Manchas pardas con anillos concéntricos, como la diana de un tiro al blanco, rodeadas de un halo amarillo y siempre en las hojas de abajo: esa es la firma de Alternaria. Quien haya cultivado tomates en una temporada de tormentas de agosto la conoce aunque no sepa ponerle nombre, porque en cuestión de dos semanas la planta puede quedarse desnuda desde el suelo hacia arriba mientras los frutos siguen colgando al sol y se queman.

Este artículo explica qué es realmente el hongo, cómo distinguirlo de lo que se le parece, qué se puede hacer cuando ya está instalado y, sobre todo, qué medidas evitan que vuelva el año siguiente. Porque con Alternaria el tratamiento cura poco: lo que funciona es el calendario.

Qué es exactamente Alternaria

Alternaria no es un hongo, sino un género con decenas de especies, muchas de ellas patógenas de plantas cultivadas y cada una con su huésped preferido. Las que interesan en un huerto o un jardín español son unas pocas:

Alternaria solani es la responsable del tizón temprano o alternariosis del tomate, la patata y la berenjena. Es la más famosa y la que produce el anillado concéntrico de manual.

Alternaria alternata es la más ubicua y la más oportunista: vive como saprófita sobre restos vegetales y salta a tejido vivo cuando lo encuentra debilitado, herido o senescente. Aparece en tomate, cítricos, fresa, vid y en un sinfín de ornamentales. También es una de las causas más comunes de podredumbre del cáliz en tomates recolectados.

Alternaria porri ataca a la familia de la cebolla, el ajo y el puerro, con lesiones alargadas de color púrpura sobre la hoja que en Castilla y en el Levante hacen mucho daño en primavera húmeda.

Alternaria dauci quema el follaje de la zanahoria, algo especialmente costoso en las zonas de cultivo de Segovia y Valladolid porque la cosecha mecanizada necesita hoja sana para arrancar la raíz.

Alternaria brassicicola y A. brassicae manchan las hojas de coles, brócoli, coliflor y rábano, sobre todo en los cultivos de otoño-invierno del norte peninsular.

Todas comparten biología: son hongos necrótrofos. No conviven con la planta, la matan por delante y se alimentan del tejido muerto. Para conseguirlo segregan toxinas que colapsan las células antes de que el micelio llegue, y por eso la mancha crece más deprisa que la infección propiamente dicha. Esto tiene una consecuencia práctica muy importante: una hoja con lesión ya no se recupera. Cualquier tratamiento actúa sobre lo que todavía está sano.

Colonia del hongo Alternaria alternata vista de cerca

Cuándo aparece y por qué

Alternaria pasa el invierno de tres maneras: en los restos de cultivo del año anterior, en el suelo sobre esos restos y, en muchos casos, dentro de la semilla. En primavera, cuando la temperatura sube, produce conidios que el viento reparte a distancias considerables y que la lluvia y el riego por aspersión salpican desde el suelo a las hojas bajas. Ese es el motivo por el que la enfermedad siempre empieza abajo y sube.

Para que un conidio germine e infecte hace falta agua líquida sobre la hoja o humedad relativa muy alta durante varias horas seguidas, con temperaturas óptimas entre los 25 y los 28 °C. Traducido al clima peninsular: julio y agosto en el interior tras una tormenta, o cualquier periodo de rocíos largos y mañanas cerradas en la cornisa cantábrica y el norte de Galicia. Un verano seco de Albacete con riego por goteo bien llevado apenas ve alternariosis; el mismo cultivo regado con aspersor por la tarde la ve todos los años.

Hay un factor más que se pasa por alto: el estado nutricional. Alternaria entra con mucha más facilidad en plantas envejecidas, con carencia de nitrógeno o de potasio, o agotadas por una carga de fruto excesiva. Un tomate al que se le ha ido la mano con el abonado y luego se le corta el aporte de golpe en plena maduración es un candidato perfecto. El potasio, en concreto, engrosa las paredes celulares y retrasa la senescencia de las hojas viejas, que son la puerta de entrada.

Cómo reconocer los síntomas sin confundirse

En hoja, la lesión típica es una mancha marrón oscura de entre 5 y 15 mm, seca, con anillos concéntricos que se aprecian al trasluz y un halo amarillo alrededor. Cuando varias manchas coalescen la hoja amarillea entera, se seca y cae. La defoliación avanza de abajo arriba.

En tallo aparecen lesiones alargadas y hundidas, también anilladas; si rodean el tallo de un plantón recién trasplantado lo estrangulan y lo matan, lo que en patata y tomate se llama collar rot.

En fruto de tomate ataca casi siempre por la zona del cáliz o por cualquier grieta de crecimiento o herida, con una podredumbre negra, firme y seca, cubierta de un polvillo aterciopelado oscuro. No es una podredumbre acuosa.

En patata mancha las hojas y produce en el tubérculo lesiones oscuras, ligeramente deprimidas, con la carne debajo de color marrón y textura corchosa.

La confusión más frecuente y más cara es con el mildiu (Phytophthora infestans). Conviene tenerlo claro porque las condiciones que los favorecen y los productos que los frenan no son los mismos:

El mildiu produce manchas de aspecto aceitoso, verde grisáceo, sin anillos y con bordes difusos, y en el envés de la hoja aparece con humedad un fieltro blanquecino. Prefiere temperaturas más frescas, entre 15 y 22 °C, y avanza a una velocidad que la alternariosis no alcanza: puede arrasar una parcela en cuatro o cinco días. Alternaria da manchas secas, delimitadas, anilladas y sin esporulación blanca visible, y progresa en semanas, no en días.

Otra confusión habitual es con las quemaduras por sales o por fitotoxicidad, que también dan bordes de hoja marrones. La diferencia es que esas son simétricas, siguen el margen o la punta de la hoja y carecen de halo amarillo y de anillos.

Tratamiento cuando la enfermedad ya está

Lo primero es aceptar el límite de lo posible. No existe un producto que devuelva a la vida el tejido necrosado. Lo que se persigue es proteger la hoja sana, frenar el avance y llegar al final de la cosecha con planta suficiente para que el fruto madure sin quemarse.

Retira el tejido afectado en cuanto lo veas y con la planta seca, nunca después de regar ni con rocío, porque las manos y las tijeras húmedas trasladan esporas. Corta las hojas bajas enfermas y saca los restos del huerto: no los dejes en el pasillo ni los eches a un compost frío, donde el hongo sobrevive perfectamente. Si la mata está tomada en más de la mitad, arráncala entera; sacrificar una planta salva a las vecinas.

Corta el agua sobre la hoja. Cambiar aspersión por goteo o riego a pie de planta es, en solitario, la medida más eficaz que puedes tomar a mitad de temporada. Riega temprano por la mañana para que el follaje seque pronto.

Airea la planta. En tomate, deshojar los primeros 30-40 cm de tallo y despuntar los brotes que cierran el interior mejora la ventilación y acorta las horas de hoja mojada. En cebolla y puerro no es posible, así que ahí manda el marco de plantación.

Sobre productos fitosanitarios, hay que dar un aviso previo: en España solo pueden emplearse en jardinería doméstica los formulados que llevan en la etiqueta la mención de uso autorizado para jardinería exterior doméstica, y el registro cambia con frecuencia. Varias materias activas que aparecen en artículos antiguos, como el mancozeb o el clorotalonil, ya no están autorizadas en la Unión Europea. Antes de comprar nada, comprueba la etiqueta y el registro vigente.

Dicho esto, las herramientas realmente disponibles son estas:

Cobre. Oxicloruro de cobre, hidróxido cúprico o caldo bordelés. Es la base del control en cultivo ecológico y en huerto de aficionado. Actúa por contacto y solo de forma preventiva: forma una película de iones de cobre sobre la superficie que impide la germinación del conidio. Aplicado sobre una hoja ya manchada no hace nada por esa hoja. Se aplica mojando bien haz y envés, con la planta seca y sin sol directo, y se repite cada 10-14 días o después de cada lluvia importante, porque se lava. Ojo con dos cosas: el cobre es un metal pesado que se acumula en el suelo —la normativa europea limita su uso a 28 kg de cobre metal por hectárea en siete años—, y por debajo de 12-15 °C o con la planta estresada puede provocar fitotoxicidad, con puntos necróticos y bordes quemados.

Cristales azules de sulfato de cobre

Aquí conviene deshacer un malentendido muy extendido: el sulfato de cobre por sí solo no es un fungicida foliar. Es soluble, penetra en el tejido y quema la hoja. El caldo bordelés es sulfato de cobre neutralizado con cal apagada, y es precisamente la cal la que lo vuelve insoluble, lo fija a la superficie y evita la quemadura. Rociar sulfato de cobre disuelto en agua sobre unas tomateras es una manera segura de defoliarlas uno mismo.

Azufre mojable. Muy útil contra oídio, pero poco eficaz contra Alternaria. Si lo has estado usando pensando que cubría todo, ahí está parte del problema. Además no debe aplicarse por encima de 28-30 °C ni combinarse con aceites, porque quema.

Fungicidas de síntesis. En agricultura profesional se recurre a estrobilurinas (azoxistrobina, piraclostrobina), triazoles (difenoconazol) y SDHI (boscalida), habitualmente en mezcla. Tienen acción curativa parcial, es decir, detienen la infección en las primeras horas tras la penetración, pero son de sitio de acción único y Alternaria genera resistencias con facilidad. La regla es alternar familias químicas y no repetir la misma más de dos veces por temporada. En el mercado de aficionado la oferta es mucho más limitada.

Biológicos. Cepas de Bacillus subtilis y Bacillus amyloliquefaciens tienen registro para uso foliar y funcionan razonablemente bien como preventivo en presión baja o media, ocupando la superficie de la hoja antes que el patógeno. No sirven para apagar un foco declarado.

Los remedios caseros que circulan —bicarbonato, leche diluida, infusión de cola de caballo— tienen efecto sobre el oídio en el mejor de los casos y ninguna eficacia demostrada contra Alternaria. Perder tiempo con ellos mientras la defoliación avanza sale caro.

La parte que de verdad decide: la prevención

Un huerto que sufre alternariosis todos los años suele estar repitiendo los mismos cuatro errores.

Rotación. El inóculo vive en el suelo sobre restos de cultivo. Plantar tomate donde el año pasado hubo tomate, patata o berenjena es empezar con ventaja para el hongo. Deja pasar tres años antes de repetir solanáceas en el mismo bancal, y otros tres para liliáceas o crucíferas según el caso.

Limpieza de final de temporada. Arranca y retira las matas en cuanto acabe la cosecha, incluidas las raíces y las hojas caídas. No las entierres en el propio bancal ni las eches al compost si no vas a alcanzar temperaturas de termófila real. En un huerto pequeño lo sensato es sacarlas.

Acolchado. Una capa de paja, restos de siega secos o plástico entre la planta y el suelo corta la salpicadura, que es la vía principal de llegada del inóculo a las hojas bajas. Es barato y muy eficaz.

Marco de plantación. Apretar las plantas para meter más en el mismo bancal alarga las horas de hoja mojada. En tomate de mata indeterminada entutorado, 50-60 cm entre plantas y 80-100 cm entre líneas; en zanahoria y cebolla, la densidad recomendada por semilla, sin excederse.

Semilla sana. Si guardas semilla propia de tomate, pimiento o crucíferas, ten en cuenta que Alternaria viaja en ella. Un tratamiento de agua caliente a 50 °C durante 20-25 minutos, con termómetro y enfriado inmediato, desinfecta la superficie y buena parte del embrión sin matar la semilla. Es delicado —unos grados de más la inutilizan— pero es el método clásico y funciona.

Variedades. No existe resistencia total, pero sí tolerancias apreciables. En patata, las variedades tardías suelen aguantar mejor que las tempranas. En tomate hay líneas con tolerancia a A. solani; en el catálogo comercial suele indicarse como EB (early blight) junto a las demás resistencias.

Abonado equilibrado. Mantener el nitrógeno sin excesos y asegurar el potasio durante la fructificación retrasa la senescencia de la hoja baja, que es exactamente donde el hongo entra primero.

Errores frecuentes

Tratar solo cuando ya se ven manchas. El cobre y los biológicos son barrera, no cura. Si el año pasado tuviste alternariosis, la primera aplicación va antes de que aparezca nada, cuando empiezan las condiciones favorables.

Deshojar en exceso. Quitar todas las hojas de golpe para "sanear" deja los frutos sin sombra, provoca golpe de sol y debilita la planta justo cuando más fotosíntesis necesita. Retira lo enfermo y poco más.

Regar por la tarde. El follaje pasa la noche mojado y la mañana con rocío encima. Es regalarle al hongo las horas de humedad que necesita.

Confundirlo con mildiu y aplicar el producto equivocado. Mira el envés y busca los anillos antes de comprar nada.

Compostar las plantas enfermas en un montón frío. Devuelves el inóculo al huerto en primavera con el compost.

En resumen

Alternaria es un género de hongos necrótrofos que sobrevive en restos de cultivo, suelo y semilla, y que infecta cuando coinciden temperaturas de 25-28 °C con varias horas de hoja mojada. Se reconoce por manchas secas de anillos concéntricos con halo amarillo que empiezan en las hojas bajas y suben, y se distingue del mildiu porque este da manchas aceitosas sin anillos y fieltro blanco en el envés.

El tejido dañado no se recupera, así que el tratamiento consiste en proteger lo sano: retirar hojas afectadas con la planta seca, eliminar el riego por aspersión, airear y aplicar cobre o biológicos de forma preventiva y repetida, siempre con producto autorizado para jardinería doméstica y sabiendo que el sulfato de cobre sin cal quema la hoja.

Lo que realmente evita el problema año tras año no está en el pulverizador sino en el manejo: rotación de tres años, retirada completa de restos al final del ciclo, acolchado para cortar la salpicadura, marco de plantación holgado, semilla sana y un abonado que no deje la hoja vieja indefensa antes de tiempo.


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