La goma que rezuma del tronco no es la enfermedad. Es la reacción del árbol a un daño que casi siempre lleva meses instalado en el sitio del que sale. Confundir el síntoma con la causa es el motivo por el que tanta gomosis se trata mal: se pulveriza un fungicida sobre las gotas, se limpian, vuelven a salir, y nadie ha mirado lo único que importaba, que era qué está pasando debajo de la corteza.
La gomosis es la exudación de una sustancia viscosa, ambarina y translúcida al principio, que se endurece al aire y acaba tomando un tono pardo o casi negro. Químicamente es una goma polisacárida que el árbol produce al degradarse las paredes celulares del parénquima y de los vasos, un proceso llamado gomificación. Es un mecanismo de defensa: el árbol tapona y aísla la zona dañada.
Aparece sobre todo en frutales de hueso del género Prunus (almendro, melocotonero, albaricoquero, cerezo, ciruelo) y en cítricos, aunque también se ve en vid, en algunos ornamentales leñosos y en árboles de alineación.
Por qué no es una enfermedad concreta
Se lee con frecuencia que la gomosis es una enfermedad causada por hongos. Es una simplificación que despista. La gomosis es una respuesta inespecífica: la produce el árbol cuando el cámbium o el parénquima de la corteza sufren, y ese sufrimiento puede venir de un hongo, de una bacteria, de un insecto perforador, de un golpe de desbrozadora, de una helada tardía, de un exceso de agua en el cuello o de una poda mal hecha en enero.
Dicho de otro modo: dos árboles con exactamente el mismo aspecto exterior pueden necesitar tratamientos opuestos. Uno necesita drenaje y otro necesita cobre. Sin diagnóstico no hay tratamiento, solo lotería.
Cómo se manifiesta
El signo evidente son las gotas o lágrimas de goma, que en primavera y verano fluyen frescas y transparentes y con el tiempo cristalizan en masas duras adheridas a la corteza. Alrededor conviene fijarse en lo demás, que es lo que orienta el diagnóstico:
Chancros. Zonas de corteza deprimidas, de contorno más oscuro o ligeramente hundido, a veces con una grieta longitudinal. Si se rasca con la punta de la navaja el borde del chancro, el tejido interior aparece pardo o pardo rojizo en lugar del verde blanquecino sano.
Desprendimiento de corteza en el cuello. Típico en cítricos: la base del tronco se agrieta, la corteza se separa en placas y por debajo la madera está manchada. Suele ir acompañado de una lengüeta de goma que baja hacia el suelo.
Decaimiento general. Amarilleo de las hojas siguiendo los nervios, brotación corta, frutos pequeños y numerosos, ramas que se secan por el extremo. Cuando aparece esto, la lesión del cuello o de la raíz suele llevar tiempo avanzando.
Orificios y serrín. Si junto a la goma hay agujeros redondos limpios, o una mezcla de goma con serrín y excrementos, la causa primaria es un insecto perforador, no un hongo.
Olor. Los chancros bacterianos de Prunus desprenden con frecuencia un olor agrio característico al abrirlos; los fúngicos, normalmente no.
Las causas, una por una
Hongos de suelo del género Phytophthora. Son la causa de la gomosis clásica de los cítricos y de una parte importante de la de frutales de hueso. Atacan cuello y raíces en suelos encharcados, avanzan hacia arriba y matan la corteza en la base del tronco. Necesitan agua libre para dispersarse: cada riego excesivo o cada tormenta sobre un suelo mal drenado es una oportunidad para el patógeno.
Chancro bacteriano. Pseudomonas syringae es habitual en cerezo, albaricoquero y melocotonero. Entra por heridas de poda y por cicatrices de caída de hoja, sobre todo en otoño e invierno húmedos, y produce chancros con abundante goma en ramas principales y cruces.
Hongos de madera y de ramillas. Monilinia laxa quema flores y ramillos y deja chancros gomosos en su base. Otros hongos como Cytospora, Botryosphaeria o Phomopsis colonizan tejido debilitado y perpetúan lesiones que supuran durante años. Casi todos son oportunistas: entran donde ya había una herida o un árbol estresado.
Insectos perforadores. El gusano cabezudo (Capnodis tenebrionis) en almendro y frutales de hueso de secano, el taladro amarillo (Zeuzera pyrina), el taladro rojo (Cossus cossus) y los barrenillos (Scolytus spp.). Todos provocan exudación abundante en el punto de entrada.
Asfixia radicular. Suelo arcilloso compactado, riego por inundación mal calculado, goteros pegados al tronco o un alcorque que retiene agua. Las raíces se ahogan, el árbol responde y encima le abre la puerta a Phytophthora.
Cuello enterrado. Es una de las causas más frecuentes y de las más ignoradas. Si el punto de injerto queda al nivel del suelo o por debajo, la variedad injertada —a menudo mucho más sensible que el patrón— está en contacto permanente con tierra húmeda. Da lo mismo lo que se pulverice arriba: mientras el cuello siga enterrado, la gomosis vuelve.
Daños mecánicos. Desbrozadora, tutores que rozan, alambres que estrangulan, ataduras que no se retiraron a tiempo, cortes de poda desgarrados.
Factores climáticos. Heladas fuertes sobre madera todavía activa, y golpes de sol en troncos jóvenes descubiertos tras una poda severa. La corteza se agrieta y por ahí sale la goma y entra todo lo demás.
Desequilibrios de abonado. El exceso de nitrógeno, sobre todo tardío, produce madera blanda y suculenta que resiste mal el frío y es más fácil de colonizar.
Diagnóstico: cinco minutos con una navaja
La comprobación decisiva es sencilla y la hace cualquiera. Con una navaja limpia y afilada, se levanta un poco de corteza en el borde de la zona que exuda, en tejido aparentemente sano contiguo a la lesión.
Si por debajo el cámbium está verde claro y húmedo, el daño es superficial y probablemente mecánico o fisiológico: una herida vieja, un roce, una helada. Se corrige la causa y punto.
Si aparece pardo, rojizo o marrón chocolate, y esa necrosis se extiende bajo la corteza más allá de donde sale la goma, hay un patógeno activo y hay que actuar.
Conviene además comprobar tres cosas de un vistazo: dónde está exactamente el punto de injerto respecto al nivel del suelo, dónde caen los goteros o el agua de riego, y si el suelo alrededor del tronco está permanentemente húmedo. Muchas gomosis se explican solas al mirar esos tres detalles.
Cómo se trata
Primero, quitar la causa. Descalzar el cuello si está enterrado, retirando la tierra hasta dejar el arranque de las raíces y el punto de injerto al aire y bien ventilados. Alejar los emisores de riego al menos 40-50 cm del tronco. Mejorar el drenaje, romper suela de labor si la hay, plantar en caballón en terrenos pesados. Ninguna otra medida funciona mientras esto no esté resuelto.
Cirugía de la lesión. Con tiempo seco, se raspa la corteza muerta hasta llegar a tejido sano, dejando el contorno de la herida limpio y sin bolsas donde se acumule agua. Los restos raspados se retiran y se queman o se sacan de la parcela, no se dejan al pie. La herramienta se desinfecta entre árbol y árbol con alcohol de 70º o lejía diluida.
Y aquí otra corrección necesaria: no hay que sellar la herida con masilla cicatrizante. Esa práctica, muy arraigada, retiene humedad en la interfase entre el producto y la madera y crea un ambiente ideal para los hongos, además de impedir ver cómo evoluciona la lesión. Lo eficaz es dejar la herida limpia, seca y aireada para que el árbol forme su propio callo. Como mucho, una pincelada de pasta cúprica sobre la superficie descubierta.
Cobre en los momentos clave. Contra Pseudomonas y Monilinia en frutales de hueso, los tratamientos cupríticos (oxicloruro, hidróxido, sulfato tribásico) se dan en caída de hoja en otoño y de nuevo antes de la brotación a final de invierno. Son preventivos: protegen las cicatrices por donde entra la bacteria. Aplicados en junio sobre un chancro ya establecido no hacen nada.
Fosfonatos contra Phytophthora. El fosetil-aluminio y los fosfonatos potásicos son sistémicos y se mueven hacia las raíces, lo que los hace útiles en gomosis de cuello de cítricos. Se aplican en los momentos de crecimiento activo de raíz —primavera y final de verano— y siempre acompañados de la corrección del exceso de agua, nunca en su lugar.
Podar en el momento adecuado. En Prunus, la poda de invierno con lluvia es la vía de entrada preferente del chancro bacteriano y de Monilinia. Es preferible podar a final de verano o en verde, con el árbol activo y con varios días secos por delante, y hacer cortes limpios sin dejar tocones ni desgarrar la corteza. Retirar y eliminar la madera con chancros: es el inóculo del año siguiente.
Blanquear el tronco. Una lechada de cal en troncos jóvenes y en ramas principales expuestas evita el golpe de sol y las grietas por oscilación térmica, que son puertas de entrada gratuitas. Es barato y sigue funcionando igual de bien que hace un siglo.
Vigilar los perforadores. Si el diagnóstico apunta a taladro o barrenillo, el tratamiento es entomológico y se planifica por el vuelo del adulto, no con fungicidas. Mantener el árbol bien regado y sin estrés hídrico es, en el caso del gusano cabezudo, la mejor defensa disponible.
Cuándo rendirse. Si el chancro rodea más de la mitad del perímetro del tronco o alcanza el cuello por completo, el árbol está anillado y su recuperación es improbable. Alargar la agonía solo mantiene una fuente de inóculo junto a los vecinos sanos: lo sensato es arrancar, sacar el tocón y las raíces gruesas, y esperar antes de replantar en el mismo hoyo, mejor con un patrón tolerante.
Prevención en la plantación
La mayor parte de las gomosis crónicas se decide el día de la plantación. Elegir patrones tolerantes a Phytophthora según especie y suelo; injertar y plantar de modo que el punto de injerto quede a 20-30 cm sobre el nivel del suelo; no plantar más hondo de lo que venía el cepellón; formar un caballón si el terreno es arcilloso; y colocar el riego localizado apartado del tronco desde el primer día. Corregir esto después, con el árbol adulto, es mucho más caro y bastante menos eficaz.
En resumen
La gomosis es un síntoma, no un diagnóstico: el árbol exuda goma cuando algo está dañando su corteza o su cámbium, y ese algo puede ser Phytophthora, una bacteria, un hongo de madera, un taladro, el agua estancada, una helada o una herida. La navaja en el borde de la lesión resuelve la duda en un minuto: cámbium verde significa daño superficial; cámbium pardo significa patógeno activo.
El tratamiento empieza siempre por corregir la causa —descalzar el cuello, alejar el riego, arreglar el drenaje—, sigue con la limpieza del tejido muerto dejando la herida al aire y sin masillas selladoras, y se apoya en cobre en caída de hoja y prebrotación para los chancros de Prunus, o en fosfonatos para Phytophthora en cítricos. Podar en seco y a final de verano, blanquear troncos expuestos y no forzar con nitrógeno completa el cuadro. Y si el chancro ha anillado el tronco, arrancar a tiempo protege al resto de la plantación.