Si buscas "caléndulas" vas a encontrar mezcladas dos plantas que no tienen nada que ver entre sí más allá de ser compuestas y de dar flores naranjas. Por un lado está la caléndula de verdad, Calendula officinalis, la maravilla de los huertos españoles, de flor plana como una margarita grande y hoja pegajosa al tacto. Por otro está el grupo de los Tagetes, que en España se llaman clavel moro, damasquina o clavelón, y que en los catálogos traducidos del inglés aparecen como "caléndula africana", "caléndula francesa" o "caléndula mexicana" porque en inglés a todas se les dice marigold.

La confusión no es inocente: son géneros distintos, se siembran en momentos distintos, aguantan cosas distintas y sirven para cosas distintas. Casi todas las fotos que ilustran artículos de "caléndula" en internet son en realidad Tagetes. Aquí separamos las dos, y después va lo que distingue a la caléndula cultivada de su prima silvestre española, Calendula arvensis, que la vas a encontrar en cualquier cuneta.

Cómo distinguirlas en dos segundos

La caléndula (Calendula officinalis) tiene capítulos planos, de un solo piso de lígulas en las formas simples, en amarillo y naranja y nada más. La hoja es entera, alargada, de borde liso o casi, algo carnosa y pegajosa. Huele a resina suave. Y el fruto la delata: los aquenios son curvos, en forma de gancho o de gusano, muy reconocibles cuando la flor se seca.

Los Tagetes tienen la hoja dividida en folíolos estrechos, como un helecho pequeño, con glándulas oscuras que sueltan un olor fuerte y penetrante al frotarlas, muy distinto del de la caléndula. Las flores dobles forman un pompón denso y aparecen en naranja, amarillo, rojo ladrillo y bicolores rayados. Ese pompón apretado, que en las fotos parece un clavel, es la marca de la casa.

Lo que los catálogos llaman caléndula africana es en realidad un Tagetes: capítulo en pompón denso y hoja dividida en folíolos estrechos.

Los Tagetes, que son los de las fotos

Del género Tagetes, americano de origen y no africano ni francés pese a los nombres comerciales, se cultivan sobre todo estas formas.

La llamada africana corresponde a Tagetes erecta, la de mayor porte, con capítulos grandes y esféricos. Es la especie del cempasúchil mexicano, la flor de los altares del Día de Muertos, y de ahí viene su nombre alternativo de caléndula mexicana. Que se la llame africana es un despiste histórico de la horticultura europea que se ha quedado pegado al catálogo.

La llamada francesa corresponde a Tagetes patula, de planta más baja y compacta, con flores más pequeñas y muchas veces bicolores, con el borde de la lígula naranja y el centro granate. Es la que más se ve en jardineras de balcón y en bordes de parterre.

El tipo llamado francés, Tagetes patula: planta baja y flor bicolor con el centro granate.

Existe además un tercer grupo comercial, las llamadas triploides, que son híbridos entre las dos anteriores. Al ser triploides resultan estériles, no cuajan semilla y por eso no se paran a fructificar: siguen abriendo flores mientras el tiempo acompañe. A cambio, no puedes recoger semilla de ellas y hay que comprarlas cada año. Es exactamente la misma lógica que hace que un geranio de esqueje no se reproduzca por semilla.

Híbridos triploides: estériles, sin semilla, y por eso de floración muy prolongada.

Hay otras especies del género que aparecen de vez en cuando, como Tagetes tenuifolia, de flor pequeña y sencilla y mata muy ramificada. El problema es que el nombre comercial en la etiqueta rara vez coincide con la especie botánica, así que si te importa saber qué compras, mira la planta y no el rótulo.

Macizo de Tagetes en amarillo y naranja, los dos colores que dominan el género.

Calendula officinalis frente a Calendula arvensis

La caléndula de jardín y de huerto es Calendula officinalis. No se conoce en estado silvestre con seguridad y se considera una planta de origen cultivado, probablemente mediterránea. Es la de flor grande, de tres a cinco centímetros de diámetro en las formas simples y bastante más en las dobles de vivero, con lígulas anchas.

Su prima silvestre es Calendula arvensis, la caléndula de los campos, que en España sale sola en barbechos, cunetas, olivares y márgenes de camino desde el otoño hasta bien entrada la primavera. Se distingue enseguida: la flor es mucho más pequeña, de un naranja o amarillo más apagado, la planta es más tendida y desordenada, y el conjunto tiene aspecto de mala hierba y no de planta de jardín. Los aquenios curvos, en cambio, son iguales y confirman el género.

Si te aparece caléndula sola en el huerto en invierno, lo más probable es que sea arvensis y no la cultivada escapada. Merece la pena dejarla en los bordes: florece cuando casi nada florece y sostiene a los insectos del invierno mediterráneo.

Por qué la caléndula funciona como planta de borde

La caléndula es una de las pocas flores que aguanta el frío del invierno español en casi todo el país y que florece de verdad entre noviembre y mayo en el sur y el levante. Eso la convierte en la planta de borde natural del huerto de invierno, la temporada en la que el huerto está lleno de coles, habas y ajos y vacío de flores.

Lo que aporta es refugio y polen para la fauna auxiliar en la época en la que escasea: sírfidos, cuyas larvas comen pulgón, y pequeños himenópteros parásitos. Ese es el mecanismo real y comprobable de una planta de borde: no repele nada por sí sola, sino que mantiene una población de depredadores cerca del cultivo antes de que llegue la plaga. Se planta en el margen y en las cabeceras de bancal, no entremedias de las hortalizas, porque compite por agua y luz.

Hay un punto más que conviene decir con cuidado. A los Tagetes, sobre todo a Tagetes patula, se les atribuye un efecto sobre nematodos del suelo, y sobre eso sí existe trabajo agronómico serio. Pero el efecto depende de la especie, del nematodo concreto y de que se cultive como cultivo de cobertura durante una temporada entera, no de poner cuatro matas en una esquina. Plantar dos clavelones al lado del tomate no protege el tomate de nada.

Si lo que buscas es el cultivo paso a paso, la siembra y los cuidados están en cultivo de caléndulas y en la caléndula, la maravilla de todos los meses.

Jardineras de balcón con anuales de flor naranja, el destino más común de estas plantas en ciudad.

La flor comestible, con las reglas de siempre

Las lígulas de Calendula officinalis se han usado en cocina desde antiguo para dar color a caldos y arroces, y de ahí le viene el apodo de azafrán de los pobres. Colorea, pero no sabe ni huele a azafrán, así que como sustituto es un apaño de color y poco más. Se usan solo las lígulas, frescas o secas, y se descarta el centro, que amarga.

Las dos reglas que no se saltan. Primera: una flor de floristería o de vivero no se come nunca. Esa planta se ha cultivado como ornamental, no como alimento, y ha podido recibir tratamientos fitosanitarios que no están autorizados para cultivos destinados a consumo. Si quieres comerte las flores, siémbralas tú a partir de semilla y no las trates. Segunda: identifica bien la planta. Las lígulas de Calendula officinalis son comestibles; el follaje de los Tagetes no es lo mismo y hay especies del género cuyo uso culinario está restringido a formas concretas.

Sobre las propiedades medicinales que se le atribuyen a la caléndula, aquí no entramos. Hay uso tradicional documentado y muy largo, pero eso es tradición, no es un tratamiento y no sustituye a uno.

Dos avisos prácticos

El follaje de los Tagetes puede provocar dermatitis de contacto en personas sensibles, y el olor fuerte que suelta al frotarlo viene de compuestos que en algunos casos se comportan como fotosensibilizantes. Si arrancas o pinzas muchas matas seguidas en verano, guantes y manga larga.

Y el aviso que más se busca: ni la caléndula ni los Tagetes figuran entre las plantas de jardín de toxicidad grave para perros y gatos. La ingesta puede causar molestia digestiva o irritación, como con casi cualquier planta, pero no son del grupo de la adelfa, el ricino o los lirios del género Lilium. Aun así, no hay motivo para dejar que un animal se coma el parterre.

En resumen

"Caléndula" nombra en realidad dos cosas. Calendula officinalis es la maravilla del huerto: flor plana, hoja entera y pegajosa, aquenios en gancho, floración de invierno y primavera y un papel real como planta de borde para la fauna auxiliar. Su prima silvestre, Calendula arvensis, es la misma idea en pequeño y sale sola por toda España.

Lo que los catálogos llaman caléndula africana, francesa o mexicana son Tagetes, un género americano distinto, de hoja dividida y olor fuerte, con flores en pompón y un grupo de híbridos triploides estériles que florecen sin parar porque no cuajan semilla. Mirar la hoja basta para no confundirlos nunca más.


Contenidos relacionados