El peral (Pyrus communis) es un frutal caducifolio de la familia de las rosáceas, cultivado en España sobre todo en Lleida, el valle del Ebro y La Rioja, aunque se da bien en cualquier zona con inviernos frescos. Es un árbol longevo, de porte erguido, que aguanta el frío mejor que un melocotonero y que da fruta durante décadas si se planta y se poda con cabeza.
Dos cosas que hay que resolver antes de comprar el árbol. La primera: la mayoría de los perales no cuajan solos. Necesitan polen de otra variedad compatible que florezca a la vez, así que un peral aislado en un jardín sin otros perales cerca puede dar flor todos los años y apenas fruta. La segunda: es un árbol, no un cultivo de casa. Ocupa, necesita sol directo todo el día y hay que separarlo de la fachada y del lindero. En un patio pequeño la única fórmula razonable es una forma plana, en espaldera, sobre patrón enanizante.
El patrón: franco o membrillero
El peral se injerta sobre dos tipos de patrón, y la elección cambia el árbol entero.
El franco de peral da un árbol vigoroso, grande, longevo y más tolerante a suelos calizos y a la sequía. Tarda más en entrar en producción y hay que subirse a él para recoger.
El membrillero es el patrón enanizante clásico del peral. Da árboles pequeños, que entran antes en producción y se manejan desde el suelo, ideales para un jardín o para formas en espaldera. A cambio es más sensible a la caliza, donde amarillea por clorosis férrica, y exige riego más regular.
Hay un detalle técnico que conviene conocer porque explica muchas etiquetas de vivero: algunas variedades, entre ellas la Williams, son incompatibles con el membrillero y se injertan con un intermediario, es decir, con una variedad puente entre el patrón y la variedad final. No es un problema si compras en vivero, pero sí es la razón por la que no puedes injertar cualquier peral sobre cualquier membrillero.
Polinización y variedades
Planta al menos dos variedades que coincidan en floración, o un peral con un injerto de otra variedad en una rama. Si en el vecindario hay perales, es probable que las abejas resuelvan el asunto, pero no cuentes con ello si estás aislado.
Entre las variedades habituales en España están la Conferencia, de piel bronceada y muy extendida, la Blanquilla, la Ercolina, la Limonera, temprana, y la Williams, muy aromática y de uso también en conserva. Al comprar, pregunta expresamente por la época de floración y por qué variedad sirve de polinizadora, porque esa información es la que decide si vas a tener peras.
Dónde y cuándo plantar
Sol pleno. Suelo profundo, fresco y con buen drenaje; el peral tolera terrenos algo más pesados que un melocotonero, pero no el encharcamiento prolongado.
En clima, necesita bastante frío invernal para salir bien del reposo. Eso lo hace un frutal más de interior peninsular y de valle del Ebro que de litoral cálido: en el sur más templado la floración se vuelve irregular y el cuajado, escaso.
- Interior peninsular y valle del Ebro. Su terreno. Se planta a raíz desnuda de finales de otoño a finales de invierno, en reposo.
- Norte atlántico. Bien en cuanto a frío y agua. Hay que extremar el cuidado con el drenaje y con la roña, que la humedad de primavera favorece.
- Litoral mediterráneo y sur. Cultivable eligiendo variedades de menores necesidades de frío, y mejor en zonas de interior de esas provincias que en la línea de costa.
El hoyo, amplio y con el fondo bien mullido. El punto de injerto queda por encima del nivel del suelo, siempre. Y deja distancia: varios metros a la casa y a otros árboles, y como mínimo lo que fija el artículo 591 del Código Civil respecto al lindero, dos metros para árboles altos salvo ordenanza o costumbre local.
Formas de conducción
El peral admite muy bien las formas planas y por eso es el frutal de espaldera por excelencia. En un jardín pequeño, una palmeta contra un muro soleado, sobre patrón de membrillero, ocupa menos que un arbusto y da fruta de sobra para una casa.
En finca se conduce en eje central o en vaso. Con eje central el árbol es más productivo y se recoge mejor; con vaso, más tradicional, se abre el centro para que entre luz.
Poda
Aquí está la diferencia más importante respecto a un frutal de hueso: el peral fructifica en dardos y lamburdas, ramitos cortos que viven y producen varios años. No hay que renovar madera cada temporada como en un melocotonero; hay que conservar esos ramitos cortos y no cortarlos por error.
La poda de invierno, en reposo, aclara ramas mal situadas, cruzadas o secas, elimina chupones verticales y mantiene la estructura. Los brotes largos y verticales del año se pueden acortar o, mejor, arquear e inclinar: una rama tumbada frena su vigor y forma dardos, que es exactamente lo que se busca.
El aclareo de frutos ayuda mucho: los ramilletes traen varias peras y dejando una o dos por ramillete se consigue calibre y se evita que el árbol se agote y entre en vecería, esa alternancia de un año cargado y otro vacío.
Riego y abonado
Riego regular, y especialmente durante el engorde del fruto en verano. Los altibajos dan peras pequeñas y de textura áspera. Sobre patrón de membrillero, con raíz más superficial, el riego debe ser más frecuente y constante que sobre franco.
El abonado, moderado. El exceso de nitrógeno produce brotes largos y tiernos que no fructifican y que además son mucho más sensibles al fuego bacteriano.
Plagas y enfermedades
- Fuego bacteriano (Erwinia amylovora). Es lo más grave que le puede pasar a un peral. Las ramas se secan de golpe con aspecto quemado, la punta se curva en forma de cayado y la hoja seca queda pegada. Está sometido a control oficial en España. No podes por tu cuenta si lo sospechas: avisa al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma. Y compra siempre planta de vivero autorizado con su pasaporte fitosanitario.
- Psila del peral (Cacopsylla pyri). La plaga característica del cultivo. Produce melaza abundante que ennegrece hojas y frutos con negrilla y debilita el árbol. Se agrava con el exceso de vigor y de nitrógeno.
- Roña o moteado (Venturia pirina). Manchas oscuras aterciopeladas en hoja y fruto, y frutos agrietados. Primaveras lluviosas.
- Carpocapsa (Cydia pomonella). El gusano de la pera, que perfora el fruto y sale por un agujero con serrín.
- Pulgón ceniciento. Encrespa la hoja de los brotes en primavera.
- Manchas y podredumbres de fruto. Frecuentes en años húmedos y en árboles con la copa muy cerrada.
La higiene del árbol es la mejor prevención doméstica: recoger la fruta caída, retirar las peras momificadas que quedan colgando, airear la copa y no forzar el abonado.
Cosecha: la pera no se deja madurar en el árbol
Esta es la particularidad que más sorprende. La pera es un fruto climatérico que madura mejor fuera del árbol. Si la dejas hasta que esté blanda en la rama, se te queda harinosa y granulosa, y el corazón se pardea antes de que llegue a la mesa.
Se recoge cuando está hecha pero todavía firme. El truco de campo es sencillo: coge la pera y levántala girando el pedúnculo hacia arriba, hasta la horizontal. Si se desprende sola por el pedúnculo, está lista; si hay que tirar, todavía no.
Después se deja madurar en casa, a temperatura ambiente, en una fuente y sin apilar. Se sabe que está en su punto porque cede ligeramente al presionar con el dedo junto al pedúnculo, no en la panza. Las variedades de invierno se guardan en frío durante semanas y se sacan por tandas para que maduren.
Manipúlalas con cuidado, porque la pera se marca con nada y el golpe se pardea. Lo que sobra va bien en compota, en almíbar o cocida en vino, que es el destino clásico de las variedades más firmes.
En resumen
El peral es un frutal de clima fresco que pide sol, suelo profundo y drenado, y dos variedades compatibles para polinizarse. El patrón decide el tamaño: franco para un árbol grande de finca, membrillero para un árbol pequeño de jardín o para una espaldera contra un muro, que es la mejor solución cuando hay poco espacio.
En el manejo, dos cosas marcan la diferencia. Una es la poda: se conservan los dardos y lamburdas, que producen durante años, y se arquean los brotes largos en vez de despuntarlos todos. La otra es la recolección: la pera se coge firme y se madura en casa, nunca en el árbol. Y vigila el fuego bacteriano, que en este cultivo no es una plaga más, sino la que obliga a llamar a sanidad vegetal.