Lo que en media España se llama aleluya amarilla es Oxalis pes-caprae, conocida también como vinagrillo, agrio, agrilla o pan y quesillo. Es una hierba de hoja trifoliada parecida al trébol y flor amarilla en forma de embudo, originaria de Sudáfrica, que hoy tapiza naranjales, olivares, cunetas, solares y alcorques de todo el litoral mediterráneo, del valle del Guadalquivir, de Baleares y de Canarias. Y hay que decir lo primero de todo: figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, así que no se planta, no se regala y no se trasplanta de un sitio a otro.
Lo segundo importante es cómo se propaga, porque de ahí sale el error más repetido del jardín. En Europa casi todas sus poblaciones son estériles y no se extiende por semilla, sino por bulbillos: bajo cada planta hay un bulbo que produce decenas de bulbillos diminutos, y cada uno origina una planta nueva. Cavar, pasar el motocultor o mover tierra con aleluya dentro no la elimina, la siembra. Quien la ha combatido a azadonazos sabe que al año siguiente hay el doble.
Dos plantas distintas con el mismo nombre
El nombre de aleluya se reparte entre dos especies que no tienen nada que ver, y muchos textos (el que había aquí, entre ellos) las mezclan hasta el punto de atribuirle a una el nombre científico de la otra.
La aleluya propiamente dicha es Oxalis acetosella, una planta pequeña y nativa, de flor blanca con finas venas rosadas o violáceas, que vive en el suelo sombrío y húmedo de hayedos, robledales y bosques de ribera del norte peninsular y de las montañas. No invade nada, es delicada y desaparece cuando se seca o se aclara el bosque.
La aleluya amarilla es Oxalis pes-caprae, sudafricana, de flor amarilla y de clima mediterráneo. Es la invasora. Si lo que tienes delante es amarillo y está en una huerta del sur o del este, es esta; si es blanco y está en un bosque húmedo del norte, es la otra.

Cómo se reconoce la aleluya amarilla
Forma una roseta basal de hojas largamente pecioladas que salen casi del suelo, cada una con tres foliolos acorazonados que a menudo llevan manchitas oscuras en el haz. Los foliolos se pliegan hacia abajo por la noche y con el calor fuerte.
De la roseta arranca un tallo florífero sin hojas que levanta un ramillete de flores amarillas de cinco pétalos, embudadas, de un amarillo limpio y brillante. Bajo tierra hay un bulbo alargado y blanquecino con un racimo de bulbillos pegados, y a veces una raíz engrosada. El tallo y las hojas tienen un sabor ácido inconfundible, de donde vienen los nombres de vinagrillo y agrio.
No la confundas con el trébol: el trébol tiene hoja sésil o casi, flor en cabezuela y no sabe a nada. Ni con la acedera (Rumex acetosa), que también es ácida pero tiene hoja alargada en forma de flecha.
Dónde crece y cuándo florece en España
Su calendario es el contrario al de la mayoría de las malas hierbas de huerto. Brota con las lluvias de otoño, crece todo el invierno y florece de pleno invierno a primavera, cuando casi nada más está en flor, lo que la hace muy visible en enero y febrero en Levante, Andalucía, Murcia, el litoral catalán, Baleares y Canarias. Al llegar el calor la parte aérea se seca del todo y la planta desaparece a la vista, pero los bulbillos siguen ahí, dormidos, esperando la lluvia siguiente.
Va bien en suelos removidos, regados y ricos, y de ahí su vínculo con el cultivo de cítricos, el olivar, la viña, los jardines urbanos y los bordes de camino. Aguanta la cal sin problema, que es una de las razones de que se haya extendido tanto en los suelos calizos del este y del sur. En el interior continental y en el norte atlántico aparece mucho menos, porque las heladas fuertes la castigan.
Por qué es un problema, y no solo una molestia
La aleluya amarilla no compite a lo bruto, compite en el momento justo. Cubre el suelo en invierno y ocupa el hueco de la flora anual nativa, que germina y florece en esa misma ventana. En dunas, en arenales y en comunidades de herbáceas del litoral eso desplaza especies propias, y en algunas zonas insulares el efecto es serio. Esa es la razón de que esté en el catálogo del Real Decreto 630/2013, que prohíbe su introducción en el medio natural, su comercio y su transporte.
En la huerta y en el olivar el daño es distinto: no mata al cultivo, pero agota el agua y los nutrientes de la capa superficial en la época en la que los árboles jóvenes más lo necesitan, y hace inmanejable cualquier siembra de invierno.
Cómo controlarla sin multiplicarla
Todo el control se resume en una idea: agotar los bulbillos y no repartirlos.
- No cavar, no fresar y no pasar motocultor donde haya aleluya. Es la forma más eficaz de plantarla en todo el bancal.
- Arrancar a mano, en suelo húmedo, tirando despacio para llevarte el bulbo entero. Si el tallo se rompe a ras, el bulbo se queda y rebrota.
- Cortar o segar la parte aérea antes de que florezca, repetidamente, durante varios inviernos seguidos. No la mata de golpe, pero la obliga a gastar reserva.
- Cubrir el suelo. Un acolchado espeso o una lámina opaca durante toda la estación de crecimiento debilita mucho a los bulbillos.
- No mover tierra, ni compost, ni macetas desde una zona infestada a una limpia. Así es como salta de finca en finca.
- Revisar el cepellón de cualquier planta nueva que entre en el jardín, que es la otra puerta de entrada.
Si se llega a un tratamiento químico, en jardinería doméstica solo pueden usarse productos autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis es siempre la de la etiqueta del envase. El marco general es el Real Decreto 1311/2012, que pone la gestión integrada por delante: prevención y medios físicos antes del químico. En cultivo profesional hace falta carné de aplicador.
Oxalatos: no es una planta para comer
El sabor ácido del tallo, que muchos hemos chupado de críos, viene del ácido oxálico y de sus sales, que la planta acumula en cantidad. Eso la descarta como verdura o como infusión, por mucho que circulen recetas: no es un alimento, y los oxalatos en cantidad interfieren en la absorción del calcio y pueden dañar el riñón. En zonas con invasiones muy densas se han documentado intoxicaciones de ganado ovino por oxalatos al pastar sobre ella.
Lo mismo vale para perros, gatos y conejos: no es una planta que deban comer, sobre todo en cantidad. Y ningún uso medicinal: lo que el texto original contaba de propiedades depurativas o de tés curativos no está autorizado ni respaldado, y con una planta cargada de oxalatos es directamente mala idea.
De dónde viene el nombre
La palabra aleluya no tiene aquí nada de esotérico ni de simbólico, y esa es la parte cultural honesta del asunto. Se le puso a Oxalis acetosella porque florece por Pascua, que es cuando se vuelve a cantar el aleluya en la liturgia después de la Cuaresma, y el nombre pasó luego por parecido a la especie amarilla. En catalán y valenciano se llama agrets o vinagrella, y en Canarias vinagreras o agrios; todos esos nombres apuntan al sabor, no a la flor.
La hoja de tres foliolos también la metió en la iconografía del trébol y de la Trinidad, igual que al trébol irlandés, un parecido puramente formal: Oxalis no es una leguminosa y no tiene parentesco con los tréboles.
En resumen
La aleluya amarilla es Oxalis pes-caprae, una sudafricana de flor amarilla invernal que está en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y que se reparte por bulbillos, no por semilla. Por eso cavar la extiende y por eso el control pasa por arrancarla con el bulbo, cortarla antes de florecer y cubrir el suelo, año tras año, sin mover tierra a zonas limpias. Es bonita en enero y es ornamental en las fotos, pero no se planta.
Y conviene tener claro el nombre. La aleluya de flor blanca de los bosques húmedos del norte es Oxalis acetosella, nativa y frágil, y no merece que le cuelguen los problemas de su prima. Las dos son ácidas por los oxalatos que acumulan, las dos están fuera del plato y de la taza, y ninguna tiene propiedades que se puedan afirmar.