de secano que florece en primavera y se muere en verano.

Capítulos amarillos de Chrysanthemum segetum

Características de la planta

Es una hierba anual de la familia de las Asteráceas, con tallos erectos o algo ascendentes, glabros y ramificados en la mitad superior, que alcanzan entre 20 y 80 cm según la fertilidad del suelo. En terreno pobre se queda baja y compacta; en terreno abonado se dispara y acaba tumbándose con las lluvias.

Los capítulos son solitarios, terminales, de 3,5 a 5,5 cm de diámetro, con unas trece a veinte lígulas por cabezuela y el involucro de brácteas con margen escarioso. Como en todas las compuestas, lo que parece una flor es una inflorescencia con decenas de flores diminutas.

La floración va de abril a julio, y se prolonga hasta agosto en las zonas más frescas del norte. En el sur peninsular puede adelantarse a marzo. Los frutos son aquenios sin vilano, dimórficos: los del margen tienen alas laterales y los del disco son angulosos, una diferencia que ayuda a repartir la dispersión entre lo cercano y lo lejano.

Su origen se sitúa en el Mediterráneo oriental, desde donde se extendió con la agricultura como arqueófito, es decir, una planta introducida en tiempos antiguos que acabó comportándose como propia. Fue durante siglos una mala hierba temida en los cereales, capaz de reducir cosechas de forma seria. La generalización de los herbicidas de hoja ancha la hizo retroceder tanto que hoy figura en listas rojas de varios países europeos, y su presencia en un campo se interpreta como indicio de manejo extensivo o ecológico.

Cómo se siembra

Se cultiva por semilla y a voleo o en línea, directamente en el sitio definitivo. No merece la pena hacer semillero y trasplantar: la plántula tiene una raíz principal que sufre con el cambio, y el trasplante retrasa la floración sin ganar nada. Si hay que adelantarla, se hace en macetas de turba o alveolos grandes que se entierran enteros.

Hay dos épocas de siembra en España:

Otoño, de octubre a noviembre. Es la que reproduce el ciclo natural y la que da mejores resultados en la mitad sur y en el litoral. La planta pasa el invierno en roseta, desarrolla raíz y florece antes, más alta y con más flor.

Final de invierno, de febrero a marzo. Es la opción para el interior frío, donde una siembra otoñal puede perderse con las heladas fuertes de enero. Florece más tarde y con matas algo menores.

La semilla germina a 12-18 °C en unos diez a catorce días. Se cubre apenas, con medio centímetro de tierra fina, y se mantiene húmeda hasta la nascencia. Después conviene aclarar a 20-25 cm entre plantas: en siembras muy densas los tallos se ahílan, se tumban y aparece botritis en cuanto llueve. En maceta, un contenedor de 20 cm de diámetro admite tres plantas.

Cuidados durante el cultivo

Sol. A pleno sol, sin discusión. Es una planta de campo abierto y a la sombra produce hoja y poca flor.

Suelo. Va bien en terrenos sueltos, arenosos y pobres, y agradece los suelos ácidos o neutros. En calizas muy activas puede mostrar clorosis. Lo importante es que drene; el encharcamiento invernal la pudre.

Riego. Escaso. Con las lluvias de primavera se basta sola en buena parte de la Península. En el sur o en años secos, un riego cada diez o quince días durante la floración alarga el ciclo. En maceta, riego cuando el sustrato se seque en superficie.

Abonado. Ninguno, y no es pereza. Es una de las pocas plantas de jardín en las que abonar empeora el resultado: el exceso de nitrógeno produce plantas altas, blandas, que se vuelcan y florecen peor. Si se parte de un suelo de huerto muy enriquecido, es mejor sembrarla en la zona más pobre del jardín.

Limpieza de flores marchitas. Cortar los capítulos pasados antes de que maduren las semillas prolonga la floración varias semanas. En el momento en que la planta llena de aquenios maduros, deja de producir flor nueva y empieza a secarse.

Resiembra. Si se dejan unas cuantas cabezuelas sin cortar, la planta se resiembra sola y vuelve el año siguiente. En un prado florido eso es lo deseable; en un arriate ordenado puede convertirse en una pequeña invasión, fácil de controlar arrancando plántulas en otoño.

En cuanto a problemas, los habituales son pulgón en los brotes tiernos de primavera, babosas y caracoles sobre las plántulas recién nacidas, que son la principal causa de fallo en las siembras de otoño, y oídio y roya al final del ciclo, cuando la planta ya está en declive y no merece la pena tratar.

Crisantemos amarillos creciendo en un jardín

Para qué sirve

Praderas floridas y siembras de borde. Es un componente clásico de las mezclas de flor de campo junto a amapolas, neguillones y bituminarias. Su altura media y su floración larga rellenan el hueco entre las precoces y las de verano. Al ser anual, encaja en zonas que se siegan una vez al año, después de la fructificación.

Atracción de fauna auxiliar. Aquí está su valor real en un huerto. Los capítulos abiertos, con néctar accesible y sin corolas profundas, son visitados por abejas, sírfidos, avispas parasitoides y coleópteros polinizadores. Los sírfidos son especialmente interesantes: sus larvas devoran pulgón, de modo que una franja de Glebionis segetum junto a las hortalizas funciona como reservorio de depredadores. Sembrada en otoño, está en flor justo cuando empiezan las primeras colonias de pulgón en primavera.

Cubierta y abono verde. En olivar, viñedo y frutales se emplea dentro de mezclas de cubierta vegetal de ciclo corto: protege el suelo del impacto de la lluvia en invierno, se siega en primavera y aporta materia orgánica sin competir con el cultivo en el verano seco.

Flor cortada. Aguanta entre siete y diez días en jarrón si se corta con los capítulos recién abiertos, temprano por la mañana, y se cambia el agua cada dos días. El tallo es hueco y se dobla con facilidad, así que conviene un recipiente de boca estrecha.

Tinte natural. Las cabezuelas dan un amarillo sólido con mordiente de alumbre, un uso tradicional bien documentado en la tintorería europea.

Un apunte importante sobre el consumo: la especie que se usa como verdura en la cocina asiática, el shungiku o crisantemo comestible de las guarniciones japonesas, es Glebionis coronaria, la margaza, no Glebionis segetum. Aunque ambas se han consumido cocidas en épocas de escasez, el cultivar hortícola seleccionado y comercializado como hoja comestible es el otro, y no conviene dar por bueno el intercambio de nombres.

En resumen

Chrysanthemum segetum, hoy Glebionis segetum, es una anual de campo que se siembra directamente en otoño o a final de invierno, florece de abril a julio con capítulos enteramente amarillos y no necesita ni abono ni riegos frecuentes. Se distingue de la margaza por las hojas carnosas que abrazan el tallo y por el color uniforme de la flor, y no tiene relación de cultivo con el crisantemo de noviembre. Póngala a pleno sol, en suelo pobre y suelto, aclare las plantas para que no se tumben, corte las flores pasadas si quiere alargar el ciclo y deje algunas cabezuelas para que se resiembre. En el huerto, su mejor papel no es decorativo: es alimentar a los sírfidos que después se comerán el pulgón.


Contenidos relacionados