Conviene decirlo antes de que nadie compre un rizoma: Nymphaea alba no cabe en un barreño. La especie silvestre europea es de las más vigorosas del género y una planta adulta ocupa entre metro y medio y tres metros cuadrados de superficie de agua, con peciolos capaces de estirarse más de un metro. Para un estanque de terraza existen cultivares enanos; esto es otra cosa.

Dicho eso, para quien tenga una balsa, un estanque de obra o una charca de tamaño respetable, el nenúfar blanco es una elección difícil de mejorar: es la especie autóctona, aguanta los inviernos de la Meseta sin ayuda, tolera aguas duras y calcáreas y no pide nada más que sol y quietud.

Flor blanca de Nymphaea alba abierta entre sus hojas flotantes

Qué planta es y de dónde viene

Nymphaea alba L. es una herbácea vivaz acuática de la familia Nymphaeaceae, conocida en español como nenúfar blanco, ninfea o rosa de agua. Su área natural cubre casi toda Europa, el norte de África y parte del oeste de Asia. En la Península Ibérica aparece en aguas remansadas de todo el territorio: lagunas y turberas del norte, ibones y remansos pirenaicos, meandros muertos de los grandes ríos, humedales del interior y también en puntos del sur, aunque de manera cada vez más fragmentada.

Esa fragmentación tiene consecuencias legales que conviene conocer. En varias comunidades autónomas la especie figura en los catálogos regionales de flora amenazada o protegida, y en todas ellas arrancar rizomas de una laguna es ilegal. Además de innecesario: la especie se cultiva y se vende sin problema en viveros de plantas acuáticas. El material de vivero, encima, viene libre de la fauna y los patógenos que se traen de propina las plantas de campo.

Cómo reconocerla

El rizoma es horizontal, grueso —de dos a cinco centímetros de diámetro, a veces más—, de color pardo oscuro casi negro, y se ramifica reptando por el fango del fondo. De él salen las raíces adventicias y todos los peciolos.

Las hojas son flotantes, casi circulares, de 10 a 30 cm de diámetro, coriáceas, verde intenso por el haz y frecuentemente teñidas de rojizo o púrpura por el envés, sobre todo cuando son jóvenes. Tienen un seno basal —la escotadura por la que entra el peciolo— con los lóbulos abiertos, sin solaparse. El haz es la cara que respira: ahí están los estomas, lo que explica que una hoja mojada permanentemente por arriba acabe pudriéndose.

La flor mide de 9 a 15 cm, es blanca pura y está formada por 4 sépalos verdosos por fuera y unos 20-25 pétalos que van decreciendo hacia el centro hasta transformarse gradualmente en estambres —esa transición continua entre pétalo y estambre es un rasgo primitivo de la familia y se ve muy bien a simple vista—. El centro es una masa de estambres amarillos y un disco estigmático con 14 a 20 radios, dato que sirve para separarla de especies próximas. Huele, pero poco: es un aroma tenue y dulce que hay que buscar acercando la nariz.

El ritmo diario es característico: abre a media mañana, entre las ocho y las diez según la temperatura, y se cierra a media tarde. Cada flor repite el ciclo tres o cuatro días. Después, el pedúnculo se contrae en espiral y hunde el ovario, que madura bajo el agua convertido en una cápsula esponjosa. Las semillas llevan un arilo lleno de aire que las hace flotar unos días —así se dispersan— antes de empaparse y caer al fondo.

Floración: de junio a septiembre en la mayor parte de la Península, algo antes en el sur y el Levante, algo más tarde en el norte y en zonas de montaña.

No confundirla con sus parecidas

Tres confusiones frecuentes, y cómo salir de ellas:

Nuphar lutea, el nenúfar amarillo, comparte hábitat y familia pero tiene flores pequeñas, globosas, amarillas, que apenas llegan a abrirse del todo, y desprenden un olor alcohólico. Además tolera cierta corriente, cosa que N. alba no.

Nymphaea odorata es la americana, muy extendida en cultivo. Se parece bastante, pero su perfume es intenso y evidente —de ahí el nombre—, el seno de la hoja es más estrecho, con los lóbulos casi tocándose, y el disco estigmático tiene menos radios.

Nymphaea candida, propia del centro y norte de Europa, es más pequeña en todas sus partes y su disco estigmático es cóncavo, con menos radios. En la Península es una cuestión más de etiqueta de vivero que de campo.

Merece mención aparte la Nymphaea alba var. rubra, la población de flores rojizas descubierta en un lago sueco. Prácticamente todo lo que se vende con ese nombre son cultivares de jardín, no la variedad silvestre, que es rarísima. Y una nota histórica útil: buena parte de los híbridos rústicos modernos —los de la estirpe Marliac, del vivero francés de Latour-Marliac— llevan sangre de N. alba. De ahí les viene la rusticidad.

Dónde plantarla y a qué profundidad

Sol directo, cinco o seis horas mínimo. A media sombra la planta vive y hace hojas grandes, pero apenas florece. Es la causa número uno de decepción con esta especie.

Agua completamente quieta. Nada de plantarla cerca de una cascada o de un surtidor. El movimiento continuo desplaza las hojas y las salpicaduras mantienen el haz mojado, con la podredumbre foliar consiguiente. Si el estanque tiene bomba, el nenúfar va en el extremo opuesto.

Profundidad de 40 a 100 cm, medida desde la corona del rizoma hasta la superficie. En Europa se la encuentra silvestre hasta los dos metros y medio, pero en cultivo, a partir de 1,2 m tarda demasiado en asomar las hojas y florece mal. El intervalo cómodo está entre 50 y 80 cm.

Superficie disponible: cuente con 1,5-3 m² por ejemplar adulto. Un estanque de menos de 4-5 m² se queda pequeño para ella salvo que se acepte dividir todos los años.

Agua: tolera pH de 6 a 8 y se comporta bien en aguas duras y bicarbonatadas, que son las de gran parte del país. No soporta agua salobre.

Frío: es completamente rústica en toda la Península. Rebrota cada primavera desde el rizoma y aguanta bien por debajo de -15 °C siempre que el rizoma no llegue a congelarse; con 40 cm de agua encima, una capa de hielo superficial es irrelevante. En estanques someros de zonas frías, sin embargo, sí conviene bajar el cesto en otoño a la parte más honda.

Plantación paso a paso

La época es de marzo a junio, con el agua ya templándose. Una plantación de otoño no enraíza a tiempo.

Se usa un cesto de rejilla para acuáticas grande, de 30×30 cm o más —para esta especie los cestos pequeños se quedan cortos en una temporada— forrado con arpillera si la malla es abierta. El cesto es lo que permite sacar la planta para dividirla o abonarla sin vaciar el estanque, y es lo que frena su expansión.

El sustrato debe ser tierra mineral pesada, arcillosa, o un sustrato específico para acuáticas. Ni turba, ni compost, ni sustrato universal, ni mantillo: la materia orgánica se descompone bajo el agua, enturbia y libera nutrientes que provocan una explosión de algas verdes en cuestión de días. Es el error más habitual y el más visible.

El rizoma se coloca inclinado, apoyado contra un lado del cesto y con la yema apical apuntando hacia el centro y hacia arriba, de modo que la corona quede a ras de sustrato. Enterrar la corona es matar la planta; dejarla al aire, con las raíces bien cubiertas, es lo correcto.

Encima se extienden 2-3 cm de grava de 8-16 mm, rodeando la corona sin taparla. Evita que el sustrato se disperse al sumergir el cesto y, más importante, impide que los carpines o las carpas escarben la tierra y desentierren el rizoma.

Por último, la profundidad se alcanza por etapas. Un ejemplar joven puesto de golpe a 80 cm no tiene peciolos para llegar arriba y se agota. Se apoya el cesto sobre ladrillos a unos 20 cm de la superficie y se van retirando conforme las hojas nuevas alcanzan el aire, cada dos o tres semanas, hasta la profundidad definitiva a lo largo de la primera temporada.

Mata de Nymphaea alba con sus hojas flotantes en aguas tranquilas

Cuidados durante el año

Abonado. En un cesto cerrado el sustrato se agota rápido. Se emplean pastillas o conos de liberación lenta para acuáticas, hundidos con el dedo unos 5 cm en el sustrato, junto a las raíces y apartados de la corona: una o dos por cesto, cada seis u ocho semanas, de abril a agosto. En septiembre se suspende para que la planta entre en reposo. Jamás se echa fertilizante al agua.

Limpieza. Cortar hojas amarillas y flores marchitas por la base del peciolo, con tijera de mango largo, a lo largo de toda la temporada. Cada hoja que se pudre en el fondo consume oxígeno y alimenta algas.

Control de la cobertura. Las hojas no deberían tapar más del 50-60 % de la lámina de agua. Esa sombra es útil —enfría el agua y frena las algas filamentosas—, pero pasarse dificulta el intercambio de gases, y en un estanque con peces las noches calurosas de agosto se vuelven críticas. Con N. alba hay que vigilarlo de verdad, porque tapa deprisa.

División. Cada tres o cuatro años, en primavera, cuando el cesto reviente de rizoma y las hojas se amontonen unas sobre otras. Se saca el cesto, se lava el rizoma, se corta con cuchillo limpio en fragmentos de 10-15 cm que tengan al menos una yema de crecimiento y algunas raíces, y se replanta uno por cesto. La porción vieja y leñosa del centro se descarta: ya no produce.

Invernada. Ninguna. Se deja donde está. Las hojas mueren en otoño y el rizoma pasa el invierno sumergido y latente.

Multiplicación por semilla

Funciona, pero pide paciencia. Las semillas no deben secarse: pierden viabilidad muy rápido fuera del agua. Se recogen de la cápsula madura, se lavan para eliminar el arilo mucilaginoso —que es lo que las hace flotar— y se siembran de inmediato en una maceta con sustrato mineral, cubiertas con un centímetro escaso, y la maceta entera sumergida en un recipiente con 5-10 cm de agua por encima, a 18-20 °C y con buena luz.

Germinan en unas semanas de forma irregular. Las plantitas se repican cuando tengan dos o tres hojas flotantes y se les va aumentando la profundidad conforme crecen. Floración: entre el segundo y el tercer año. Es el método a usar solo cuando interese la variabilidad; para reproducir un ejemplar concreto, división.

Plagas y problemas

Pulgón del nenúfar (Rhopalosiphum nymphaeae): colonias oscuras sobre hojas y capullos en pleno verano. Nada de insecticidas en un estanque con fauna. Se hunden las hojas afectadas con un chorro de manguera para que los peces den cuenta de los pulgones; en dos o tres pasadas se resuelve.

Escarabajo del nenúfar (Galerucella nymphaeae): adultos y larvas raspan el haz dejando surcos pardos que acaban perforando la hoja. Se retiran las hojas más dañadas a mano.

Oruga acuática (Elophila nymphaeata): recorta trozos ovalados del borde de las hojas para construirse un estuche flotante. Se recogen los estuches con un salabre.

Manchas foliares y podredumbre del haz: hongos favorecidos por hojas mojadas por arriba. Corregir el origen de las salpicaduras y cortar lo afectado.

Crece pero no florece: por orden de frecuencia, poco sol, exceso de nitrógeno (sustrato orgánico o escorrentía de un césped abonado), cesto agotado que pide división, o profundidad excesiva.

En resumen

Nymphaea alba es la ninfea silvestre europea y una de las acuáticas más agradecidas que se pueden plantar en la Península, con una condición previa: hay que tener sitio. Necesita entre metro y medio y tres metros cuadrados de agua, entre 40 y 100 cm de profundidad, sol directo abundante y ausencia total de corriente.

Cumplido eso, el cultivo es sencillo. Cesto grande con tierra mineral pesada y grava por encima, plantación de marzo a junio con la corona a ras de sustrato, descenso gradual hasta la profundidad definitiva, un par de pastillas de abono entre abril y agosto y división del rizoma cada tres o cuatro primaveras. No hay invernada que hacer ni protección que montar: rebrota sola cada año.

Y dos advertencias que ahorran problemas: no se recolecta del medio natural, donde está protegida en varias comunidades, y no es planta para tinaja de terraza. Para eso están los cultivares enanos del tipo 'Pygmaea Alba', que dan la misma flor blanca a una escala que sí cabe.


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