El eucalipto no es una planta de casa ni de maceta: es un árbol grande, de crecimiento muy rápido y raíces potentes, originario de Australia y Tasmania. Bajo ese nombre hay más de seiscientas especies del género Eucalyptus, familia de las mirtáceas, pero en España las que de verdad se plantan son unas pocas. El eucalipto blanco o común (Eucalyptus globulus) domina la cornisa cantábrica y Galicia, el eucalipto rojo (Eucalyptus camaldulensis) es el del suroeste peninsular y de las zonas más secas, y Eucalyptus nitens se ha extendido en el interior gallego por aguantar mejor las heladas.
Lo que hay que saber antes de plantar uno es que un E. globulus adulto se cuenta entre los árboles más altos que crecen en España y supera con holgura los cuarenta metros, con un tronco que se descorteza en tiras y ramas que se desprenden. No es un árbol para un jardín normal, ni para poner cerca de una casa, un muro, una piscina o una red de saneamiento. Y en varias comunidades autónomas su plantación está regulada: la normativa forestal fija distancias mínimas a viviendas, núcleos, carreteras y fincas colindantes, y Galicia aprobó además una moratoria a la ampliación de superficie de eucalipto cuya vigencia se ha ido prorrogando. Antes de plantar, consulta el estado de la normativa en tu comunidad; no es una formalidad.
Cómo es el árbol
El eucalipto tiene una particularidad que sorprende a quien lo ve de cerca por primera vez: la hoja juvenil y la adulta son distintas. En los brotes jóvenes y en los rebrotes de cepa, las hojas son opuestas, redondeadas, sentadas y de un azul glauco muy característico, las que se usan en floristería. En la rama adulta pasan a ser alternas, colgantes, largas y falcadas, de un verde más oscuro. Todas desprenden ese olor balsámico al estrujarlas, por el aceite esencial de sus glándulas.
La corteza se desprende en tiras largas dejando el tronco liso y jaspeado en tonos crema y grises. La flor es un penacho de estambres blancos que surge de una cápsula leñosa con opérculo, y el fruto es esa cápsula dura y acampanada que se acumula por el suelo bajo el árbol junto con la hojarasca y las tiras de corteza.
Porte adulto y espacio que pide
Es el punto que más problemas causa. Un eucalipto plantado en un jardín pequeño pasa en pocos años de plantón de un metro a árbol que asoma por encima del tejado. Las consecuencias prácticas son tres:
- Consumo de agua: el sistema radicular es amplio y agresivo buscando humedad, y seca el entorno inmediato. Cualquier cultivo cercano lo nota.
- Infraestructuras: las raíces buscan las juntas de tuberías y pueden levantar soleras, aceras y muros bajos si se planta demasiado cerca.
- Caída de ramas y restos: genera mucha hojarasca, corteza y ramillas, y algunas especies desprenden ramas de tamaño considerable.
El artículo 591 del Código Civil marca dos metros de distancia al lindero para árboles altos, salvo ordenanza o costumbre local, pero ese mínimo legal es del todo insuficiente aquí desde el punto de vista práctico. Si vas a plantar un eucalipto de porte forestal, cuenta con decenas de metros libres alrededor y, sobre todo, revisa la normativa autonómica y municipal, que en zonas de riesgo de incendio impone distancias mucho mayores a viviendas y núcleos.
Dónde prospera en España
Eucalyptus globulus necesita clima suave, sin heladas fuertes, y humedad ambiental: por eso su terreno es la franja atlántica, de Galicia a Cantabria y el País Vasco, además de la costa mediterránea templada. E. camaldulensis tolera mucho mejor el calor y la sequía y aparece en Huelva, Extremadura y el sur. En el interior con inviernos continentales duros los eucaliptos jóvenes se hielan, y ninguna de las especies plantadas de forma masiva soporta bien los suelos calizos: en terreno con caliza activa amarillean por clorosis férrica y se quedan raquíticos.
Comportamiento y efectos en el terreno
El eucalipto es un árbol de crecimiento muy rápido que rebrota de cepa con vigor tras la corta o el incendio, produce semilla abundante y se instala con facilidad en terrenos removidos alrededor de las plantaciones. Su hojarasca es lenta de descomponer y modifica el suelo bajo la copa, donde el sotobosque es escaso. La corteza colgante y los aceites de la hoja aportan además mucho combustible fino, lo que pesa en la planificación forestal de las zonas con riesgo de incendio.
Todo esto no lo convierte en un árbol prohibido, y de hecho es la base de una industria papelera importante en el noroeste peninsular, pero explica por qué su plantación está regulada y por qué elegirlo para una finca particular es una decisión que condiciona el terreno durante décadas.
Si aun así vas a plantarlo
La plantación se hace en otoño o a finales de invierno, con planta de vivero de uno o dos años en contenedor, nunca a raíz desnuda porque el eucalipto no lo tolera bien. Necesita suelo profundo, ácido o neutro y bien drenado, y sol pleno desde el primer día. Se abre un hoyo amplio, se descompacta el fondo, se planta sin enterrar el cuello y se riega para asentar la tierra.
Los dos primeros veranos hay que regar y mantener el pie limpio de hierba competidora. A partir de ahí se vale solo. Tolera la poda de formación en los primeros años, pero conviene no crear heridas grandes en tronco: el árbol responde con rebrotes desordenados.
¿Y en maceta?
En vivero y en tiendas de jardinería se venden eucaliptos pequeños en maceta, normalmente Eucalyptus gunnii o Eucalyptus cinerea, apreciados por su follaje juvenil azulado para arreglos florales. Funcionan como planta de terraza durante unos años y como mata que se recorta a fondo cada primavera para forzar hoja juvenil. Pero conviene entender qué se está comprando: son árboles, en maceta viven limitados y a disgusto, y ninguno es una planta de interior. En un salón, con poca luz y aire seco, un eucalipto pierde hoja y acaba muriendo.
Multiplicación
Se multiplica por semilla, muy fina, que se recoge de las cápsulas maduras y se siembra en primavera en bandeja, apenas cubierta porque necesita luz para germinar. La nascencia es rápida y el crecimiento del plantón, sorprendente. El esqueje es difícil en la mayoría de las especies, y la propagación comercial de clones seleccionados se hace por micropropagación, fuera del alcance del aficionado.
Plagas y problemas
- Gorgojo del eucalipto (Gonipterus): defolia los brotes tiernos y es la plaga de referencia en el noroeste.
- Psílidos y otros chupadores: deforman brotes y producen melaza y negrilla.
- Heladas: el daño más común fuera de su área, con quemado de brotes y muerte descendente de ramas.
- Clorosis en suelo calizo: hoja amarilla con nervios verdes; no tiene arreglo cómodo, es cuestión de suelo.
Una advertencia sobre la hoja
La hoja del eucalipto contiene aceite esencial rico en 1,8-cineol. El aceite esencial de eucalipto ha causado intoxicaciones por ingestión, particularmente en niños, y su aplicación en la cara de bebés y niños pequeños está desaconsejada por las agencias sanitarias. Que sea un aroma familiar de caramelos y vahos no lo convierte en una planta inocua: no es algo que se prepare por cuenta propia en casa, y ante una ingestión accidental se llama al Instituto Nacional de Toxicología o se acude a un centro sanitario.
En resumen
El eucalipto es un árbol forestal de crecimiento rapidísimo que en España se cultiva sobre todo en la franja atlántica y en el suroeste, con especies distintas según el clima. Necesita suelo ácido o neutro, profundo, sin caliza, y sol pleno, y a cambio alcanza alturas que ningún jardín doméstico puede alojar. Plantarlo cerca de una casa, un muro o una conducción es un problema aplazado unos pocos años.
Si lo que buscas es el follaje azulado, un E. gunnii en maceta grande y recortado cada primavera te lo dará durante un tiempo, sabiendo que es una solución temporal. Si lo que buscas es plantar eucalipto en una finca, lo primero no es el hoyo: es comprobar la normativa forestal de tu comunidad autónoma, porque las distancias mínimas y las limitaciones a la ampliación de superficie son reales y cambian de un territorio a otro.