El kiwi (Actinidia deliciosa, y Actinidia chinensis en las variedades de pulpa amarilla) no es un arbolito ni un arbusto: es una liana leñosa de crecimiento muy fuerte que, sin un soporte serio, acaba trepando por lo que encuentre y estrangulándolo. Antes de comprar una planta conviene saber dos cosas que deciden si el cultivo va a funcionar o no. La primera es que el kiwi es dioico: hay pies macho y pies hembra, y solo los hembra dan fruta. La segunda es que necesita suelo ácido y agua abundante en verano, lo que explica que en España la producción esté concentrada en la cornisa cantábrica y en Galicia, y que en el interior seco o sobre suelos calizos sea una planta que sufre.

Si esperabas plantar una semilla de un kiwi del supermercado y tener fruta en un par de temporadas, mejor cambiar de plan. Las semillas germinan sin problema, pero tardan años en llegar a floración, no sabes qué sexo te va a salir hasta que florecen y la calidad del fruto es una lotería. Para comer kiwis se compran plantas ya sexadas en vivero, normalmente una variedad hembra conocida más un macho compatible que florezca a la vez.

Planta de kiwi

Macho y hembra: la parte que casi nadie explica

Una plantación de kiwi funciona con un pie macho por cada seis u ocho hembras, repartido de forma que el polen llegue bien. En un jardín particular con dos o tres plantas hembra, basta con un macho colocado cerca. La variedad hembra más extendida en España es Hayward, de fruto grande y buena conservación; entre los machos se usan Tomuri y Matua, y no son intercambiables, porque cada uno florece en un momento y hay que emparejarlos con una hembra que coincida.

Existen variedades descritas como autofértiles, como Jenny, que se venden mucho para jardín. Producen algo por sí solas, pero la cosecha suele ser corta y de fruto pequeño; con un macho al lado mejoran. Si solo tienes sitio para una planta, esa es la opción realista, sabiendo lo que se puede esperar.

Cuánto espacio pide de verdad

Un kiwi adulto ocupa varios metros de emparrado y echa cada año brotes de longitud considerable. La forma clásica de conducirlo es en pérgola o cruceta: un tronco recto hasta la altura del alambre, dos brazos permanentes en direcciones opuestas y los brotes fructíferos colgando. También se conduce en espaldera, más cómodo de podar y algo menos productivo.

La estructura tiene que ser de verdad: postes bien anclados y alambre tenso. Una planta cargada de fruto en septiembre pesa mucho, y un emparrado improvisado con cañas se viene abajo. Por eso el kiwi no es un cultivo de balcón. En maceta grande puede vivir y hasta dar algún fruto suelto sobre una celosía, pero es una planta condenada a ir siempre justa de agua y de raíz.

Cultivo de kiwi en emparrado

Suelo, clima y dónde prospera en España

El kiwi quiere suelo profundo, suelto, rico en materia orgánica, con buen drenaje y reacción ácida o ligeramente ácida. Sobre suelo calizo aparece clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes y una planta que no arranca. Tampoco tolera el encharcamiento, que le pudre las raíces con facilidad.

Por zonas:

  • Norte atlántico (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, valles del norte de Navarra): es su sitio. Suelos ácidos, veranos suaves y lluvia repartida.
  • Interior peninsular: posible con riego generoso y suelo corregido, pero las heladas tardías de primavera queman los brotes recién salidos y el calor seco de julio y agosto quema los bordes de las hojas.
  • Litoral mediterráneo: el problema no es el frío sino el agua, el viento seco y los suelos con caliza. Se puede, con riego y control del pH, aunque no es una zona natural para él.

El viento merece un párrafo aparte. Las hojas del kiwi son grandes y se desgarran, y los brotes tiernos se rompen por la base. Un seto cortavientos o una pared que corte el viento dominante cambia el resultado.

Plantación

Se planta en reposo, de finales de otoño a finales de invierno según la zona, evitando el suelo helado o embarrado. En el norte, febrero y marzo son fechas cómodas. Hoyo amplio, materia orgánica bien descompuesta mezclada con la tierra de relleno, el cuello a nivel del suelo y un tutor que lleve el tronco recto hasta el alambre. La distancia entre plantas depende del sistema de conducción, pero siempre hablamos de varios metros: apretar el marco solo adelanta el momento en que las plantas se estorban.

Riego

Es un cultivo exigente en agua. Raíces superficiales, hoja grande y mucha transpiración: en pleno verano, una falta de riego se paga con caída de fruto y con hojas quemadas por los bordes. Lo habitual es riego localizado, con acolchado orgánico encima para conservar humedad y mantener fresco el suelo. En invierno, en cambio, el exceso de agua es lo que mata plantas jóvenes.

Hoja y brote de kiwi

Poda

El kiwi fructifica en brotes del año que salen de madera del año anterior. Esto marca toda la poda:

  • Poda de invierno, con la planta sin hoja: se eliminan las varas que ya han dado fruto y se dejan varas jóvenes bien situadas sobre los brazos, acortadas a unas cuantas yemas. Se aclara todo lo que se cruza o se amontona.
  • Poda en verde, en verano: despuntar los brotes que se disparan, quitar los chupones del tronco y airear la zona de fruto para que entre luz.
  • El pie macho se poda después de la floración, no antes, porque lo que interesa de él es la flor.

Problemas frecuentes

El más grave es la bacteriosis del kiwi (Pseudomonas syringae pv. actinidiae, la conocida PSA), presente en las zonas productoras españolas. Da exudados rojizos en tronco y brazos, manchas foliares con halo y muerte de ramas. No hay cura una vez instalada: se trabaja con material vegetal sano, herramientas desinfectadas entre planta y planta y podas en tiempo seco. La podredumbre de cuello por exceso de agua y la clorosis férrica en suelo calizo son las otras dos causas habituales de fracaso. Las heladas tardías, sin ser una plaga, se llevan cosechas enteras.

Frutos de kiwi

Cosecha y conservación

El kiwi se recolecta en otoño, duro, antes de las heladas fuertes, y madura fuera de la planta. Recogido con el punto adecuado se conserva semanas en frío y va ablandando poco a poco. Para acelerarlo, se guarda en una bolsa con una manzana o un plátano, que desprenden etileno. Un kiwi cogido demasiado pronto nunca llega a estar dulce, por mucho que se ablande.

Un apunte de seguridad: el kiwi contiene actinidina y está entre las frutas que con más frecuencia dan reacciones alérgicas, a menudo asociadas a la alergia al látex. Es fruta de introducción tardía en la alimentación infantil por ese motivo.

Otras opciones

Si el espacio es el problema, existe el kiwi baby (Actinidia arguta), de fruto pequeño, liso y comestible con piel, más rústico frente al frío y también dioico salvo en algunos cultivares. Sigue siendo una liana vigorosa, así que el ahorro es de fruta, no de emparrado.

Kiwis maduros

En resumen

El kiwi es un cultivo agradecido en su zona y frustrante fuera de ella. Necesita suelo ácido y profundo, agua en verano, abrigo del viento y un emparrado sólido, y necesita que haya un macho cerca de las plantas hembra. Con eso resuelto es una planta longeva y muy productiva; sin eso, se queda en una liana enorme que no da fruta.

Para empezar bien: plantas de vivero en lugar de semillas, una variedad hembra conocida más su macho compatible, estructura montada antes de plantar y riego previsto desde el primer verano. La poda de invierno se aprende en dos o tres temporadas mirando dónde salió el fruto el año anterior.

Planta joven de kiwi

Contenidos relacionados