Rosa fuerte, salmón, carmesí, malva, blanco puro, amarillo yema, naranja encendido, bicolor con la garganta moteada: en el catálogo de la azalea hay prácticamente todo menos azul. Ninguna de las que se venden como "azules" lo es de verdad; son violetas más o menos fríos, y saberlo antes de comprar evita una decepción de cien euros cuando la planta abre en abril.

Detrás de esa variedad de color hay un grupo botánico bastante concreto. Las azaleas pertenecen al género Rhododendron, del que se separaron durante un siglo por razones de jardinería más que de taxonomía. Lo que las distingue de un rododendro clásico es que suelen llevar cinco estambres en lugar de diez, hojas más pequeñas, a menudo con pelillos ásperos, y flores acampanadas o en embudo abierto. Dentro de ese conjunto hay cuatro familias comerciales que se comportan de manera muy distinta en el jardín, y confundirlas es la causa de la mayoría de los fracasos.

Azaleas en flor con distintos tonos de rosa

Las japonesas de hoja perenne: las más agradecidas

Son las azaleas de jardín por antonomasia en España. Derivan de especies como Rhododendron kiusianum, R. kaempferi y R. obtusum, mantienen la hoja todo el año, forman matas compactas de entre 60 cm y 1,2 m y florecen con tal densidad que en abril no se les ve el follaje.

El grupo Kurume, seleccionado en Japón desde el siglo XIX, reúne las de flor pequeña y porte denso. 'Hino Crimson' da un carmesí puro sobre hoja que broncea en invierno; 'Hinodegiri' tira más a rojo cereza; 'Coral Bells' —vendida a veces como 'Kirin'— tiene flores rosa concha con la corola doblada sobre sí misma; 'Kure-no-yuki', blanca, se ofrece como 'Snowflake'. Son plantas rústicas: aguantan bien por debajo de los -12 °C, lo que las hace viables en la meseta si el suelo y el agua acompañan.

Los híbridos Vuyk, obtenidos en Holanda a mediados del siglo pasado, cambian el planteamiento: menos flores, pero mucho más grandes. 'Vuyk's Scarlet' es probablemente la azalea roja más vendida de Europa, con corolas de hasta seis centímetros y un porte bajo y extendido. 'Palestrina', blanca con una discreta señal verdosa en la garganta, es de las pocas azaleas blancas que no amarillean con la lluvia. Y 'Blue Danube', la famosa "azul", es en realidad un violeta magenta bastante intenso, muy bueno, pero violeta.

El grupo Satsuki, procedente de Rhododendron indicum, merece una nota aparte por dos motivos. Florece tarde, entre mayo y junio, cuando las demás ya han terminado, lo que permite estirar la temporada varias semanas; y sus flores son inestables en color, de modo que una misma planta abre corolas blancas, rayadas y rosas en la misma rama. Es también la azalea preferida para bonsái, precisamente por su porte bajo y su tronco que engorda con rapidez. 'Gumpo', enana y de flor ancha, es la más fácil de encontrar.

Las caducas: color y perfume

Aquí está el otro mundo. Las azaleas de hoja caduca pierden el follaje en otoño, pero antes lo tiñen de escarlata, cobre y amarillo, y florecen sobre madera desnuda con una intensidad que las perennes no alcanzan. Levantan entre 1,5 y 2,5 m y resisten heladas fuertes, hasta -20 °C o más.

Las series Knap Hill y Exbury, desarrolladas en Inglaterra, son las que aportaron los naranjas y amarillos ardientes: 'Gibraltar', naranja albaricoque con el borde ondulado, es la más conocida; 'Klondyke' da un amarillo oro profundo; 'Persil' es blanca con una mancha amarilla en el pétalo superior. Los híbridos Mollis, derivados de Rhododendron molle, cubren la gama del salmón al rojo ladrillo.

El perfume, sin embargo, está en otro sitio. Rhododendron luteum, la azalea pontica de flor amarilla, tiene uno de los aromas más penetrantes del jardín de primavera, perceptible a diez metros en una tarde templada, y además ofrece el mejor color otoñal del grupo. Rhododendron viscosum florece más tarde, ya en junio o julio, con flores blancas estrechas y olor a clavo. Y entre los antiguos híbridos de Gante, 'Narcissiflorum' combina flor doble amarilla y perfume, algo poco frecuente.

La contrapartida: las caducas quieren más luz que las perennes. En sombra cerrada apenas florecen, y en el sur peninsular sufren con el sol de tarde. Su sitio es la media sombra clara, con sol de mañana.

Arbusto de azalea cubierto de flores en primavera

La azalea de maceta que venden en invierno

Es la que más gente compra y la que menos dura. Se trata de híbridos de Rhododendron simsii, forzados en invernadero para florecer entre noviembre y marzo y vendidos como planta de interior. La etiqueta engaña a medias: quiere luz abundante, sí, pero sobre todo frío. Su temperatura ideal ronda los 12-16 °C. En un salón a 22 °C con la calefacción encendida deja caer los capullos sin abrirlos en menos de una semana, y por eso tanta gente la considera una planta de usar y tirar.

Tratada como corresponde —una habitación fresca y luminosa, riego con agua de lluvia manteniendo el cepellón siempre húmedo pero sin plato encharcado— florece dos meses largos. En primavera se saca fuera a media sombra y se trasplanta a sustrato para acidófilas. En Galicia, la cornisa cantábrica o el litoral mediterráneo templado puede quedarse en el jardín todo el año; es la menos resistente al frío del grupo y no tolera heladas por debajo de unos -4 °C.

Cómo elegir la tuya

El criterio útil no es el color de la foto, sino el cruce entre tres cosas: el pH de tu suelo, la dureza del agua de riego y las heladas de tu zona.

Si vives en el norte húmedo, con suelo ácido natural y lluvia repartida, puedes plantar cualquiera directamente en tierra, incluidas las caducas grandes y perfumadas.

Si vives en el interior con suelo calizo, la única opción sensata es maceta grande con sustrato para plantas de tierra ácida y riego con agua de lluvia. Elige entonces variedades japonesas compactas, que se adaptan bien al contenedor y toleran el frío continental. Insistir en enmendar un hoyo de plantación en suelo calizo es una batalla que se pierde en dos o tres años: el pH vuelve a subir y la planta se queda amarilla entre nervios verdes, la clorosis férrica clásica.

Si vives en el sur o en el levante seco, prioriza las perennes de sombra, protege del sol de tarde y cuenta con regar a diario en verano: las raíces de la azalea son un fieltro fino y superficial que se seca en pocas horas.

Los cuidados que se aplican a todas

Cambian las flores, no las exigencias. Suelo ácido de pH 4,5 a 6, aireado y rico en materia orgánica. Plantación superficial, con la parte alta del cepellón a ras de suelo, nunca enterrada. Acolchado permanente de corteza de pino o acículas, de cinco a siete centímetros, sin tocar los tallos. Riego con agua blanda: el bicarbonato del agua del grifo alcaliniza el sustrato de una maceta en dos temporadas por muy ácido que fuera al principio. Nada de cavar alrededor, que se rompen las raíces absorbentes.

La poda tiene una sola regla y explica el problema más frecuente que se consulta sobre esta planta. Los botones florales del año siguiente se forman a finales de verano, así que se poda justo después de la floración, entre finales de primavera y comienzos del verano. Quien recorta su azalea en otoño o en invierno para darle forma está cortando la floración de abril, y luego se pregunta por qué tiene una mata verde y compacta sin una sola flor.

El abonado, específico para acidófilas, va desde el final del invierno hasta mediados de verano; conviene suspenderlo en agosto para que la madera nueva endurezca antes del frío. Si aparece clorosis, el quelato de hierro EDDHA es el único que sigue funcionando con pH alto, pero es un parche: la causa está en el agua o en el sustrato.

Un apunte que rara vez figura en la etiqueta: todas las azaleas contienen grayanotoxinas y son tóxicas por ingestión, hojas y néctar incluidos, tanto para personas como para perros, gatos o ganado. Conviene no dejar los restos de poda a su alcance. Por cierto, el único Rhododendron silvestre del sur peninsular, el ojaranzo (Rhododendron ponticum subsp. baeticum) de los canutos de Los Alcornocales, es un rododendro relicto y protegido, no una azalea de jardín: no se recolecta ni se trasplanta.

En resumen

Las azaleas más populares se reparten en cuatro grupos con comportamientos distintos: las japonesas perennes (Kurume, Vuyk, Satsuki), compactas, rústicas y tolerantes a la sombra; las caducas Knap Hill, Exbury y Mollis, más grandes, más resistentes al frío y con los naranjas y amarillos que las perennes no dan; las especies perfumadas como R. luteum y R. viscosum; y la azalea forzada de maceta, R. simsii, que no es planta de salón caliente sino de habitación fresca. Elige por clima, suelo y agua antes que por color, planta superficial en sustrato ácido, riega con agua blanda y poda solo después de florecer. Y no busques la azul, porque no existe.


Contenidos relacionados