Meter una begonia en el rincón más oscuro del salón porque «es planta de sombra» es la manera más rápida de quedarse sin ella. El género Begonia agrupa más de 1.800 especies descritas, en su inmensa mayoría procedentes del sotobosque tropical, y ese hábitat no es oscuridad: es luz abundante pero filtrada por las copas, con humedad alta y temperaturas suaves. Traducido al jardín y a la casa españoles, una begonia quiere el sitio más luminoso que puedas darle siempre que el sol directo no le caiga encima en las horas centrales del día. Esa distinción entre sombra y penumbra explica buena parte de las begonias que se estiran, pierden color y acaban en el cubo.
El otro motivo de fracaso es tratar a todas por igual. Bajo el mismo nombre comercial conviven plantas con raíces, tallos y ciclos completamente distintos: unas son de temporada y se tiran en octubre, otras pierden la parte aérea y pasan el invierno como un tubérculo en una caja, y otras son perennes de interior que viven años. Saber en qué grupo está la tuya es lo que decide cómo se riega, cómo se multiplica y qué se hace con ella cuando llega el frío.
Los grupos de begonia y en qué se diferencian
La clasificación que usan viveristas y coleccionistas no es botánica sino práctica: se basa en el tipo de raíz y de tallo, porque de ahí se deduce el manejo.
Begonias de flor o de temporada (Begonia semperflorens-cultorum). Son las de macizo, de mata compacta, hoja carnosa verde o bronce y floración continua. Su origen está en Begonia cucullata. Aguantan mucho más sol que el resto: las de hoja bronceada viven perfectamente a pleno sol en el norte peninsular y a sol de mañana en el interior, siempre que no falte agua. Son técnicamente perennes, pero con la primera helada se van, así que aquí se cultivan como anuales de verano.
Begonias tuberosas (Begonia × tuberhybrida). Las de flores grandes, dobles, de aspecto de camelia o de clavel, en amarillo, naranja, rojo, rosa y blanco. Tienen un tubérculo aplanado que rebrota cada primavera y un ciclo marcado: brotan en marzo, florecen de junio a octubre y se van amarilleando en otoño. Dentro del grupo están las variedades pendula, de porte colgante, insustituibles en cestas y balconeras a media sombra.
Begonias rex (Begonia rex-cultorum). Se cultivan por la hoja, no por la flor: espirales plateadas, morados metálicos, bordes rojos. Son rizomatosas, de interior, y las más exigentes en humedad ambiental. La flor es insignificante y conviene cortarla para que la planta no se debilite.
Begonias rizomatosas. Un rizoma grueso que repta por la superficie del sustrato y de él salen las hojas directamente, sin tallo aparente. Begonia bowerae (la «begonia ojo de tigre») o los híbridos tipo Begonia «Erythrophylla» son las más vistas. Son las más agradecidas de todo el género para interior: perdonan olvidos de riego que a una rex la matan.
Begonias de caña o «alas de ángel». Tallos erguidos con nudos abultados, como el bambú, y hojas asimétricas colgantes. Begonia maculata «Wightii», con sus lunares plateados y el envés vinoso, es la más popular de los últimos años; Begonia coccinea y los híbridos altos pueden pasar del metro y medio. Florecen en racimos colgantes durante buena parte del año.
Begonias elatior (Begonia × hiemalis). El híbrido entre las tuberosas y Begonia socotrana que se vende en floristería en maceta pequeña, cuajado de flores dobles. Están forzadas con fotoperiodo en el invernadero, y ahí está el malentendido: en casa suelen dejar de florecer y la gente cree que las ha matado. No las ha matado; simplemente ha terminado el ciclo forzado. Con poda tras la floración y buena luz vuelven a rebrotar.
Begonia boliviensis y sus híbridos modernos merecen mención aparte: flores tubulares colgantes de color naranja fuego, gran resistencia al calor y a algo de sol directo, y una tolerancia a la sequía que ninguna otra begonia de balcón tiene. Para un balcón orientado al este en Madrid o Zaragoza es la apuesta más segura del grupo.
Qué luz necesitan de verdad
Conviene traducir «sombra» a algo medible. Una begonia rex o rizomatosa quiere estar a menos de un metro de una ventana orientada al norte o al este, o algo más retirada de una ventana sur con visillo. Si la planta emite hojas cada vez más pequeñas, con los pecíolos alargados y el color plateado o rojo apagándose hacia el verde, le falta luz: los pigmentos que hacen bonita a una rex son precisamente los que la planta deja de fabricar en penumbra.
En exterior, la referencia útil es la sombra de árbol de hoja caduca o el lado norte de la casa: luz cenital todo el día, sol directo nunca o solo en la primera hora. En el sur y en el interior peninsular, el sol de junio a agosto a partir de las once quema las hojas de cualquier begonia salvo las semperflorens de hoja bronce, y el daño aparece como manchas secas y translúcidas que no se recuperan.
Un matiz de calendario: en octubre y en marzo el sol es mucho más manso, y una begonia que en verano se achicharraba en un sitio puede agradecer ese mismo sol en media estación. Mover las macetas dos veces al año vale más que cualquier fertilizante.
Sustrato y riego: donde se pierde la planta
Las begonias tienen raíces finas y superficiales que se pudren con una facilidad pasmosa. El sustrato debe ser ligero, poroso y ligeramente ácido, en torno a pH 5,5-6,5. Una mezcla que funciona bien: dos partes de sustrato universal de turba, una de perlita y una de fibra de coco o corteza fina. Los sustratos compactados de saco barato, muy negros y con tendencia a apelmazarse, son la causa directa de muchas pérdidas.
Sobre el riego, la regla es esperar a que los dos o tres primeros centímetros del sustrato estén secos al tacto, y entonces regar a fondo hasta que drene, vaciando el plato a los diez minutos. Regar poco y a menudo mantiene el cuello permanentemente húmedo y es justo lo que necesita Pythium para provocar la podredumbre del cuello, que se manifiesta como un tallo blando y oscuro a ras de sustrato y no tiene arreglo cuando se ve.
Aquí conviene deshacer otro tópico: las begonias piden humedad ambiental alta, no hojas mojadas. Pulverizar el follaje es contraproducente, porque el agua que queda depositada en las hojas aterciopeladas de una rex favorece la Botrytis y las bacteriosis. La forma correcta de subir la humedad es agrupar macetas, poner la maceta sobre un lecho de arcilla expandida con agua que no toque el fondo, o usar un humidificador en invierno cuando la calefacción baja la humedad relativa por debajo del 40 %.
El agua muy caliza deja depósitos y provoca clorosis en las de hoja fina. Si vives en una zona de agua dura —buena parte del interior y del Levante—, deja reposar el agua o usa agua de lluvia para las rex.
El ciclo de las tuberosas paso a paso
Este grupo es el que más dudas genera, porque exige un manejo estacional que las otras no tienen.
El tubérculo se pone a brotar en marzo, en interior o invernadero, enterrado a ras de superficie en un sustrato apenas húmedo. La orientación importa: la cara cóncava, la que tiene forma de cuenco, va hacia arriba; puesto del revés, el tubérculo tarda semanas en salir o se pudre. Hasta que no haya brotes de dos o tres centímetros el riego debe ser mínimo.
Se planta fuera cuando ha pasado el riesgo de helada, que en la costa mediterránea es abril y en la meseta o el interior de Castilla puede ser mediados de mayo. Durante la floración agradecen abono rico en potasio cada diez o quince días.
En septiembre u octubre, cuando las hojas empiezan a amarillear, se corta el riego progresivamente y se deja que la planta seque la parte aérea sola: es cuando el tubérculo termina de cargarse de reservas, así que arrancarla verde en octubre es sacrificar la floración del año siguiente. Después se desentierra, se limpia de tierra, se deja orear unos días y se guarda en una caja con turba seca, serrín o vermiculita, a oscuras y entre 8 y 12 °C. Un trastero fresco vale; un garaje que hiele, no.
Un detalle que casi nadie aplica: las begonias tuberosas son monoicas y dan flores masculinas grandes y dobles junto a flores femeninas más pequeñas y sencillas, reconocibles por el ovario alado de sección triangular que llevan detrás del pétalo. Pellizcando esas femeninas en cuanto asoman, la planta concentra recursos y las flores dobles salen notablemente mayores. Es el truco de los cultivadores de exposición.
Cómo multiplicarlas
Pocos géneros se reproducen tan fácilmente por hoja. En las rex y rizomatosas, la técnica clásica consiste en tomar una hoja sana, darle la vuelta y hacer cortes transversales sobre los nervios principales con una cuchilla limpia; después se tumba sobre sustrato húmedo de turba y perlita, sujeta con horquillas o piedrecitas para que los cortes contacten con el sustrato, y se cubre con plástico o campana. A 20-24 °C, en tres o cuatro semanas brotan plantitas en cada corte. La variante en cuñas —trocear la hoja en triángulos, cada uno con un trozo de nervio, y clavarlos de punta— da resultados igual de buenos y ocupa menos.
Las de caña se hacen por esqueje de tallo de dos o tres nudos, en primavera, con enraizamiento en agua o en sustrato. Las rizomatosas también admiten división del rizoma, cortándolo en trozos con al menos una yema.
Las semperflorens se siembran, y la semilla es de las más finas que existen, casi polvo. Se siembra en enero o febrero en semillero caliente, sin cubrirla, porque necesita luz para germinar, y se riega por capilaridad desde abajo para no arrastrarla. Tarda entre diez y veinte días a 22 °C y el crecimiento inicial es lentísimo; hay que armarse de paciencia hasta abril.
Plagas y enfermedades habituales
El oídio es el problema número uno, sobre todo en tuberosas al final del verano: polvo blanco en el haz cuando los días son cálidos y las noches frescas y húmedas. Se previene con aireación —no amontonar macetas— y se trata con azufre mojable o bicarbonato potásico, evitando el azufre por encima de 30 °C porque quema.
La botritis aparece como moho gris en flores marchitas y hojas viejas en otoño e invierno; la solución es mecánica: retirar flores pasadas y hojas caídas antes de que se pudran encima de la planta.
La bacteriosis de la begonia (Xanthomonas campestris pv. begoniae) da manchas acuosas translúcidas a contraluz en el borde de la hoja, que después se vuelven pardas con halo amarillo. No tiene cura química doméstica: se retira la planta afectada, y sobre todo se deja de mojar el follaje, porque la bacteria se dispersa con las salpicaduras.
Entre los animales, pulgón y mosca blanca en exterior, cochinilla algodonosa en las axilas de las de caña, y en interiores muy secos araña roja. Merece atención especial el ácaro del bronceado (Polyphagotarsonemus latus), que ataca a las rex y a las tuberosas: no se ve a simple vista y produce hojas nuevas deformadas, encogidas y con brillo metálico o bronceado. Se confunde con virus o con falta de agua, y cuando se identifica ya ha arruinado toda la brotación.
Rusticidad y qué esperar en el jardín español
Ninguna begonia de las cultivadas habitualmente resiste heladas. Las semperflorens sufren ya por debajo de 5 °C, las rex y las de caña se paran por debajo de 12-15 °C y las tuberosas necesitan reposo en seco pero no congelación. La excepción práctica es Begonia grandis subsp. evansiana, herbácea vivaz que rebrota de un tubérculo enterrado y aguanta inviernos con heladas moderadas si el suelo drena bien: la única begonia con la que se puede hacer un macizo permanente a media sombra en buena parte de la Península.
En el norte húmedo —Galicia, cornisa cantábrica, Pirineo— las begonias de exterior van solas: humedad ambiental alta y veranos suaves. En el interior seco y en el sur, el enemigo no es el sol sino la combinación de aire seco y calor: con 35 °C y 20 % de humedad relativa, una begonia se cierra aunque tenga agua en la maceta. En esos climas el sitio bueno es un patio interior, un porche orientado al norte o el pie de un muro que sombree por la tarde.
En resumen
Las begonias no son plantas de oscuridad sino de luz filtrada, y ese es el ajuste que más resultados da. A partir de ahí, identifica el grupo: las semperflorens son de temporada y toleran sol si tienen la hoja bronce; las tuberosas exigen su ciclo de reposo invernal a 8-12 °C con el tubérculo desenterrado; las rex y rizomatosas son perennes de interior que quieren humedad ambiental sin hojas mojadas; las de caña se hacen grandes y se multiplican por esqueje de tallo. Sustrato aireado y ligeramente ácido, riego a fondo solo cuando la superficie está seca, nada de pulverizar el follaje y aireación suficiente para dejar fuera al oídio y a la botritis. Con eso cubierto, es un género que se propaga solo a partir de una hoja y que da color en los rincones donde casi nada más florece.