Cuando en septiembre el jardín de verano empieza a apagarse y los arriates se quedan en hojas y tallos secos, los aster hacen justo lo contrario: abren. Ese desfase es toda su gracia y también la razón de que se les dé tan poco uso en España, donde plantamos casi todo pensando en mayo y junio y luego nos encontramos con tres meses de otoño sin nada que mirar.

Conviene entender qué se compra bajo ese nombre, porque en el vivero conviven al menos tres plantas distintas etiquetadas como aster, con exigencias que no se parecen.

Qué es realmente un aster

Son compuestas (familia Asteraceae), la misma de las margaritas y los girasoles. Lo que llamamos «flor» es en realidad un capítulo: un disco central de florecillas tubulares amarillas rodeado de lígulas de color, que es lo que nuestro ojo lee como pétalos. De ahí el nombre, del griego aster, estrella.

Aquí llega la primera aclaración importante, y es puramente botánica pero tiene consecuencias prácticas. Durante dos siglos el género Aster englobó a cientos de especies de Europa, Asia y Norteamérica. Los estudios moleculares de los años noventa demostraron que las americanas no eran parientes tan cercanas y las separaron a otros géneros, sobre todo Symphyotrichum. Es decir: los aster de otoño más vendidos en los centros de jardinería europeos, los llamados «aster de Nueva York» y «aster de Nueva Inglaterra», ya no son Aster en sentido estricto. Las etiquetas siguen usando el nombre antiguo porque el comercio va con décadas de retraso, y a efectos de cultivo da igual, pero si buscas información fiable de una variedad concreta te encontrarás los dos nombres y ayuda saber por qué.

Mata de aster en flor con capítulos violeta y disco central amarillo

Las especies que de verdad vas a encontrar

Symphyotrichum novi-belgii (antes Aster novi-belgii), el aster de Nueva York. Es el más comercializado, con cultivares de 40 cm a 1,2 m y una gama de color que va del blanco al violeta oscuro pasando por rosas y malvas. Florece de septiembre a noviembre. Tiene un defecto serio que nadie menciona en la etiqueta: es muy sensible al oídio. En climas de veranos húmedos o con riego por aspersión termina con las hojas bajas blanquecinas y luego secas cada año.

Symphyotrichum novae-angliae (antes Aster novae-angliae), el de Nueva Inglaterra. Más alto, entre 1 y 1,5 m, con tallos más leñosos y ásperos y flores algo mayores. Es claramente más resistente al oídio que el anterior, así que si el año pasado se te blanqueó todo, este es el cambio que hay que hacer. A cambio pierde las hojas de la mitad inferior a final de temporada, por lo que pide algo delante que le tape los pies.

Aster amellus, el aster de monte o estrellada. Este sí es un Aster de pleno derecho y además es planta ibérica: crece de forma silvestre en claros de quejigar y matorrales calizos de buena parte del norte y el este peninsular. Mata compacta de 40-60 cm, flores violeta azulado de julio a octubre. Para un jardín mediterráneo es, con diferencia, la mejor elección: aguanta la caliza, aguanta la sequía estival mucho mejor que sus primos americanos y no se lo lleva el oídio. Cultivares como 'King George' o 'Veilchenkönigin' llevan un siglo en catálogo.

Aster alpinus, el aster alpino. Diez o veinte centímetros, flor solitaria grande sobre cada tallo y floración en junio, no en otoño. Vive en el Pirineo, Cordillera Cantábrica y otros sistemas montañosos. Para jardín de rocalla y macetas de alpinas. En la mitad sur y en el litoral sufre: no es el calor lo que lo mata, es la combinación de calor y suelo mojado.

Callistephus chinensis, la reina margarita o «aster de China». Aquí está el segundo malentendido frecuente. No es un aster, ni siquiera es del mismo género, y sobre todo no es una planta perenne: es una anual que se siembra en primavera, florece en verano y muere. Mucha gente compra sus semillas creyendo que planta la mata perenne de otoño y luego se pregunta por qué no rebrota. Si en el sobre pone «aster» y te ofrecen flores dobles tipo pompón en decenas de colores, es Callistephus.

Ubicación y suelo

Sol directo, sin discusión. Con menos de cinco o seis horas los tallos se estiran buscando luz, se doblan al primer chaparrón y la floración se reduce a la mitad. En la mitad sur peninsular una sombra ligera a partir de las tres de la tarde en pleno agosto no les hace daño, pero la sombra de todo el día no es una opción.

En cuanto a la tierra, son poco exigentes con la fertilidad y muy exigentes con el drenaje invernal. Un aster no suele morir de frío ni de sequía: muere de tener el cuello encharcado en enero. Si tu suelo es arcilloso y compacto, planta sobre un caballón de 15 o 20 cm o enmienda con arena gruesa y compost, no con turba sola. A. amellus prefiere suelos calizos y alcalinos; los Symphyotrichum se conforman con cualquier pH entre 5,5 y 7,5.

En maceta piden 25-30 cm de diámetro como mínimo para las variedades altas, sustrato universal con un tercio de material drenante y, sobre todo, un plato que no acumule agua.

Riego

Los Symphyotrichum proceden de praderas húmedas americanas y esto se nota en verano peninsular: si pasan sed en julio y agosto, cuando están formando los botones, llegan a septiembre con la mitad de flores y las hojas bajas ya secas. Riego regular durante todo el verano, aproximadamente cada dos o tres días en suelo y a diario en maceta durante la ola de calor, siempre a ras de suelo.

Eso último no es un detalle menor: mojar el follaje por la tarde es la vía rápida al oídio. Goteo o riego manual a la base, y si no queda más remedio que la aspersión, que sea a primera hora de la mañana.

Aster amellus y A. alpinus funcionan con mucho menos. Una vez establecidos, un riego semanal profundo en verano basta, y en el norte peninsular pueden pasar el año sin aporte.

Abonado

Poco y en el momento adecuado. Un aporte de compost o estiércol maduro en el marco de la planta a finales de invierno cubre buena parte de las necesidades. Si quieres reforzar, un abono para plantas de flor con más potasio que nitrógeno, cada quince días desde mayo hasta que se abran los primeros capítulos.

El error clásico es pasarse de nitrógeno pensando que así crecerá más: crecerá, pero en tallo blando y hoja tierna, que es exactamente lo que buscan el oídio y los pulgones. A partir de agosto, corta el abonado. Y desde septiembre, nada: brotes nuevos a las puertas del invierno no interesan.

Poda y sujeción

Las variedades por encima de 80 cm se acaban tumbando. La solución no es atarlas en octubre cuando ya están cargadas, sino despuntarlas a finales de mayo o principios de junio, cortando un tercio de la altura de todos los tallos. La planta ramifica, queda más baja y compacta, produce más botones aunque algo menores y se sostiene sola. Es la técnica que en jardinería inglesa llaman Chelsea chop y en los aster funciona especialmente bien. Retrasa la floración una o dos semanas, nada más.

Después de la floración puedes dejar los tallos secos en pie todo el invierno: aguantan la escarcha con buen aspecto y las semillas alimentan a jilgueros y verderones. El corte a ras de suelo, en febrero, antes de que arranque el nuevo brote.

Multiplicación

La división de mata es el método normal y además es obligatoria como mantenimiento. Los Symphyotrichum crecen en círculo y a los tres o cuatro años el centro se ha agotado y quedan un anillo de tallos vivos alrededor de una zona muerta. Cada dos o tres años, en marzo, se levanta la mata con horca, se descarta el centro y se replantan los trozos exteriores con tres o cuatro yemas cada uno. Recuperan el vigor de forma inmediata.

Aster amellus es la excepción: no le gusta que lo muevan, tarda en recuperarse y se divide solo cuando hace falta de verdad, en primavera y nunca en otoño.

También se puede multiplicar por esquejes de brote tierno en abril, de unos 8 cm, en perlita y turba a la sombra, que enraízan en tres semanas. La semilla funciona en las especies puras, pero los cultivares no salen fieles: de las semillas de un aster rosa doble te saldrá una descendencia variada y en general más pobre.

Aster blanco florecido en el jardín

Plantación y trasplante

La ventana buena es el final del invierno y la primavera, de febrero a abril según zona, para que la mata tenga toda la temporada de raíz antes de florecer. En el litoral mediterráneo y en el sur también sirve octubre, con inviernos suaves que permiten enraizar sin heladas fuertes.

Lo que no funciona bien es la compra impulsiva de otoño: coger la maceta ya en flor en septiembre y plantarla ese mismo fin de semana. Puedes hacerlo y sobrevivirá, pero llega con el cepellón lleno de raíces y toda la energía puesta en flor, y no se establece bien. Si la compras florida, mantenla en su maceta, riégala, disfrútala en la terraza y plántala en marzo.

Marco de plantación: 30 cm para las enanas, 45-60 cm para las de porte medio y alto. Apretarlas reduce la ventilación entre matas, y otra vez estamos hablando de oídio.

Rusticidad y problemas

Sobra en toda la Península. Aguantan sin protección por debajo de -20 °C; Aster alpinus mucho más. La parte aérea se seca con las primeras heladas y la mata rebrota de la cepa en primavera. En zonas de invierno muy húmedo, un acolchado de grava alrededor del cuello previene la podredumbre mejor que el mantillo orgánico, que retiene agua justo donde no interesa.

Los problemas reales, por orden de frecuencia:

Oídio. Polvo blanco en el haz de las hojas a partir de julio. Prevención por ventilación, riego a la base y elección de especie resistente. Tratamiento con azufre mojable si aparece pronto, aunque no lo apliques por encima de 30 °C porque quema.

Verticilosis y fusariosis. Tallos que se marchitan de golpe sin recuperarse con el riego. No hay tratamiento; se arranca la mata con su tierra y no se replantan aster en ese punto durante unos años.

Roya. Pústulas anaranjadas en el envés, típica de otoños húmedos. Se retiran y destruyen las hojas afectadas.

Babosas y caracoles. Van a por los brotes tiernos de marzo y pueden dejar una mata recién dividida sin nada. Vigilancia en las primeras semanas.

Dónde tienen sentido en el jardín

Son la pieza que sostiene el arriate de septiembre a noviembre, junto a gramíneas (Miscanthus, Pennisetum, Stipa), sedums de otoño, anémonas japonesas y equináceas ya en semilla. Combinan bien porque su color frío contrasta con los ocres de la temporada.

Y hay un argumento que no es estético: en esas semanas quedan pocas fuentes de néctar abiertas, y una mata de aster en flor a mediodía de octubre está literalmente cubierta de abejas, abejorros y mariposas preparándose para el invierno. Pocas plantas ornamentales dan tanto a cambio de tan poco.

En resumen

Elige la especie según tu clima antes que según el color: Aster amellus si vives en zona seca y caliza, Symphyotrichum novae-angliae si quieres altura y menos oídio, A. alpinus solo para rocalla de montaña, y ten claro que el «aster de China» de las semillas es una anual distinta. Sol pleno, drenaje invernal, riego constante en verano, riego a la base y nunca sobre la hoja, poco nitrógeno, despunte a finales de mayo para que no se tumben y división de la mata cada dos o tres años. Con eso tienes flor asegurada justo cuando el resto del jardín ya no la da.


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