La ortiga mayor (Urtica dioica) es una planta vivaz de la familia de las urticáceas, presente en toda España en suelos ricos en nitrógeno: bordes de corral, cunetas, escombreras, huertos abandonados y sotos de río. Junto a ella crece la ortiga menor (Urtica urens), anual y más pequeña, con la misma capacidad de picar. Plantarla a propósito suena raro, pero se hace, y por dos motivos muy concretos: para tener verdura de primavera y para preparar el purín de ortiga del huerto.
Antes de nada, lo evidente: pica. Toda la planta está cubierta de pelos urticantes que se rompen al rozarlos y liberan un contenido irritante que provoca escozor, ronchas y picor durante un buen rato. No es peligroso para la mayoría de la gente, pero es molesto y a los niños les asusta. Se trabaja siempre con guantes gruesos y manga larga, y no se planta en el paso de un camino, junto a un banco ni donde juegue un crío. Si estás sembrando ortigas de forma deliberada, elige el rincón, no el centro del jardín.
Cómo es la planta
La ortiga mayor es vivaz y rizomatosa: bajo tierra tiene rizomas amarillentos que se extienden lateralmente y de los que salen tallos nuevos cada primavera. Los tallos son erguidos, cuadrados, y las hojas opuestas, acorazonadas y con el borde muy dentado, cubiertas de pelos por ambas caras.
Es dioica, como dice su nombre: hay pies masculinos y pies femeninos, con inflorescencias colgantes verdosas y poco vistosas, polinizadas por el viento. La ortiga menor, en cambio, es anual, lleva las flores de los dos sexos en la misma planta y se comporta como una mala hierba de huerta que nace, florece y muere en la misma temporada.
Es una planta nitrófila, o sea, indicadora de suelo rico. Donde hay ortigas espontáneas hay materia orgánica y nitrógeno, y eso es información útil sobre tu terreno.
Un detalle a favor: las mariposas
La ortiga no es solo una hierba molesta. Es la planta nutricia de las orugas de varias mariposas europeas conocidas, entre ellas la ortiguera y la vanesa atalanta, que ponen sus huevos justo en ella. Dejar o cultivar una mancha de ortigas en un rincón soleado del huerto es una de las formas más baratas y eficaces de tener mariposas en el jardín. Si la mantienes, no la siegues entera a la vez: deja siempre una parte en pie.
Dónde plantarla y cómo contenerla
La ortiga prefiere media sombra o sol suave, suelo fresco, profundo y rico en materia orgánica. Le va bien la sombra de un seto, el pie de un muro orientado al norte o el borde húmedo del huerto. En pleno sol y suelo seco crece, pero se queda dura y espiga enseguida.
Y aquí llega la advertencia práctica: se extiende. Los rizomas colonizan metros en un par de temporadas y arrancarla después es un trabajo desagradable y lento, porque cualquier trozo de rizoma que quede rebrota. Si la plantas, contenla desde el primer día. Las dos formas que funcionan son plantarla en un recipiente grande enterrado, con el borde sobresaliendo un par de dedos del suelo, o mantenerla directamente en maceta o jardinera. Un bordillo somero no la para.
- Norte atlántico. Su clima ideal. Crece sola, con vigor, prácticamente sin cuidados.
- Interior peninsular. Bien en zonas frescas y regadas; en secano se agosta pronto y la temporada de hoja tierna es corta.
- Litoral mediterráneo. Necesita sombra y riego para pasar el verano. La mejor cosecha es de invierno a primavera.
Siembra y multiplicación
Por división de rizoma. Es lo más rápido y lo más seguro. A finales del invierno o en otoño se saca un trozo de rizoma con brotes de una mata existente y se planta en el sitio contenido. Arranca sin dificultad.
Por semilla. La semilla es muy pequeña. Se siembra en primavera, en semillero o directamente, esparcida sobre la superficie y apenas cubierta, manteniendo el sustrato húmedo. Germina bien y las plántulas se trasplantan pequeñas.
Un aviso sobre la semilla recogida en el campo: identifica bien la planta madre y no la recojas en cunetas tratadas con herbicida, en márgenes de carretera con mucho tráfico ni al lado de vertidos, porque la ortiga acumula lo que hay en el suelo y esa cosecha luego se come.
Riego y mantenimiento
Riego regular para tener hoja tierna: la ortiga estresada por sequía se endurece, espiga y pierde interés en la cocina. En maceta, riego frecuente y sustrato rico, con compost.
El mantenimiento es siega. Cortar la mata a media altura después de la primera cosecha provoca un rebrote tierno, que es exactamente lo que interesa. En otoño se corta lo seco a ras. No necesita abonado si el suelo tiene materia orgánica, y de hecho el exceso de riqueza en un rincón donde ya está contenta solo sirve para que crezca más.
Cosecha, con las precauciones que toca
Se cosechan los brotes y hojas jóvenes de la parte alta, cortando los cuatro o seis pares de hojas superiores, en primavera y en los rebrotes posteriores. Con guantes, tijera y una bolsa; nunca a mano desnuda.
La regla de seguridad alimentaria es clara: se recoge antes de la floración. Cuando la planta florece, las hojas se vuelven ásperas y desarrollan concreciones minerales que las hacen desaconsejables para el consumo, así que a partir de ese momento la mata sirve para purín, no para la sartén.
La ortiga se come siempre cocinada. El calor destruye los pelos urticantes, igual que el secado y el escaldado; una ortiga cruda pica en la boca. Escaldada un par de minutos y escurrida se usa como una espinaca, en tortilla, en crema, en potajes o en relleno de empanada, que es un uso tradicional bien documentado en el norte peninsular. También se seca la hoja joven y se guarda desmenuzada para infusión, un uso popular antiguo que aquí se menciona como tradición y nada más: este sitio no da consejo de salud ni atribuye propiedades a ninguna planta.
El purín de ortiga
Es la razón por la que muchos hortelanos tienen una mata de ortigas a propósito. La preparación tradicional consiste en meter ortiga fresca cortada en un recipiente no metálico, cubrirla con agua, preferiblemente de lluvia, y dejarla macerar al aire removiendo cada día. Al cabo de unos días empieza a fermentar y a oler, que es un olor considerable, así que el cubo va lejos de la casa y de la ventana del vecino.
Cuando deja de hacer espuma se cuela y se guarda en un bidón cerrado, en oscuridad y fresco. Se emplea muy diluido en agua, como aporte al pie de las plantas del huerto. Los restos vegetales colados van al compost.
Dos precisiones honestas. Una: la maceración es una práctica de tradición hortelana muy extendida, no un producto milagroso, y sus efectos dependen mucho de la ortiga, del agua y del tiempo de fermentación. Dos: si vas a tratar plantas de las que vas a comer, la prudencia manda usarla como abono al suelo y no pulverizar sobre hoja próxima a cosecharse.
Si te ha picado
La reacción normal es local: ronchas blanquecinas sobre piel enrojecida y picor que dura de minutos a un par de horas. Lavar la zona con agua fría y jabón, sin frotar, y evitar rascarse es lo sensato. No se recomienda aquí ningún remedio casero de los muchos que circulan.
Ahora bien, si aparece una reacción que va más allá de la zona de contacto, hinchazón, dificultad para respirar o malestar general, o si el contacto ha sido muy extenso, hay que acudir a un médico o llamar al Instituto Nacional de Toxicología. Y si la planta está en un jardín con niños pequeños, la decisión más razonable no es tratarla, es arrancarla.
En resumen
La ortiga es una vivaz rizomatosa de suelos ricos y frescos que se cultiva a propósito por su hoja tierna de primavera y por el purín del huerto. Es fácil hasta el exceso: la dificultad no está en que crezca, sino en que no se apodere del terreno, así que plántala siempre contenida en un recipiente enterrado o en maceta, y en un rincón por donde no se pase.
Trabájala con guantes, cosecha solo los brotes jóvenes y antes de que florezca, y consúmela siempre cocinada o seca, nunca cruda. A cambio tendrás una verdura de temporada, un abono líquido casero de toda la vida y, si dejas una parte sin cortar, orugas de mariposa en tu propio huerto.