Bajo el nombre de "campanilla" se venden en España al menos tres plantas que no tienen nada que ver entre sí: las trepadoras anuales del género Ipomoea, la correhuela silvestre (Convolvulus arvensis), que es una mala hierba de tomo y lomo, y las Campanula, que son las auténticas campánulas de jardín. Este artículo va de estas últimas, y en particular de la Campanula carpatica, la más agradecida del género para bordes, rocallas y macetas.
Qué es la campánula de los Cárpatos
Campanula carpatica es una vivaz herbácea de la familia Campanulaceae, originaria de las zonas rocosas y calcáreas de los Cárpatos, en Europa central y oriental. Forma una mata compacta y redondeada de entre 20 y 30 cm de altura y unos 30 o 40 cm de diámetro, con hojas ovadas y acorazonadas de borde dentado y peciolo largo, agrupadas en una roseta basal densa.
La flor es lo que la distingue del resto del género. En lugar de las campanillas colgantes clásicas, produce flores solitarias sobre tallos finos, abiertas hacia arriba en forma de copa ancha, de 3 a 5 cm de diámetro, en azul violáceo, azul lavanda o blanco puro. Aparecen en tal cantidad que llegan a tapar el follaje.
Es una planta de montaña y eso condiciona todo lo demás: aguanta el frío sin inmutarse, por debajo de -20 ºC, pero le cuesta el calor seco prolongado. La diferencia práctica entre un ejemplar espléndido y uno que se rinde en julio no está en el riego, sino en dónde se plantó.
Dónde plantarla en España
Los catálogos suelen indicar "sol pleno" sin más, y ahí está el primer error. Esa recomendación viene de climas del centro y norte de Europa. En la Península hay que traducirla:
En la cornisa cantábrica, el Pirineo, la meseta norte y zonas de montaña, sol directo todo el día es lo correcto y da la floración más densa.
En Madrid, el valle del Ebro, Extremadura, La Mancha y Andalucía, lo sensato es sol de mañana y sombra desde el mediodía. Con 38 ºC y aire seco, una campánula a pleno sol se agosta aunque el sustrato esté húmedo, porque el problema es la transpiración, no la sed. Colocada al pie de un muro orientado al este, o bajo la sombra ligera de un arbusto caducifolio, se comporta mucho mejor.
En el litoral mediterráneo funciona, pero conviene asumir que en agosto se para y rebrota en septiembre. No está muerta: está esperando.
Sobre el suelo hay otra idea extendida que conviene desmontar. Se asocia la rocalla a plantas de tierra ácida, y con las campánulas ocurre lo contrario: prefieren suelos neutros o ligeramente calizos, lo cual es una gran noticia en buena parte de España, donde la tierra de jardín tira a básica. Lo que no perdonan es el encharcamiento. El drenaje pesa más que la fertilidad: una mezcla de tierra de jardín con arena gruesa o grava fina, o directamente una junta entre piedras, les va perfectamente. En maceta, sustrato universal aligerado con un 30 % de perlita o arena, y agujero de drenaje despejado.
Riego, abonado y errores frecuentes
Riego regular durante la floración, dejando secar el centímetro superior del sustrato entre aportes. En verano, en interior peninsular y en maceta, puede ser diario; en suelo bien mullido y con acolchado, dos o tres veces por semana bastan.
La causa de muerte número uno no es el frío del invierno sino la humedad del invierno. Una Campanula carpatica con la corona de la planta permanentemente mojada entre noviembre y febrero se pudre por el cuello. La solución es barata: un acolchado de grava o gravilla de 2 a 3 cm alrededor del cuello, en lugar de corteza o compost, que retienen agua junto al tallo. La grava mantiene la base seca y, de paso, dificulta el paso de las babosas.
El abonado debe ser escaso. Un aporte de fertilizante equilibrado de liberación lenta a principios de primavera es suficiente. El exceso de nitrógeno produce matas laxas, de hoja grande y color pálido, que se tumban y florecen menos. Si la planta crece mucho y da pocas flores, casi siempre sobra abono.
Floración y poda: el gesto que duplica la temporada
La floración principal va de junio a agosto, con arranque en mayo en zonas cálidas y en junio en las frías. Si se deja a su aire, la mata florece con fuerza cinco o seis semanas, empieza a formar semilla y se apaga.
El gesto que cambia el resultado es un recorte general tras la primera oleada. En cuanto la mata pierde vistosidad, hacia mediados o finales de julio, se corta con tijera de setos reduciendo el conjunto en un tercio, flores marchitas incluidas. La planta rebrota desde la base y vuelve a florecer en septiembre y buena parte de octubre. Recortar así es mucho más eficaz —y rápido— que ir quitando flores marchitas de una en una, que además es tarea interminable en una planta que produce cientos.
Con el frío, la parte aérea se seca. Se puede limpiar a ras de suelo en noviembre o esperar a finales de invierno, que es lo que prefiero: la mata seca protege la corona de las heladas y da refugio a fauna auxiliar. Lo que no conviene es cortar en pleno otoño y dejar la corona desnuda sobre tierra encharcada.
Entre los cultivares habituales en vivero, la serie 'Clips' —'Blue Clips' y 'White Clips'— es la más extendida y la más compacta; las series 'Pearl' y 'Rapido' florecen algo antes. Todas ellas se comportan igual en cuanto a cuidados.
Plagas y enfermedades
Babosas y caracoles. El enemigo serio. Devoran los brotes tiernos en primavera y pueden dejar una mata recién plantada en nada en dos noches húmedas. Se controlan con acolchado de grava, trampas de cerveza, revisión nocturna con linterna tras las lluvias o cebos a base de fosfato férrico, preferibles al metaldehído por su menor toxicidad para mascotas y erizos.
Pulgón. Se instala en los tallos florales y en los botones, que salen deformes. Con agua a presión o jabón potásico se resuelve, y en primavera avanzada las mariquitas suelen encargarse solas.
Araña roja. Aparece en verano en ambiente cálido y seco, sobre todo en maceta y en terraza. Hoja punteada de amarillo y telilla fina en el envés. Aumentar la humedad ambiental y mover la planta a una posición más fresca corrige el cuadro; el acaricida es el último recurso.
Oídio. Polvillo blanco en las hojas al final del verano, favorecido por noches frescas y días cálidos con la mata muy densa. Se previene aclarando y dando aire tras el recorte de julio.
Podredumbre de cuello y raíz. Provocada por hongos del suelo como Phytophthora o Rhizoctonia en terrenos que no drenan. No hay tratamiento razonable a nivel de jardín: se corrige el drenaje o se cambia de sitio.
Otiorrinco (Otiorhynchus sulcatus). Frecuente en cultivo en maceta. El adulto hace muescas semicirculares en el borde de las hojas —daño estético— pero la larva, blanca y con cabeza parda, se come las raíces y mata la planta sin previo aviso. Si un ejemplar en maceta se marchita de golpe y sale del sustrato sin resistencia, hay que mirar el cepellón. Se controla con nematodos entomopatógenos (Heterorhabditis bacteriophora) regados con el sustrato a más de 12 ºC, en primavera o comienzos de otoño.
Multiplicación
Semilla. Es el método más barato y el que más se falla, por un detalle: la semilla de Campanula es finísima y necesita luz para germinar. Si se entierra, no nace. Se siembra en superficie, presionando ligeramente sobre el sustrato húmedo y sin cubrir, o cubriendo apenas con una película de vermiculita. A 18-20 ºC germina en dos o tres semanas. Sembrando en febrero o marzo en semillero protegido, las plantas florecen ese mismo verano; sembrando a finales de verano, florecen a la primavera siguiente y salen más robustas. El riego, siempre por debajo o con pulverizador, para no arrastrar la semilla.
División de mata. El método más rápido y el que conserva el cultivar. Cada tres años, a principios de primavera o en septiembre, se levanta la mata y se separa en porciones con raíz y varios brotes, descartando el centro si está leñoso o hueco. Además de multiplicar, rejuvenece: una campánula sin dividir durante muchos años se ahueca por el medio y florece cada vez peor.
Esquejes basales. En primavera se toman brotes nuevos de 5-7 cm con un trocito de la base, se enraízan en arena y turba a la sombra y con humedad constante. Enraízan en tres o cuatro semanas.
Un aviso útil: la C. carpatica se resiembra sola con moderación y eso es bienvenido, pero si lo que se busca es un tapizante para cubrir un muro o un talud, las especies indicadas son Campanula portenschlagiana y Campanula poscharskyana, mucho más expansivas y capaces de vivir en una grieta con sombra seca. Conviene no confundirlas al comprar, porque su comportamiento en el jardín es completamente distinto.
Otras campanillas de jardín
Merece la pena situar la carpatica dentro de un género amplio y muy útil. Campanula medium, los farolillos, es bienal: se siembra en verano, pasa el invierno como roseta y florece a la primavera siguiente con espigas de 60 a 90 cm; después muere. Campanula persicifolia aporta tallos altos y esbeltos para el fondo del arriate. Campanula glomerata forma cabezuelas violeta compactas y aguanta bien la sequía estival del interior. Y entre las autóctonas, el rapónchigo (Campanula rapunculus) fue durante siglos una hortaliza en España: su raíz se comía en ensalada.
En resumen
La Campanula carpatica es una vivaz de montaña de 20-30 cm que florece en copas azules o blancas de junio a agosto y que, con un recorte de un tercio a finales de julio, vuelve a florecer en septiembre. Quiere suelo con buen drenaje —le van bien los calizos, no necesita tierra ácida—, sol pleno en el norte y sombra desde el mediodía en el centro y el sur, poco abono y un acolchado de grava que mantenga la corona seca, porque la humedad invernal mata más ejemplares que el frío. Vigile babosas en primavera y otoño y el otiorrinco en maceta. Se multiplica por semilla sembrada en superficie sin cubrir, por división cada tres años o por esquejes basales de primavera. Y si lo que busca es tapizar un muro, la especie adecuada no es esta, sino C. portenschlagiana o C. poscharskyana.