Las hojas amanecen raspadas por el envés, con zonas translúcidas que se rompen al rozarlas, y entre ellas quedan unos excrementos verdinegros del tamaño de un grano de sémola. Eso, y no un agujero limpio, es la firma de la gardama. Cuando aparecen los agujeros ya se ha perdido la ventana buena para tratar.

Con el nombre de gardama se conocen en España las orugas de varias polillas nocturnas de la familia Noctuidae que atacan cultivos hortícolas y ornamentales. La especie a la que se aplica el término con más propiedad es Spodoptera exigua, la rosquilla verde, aunque en zonas del valle del Ebro se llama igualmente gardama a los gusanos grises del género Agrotis, y en el sur se solapa con la rosquilla negra, Spodoptera littoralis. La distinción no es una pedantería: cada una come de una manera y se combate en un momento distinto.

Adulto de Spodoptera exigua, la polilla responsable de la gardama

Qué insecto hay detrás

El adulto de Spodoptera exigua es una mariposa nocturna discreta, de unos 25 a 30 mm de envergadura, con las alas anteriores pardo grisáceas y dos manchitas claras, una de ellas anaranjada y con forma de riñón. Las alas posteriores son blanquecinas con el borde oscuro. Vuela al anochecer y de noche, y de día permanece quieta entre la vegetación o en grietas, por lo que rara vez se ve.

La hembra pone los huevos en masas de 50 a 150 unidades, casi siempre en el envés de las hojas, y las recubre con escamas beige que se desprenden de su abdomen. Ese fieltro pálido, que parece una mota de pelusa pegada a la hoja, es la señal más temprana que existe y la que permite adelantarse a todo lo demás. Una hembra puede depositar varios cientos de huevos a lo largo de su vida.

Las larvas pasan por cinco estadios. Los dos primeros son gregarios: el grupo entero raspa el parénquima sin llegar a perforar la hoja, y deja esas ventanas translúcidas que se secan y acaban rompiéndose. A partir del tercer estadio se dispersan por la planta, cambian a una alimentación perforadora y empiezan a comer brotes, flores y frutos. La oruga desarrollada mide entre 25 y 30 mm, es de un verde variable (a veces parda o casi rosada según la dieta), lampiña, con una línea lateral amarillenta o blanquecina que recorre todo el cuerpo y una mancha oscura característica sobre el primer par de espiráculos abdominales. Se enrolla al tocarla, de ahí el nombre popular de rosquilla.

La crisálida se forma en el suelo, en una celdilla de tierra a uno o dos centímetros de profundidad, muchas veces al pie de la propia planta. Ese detalle condiciona buena parte del control cultural: quien solo mira las hojas está ignorando la mitad del ciclo.

Un ciclo completo se cierra en tres o cuatro semanas con temperaturas de 25 a 30 ºC, y se alarga mucho por debajo de 15 ºC. En el litoral mediterráneo y en Andalucía se suceden cuatro o cinco generaciones al año, y bajo invernadero, con calefacción o simplemente con la inercia térmica del plástico, la plaga puede no detenerse en todo el invierno. En el interior peninsular el insecto inverna como crisálida en el suelo y los primeros vuelos importantes se registran a finales de primavera, con los picos de daño entre julio y septiembre.

A qué plantas ataca

Es una plaga marcadamente polífaga. En huerto se ceba con pimiento, tomate, berenjena, lechuga, judía, alcachofa, cebolla, puerro, remolacha, acelga, espinaca y maíz. En ornamentales causa problemas serios en clavel, gerbera, crisantemo y geranio. Y hay un grupo de malas hierbas que actúan como reservorio permanente y que conviene tener localizadas: cenizo (Chenopodium album), bledos (Amaranthus spp.), tomatito del diablo (Solanum nigrum) y verdolaga (Portulaca oleracea). Si el bancal está limpio pero el ribazo de al lado está lleno de cenizo, la reinfestación es cuestión de días.

El daño económico rara vez viene de la hoja comida. Viene de que las larvas grandes perforan el fruto del pimiento o del tomate y entran en la cavidad, donde ya ningún tratamiento las alcanza y donde además abren la puerta a podredumbres secundarias. En lechuga y acelga el problema es directamente de calidad: una hoja agujereada no se vende ni apetece.

No confundirla con el gusano gris

Merece la pena separar los dos daños porque el tratamiento no coincide. El gusano gris (Agrotis segetum, Agrotis ipsilon) es una oruga grisácea, gruesa, de aspecto grasiento, que vive en el suelo, sale de noche y siega las plántulas a ras de tierra. Por la mañana aparecen los planteles de lechuga o de col cortados y tumbados, con la parte aérea entera al lado. Si se escarba unos centímetros junto a la planta segada, la oruga suele estar allí, enrollada.

La gardama propiamente dicha come en la parte aérea y deja el rastro de raspaduras y deyecciones descrito arriba. Pulverizar la hoja contra un gusano gris no sirve de nada, porque el insecto no está en la hoja; y esparcir cebos en el suelo contra Spodoptera tampoco resuelve gran cosa. Antes de comprar nada, conviene salir con una linterna una noche y mirar.

Vigilancia: dónde y cuándo mirar

La diferencia entre un susto y una campaña arruinada está casi siempre en el momento de la detección. Tres rutinas baratas:

Trampas de feromona sexual. Una trampa tipo delta o de agua con el difusor específico de Spodoptera exigua, colocada desde mayo, avisa del vuelo de los machos. No mata la plaga, informa. Cuando las capturas suben de golpe, hay que empezar a revisar hojas entre siete y diez días después, que es lo que tardan los huevos en eclosionar y las larvitas en hacerse visibles. Los difusores pierden eficacia y se cambian cada cuatro a seis semanas según el fabricante.

Revisión del envés. Dar la vuelta a las hojas de la parte media y baja de la planta, una vez por semana en primavera y dos veces por semana en pleno verano. Se buscan las puestas afieltradas y los grupos de larvas recién nacidas, que están juntas y son diminutas.

Trampas de luz. Útiles para saber si hay vuelo en la zona, poco selectivas y no recomendables como método de control: capturan mucha fauna inocente.

Control ecológico

Aquí es donde hay que deshacer un malentendido muy repetido. Bacillus thuringiensis se vende en varias formulaciones y no todas valen para esta plaga. La subespecie kurstaki, que es la más común en tienda y la que funciona estupendamente contra orugas de la col o procesionaria, es poco eficaz frente a Spodoptera. La que hay que buscar es Bacillus thuringiensis subsp. aizawai. Es habitual tratar tres veces con la formulación equivocada, concluir que el Bt no sirve y pasar al insecticida de choque cuando el problema estaba en la letra pequeña de la etiqueta.

Con la subespecie correcta, hay tres condiciones que no admiten atajo:

Se aplica sobre larvas pequeñas, de primer o segundo estadio. Contra orugas de dos centímetros el Bt es prácticamente inútil.

Se aplica al atardecer. Las esporas y los cristales proteicos se degradan con la radiación ultravioleta y pierden buena parte de su actividad en pocas horas de sol fuerte. Tratar a mediodía de julio es tirar el producto.

Se moja el envés, con volumen suficiente y buena presión. El Bt actúa por ingestión: si no está donde come la larva, no hace nada. Repetir a los siete días para alcanzar las eclosiones escalonadas.

Otras herramientas compatibles con manejo ecológico:

Spinosad, de origen bacteriano (Saccharopolyspora spinosa) y autorizado en producción ecológica. Es notablemente eficaz, pero conviene no abusar: hay resistencias documentadas en Spodoptera por uso repetido, y resulta tóxico para las abejas mientras el caldo permanece húmedo, por lo que se aplica también al atardecer y nunca sobre plantas en plena floración.

Virus de la poliedrosis nuclear específico de la especie (SeMNPV). Es un bioinsecticida muy selectivo, que solo afecta a Spodoptera exigua y respeta por completo la fauna auxiliar. Actúa despacio, así que exige aplicarlo pronto y con paciencia.

Nematodos entomopatógenos del género Steinernema, regados sobre suelo húmedo al atardecer, para atacar larvas que bajan a pupar. Necesitan humedad y temperaturas templadas para funcionar.

Fauna auxiliar. Los huevos son parasitados por Trichogramma, y las larvas pequeñas por icneumónidos como Hyposoter didymator y bracónidos del género Chelonus. Depredan larvitas y huevos las crisopas (Chrysoperla carnea), Orius y varios heterópteros. Todo esto se conserva solo si no se abusa de los piretroides.

Barreras y manejo. En invernadero, malla anti-insecto en bandas y puertas. En el exterior, tela sin tejer o malla fina sobre lechugas y coles jóvenes durante los picos de vuelo, cerrando bien los laterales. Y después de la cosecha, retirar los restos vegetales y dar una labor superficial: al remover los primeros centímetros se destruyen las celdillas de pupa y se dejan expuestas al sol y a los pájaros. Es una de las medidas de mayor rendimiento por esfuerzo invertido.

Larva de gardama alimentándose sobre una hoja

Control químico

Antes de nada, una cuestión legal que en España se pasa por alto continuamente. En jardines y huertos particulares solo pueden emplearse productos fitosanitarios cuya etiqueta autorice el uso no profesional (mención de jardinería exterior doméstica o equivalente). Los envases de uso profesional exigen carné de aplicador y no son legales en un huerto familiar, por mucho que se consigan. El listado vigente de materias activas y usos autorizados está en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, y cambia con frecuencia: lo que estaba permitido hace tres años puede estar retirado hoy. Consultarlo antes de comprar evita disgustos.

En el ámbito profesional, las familias que se manejan contra Spodoptera incluyen las diamidas, el indoxacarbo, la emamectina, los reguladores de crecimiento como la metoxifenocida y los espinosinos. Sea cual sea el producto, tres reglas valen para todos:

Rotar modos de acción. Spodoptera exigua tiene una capacidad notable para desarrollar resistencia, y en el sureste español los fracasos con piretroides son historia vieja. Repetir la misma materia activa generación tras generación fabrica una población resistente en poco tiempo. Se alternan grupos con mecanismos distintos, no marcas comerciales distintas del mismo grupo.

Desconfiar del piretroide como solución fácil. Aparte de la resistencia, arrasa con depredadores y parasitoides, y el resultado clásico es una explosión posterior de araña roja o de mosca blanca que sale más cara que la gardama original.

Respetar el plazo de seguridad indicado en la etiqueta entre la aplicación y la recolección. En hortalizas de hoja que se cosechan de forma escalonada esto obliga a planificar: no se puede tratar el jueves y cortar lechugas el sábado.

Errores que se repiten

Tratar tarde. Cuando se ven agujeros grandes y frutos perforados, las larvas están en cuarto o quinto estadio, son mucho menos sensibles a todo y buena parte ya está dentro del fruto, fuera del alcance del caldo.

Mojar solo el haz. Los huevos y las larvas pequeñas están debajo. Una aplicación por encima con la mochila a media presión deja intacta a buena parte de la población.

Tratar a pleno sol. Perjudica sobre todo a los biológicos, pero también favorece fitotoxicidad en hojas tiernas de lechuga o pimiento con temperaturas altas.

Dejar el cenizo y el bledo alrededor. Mientras haya reservorio adyacente, cada tratamiento compra dos semanas de tregua y nada más.

Ignorar el suelo al final del ciclo. Las pupas invernantes de este año son la plaga temprana del que viene. Retirar restos y labrar cierra el círculo.

En resumen

La gardama es la oruga de una polilla nocturna, principalmente Spodoptera exigua, que pone en el envés de las hojas masas de huevos cubiertas de escamas claras y cuyas larvas empiezan raspando el parénquima antes de dispersarse y perforar brotes y frutos. Pupa en el suelo, encadena varias generaciones al año en el clima peninsular y se dispara en verano y bajo invernadero.

El control eficaz se apoya en detectar pronto (feromona para el aviso, revisión del envés para la decisión) y actuar sobre larvas pequeñas. En manejo ecológico, Bacillus thuringiensis subsp. aizawai —no kurstaki—, aplicado al atardecer y mojando bien el envés, con spinosad o virus específico como refuerzo y la fauna auxiliar protegida. Si se recurre a insecticidas de síntesis, solo productos autorizados para el ámbito de uso que corresponda, rotando modos de acción y respetando plazos de seguridad. Y, al terminar el cultivo, retirar restos y remover el suelo: ahí es donde está esperando la siguiente generación.


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