La melisa es Melissa officinalis, una labiada perenne del sur de Europa y del oeste de Asia, conocida también como toronjil o hierba luisa en algunas zonas, aunque este último nombre lleva a error porque la hierba luisa de verdad es otra planta, Aloysia citrodora. La melisa se reconoce sin dificultad: hoja verde intensa, arrugada, dentada, opuesta dos a dos en un tallo cuadrangular, y un olor claramente a limón cuando la frotas entre los dedos.
Es una de las aromáticas más fáciles de cultivar en maceta y una de las pocas labiadas que prefiere el suelo fresco a la sequía. Antes de plantarla hay que saber dos cosas: se resiembra con mucha facilidad y la mata se ensancha por la base, así que en un bancal puede acabar ocupando bastante más de lo previsto. En maceta el problema desaparece.
Cómo es la planta
Forma una mata erguida y ramificada de porte medio, que rebrota cada primavera de una cepa subterránea. Las hojas son de un verde vivo, con la superficie muy rugosa y el borde aserrado, y el follaje es lo que se aprovecha.
Las flores son pequeñas, blanquecinas o de un rosa muy pálido, agrupadas en las axilas de las hojas. No tienen valor ornamental, pero atraen abejas de forma llamativa: el nombre del género viene del griego melissa, abeja, y ese es exactamente el motivo. Si tienes huerto, la melisa en flor es un imán de polinizadores.
Existe una variedad de follaje dorado, 'Aurea', y otras variegadas, que se usan como planta ornamental y que se multiplican por esqueje porque de semilla no salen fieles.
Dónde plantarla
La melisa es rústica y aguanta bien el frío invernal, así que se cultiva en toda España. Lo que le cuesta es el calor seco: en el sur y en el interior, en pleno verano, una melisa a sol pleno y sin agua se quema y se para.
- Norte atlántico. Su clima ideal. Sol pleno o media sombra, sin problemas de humedad.
- Interior peninsular. Sol de mañana y sombra en las horas centrales del verano, con riego regular.
- Litoral mediterráneo y sur. Media sombra y suelo fresco. A pleno sol de agosto lo pasa mal.
Es una de las pocas aromáticas de cocina que agradece la sombra parcial, y eso la hace útil para rincones donde el romero o el tomillo no funcionarían.
Siembra y multiplicación
La semilla es fina y necesita luz para germinar: se siembra en superficie, sin cubrir, y se mantiene húmeda con pulverizador. La germinación es lenta, así que conviene no impacientarse ni volver a sembrar encima. Se siembra en semillero a finales de invierno, o directamente en el sitio en primavera cuando el suelo está templado.
Dicho esto, sembrar melisa es la vía más lenta. Las dos alternativas son mejores:
- División de mata. En otoño o a finales de invierno se saca la planta, se separa en trozos con raíz y se replantan. Es rápido, fiable y además rejuvenece la mata vieja.
- Esqueje de tallo. En primavera o principios de verano, brotes no florecidos en sustrato húmedo y a la sombra. Enraízan bien y es la forma de conservar variedades de follaje.
Sustrato, maceta y riego
Quiere un suelo fresco, con materia orgánica y buen drenaje. No es exigente en fertilidad pero sí en humedad constante: la melisa es de las pocas labiadas que se resiente antes por sequía que por exceso de riego.
En maceta, un contenedor de tamaño medio o grande con sustrato universal y un poco de compost. Al ser una planta que bebe, un recipiente pequeño se seca demasiado rápido en verano. El acolchado con paja o corteza sobre la superficie ayuda mucho a mantener la humedad.
El riego es regular: se riega cuando la capa superficial se seca, sin llegar a que la planta se marchite. En verano, en maceta y al sol, puede necesitar agua a diario. En invierno, con la planta en reposo, casi nada.
Poda y control
La melisa se poda por dos razones. La primera, para tener hoja tierna: los cortes provocan rebrotes con hojas nuevas, más aromáticas que las viejas. La segunda, para controlar la resiembra.
Lo más práctico es cortar la mata a media altura cuando empieza a subir la flor. Con eso consigues hoja fresca para el resto del verano y evitas que suelte semilla por todo el jardín. Si quieres flor para las abejas, deja algunos tallos y corta el resto.
A finales de otoño la parte aérea se seca. Se recorta a ras y en primavera la planta rebrota con fuerza. Cada tres o cuatro años conviene dividir la mata, porque el centro se apelmaza y produce menos.
Plagas y problemas frecuentes
- Oídio. El problema más habitual de la melisa. Polvo blanco sobre las hojas en verano, con humedad ambiental y poca ventilación. Se controla aclarando la mata, regando al pie y no mojando el follaje.
- Hojas quemadas. Sol directo excesivo en zonas cálidas. Cambia de sitio o dale sombra en las horas duras.
- Pulgón. En brotes tiernos de primavera.
- Caracoles y babosas. Atacan los rebrotes tiernos en primavera, sobre todo en el norte.
- Mata agotada. Con los años produce menos y con hoja más pequeña. Se divide y listo.
Cosecha y conservación
Las hojas se pueden ir cortando en cualquier momento de la temporada de crecimiento. Para una recolección seria, el mejor momento es justo antes de la floración, por la mañana, cuando ha desaparecido el rocío. Se cortan los tallos dejando bastante planta abajo para que rebrote.
Aquí hay un detalle importante y poco conocido: la melisa pierde mucho aroma al secarse, más que la mayoría de las aromáticas. Una melisa seca de un año conserva poco de aquel olor a limón. Por eso, si vas a secarla, hazlo bien y rápido: manojos pequeños colgados boca abajo, a la sombra, en un sitio muy aireado, o mejor extendida en una sola capa sobre rejilla. Al sol o con calor excesivo se apaga del todo.
Para uso doméstico funciona mucho mejor congelar la hoja, entera o picada, o usarla fresca directamente de la planta. Al ser perenne y de brotación larga, tienes hoja fresca gran parte del año.
La melisa tiene una tradición muy larga en la cocina y la herboristería europeas, y su uso en infusión está documentado desde hace siglos. Como en el resto de esta guía, nos quedamos en el dato de tradición: aquí se trata como planta de cultivo.
Melisa en maceta paso a paso
Es probablemente la mejor forma de tenerla. Elige una maceta de al menos un palmo largo de diámetro, con drenaje real. Llena con sustrato universal y un puñado de compost. Planta una sola mata en el centro, riega a fondo y colócala donde reciba sol de mañana y sombra por la tarde.
A partir de ahí, riego regular sin encharcar, cortes frecuentes para consumir hoja, poda a media altura cuando suba la flor y recorte a ras en otoño. Cada dos o tres años, saca el cepellón, divídelo y replanta un trozo en sustrato nuevo. Con eso tienes melisa indefinidamente.
En resumen
La melisa, Melissa officinalis, es una labiada perenne rústica de olor a limón que se cultiva en toda España y que, a diferencia de la mayoría de aromáticas mediterráneas, prefiere suelo fresco y agradece la media sombra en las zonas calurosas. Se multiplica mucho mejor por división de mata o esqueje que por semilla, que germina lenta y necesita luz.
El cuidado se reduce a riego regular, corte a media altura cuando sube la flor para tener hoja tierna y evitar la resiembra, y división cada pocos años. Y una advertencia práctica: pierde el aroma al secarse, así que úsala fresca o congélala, que es donde de verdad se aprovecha.