La etiqueta pone Calibrachoa × hybrida y eso ya te dice casi todo: lo que compras no es una especie botánica, es un híbrido de vivero. Calibrachoa es un género propio, sudamericano y de la familia de las solanáceas, emparentado con la petunia pero separado de ella desde hace décadas. Lo que llega a la maceta colgante de la tienda es un cultivar seleccionado, multiplicado por esqueje y vendido dentro de una serie comercial con nombre de marca.
Eso tiene tres consecuencias que sí te afectan: no vas a poder guardar semilla y sembrarla al año siguiente, el nombre del rótulo no identifica ninguna planta concreta, y la planta que llega a casa viene de un cultivo forzado en invernadero con un sustrato ácido y un abonado constante que en tu balcón se acaban en pocas semanas. Casi todos los fracasos de julio vienen de ahí y no de que la hayas regado mal.
Calibrachoa en flor: corolas pequeñas, de dos a tres centímetros, y mata densa que cubre el sustrato por completo.
Qué significa la × del nombre
La equis intercalada indica hibridación. Calibrachoa × hybrida no es una especie descrita en la naturaleza: es un nombre paraguas para el conjunto de cruces hortícolas obtenidos a partir de varias especies silvestres del género. Funciona igual que Petunia × hybrida, que tampoco existe en el campo, o que Rosa × hybrida en el catálogo de rosales.
Detrás de cada serie comercial hay un programa de mejora y una obtención vegetal protegida, con lo que la multiplicación está reservada al obtentor y a sus licenciatarios. De ahí que las plantas se vendan siempre enraizadas y no en sobre de semilla, salvo alguna serie reciente seleccionada expresamente para multiplicarse por semilla. Y de ahí también que el precio de una calibrachoa sea el que es comparado con una petunia de semilla.
El nombre del rótulo no es información
Las series comerciales agrupan cultivares por comportamiento, no por parentesco: hay series de mata muy colgante, otras de porte compacto para maceta pequeña, otras seleccionadas por resistir mejor el calor o por aguantar un pH algo más alto. Dentro de cada serie, los nombres son de color.
Lo útil es leer la etiqueta buscando dos datos concretos y no el nombre bonito: el porte previsto (colgante o compacto) y el diámetro de maceta recomendado. Todo lo demás es marketing. Y si compras una jardinera ya montada, mira cuántas plantas lleva dentro: una cesta de treinta centímetros con cinco o seis plantas está sobrecargada de fábrica y en agosto te pedirá agua dos veces al día.
Cómo distinguirla de una petunia en la tienda
Se venden juntas, en el mismo expositor, y muchas veces mezcladas en la misma cesta. Tres rasgos las separan sin discusión:
- El tamaño de la flor. La corola de la calibrachoa mide entre dos y tres centímetros; la de una petunia de las corrientes es del doble o más. Es el rasgo más rápido.
- El tacto. La petunia tiene el follaje y el tallo cubiertos de pelos glandulares que la dejan claramente pegajosa al pasar la mano. La calibrachoa no pega, o pega muchísimo menos.
- La hoja. En la calibrachoa es pequeña, estrecha y algo espatulada, y va muy junta en el tallo, que se lignifica en la base con el tiempo. La petunia tiene hoja mayor, más ancha y más blanda.
Una petunia colgante: compara el tamaño de la corola con la foto anterior y la diferencia salta a la vista.
Existe además un híbrido intergenérico entre los dos géneros, que se comercializa con su propio nombre y que queda a medio camino en tamaño de flor. Si te encuentras una planta con flor intermedia y follaje algo pegajoso, es probablemente eso. Para lo que sigue, se comporta más como calibrachoa que como petunia.
Si lo que buscas es la comparación completa entre unas y otras con los cuidados al detalle, está en calibrachoas, surfinias y otras petunias y en surfinia o petunia.
El agua dura es su problema en España
Esta es la parte que explica el noventa por ciento de las calibrachoas amarillentas de los balcones españoles. La calibrachoa es acidófila de raíz: quiere un sustrato claramente ácido, y en cuanto el pH del medio sube, el hierro deja de estar disponible en forma asimilable aunque lo haya de sobra en el sustrato.
El síntoma es inconfundible y hay que saber leerlo. La clorosis férrica aparece en las hojas nuevas, las de las puntas, que se vuelven amarillas dejando los nervios marcados en verde, como una red. Si el amarilleo empieza por las hojas viejas de abajo, entonces no es hierro: es falta de nitrógeno o exceso de agua.
La causa habitual no es el sustrato, que viene bien de fábrica, sino el agua del grifo. En buena parte del levante, del sur y del centro peninsular el agua es dura y alcalina, y regar todos los días con ella sube el pH del cepellón en cuestión de semanas. El viverista lo compensa acidificando el riego; en un balcón, nadie lo hace. Por eso la planta llega perfecta y empieza a clorosarse al mes de comprarla.
Lo que se puede hacer sin complicarse: usar un sustrato para plantas acidófilas en lugar de uno universal, alternar el riego con agua de lluvia recogida siempre que se pueda, y usar un abono para plantas de flor que incluya hierro quelatado. Un quelato tolera mejor el pH alto que el sulfato ferroso, que en agua caliza se bloquea enseguida.
Calibrachoa combinada con lantana en la misma jardinera: bonito, pero dos plantas con exigencias de agua distintas compitiendo por el mismo cepellón.
La cesta mixta, que es una trampa bonita
Las jardineras combinadas que venden montadas mezclan calibrachoa con lantana, verbena, bacopa o surfinia. Visualmente funcionan. Agronómicamente son un compromiso, porque cada especie tiene su propio ritmo de agua y de abono y todas comparten un volumen de sustrato pequeño.
Lo que pasa en la práctica es que la más vigorosa se come a las demás en un par de meses. La lantana, por ejemplo, aguanta la sequía y el calor mucho mejor que la calibrachoa y acaba tapándola. Si compras una cesta mixta, cuenta con que en agosto no se parecerá a la foto y con que tendrás que recortar al matón de la maceta para dejar sitio al resto.
Montar tú la jardinera con una sola especie es menos vistoso al principio y mucho más fácil de mantener. Y si quieres mezcla, junta plantas con la misma necesidad de agua.
Es una vivaz que tratamos como anual
En su origen sudamericano la calibrachoa es una mata perenne de base algo leñosa. En España se vende y se usa como planta de temporada: se compra en primavera, da flor todo el verano y se tira en otoño. No es un capricho comercial del todo, porque después de una temporada entera de floración continua la mata queda pelada por dentro, con los tallos desnudos y la flor solo en las puntas, y ya no se recupera bien.
En la costa mediterránea y en Canarias, donde apenas hiela, una planta bien alimentada puede pasar el invierno y rebrotar, aunque rara vez con el aspecto del primer año. En el interior peninsular, con heladas de verdad, no pasa el invierno fuera.
Lo que sí alarga mucho la temporada es recortar la mata a mediados o finales de julio, cuando empieza a alargarse y a florecer solo en la punta. Un recorte fuerte, riego y un abonado la hacen rebrotar desde abajo y volver a cubrir. Sin ese corte, agosto se lleva la jardinera por delante.
El sol y el agua, en su justa medida
Quiere sol, pero el sol de un mediodía de julio en una pared blanca orientada al sur y en una maceta de plástico negro es otra cosa. En el sur y en el interior, una orientación de este o de sureste, con sol de mañana y sombra en las horas centrales, da mejor resultado que el pleno sol todo el día.
El riego se hace al sustrato, nunca por encima de la flor: las corolas mojadas se pegan unas a otras y se pudren, y con ellas el brote. Y el cepellón no debe llegar a secarse del todo, porque una calibrachoa que se marchita por sequía pierde de golpe la flor abierta y tarda semanas en reponerla. Maceta de barro o de color claro, algo más grande de lo que parece necesario, y platillo solo si vacías el agua sobrante.
Plagas y otros problemas
Lo habitual en balcón es el pulgón en primavera y la mosca blanca y la araña roja en pleno calor, favorecida esta última por el aire seco y la falta de riego. Contra pulgón y cochinilla el jabón potásico funciona de verdad, aplicado a primera hora o al atardecer y mojando el envés. Contra araña roja, lo primero es corregir la sequedad.
Para cualquier tratamiento en jardinería doméstica, solo se usan productos autorizados para jardinería exterior doméstica, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis es la de la etiqueta del envase y ninguna otra. El marco general es el Real Decreto 1311/2012, cuyo principio es la gestión integrada de plagas: prevención y medios físicos y biológicos antes que el químico. Y no se trata en floración ni en horas de vuelo de las abejas, algo que en una jardinera cubierta de flores significa esperar al anochecer.
En resumen
La calibrachoa no es una petunia enana: es un género distinto, con flor de dos a tres centímetros y follaje no pegajoso, y lo que compras es un cultivar híbrido multiplicado por esqueje del que no vas a poder sacar semilla. Su punto débil en España es el agua: es acidófila y el riego con agua dura le bloquea el hierro, lo que produce el amarilleo con nervios verdes en las hojas nuevas que se ve en tantos balcones.
Sustrato para acidófilas, abono con hierro quelatado, riego al sustrato y no a la flor, sol de mañana en el sur y un recorte fuerte a finales de julio. Con eso llega a septiembre en forma. Y si montas jardinera mixta, junta plantas que pidan la misma agua, porque si no la más resistente acaba con el resto.