Más de 2.000 especies descritas y un catálogo comercial que roza los 10.000 cultivares: el género Begonia es uno de los más numerosos de las plantas con flor, y esa cifra tiene una consecuencia práctica directa. Cuando alguien dice "tengo una begonia y no sé cuidarla", la respuesta depende por completo de cuál de ellas tenga, porque una Begonia rex y una begonia tuberosa quieren cosas casi opuestas.
Lo primero, entonces, no es la lista de cuidados: es identificar el tipo de planta que hay en la maceta.
Los tres grupos que hay que distinguir
Los jardineros clasifican las begonias por el tipo de raíz o tallo subterráneo, y no por capricho: de ahí se deducen el riego, el reposo invernal y la forma de multiplicarlas.
Rizomatosas. Crecen a partir de un rizoma grueso que repta por la superficie del sustrato, del que salen hojas con peciolos largos. Aquí está el gran grupo decorativo de hoja: las Begonia rex y sus híbridos (Begonia × rex-cultorum), con hojas jaspeadas en plata, granate, verde metálico o púrpura, cultivares en espiral como 'Escargot', y también Begonia masoniana, la begonia cruz de hierro, y las pequeñas Begonia bowerae. La flor es discreta y muchos las despuntan para que la planta invierta en follaje. Son las verdaderas begonias de interior.
De raíz fibrosa. Raíces normales, sin órgano de reserva. Incluye la begonia de flor (Begonia × semperflorens-cultorum), de porte bajo y floración continua, y las begonias de caña o "ala de ángel": Begonia maculata —la de hojas con lunares plateados y envés rojo—, Begonia coccinea y sus híbridos, con tallos erguidos y nudosos que pueden pasar del metro y medio y racimos colgantes de flores rosas o coral. Estas últimas son plantas de salón espectaculares y sorprendentemente resistentes.
Tuberosas. Begonia × tuberhybrida y Begonia boliviensis, con flores enormes y dobles, casi de camelia, o colgantes en cascada. Son plantas de balcón y jardinera, no de interior, y tienen un reposo invernal obligatorio: en otoño amarillean y pierden toda la parte aérea. Eso no es que se hayan muerto, es su ciclo. El tubérculo se guarda seco, en un lugar fresco y oscuro entre 8 y 12 °C, y se replanta en marzo o abril.
Tirar una begonia tuberosa en noviembre pensando que se ha secado es uno de los errores más habituales, y perfectamente evitable.
Dónde ponerlas en casa
Las begonias de interior proceden del sotobosque tropical húmedo del sudeste asiático y de Sudamérica. Viven bajo la copa de los árboles, con luz intensa pero tamizada. Traducido a una vivienda española:
Ventana orientada al este. La mejor posición sin discusión. Sol suave de primera hora y luz brillante el resto del día.
Ventana al norte. Buena para las rex más delicadas, siempre que sea una ventana amplia y no quede tapada por un edificio enfrente.
Ventana al sur o al oeste. Solo con un visillo por medio o retirando la planta un metro o metro y medio del cristal. El sol directo de una tarde de julio en Madrid o Sevilla quema el follaje de una rex en una sola tarde: aparecen manchas pardas secas y crujientes que ya no se van.
La señal de que falta luz es igual de clara: peciolos que se estiran buscando la ventana, hojas nuevas más pequeñas y pálidas, y en las variegadas, pérdida del jaspeado plateado o rojizo, que es lo que se compró en primer lugar. La variegación es cara de mantener para la planta y es lo primero que sacrifica cuando escasea la luz.
El baño con ventana es un sitio excelente para una begonia rizomatosa, por la humedad. Lo que hay que evitar en toda la casa son las corrientes de aire y la proximidad a un radiador: ambas cosas, por motivos distintos, resecan el follaje.
Humedad: donde se equivoca medio internet
Las begonias quieren humedad ambiental alta, del orden del 50-60 %, y en un piso con calefacción en enero es fácil bajar del 30 %. El consejo que circula por todas partes es pulverizar las hojas. Con las begonias, es mala idea.
El follaje de las rex y de las rizomatosas es aterciopelado, con pelillos que retienen el agua durante horas. Esa película de agua sobre la hoja es exactamente lo que necesita Botrytis cinerea para instalarse, y también favorece el oídio, que en este género es una plaga constante. El resultado de pulverizar a conciencia son manchas pardas de bordes blandos y un moho gris sobre los peciolos.
Las alternativas que sí funcionan:
Bandeja de grava con agua. Un plato ancho con guijarros o arlita y agua por debajo del nivel de la maceta, de modo que la base no toque el agua. La evaporación crea un microclima húmedo alrededor de la planta.
Agrupar plantas. Varias macetas juntas transpiran y elevan la humedad local entre ellas.
Humidificador. La solución más eficaz si en casa hay calefacción central fuerte.
Alejarlas del radiador. Obvio y sistemáticamente ignorado. El aire caliente y seco ascendente es el origen de la mitad de los problemas de araña roja en invierno.
Riego
Ninguna begonia perdona el encharcamiento. Sus raíces son finas y el rizoma, carnoso, se pudre con facilidad si permanece en contacto con sustrato empapado.
La regla: regar cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato estén secos al tacto, y hacerlo entonces a fondo, hasta que drene por los agujeros, vaciando el plato a los diez minutos. En verano, en un piso luminoso, eso suele significar una o dos veces por semana; en invierno, con la planta prácticamente parada, cada diez o quince días.
Dos precisiones importantes:
Nunca sobre el rizoma ni sobre el corazón de la planta. Se riega el sustrato por el borde de la maceta. El agua acumulada en la corona de una rizomatosa provoca podredumbre en pocos días.
Agua a temperatura ambiente. El agua fría del grifo directa en invierno produce un choque térmico en las raíces que se manifiesta como manchas y caída de hojas. Si el agua es muy calcárea —el caso de buena parte del levante, Madrid o Zaragoza—, dejarla reposar 24 horas ayuda algo, aunque lo que realmente elimina la cal es el agua de lluvia o el agua osmotizada.
Sustrato y maceta
Sustrato ligero, aireado y con capacidad de retener algo de humedad sin compactarse. Una mezcla que funciona bien: 50 % de turba rubia o fibra de coco, 25 % de perlita y 25 % de sustrato universal, con un puñado de corteza de pino fina si se quiere más aireación. El pH ideal ronda 5,5-6,5.
Para las rizomatosas hay un detalle que marca la diferencia: macetas anchas y poco profundas. El rizoma crece en horizontal, en los primeros centímetros, y un tiesto hondo lleno de sustrato que nunca se seca del todo es la receta de la podredumbre. Una rex adulta vive perfectamente en un cuenco de 20 cm de diámetro y 10 de fondo.
Estas plantas prefieren estar algo justas de maceta. Trasplante en primavera, cada dos años, y subiendo un solo número.
Temperatura y abonado
El rango cómodo va de 18 a 24 °C. Por debajo de 13 °C se paran y empiezan a perder hojas; por debajo de 10 °C sufren daños permanentes. Esto descarta la terraza acristalada sin calefacción en el interior peninsular durante el invierno y, desde luego, cualquier posición junto a una ventana que se abra en enero.
El otro extremo también cuenta: por encima de 30 °C, con aire seco, se detienen. Un salón cerrado en agosto en Córdoba no es un buen sitio para una rex.
Durante el crecimiento activo, de marzo a septiembre, abono líquido cada dos o tres semanas a la mitad de la dosis indicada: es un género sensible al exceso de sales, que se manifiesta como bordes de hoja quemados y costra blanca en la superficie del sustrato. Para las de hoja, un abono equilibrado tipo 7-7-7 o incluso ligeramente más nitrogenado; para las de flor, uno con más potasio. De octubre a febrero, nada de abono.
Problemas frecuentes y qué significan
Polvo blanco harinoso en las hojas. Oídio, el problema crónico del género. Aparece con humedad ambiental alta y aire quieto. Retira las hojas afectadas, mejora la ventilación, separa las macetas y trata con bicarbonato potásico o azufre mojable (este último nunca con más de 30 °C).
Moho gris sobre peciolos y hojas viejas. Botritis. Casi siempre por pulverizar, por riego sobre la corona o por hojas muertas que se han quedado sobre el sustrato. Limpieza y aireación.
Puntos algodonosos blancos en las axilas. Cochinilla algodonosa. Se retira con un bastoncillo empapado en alcohol de 70° y después jabón potásico, repitiendo cada semana durante tres semanas.
Punteado amarillo fino y telarañas en el envés. Araña roja, siempre asociada a aire seco y caliente. Subir la humedad ambiental es la mitad del tratamiento.
Hojas inferiores amarillas y blandas con sustrato húmedo. Exceso de riego. Deja secar, comprueba que el drenaje funciona y revisa si hay agua estancada en el plato.
Bordes de hoja secos y marrones, crujientes. Aire demasiado seco o exceso de sales por abonado. Distínguelos por la costra blanquecina del sustrato: si la hay, es abono.
Caída súbita de casi todas las hojas. Cambio brusco de ubicación, corriente fría o choque térmico. Si el rizoma está firme, la planta rebrota; mantenla estable y riega poco mientras tanto.
Multiplicarlas es más fácil de lo que parece
Las rizomatosas se reproducen por esqueje de hoja, y es una de las cosas más agradecidas que se pueden hacer con una planta de interior. En primavera o principios de verano, corta una hoja sana con un trozo de peciolo, dale la vuelta y haz cortes transversales en los nervios principales con una cuchilla limpia. Apoya la hoja del revés sobre una mezcla de turba y perlita húmeda, sujétala con unos alfileres o unas piedrecitas para que los cortes toquen el sustrato, y cubre con una bolsa transparente o una campana. A 21-24 °C, de cada corte brota una plantita en cuatro a ocho semanas.
Otra variante: cortar la hoja en triángulos, cada uno con un nervio principal en el vértice, y clavarlos por ese vértice en el sustrato.
Las de caña y la begonia de flor van por esqueje de tallo: 8-10 cm cortados bajo un nudo, sin las hojas inferiores, en turba con perlita, con raíces en dos o tres semanas.
Las tuberosas se multiplican dividiendo el tubérculo en primavera, cuando ya se ven los brotes, dejando al menos una yema por porción y espolvoreando el corte con canela o azufre para que cicatrice antes de plantarlo.
Cuáles elegir según el sitio
Estantería luminosa o mesa junto a ventana este: Begonia rex. Es la que aporta más color sin depender de la floración, y las hay en combinaciones de plata, púrpura y verde oscuro que compiten con cualquier planta de flor.
Rincón de salón con altura disponible: Begonia maculata 'Wightii' o una begonia de caña. Porte vertical, hoja gráfica y racimos colgantes de flor en primavera y verano. Necesita tutor a partir del metro y un pinzado anual para que no se quede pelada por abajo.
Baño con ventana: Begonia masoniana o Begonia bowerae, que agradecen la humedad extra.
Balcón o terraza en sombra luminosa: begonias tuberosas colgantes o Begonia boliviensis, de mayo a octubre. Aquí sí hay flor grande y espectacular.
Jardinera de exterior en media sombra: begonia de flor, la más sencilla de todas y la que aguanta el peor trato.
En resumen
Antes de cuidar una begonia hay que saber de qué grupo es: rizomatosa (hoja decorativa, interior, maceta ancha y baja), de raíz fibrosa (de flor o de caña, las más tolerantes) o tuberosa (exterior, flor grande y reposo invernal obligatorio con el tubérculo guardado en seco).
A partir de ahí, los cuidados comunes son pocos y claros: luz brillante sin sol directo de mediodía, entre 18 y 24 °C y nunca por debajo de 13, sustrato aireado y drenante, riego cuando los primeros centímetros estén secos y siempre por el borde de la maceta, y abono a media dosis cada dos o tres semanas de marzo a septiembre.
Y una cosa que conviene recordar por encima de las demás: no pulverices las hojas. La humedad ambiental se sube con bandejas de grava, agrupando macetas o con un humidificador. Mojar el follaje de una begonia es invitar al oídio y a la botritis, y esos dos hongos hacen más daño en este género que cualquier descuido de riego.