La patata (Solanum tuberosum) es una solanácea originaria de los Andes, y probablemente el cultivo más agradecido que puedes meter en un huerto o incluso en un saco de una terraza. Se planta un tubérculo, se aporca dos veces, se riega y a los pocos meses se cava y salen patatas. Lo que hace falta para que salga bien cabe en cuatro decisiones: qué patata plantas, cuándo, a qué profundidad y cuándo la sacas.
Y hay un punto de seguridad que va antes que todo lo demás: la parte verde de la patata es tóxica. Las hojas, los tallos, los frutos verdes que a veces salen y, sobre todo, los tubérculos que se han puesto verdes por darles la luz contienen solanina, un alcaloide que provoca intoxicaciones. Un tubérculo verde o muy brotado no se come ni se aprovecha quitando la parte verde: se descarta. Por eso el aporcado no es una manía de hortelano, es lo que mantiene las patatas tapadas y en la oscuridad.
Qué patata plantar
No plantes patatas del supermercado. Suelen ir tratadas con antibrotante para que aguanten en la estantería, así que brotan mal o no brotan, y sobre todo pueden traer enfermedades que se quedan en tu suelo durante años.
Lo que se planta es patata de siembra certificada, que se vende en cooperativas, viveros y centros de jardinería y viene con su etiqueta y su pasaporte fitosanitario. Es material producido bajo control sanitario, libre de las virosis y las plagas de cuarentena que arruinan el cultivo. Cuesta un poco más que una bolsa de patatas y es la mejor inversión del huerto.
Los tubérculos de siembra pequeños se plantan enteros. Los grandes se pueden cortar en trozos, siempre con dos o tres yemas cada uno, dejando secar el corte un par de días antes de plantar; aun así, si tienes dudas o el año viene húmedo, planta enteros y evítate podredumbres.
La pregerminación
Unas semanas antes de plantar, coloca los tubérculos en cajas planas, en una sola capa, con las yemas hacia arriba, en un sitio fresco, con luz indirecta y sin heladas. Brotan poco a poco y salen brotes cortos, gruesos y verdes o violáceos, que es justo lo que se busca.
Es el único caso en que la luz sobre una patata es buena, precisamente porque se trata de brotes cortos y firmes y no de tubérculos para comer. Una patata pregerminada arranca antes, adelanta la cosecha y aprovecha mejor una temporada corta. Ojo con los brotes largos, blancos y frágiles: eso es lo que sale en la despensa a oscuras, se rompen al plantarlos y no sirven.
Cuándo plantar en España
La referencia es que la patata no soporta las heladas: el hielo quema la mata joven y la deja parada, aunque la planta rebrote después.
- Canarias y litoral sur. Se planta muy pronto, entre el otoño y el pleno invierno, para cosechar la patata extratemprana en primavera.
- Litoral mediterráneo. De finales del invierno a principios de la primavera, con cosecha a comienzos del verano. En zonas suaves se puede hacer una segunda plantación de otoño.
- Interior peninsular. En primavera, cuando ya no se esperan heladas, con cosecha de verano. En las zonas de media montaña se retrasa la plantación y la patata se recoge a finales del verano.
- Norte atlántico. Primavera, escalonando plantaciones, con cosecha de verano y de comienzos de otoño. Aquí el factor limitante no es el frío sino el mildiu, que la humedad dispara.
Suelo, rotación y plantación
La patata quiere suelo suelto, profundo y con materia orgánica bien descompuesta. En terreno compacto o pedregoso salen tubérculos pequeños y deformes. Prefiere pH ligeramente ácido y no le va bien un suelo muy calizo recién encalado, que favorece la sarna común, esas costras rugosas en la piel.
La rotación es innegociable: no plantes patatas donde hubo patatas, tomates, pimientos o berenjenas en los últimos tres o cuatro años. Son todas solanáceas y comparten plagas y enfermedades del suelo.
Se plantan en surcos, con el tubérculo enterrado a un palmo escaso y las yemas hacia arriba, dejando espacio suficiente entre plantas y entre líneas para poder aporcar después. Estrechar el marco es un error clásico: da mata apretada, más enfermedad y patata pequeña.
El aporcado
Es la tarea que define este cultivo. Cuando la mata levanta un palmo, se arrima tierra al pie formando un caballón; y se repite unas semanas después, subiendo más tierra.
Sirve para tres cosas a la vez. Sujeta la mata, que es alta y se tumba. Da volumen de tierra suelta donde se forman los tubérculos, que crecen por encima del tubérculo madre, no por debajo. Y, sobre todo, mantiene las patatas tapadas y a oscuras, que es lo que evita que se pongan verdes y desarrollen solanina. Si al final del cultivo ves tubérculos asomando en el caballón, tápalos.
Riego
Regular y sin excesos. El momento crítico va desde la floración hasta que la mata empieza a amarillear, que es cuando engordan los tubérculos; una sequía en esas semanas reduce mucho la cosecha.
Lo que hay que evitar es la irregularidad. Alternar sequía y riegos abundantes provoca tubérculos agrietados y deformes, con crecimientos secundarios. Y el exceso de agua en suelo pesado pudre la cosecha bajo tierra sin que se note desde arriba. Hacia el final del cultivo, cuando la mata se seca, se corta el riego para que la piel endurezca.
En saco o en maceta
Funciona muy bien y es una de las mejores formas de tener huerto en una terraza. Necesitas un recipiente alto y ancho, un saco de cultivo, un cubo grande o un bidón, siempre con agujeros de desagüe.
El método es sencillo: se llena un tercio con sustrato mezclado con compost, se colocan uno o dos tubérculos, se cubren, y a medida que la mata crece se va añadiendo sustrato hasta llenar el recipiente. Es el aporcado en vertical. Después, sol directo, riego frecuente porque el sustrato se seca deprisa, y a cosechar volcando el saco sobre una lona.
Plagas y enfermedades
- Escarabajo de la patata (Leptinotarsa decemlineata). El adulto es inconfundible, con rayas negras sobre fondo amarillo, y las larvas rojizas devoran la mata en días. En huerto pequeño se controla revisando el envés de las hojas y retirando a mano huevos, larvas y adultos.
- Mildiu o tizón tardío (Phytophthora infestans). La enfermedad grande de la patata. Manchas pardas que avanzan en hoja y tallo con tiempo húmedo y templado, y que pueden acabar con el cultivo. Marcos amplios, riego al pie y no mojar la hoja son la primera defensa.
- Alternaria. Manchas pardas con anillos concéntricos, más frecuente en plantas debilitadas y al final del ciclo.
- Sarna común. Costras superficiales en la piel. Afea, no impide comerla; se asocia a suelos secos y muy calizos.
- Gusanos de alambre. Perforan los tubérculos con galerías finas. Más habituales en terreno recién roturado de pradera.
- Polilla guatemalteca de la patata (Tecia solanivora). Presente en zonas del norte peninsular y en Canarias, y sometida a control oficial. Sus larvas hacen galerías dentro del tubérculo. Es una razón más para usar solo patata de siembra certificada y para no mover patatas de una zona a otra por tu cuenta.
Si aparece un problema grave y generalizado, y muy especialmente si sospechas de una plaga de cuarentena, avisa al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma.
Cosecha
Hay dos cosechas posibles. La patata nueva se saca cuando la mata está en flor: son tubérculos pequeños, de piel finísima que se raspa con el dedo, buenísimos y de consumo inmediato, porque no se conservan.
La patata de guarda se recoge cuando la mata se ha secado del todo. Conviene esperar un par de semanas desde que la parte aérea muere, para que la piel endurezca. Se cava con horca, empezando lejos del pie para no pinchar los tubérculos, y se hace en un día seco.
Una vez fuera, se dejan orear unas horas a la sombra, nunca al sol. No se lavan: la tierra seca se cepilla y basta, porque la humedad del lavado dispara las podredumbres en el almacén.
Conservación
En un sitio oscuro, fresco, seco y ventilado, en cajas o sacos de tela o red, nunca en bolsa de plástico cerrada. La oscuridad es lo esencial: cualquier luz, incluso la de una bombilla encendida a diario, va verdeando las patatas.
Repasa el montón cada cierto tiempo y retira las que se estén pudriendo o brotando. Descarta sin dudarlo las que tengan zonas verdes bajo la piel o estén blandas y muy brotadas. Y guarda las patatas lejos de las cebollas, que se llevan mal y se estropean antes juntas.
En resumen
Para tener buenas patatas hacen falta pocas cosas y hechas en orden: patata de siembra certificada y pregerminada, un suelo suelto sin solanáceas en los últimos años, plantación pasado el riesgo de heladas según tu zona, dos aporcados y riego regular durante el engorde. En terraza, un saco alto y el mismo esquema en vertical.
Y la parte que no se negocia: todo lo verde de esta planta es tóxico. Aporca para que los tubérculos no vean la luz, cosecha con la mata seca, guarda a oscuras y en fresco, y tira sin pena cualquier patata verdosa. Con eso, un metro cuadrado de huerto da patatas para semanas.