Hay una trampa en la expresión "plantas de primavera" que conviene desactivar antes de nada: casi ninguna se planta en primavera. Cuando en marzo el jardín de un vecino está lleno de narcisos, tulipanes y ranúnculos, ese trabajo se hizo en octubre. Quien llega al centro de jardinería en Semana Santa buscando bulbos ya llega tarde, y lo único que puede comprar son plantas en flor a punto de terminar.

Esta selección recoge diez plantas que alcanzan su mejor momento entre marzo y mayo en el clima peninsular, con lo que hay que hacer y cuándo hay que hacerlo. Están elegidas para cubrir situaciones distintas: pleno sol y sequía, semisombra, macetas, trepadoras y arbustos.

Macizo de flores de primavera

1. Narciso (Narcissus)

Si solo pudieras plantar un bulbo, planta este. Es el más fiable de todos en España porque, a diferencia del tulipán, perenniza: si le gusta el sitio, vuelve cada año y se va multiplicando solo. Además, todas sus partes contienen licorina, un alcaloide tóxico, así que ni ratones, ni topillos, ni jabalíes se los comen.

Plantación: de septiembre a noviembre, a unos 12-15 cm de profundidad y 10 cm entre bulbos, con la punta hacia arriba. Suelo con drenaje; en terreno pesado, un puñado de arena bajo el bulbo.

Floración: de febrero a abril según variedad y altitud. Las trompeteras clásicas van primero; los del grupo tazetta, muy perfumados, abren incluso en enero en el litoral.

El error que impide que repita: segar o cortar las hojas nada más marchitarse la flor. Esas hojas amarilleantes y feas están recargando el bulbo para el año siguiente. Hay que dejarlas hasta que se sequen del todo, seis u ocho semanas después. Lo que sí se corta es la flor marchita, para que no gaste energía en formar semilla.

2. Tulipán (Tulipa)

El bulbo de primavera por antonomasia y, a la vez, el peor entendido en el clima español. El tulipán moderno de jardín necesita un invierno frío de verdad: en torno a tres meses por debajo de 9 °C para que se forme correctamente el tallo floral.

En la meseta, la cornisa cantábrica o zonas de montaña eso ocurre solo. En el litoral mediterráneo, en el valle del Guadalquivir o en Canarias, no. Ahí hay que comprar bulbos preenfriados o meterlos en el cajón de la verdura del frigorífico entre 6 y 8 semanas antes de plantarlos —lejos de manzanas y otras frutas, que desprenden etileno y abortan la flor— y asumir que serán anuales: florecerán espectacularmente el primer año y luego degenerarán. No es un fracaso tuyo, es fisiología.

Plantación: noviembre-diciembre, más tarde que el resto de bulbos, a 12-15 cm. Pleno sol y drenaje impecable; encharcado se pudre sin remedio.

Floración: marzo-abril. Los tulipanes botánicos (Tulipa clusiana, Tulipa saxatilis, Tulipa sylvestris) son más pequeños pero mucho más resistentes al calor y sí perennizan en clima mediterráneo. Son la opción sensata para el sur.

3. Ranúnculo (Ranunculus asiaticus)

Flores densísimas, de pétalos apretados como una peonía en miniatura, en toda la gama del blanco al granate. Es una planta mediterránea de origen, así que en España se comporta mucho mejor que el tulipán.

Se planta a partir de unos tubérculos secos con forma de garra o de pulpo diminuto. La colocación importa: las puntas de la garra van hacia abajo. Es el error de principiante más habitual con esta especie.

Plantación: octubre-noviembre en zonas de invierno suave, febrero en zonas frías. Antes de plantar, remojar las garras en agua templada entre 3 y 4 horas, no más: hinchan al doble y, si se pasan de remojo, entran en anaerobiosis y se pudren en tierra. Enterrar a 4-5 cm.

Floración: de marzo a mayo, y muy prolongada si se cortan las flores pasadas. Agradece riego regular durante el crecimiento y sequía total en verano, cuando el tubérculo se aletarga. En maceta, muchos prefieren arrancarlos y guardarlos secos hasta el otoño.

4. Fresia (Freesia refracta e híbridos)

Es la planta con mejor relación aroma/esfuerzo de esta lista. Un puñado de cormos junto a una ventana o una puerta perfuma toda la zona en marzo, con ese olor cítrico y dulzón inconfundible.

Plantación: septiembre-octubre, cormos a 5 cm de profundidad y muy juntos, en grupos de veinte o treinta. En maceta funcionan estupendamente.

Floración: de febrero a abril en el litoral y el sur; algo más tarde tierra adentro. Rusticidad limitada: por debajo de -3 o -4 °C sufren, así que en la meseta conviene plantarlas en maceta y resguardarlas, o retrasar la plantación al final del invierno.

Detalle práctico: los tallos floridos se doblan por su propio peso. Plantarlas juntas ayuda a que se sostengan entre sí, y unas ramillas clavadas entre ellas hacen de tutor discreto.

5. Pensamientos y violas (Viola × wittrockiana, Viola cornuta)

Son las que rellenan el jardín cuando todavía no hay nada más. Se plantan en octubre-noviembre en plantel, florecen todo el invierno en cuanto hay un día templado y explotan en marzo y abril.

La distinción práctica: el pensamiento tiene flores grandes y más vistosas; la viola, flores pequeñas pero muchísimas más y aguanta mejor el frío, la lluvia y el viento. Para jardinera de balcón expuesta, la viola es más fiable.

Ubicación: sol directo en invierno, agradecen algo de sombra a partir de abril. Riego regular, no toleran secarse del todo.

Cuándo terminan: con las primeras jornadas por encima de 25-28 °C se estiran, se despueblan y dejan de florecer. En el sur eso pasa a finales de abril; en el norte pueden llegar a junio. No merece la pena empeñarse en mantenerlas: se retiran y se sustituyen por planta de verano.

Truco que multiplica la floración: quitar las flores marchitas cada pocos días. Es tedioso, pero una jardinera despuntada regularmente da el triple de flor que una abandonada, porque la planta no invierte en semillas.

6. Alhelí (Matthiola incana)

Injustamente olvidado, es una de las plantas más perfumadas del jardín de primavera; el aroma se intensifica al atardecer. Se cultiva como bienal: se siembra en verano, en junio o julio, se planta en el sitio definitivo en otoño y florece de marzo a mayo.

Prefiere suelos algo calizos —le va bien buena parte del terreno español— y pleno sol. Es sensible al exceso de humedad en el cuello y a los hongos foliares, así que conviene regar al pie y no mojar la planta, y darle espacio para que corra el aire.

En maceta se comporta bien y su sitio ideal es junto a un banco o una entrada, donde se pueda oler.

7. Lirio o iris barbado (Iris germanica)

Si el jardín es seco, con suelo pobre y sol implacable, esta es la planta. El iris barbado sobrevive en condiciones que matarían a casi todo lo demás y en abril-mayo levanta unos tallos de flores enormes, con una gama de color que no tiene rival.

La clave del cultivo cabe en una frase: el rizoma va casi en la superficie. Debe quedar semienterrado, con la parte superior visible y expuesta al sol. Enterrarlo del todo —el instinto de cualquiera que plante algo— provoca que no florezca y acabe pudriéndose. Es, con diferencia, el motivo por el que la gente dice que "sus lirios no dan flor".

Plantación y división: julio-septiembre, después de la floración. Cada tres o cuatro años hay que desenterrar la mata, descartar los rizomas viejos del centro y replantar los jóvenes de la periferia; si no, se apelotonan y florecen cada vez menos.

Riego: prácticamente ninguno una vez establecido. Es de las mejores plantas para jardinería de bajo consumo de agua en clima mediterráneo.

8. Glicinia (Wisteria sinensis)

La trepadora de primavera más espectacular que existe: en abril se cubre de racimos colgantes malva o blancos, muy perfumados, que en Wisteria sinensis aparecen antes de que broten las hojas, lo que multiplica el efecto.

Hay que saber en qué se mete uno. Es muy vigorosa y muy longeva: los tallos engrosan con los años y son capaces de reventar canalones, arrancar celosías de madera y estrangular lo que rodeen. Necesita una estructura metálica sólida, no un enrejado decorativo.

Compra planta injertada, nunca de semilla. Una glicinia de semilla puede tardar diez o quince años en florecer; una injertada de vivero florece en dos o tres.

La poda es lo que hace que florezca, y se hace en dos tiempos. En julio-agosto se acortan los largos latigazos del año a cinco o seis yemas. En enero-febrero, sin hojas, se recortan esos mismos brotes a dos o tres yemas. Ese doble recorte concentra la savia en yemas de flor en lugar de en madera. Una glicinia sin podar crece diez metros y da cuatro flores.

9. Lilo (Syringa vulgaris)

Arbusto grande, de floración en abril-mayo, con panículas moradas o blancas de aroma denso. Tolera bien los suelos calizos, lo que en España es una ventaja notable.

Tiene un requisito innegociable: necesita frío invernal. En Castilla, Aragón, Navarra o la cornisa cantábrica va de maravilla. En Málaga, Alicante o Valencia capital, vegeta y da una floración pobre o nula año tras año. Si vives en litoral cálido, este arbusto no es para ti, y ninguna técnica de cultivo lo compensa.

Poda: inmediatamente después de florecer, nunca en invierno. Florece sobre la madera del año anterior, así que una poda invernal elimina justo las yemas de flor. Se cortan las panículas gastadas y se aclaran ramas viejas.

Cuidado con los chupones: muchos lilos comerciales van injertados sobre patrón y emiten rebrotes desde la base que hay que arrancar, no cortar, en cuanto aparecen.

10. Rosal (Rosa)

La primera floración del rosal, entre finales de abril y mayo, es la más abundante del año, y en un rosal remontante marca el arranque de una temporada que puede llegar a noviembre.

Plantación: los rosales a raíz desnuda se plantan entre noviembre y febrero, en reposo. Los de contenedor, casi todo el año, aunque es mejor evitar pleno verano.

Poda: en enero-febrero en la mayor parte de la Península, algo más tarde en zonas de heladas tardías. Se dejan tres a cinco ramas jóvenes y vigorosas, cortando por encima de una yema orientada hacia fuera de la mata para abrirla. La poda severa es lo que produce tallos gruesos y flores grandes.

Lo que decide el resultado es la sanidad. En clima húmedo, la mancha negra (Diplocarpon rosae) y el oídio defolian rosales enteros en primavera. Se combaten sobre todo con higiene y diseño: plantar con espacio para que ventile, regar al pie y jamás por aspersión sobre la hoja, retirar y no compostar la hoja caída enferma, y elegir variedades resistentes en lugar de pulverizar cada quince días.

Cómo encajarlo todo en el calendario

Ordenado por el momento en que hay que ponerse a trabajar:

Junio-julio: sembrar alhelí para el año siguiente.

Julio-septiembre: plantar y dividir iris. Poda de verano de la glicinia.

Septiembre-octubre: plantar narcisos y fresias. Meter tulipanes en la nevera si vives en zona cálida.

Octubre-noviembre: plantar ranúnculos, pensamientos y violas. Llevar el alhelí a su sitio definitivo.

Noviembre-diciembre: plantar tulipanes, los últimos.

Enero-febrero: podar rosales y hacer la poda de invierno de la glicinia. Plantar rosal a raíz desnuda.

Marzo-mayo: disfrutar, quitar flores marchitas y no cortar las hojas de los bulbos.

Alternativas según dónde vivas

Si el jardín es de secano y pleno sol, además del iris funcionan muy bien la Gazania, la dimorfoteca (Dimorphotheca), la Lavandula stoechas y las jaras (Cistus), todas ellas plantas del entorno mediterráneo que florecen entre marzo y mayo y no piden riego una vez arraigadas.

Si tienes sombra o semisombra y agua blanda, el territorio es de camelias (Camellia japonica, que florece de enero a marzo), azaleas y rododendros. Ojo: son acidófilas estrictas. Regadas con el agua caliza de media España amarillean por clorosis férrica en un par de temporadas, así que hay que plantarlas en sustrato para plantas ácidas y regarlas con agua de lluvia o acidificada.

Si buscas flor cortada, los mejores rendimientos de este grupo los dan ranúnculo, fresia, alhelí y narciso, todos ellos de tallo aprovechable y buena vida en jarrón.

Los tres errores que estropean una primavera

Plantar tarde. Es el más común. Los bulbos de primavera necesitan el otoño y el invierno para desarrollar raíz. Un bulbo plantado en febrero da, con suerte, una flor raquítica.

Regar de más en invierno. Bulbos y garras en reposo con el suelo encharcado se pudren. Buena parte de las "plantas que no salieron" son en realidad bulbos podridos en diciembre.

Cortar el follaje demasiado pronto. Vale para narcisos, tulipanes, fresias e iris. Mientras haya hoja verde, la planta está guardando reservas. Cortarla equivale a decidir que no habrá flores el año que viene.

En resumen

Una primavera florida se construye en otoño. Narcisos, tulipanes, ranúnculos, fresias, pensamientos y alhelíes se plantan entre septiembre y diciembre; iris, glicinias, lilos y rosales son estructura permanente que se poda en el momento adecuado —el rosal y la glicinia en invierno, el lilo justo después de florecer.

Adapta la lista a tu clima antes que a tu gusto: el lilo y el tulipán clásico quieren frío invernal y fallan en el litoral cálido; el iris, la lavanda y los tulipanes botánicos son la respuesta para el jardín seco y soleado; las camelias y azaleas exigen suelo ácido y agua blanda. Y una vez plantado todo, la única tarea que de verdad marca la diferencia es la más aburrida: quitar flores marchitas y dejar que las hojas se sequen solas.


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