El macadamio o nogal de Queensland es un árbol subtropical de la familia de las proteáceas, originario de la costa este de Australia. Las dos especies cultivadas son Macadamia integrifolia, de hojas en verticilos de tres y borde liso, y Macadamia tetraphylla, de hojas en verticilos de cuatro y borde dentado; buena parte del material comercial son híbridos de ambas. Es un árbol de hoja perenne, coriácea y brillante, con racimos colgantes de flores blancas o rosadas y frutos que encierran esa nuez de cáscara durísima que todo el mundo conoce.
Lo primero que hay que asumir es que no es una planta de casa ni de maceta. Un macadamio adulto es un árbol grande, de copa ancha y varios metros de altura, con raíces superficiales y frágiles. Necesita su sitio en el suelo, a distancia suficiente de la casa, de las conducciones y del lindero, y necesita paciencia: incluso un ejemplar injertado tarda varios años en empezar a producir, y uno nacido de semilla tarda muchos más y no reproduce la calidad de la variedad madre.
Dónde se puede plantar en España
El macadamio es sensible al frío, sobre todo de joven, y no tolera las heladas fuertes. Eso reduce mucho el mapa:
- Canarias: es la zona más favorable del país, en medianías con humedad y sin heladas.
- Litoral subtropical del sur peninsular, la franja de la costa de Granada y Málaga donde prosperan el aguacate y el mango: es viable en parcelas resguardadas y sin heladas.
- Resto del litoral mediterráneo: marginal. Puede sobrevivir en microclimas muy protegidos, con riesgo en los inviernos duros.
- Interior peninsular y norte atlántico: no. En el interior lo matan las heladas; en el norte le falta calor y le sobra humedad invernal.
También le perjudica el viento fuerte, que le rompe ramas y le tira la floración, así que un cortavientos natural ayuda mucho.
Suelo: el punto crítico de las proteáceas
Aquí está la particularidad que hace fracasar a quien lo trata como un frutal cualquiera. Las proteáceas desarrollan raíces proteoides, densas agrupaciones de raicillas que les permiten extraer nutrientes de suelos muy pobres. La consecuencia práctica es que son sensibles al exceso de fósforo: un abonado normal de frutales, rico en fósforo, puede intoxicar al árbol y provocar quemaduras foliares y decaimiento.
Lo que pide es un suelo profundo, suelto, muy bien drenado y de reacción ácida o ligeramente ácida. Los suelos calizos y compactos le sientan mal. El encharcamiento es letal por dos vías: asfixia la raíz y abre la puerta a las podredumbres de cuello. Si el terreno es pesado, se planta en caballón elevado.
Plantación
Se planta en primavera, pasado cualquier riesgo de helada, con planta injertada de vivero. Hoyo amplio, sin abonos fosfatados en el fondo, tierra bien mullida y acolchado orgánico en superficie, porque las raíces son superficiales y agradecen que el suelo se mantenga fresco y no se compacte.
Conviene plantar dos variedades distintas. El macadamio produce algo por sí solo, pero la polinización cruzada mejora claramente el cuajado, y las abejas hacen el trabajo si hay dos cultivares compatibles floreciendo a la vez.
La distancia entre árboles y respecto a construcciones tiene que contemplar el tamaño adulto: copa ancha, raíces superficiales extendidas y una caída anual de frutos duros que conviene que no ocurra sobre un coche o un tejadillo.
Riego
Necesita agua regular, sobre todo durante la floración y el llenado del fruto, y drenaje impecable el resto del tiempo. Es una combinación exigente: húmedo pero nunca encharcado. El riego localizado con acolchado encima es lo que mejor funciona. En verano seco mediterráneo, sin riego no hay cosecha.
Poda
Poca y de formación. Los primeros años se conduce para tener un eje central claro y ramas bien repartidas, evitando horquillas cerradas que luego se desgajan con el peso. En árbol adulto se limita a retirar madera seca, ramas cruzadas y las que rozan el suelo. Es una madera relativamente frágil, así que se corrigen pronto las estructuras mal formadas.
Problemas frecuentes
- Heladas: el daño más común y el más grave en árboles jóvenes.
- Asfixia radicular y podredumbres de cuello por suelo pesado o riego excesivo.
- Clorosis en suelos calizos, con hojas amarillentas y nervios verdes.
- Toxicidad por fósforo, que se manifiesta como quemaduras en los bordes y puntas de las hojas después de un abonado inadecuado.
- Cochinillas y ataques de barrenadores en tronco y ramas debilitadas.
- Rotura de ramas por viento o por horquillas mal formadas.
Cosecha y procesado
El fruto es un folículo verde y coriáceo que se abre al madurar y deja caer la nuez al suelo. La recolección tradicional consiste precisamente en recoger del suelo, con frecuencia durante las semanas de caída, porque una nuez que se queda en tierra con humedad se enmohece o la encuentran los roedores.
Después hay que quitar la cubierta verde cuanto antes y curar las nueces: secarlas lentamente en un lugar ventilado y a la sombra durante semanas, hasta que el grano se separa de la cáscara y suena al agitarla. Ese secado es lo que permite partirlas y lo que da la textura crujiente. Una macadamia recién caída y sin curar es blanda y no sabe a lo que debe.
La cáscara es de las más duras del mundo vegetal y no se abre con un cascanueces corriente. Se usa un partidor específico o un tornillo de banco, y conviene hacerlo con cuidado.
Un aviso importante si tienes perro
Las nueces de macadamia son tóxicas para los perros, y es un caso bien documentado en toxicología veterinaria. Provocan cuadros de debilidad, temblores, vómitos y dificultad para caminar, sobre todo en las patas traseras. Un árbol que suelta frutos al suelo en un jardín con perro es un problema real: hay que recoger la caída con frecuencia y, ante una ingestión, llamar al veterinario.
En resumen
El macadamio es un árbol subtropical de porte considerable que en España solo tiene sentido en Canarias y en la franja costera libre de heladas del sur peninsular. Pide suelo profundo, ácido y muy drenado, riego regular, protección del viento y, sobre todo, un abonado sin exceso de fósforo, porque como buena proteácea se intoxica con él.
No es un cultivo de maceta ni de terraza, y tampoco es rápido: se planta injertado, se acompaña de una segunda variedad para la polinización cruzada y se cuenta con varios años hasta la primera cosecha seria. Después, la nuez hay que recogerla del suelo, descascararla del envoltorio verde y curarla varias semanas antes de partirla. Y si hay perros en casa, la fruta caída se recoge sin falta.