El hamamelis es un arbusto caducifolio del género Hamamelis, de la familia Hamamelidaceae, y se cultiva por una razón muy concreta: florece en pleno invierno, con las ramas desnudas, y además huele. Sus flores son inconfundibles, con cuatro pétalos estrechos y retorcidos como tiras de papel, en amarillo, cobre o rojo, agrupados en pequeños ramilletes sobre la madera.
Antes de plantar uno hay que asumir dos cosas. La primera es que no es una planta de casa ni de maceta a largo plazo: un ejemplar adulto alcanza tres o cuatro metros de alto y otro tanto de ancho, y crece formando una copa abierta en forma de copa invertida. Necesita su sitio en el jardín. La segunda es que es exigente con el suelo y con el clima: quiere tierra fresca, con materia orgánica, sin cal y sin sequía estival. En buena parte del interior y del sur de España, sencillamente, no prospera.
Qué especies hay
Bajo el nombre de hamamelis se venden varias plantas distintas, y conviene saber cuál compras:
- Hamamelis mollis. Originaria de China. Flores amarillas grandes y muy perfumadas, de enero a marzo. Hoja aterciopelada.
- Hamamelis japonica. Japonesa, de flor algo más pequeña y pétalos más rizados.
- Hamamelis × intermedia. Híbrido entre las dos anteriores, y de donde salen la mayoría de los cultivares de jardín. Aquí están las variedades con nombre propio, con flores desde el amarillo pálido hasta el rojo cobrizo.
- Hamamelis virginiana. Norteamericana. Es la excepción del grupo porque florece en otoño, a la vez que amarillea la hoja, con lo que la floración pasa bastante desapercibida. Se usa mucho como portainjertos de las anteriores.
Ese último punto importa en el jardín: casi todos los hamamelis de vivero van injertados sobre pie de H. virginiana. Si el patrón echa brotes desde la base, hay que quitarlos en cuanto salen, porque son más vigorosos que la variedad y acaban comiéndosela. Se reconocen porque nacen por debajo del punto de injerto y su hoja es distinta.
Cómo es la planta
Crece despacio. Forma una mata de ramas ascendentes y algo zigzagueantes, con la hoja grande, casi redondeada, de borde ondulado y con la base marcadamente asimétrica, un rasgo que recuerda al del avellano. En otoño la hoja toma tonos amarillos y anaranjados intensos antes de caer, y esa es su segunda temporada de interés.
Las flores aparecen sobre madera del año anterior, entre diciembre y marzo según especie y variedad. Resisten sorprendentemente bien las heladas: los pétalos se enrollan cuando baja la temperatura y se despliegan otra vez cuando sube.
Dónde se puede plantar en España
El hamamelis es planta de clima templado y húmedo, con veranos suaves. Ese requisito recorta mucho el mapa:
- Norte atlántico. Galicia, la cornisa cantábrica y el norte de Navarra son su terreno. Suelos ácidos, lluvia repartida y verano fresco. Aquí crece sin ayuda especial.
- Zonas de montaña del interior. Pirineo, Sistema Central, Sistema Ibérico y sierras del norte, siempre que el suelo no sea calizo y haya humedad en verano o riego disponible.
- Interior peninsular llano. Difícil. El verano seco y caluroso y los suelos calizos de buena parte de la meseta y del valle del Ebro le sientan mal. Solo con suelo preparado, sombra de mediodía y riego constante, y aun así rara vez lucirá como en el norte.
- Litoral mediterráneo y sur. No. Ni el calor estival ni la caliza ni la escasez de agua le van, y no compensa forzarlo. Para un arbusto de flor invernal en esas zonas hay opciones mediterráneas mucho más lógicas.
Espacio y distancias
Cuenta con una mata de tres a cuatro metros de diámetro cuando esté hecho, aunque tarde bastantes años en llegar. Plántalo a un mínimo de dos metros y medio o tres del muro de la casa o del lindero, y no lo metas debajo de una cornisa o de un alero, porque su forma abierta no admite recortes constantes. Como es de crecimiento lento y raíz superficial poco agresiva, no da problemas de estructura.
El sitio ideal es a media sombra, con sol de mañana y protección del sol fuerte del mediodía en verano. A pleno sol en clima fresco también va bien, siempre que el suelo se mantenga húmedo. En sombra densa florece poco.
Cuándo plantar
De otoño a finales de invierno, con la planta en reposo, es el momento clásico. En zonas de invierno duro conviene esperar al final del invierno. Si compras un ejemplar en flor en enero, que es cuando los viveros lo sacan, puedes plantarlo entonces mismo: es un buen momento, siempre que el suelo no esté helado.
Suelo y riego
Quiere suelo fresco, profundo, rico en materia orgánica y de reacción ácida o neutra. La caliza es su punto débil: en suelos con exceso de carbonatos aparece clorosis, con la hoja amarilla y los nervios verdes, y la planta se estanca. Si tu terreno es calizo, o preparas un buen volumen de sustrato ácido en el hoyo y riegas con agua de lluvia, o mejor plantas otra cosa.
El drenaje también importa: no tolera el encharcamiento invernal. La combinación que busca es tierra que retenga humedad sin embalsar, que es exactamente lo que da un suelo con mucho humus.
El riego es imprescindible los tres o cuatro primeros años y sigue siendo necesario en verano incluso cuando está establecido, salvo en el norte lluvioso. Un buen acolchado de corteza, hojarasca o restos de poda triturados sobre la zona de raíces le viene muy bien: conserva humedad, mantiene el suelo fresco y aporta materia orgánica al descomponerse.
Abonado y poda
Con un aporte anual de compost o de mantillo ácido a finales de invierno sobra. Si hay clorosis, se corrige con un quelato de hierro, pero eso es un parche: el problema de fondo es el suelo.
La poda es mínima y muchas veces innecesaria. Se limita a quitar ramas secas, cruzadas o mal dirigidas, y se hace justo después de la floración, a finales de invierno. Podar en verano u otoño significa cortar la madera que lleva las yemas de flor. Y lo que nunca hay que dejar es un brote del portainjertos creciendo desde la base.
Multiplicación
No es una planta fácil de reproducir en casa, y por eso los ejemplares de vivero cuestan lo que cuestan.
- Semilla. Tiene doble letargo: necesita un periodo cálido seguido de otro frío, y suele tardar dos temporadas en germinar. Además, las plantas de semilla de un híbrido no reproducen la variedad.
- Acodo. Es la vía más accesible para un aficionado. Se dobla una rama baja hasta el suelo, se hiere ligeramente la corteza y se entierra ese punto. Tarda uno o dos años en enraizar.
- Injerto. Es lo que se hace en vivero, sobre pie de H. virginiana, y requiere práctica.
- Esqueje. Enraíza mal y con porcentajes bajos incluso con nebulización y hormonas.
Problemas frecuentes
- Clorosis férrica. Hojas amarillas con nervios verdes. Suelo o agua de riego con demasiada cal.
- Hojas secas por el borde en verano. Falta de agua, sol excesivo o viento seco.
- Planta que no florece. Poda hecha en mal momento, sombra excesiva o ejemplar todavía muy joven.
- Rebrotes vigorosos desde la base con hoja distinta. Es el portainjertos. Quítalos a ras.
- Cochinillas y pulgón. Poco frecuentes y rara vez graves.
Un apunte sobre su otro nombre
En inglés al hamamelis se le llama witch hazel, y con ese nombre aparece su corteza y su hoja en la tradición herbolaria norteamericana, donde Hamamelis virginiana se usaba en preparados tópicos. Es una tradición documentada y ahí se queda: este sitio no entra en propiedades ni en preparaciones, y ninguna parte de la planta es un ingrediente de cocina.
En resumen
El hamamelis es uno de los pocos arbustos que dan flor y perfume en enero, y merece la pena en un jardín que reúna sus condiciones: suelo ácido o neutro, fresco y con materia orgánica, media sombra y veranos que no lo abrasen. Eso lo sitúa en el norte atlántico y en zonas de montaña, y lo descarta en el litoral mediterráneo y en la meseta calcárea seca.
No es planta de interior ni de maceta permanente: reserva tres metros de radio para él y ponlo donde puedas verlo desde una ventana en invierno, que es cuando cumple. El manejo es sencillo, poda mínima después de florecer, acolchado y riego en verano, con una única vigilancia constante, la de los brotes que salgan del portainjertos.